Salimos de Karystos rumbo sur. Ponemos proa hacia la parte oriental de Kea, Kythnos y Serifós, tres islas que se alinean verticalmente en el mapa, las Cícladas más cercanas a la Grecia continental. Zona de mucho tráfico, tanto de mercantes que cruzan el Egeo desde el Bósforo hacia Atenas, como de ferries y veleros.
El decorado cambia abruptamente. El día es soleado, magnífico, radiante. Por fin parece haber llegado la primavera.
Tardamos en ponernos en marcha. Tenemos previsto un fondeo al norte de Kea y buscamos aprovechar el viento que se espera a mediodía. Salimos del puerto sin prisa. La mayoría de los pesqueros está faenando hace horas y en el muelle quedan sólo tres veleros perezosos, amarrados muy juntitos en una esquina de la dársena. Como durmiendo los excesos del finde, sin mucha apariencia de salir a navegar a pesar de que el día invita.
El recorrido es sencillo: línea vertical casi recta hasta el puerto en Serifós. Fondeos de una noche rápidos y sin mucha historia en Kea y Kithnos, como rebotes de una piedra plana lanzada con fuerza al agua. Vientos cambiantes del norte que nos empujan y que se convierten en catabáticos nocturnos incómodos y racheados.
Navegar en esta zona exige más atención. El VHF, que ha enmudecido completamente dentro del canal de Evia, vuelve a la vida y se convierte en una letanía de fondo como de lotería de navidad: conversaciones interminables entre Traffic Control y los cargueros pidiendo horas de llegada, o de los cargueros entre ellos pidiéndose explicaciones y organizando sus cruces. Hay que estar pendiente por si, entre tanta cháchara, a alguien se le ocurre llamarnos. Nunca te dan buenas noticias cuando te nombran por el VHF.
La temperatura del agua sube. No la del motor, que permanece en 90 grados, tal como debe, y que, por indicación de Lefteris, controlo con tanta atención como la que se presta a un paciente en la UCI. La que sube es la del mar. Diecisiete grados prometen algún baño prematuro en el mes de abril. De hecho, nuestros vecinos de fondeo en Kithnos se pasan toda la tarde en el agua (eso sí, con neopreno, que serán ingleses pero no del mismo Bilbao). Es lo que tienen el sur y la vida al otro lado del espejo.
Fondeo en la playa de Spathi, al noreste de Kea. Ya habíamos estado en esta isla, pero por su cara oeste, la más cercana a la Grecia continental y en la que experimentamos lo invasivo que llega a ser el alquiler de temporada. Según avanza la tarde se calman el viento y el swell y la noche es de calma absoluta. Pero a las tres de la mañana entran de golpe más de 25 nudos sostenidos del noroeste que me despiertan y me hacen estar pendiente del fondeo hasta después de amanecer. Luis ni se entera (!)
Fondeo en la cala de Agios Stéfanos en la costa este de Kythnos, otra isla de la que solo habíamos recalado en su cara oeste. Hemos probado la cala de Agios Ioannis, justo al lado y, aunque es mucho más virgen, más solitaria y quizás más bonita, también es más estrecha y no nos convence: hoy queremos dormir.
Dejamos el fondeo sin viento, aunque luego subirá. Los ingleses aún duermen, con sus neoprenos colgados a secar.
La pequeña Serifós a la vista. La contemplo con expectación: ninguna de nuestras temporadas anteriores nos ha traído hasta aquí. Redonda, desnuda, no muy alta. Enseguida podremos distinguir la chora salpicando una de las pocas elevaciones de la isla
Entramos al puerto de Livadi. La maniobra se nos resiste, con el viento que nos escupe del muelle y un hueco relativamente pequeño. Los italianos del velero que ocupa el otro sitio nos echan una mano. Tienen casa aquí, pasan el invierno. Nos han visto desde tierra y han venido a ayudar. Ha merecido la pena madrugar: hemos conseguido el único sitio libre de los dos abarloados que hay. En los próximos minutos el puerto se irá saturando de veleros de alquiler, en amarres a la griega complicados por el viento, el poco espacio y la gran cadena fondeada que, como una trampa, atraviesa de lado a lado la zona de anclaje
Jueves, 9 de abril de 2026


