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miércoles, 6 de mayo de 2026

2026/12/ Arkoi. En un puerto como este

En un puerto como el de Arkoi hay momentos mágicos. Hoy, sin ir más lejos. A pesar de que, en esta tarde de sábado, una excavadora sigue construyendo casas para turistas (siempre más casas para más turistas) y martirizando a los siete barcos del muelle con el estruendo de su pala. Y a pesar de que nuestro vecino por el costado de estribor, un inglés con barco irlandés, decide que este es también el momento oportuno para arrancar el generador del barco y cargar las baterías.

Todo comienza en el momento en que la excavadora y el motor del irlandés se detienen, casi al unísono. El momento en el que nuestro vecino por babor, un irlandés con barco inglés, se sienta en cubierta con su guitarra y canta. Streets of London, Here comes the Sun, Sounds of Silence, Your Song… Canciones antiguas, de su época. Que es también mi época, tanto el irlandés como yo peinamos canas.

Canciones cantadas en voz muy baja, casi en un susurro. Quizá no quiera molestar a sus vecinos. Quizá sólo este cantando para su perro, un schipperke negro y blanco, que le mira fijamente, sin mover un músculo, ignorando al resto del mundo.

Y la música de ese irlandés flota en el aire como una brisa sutil y llena el puerto de Arkoi, desierto, sin nadie a la vista, salvo un pescador que repara sus redes sentado en una sillita baja.

Y el tiempo se detiene.

Tenemos hora para cenar a las seis de la tarde en el restaurante de Manolis, el Trypas, al que volvemos por fin desde nuestra visita en 2023, cuando descubrimos Arkoi y nos enamoramos de este puerto.

Son las seis menos cinco. Entro a cambiarme de ropa maldiciendo por lo bajo. Maldiciendo a la excavadora, al vecino del generador, e incluso a la mala suerte de haber reservado justo a esta hora, el momento de la magia. Cuando vuelvo a cubierta, el schipperke todavía mira fijamente a su dueño.

Cenamos en Trypas. Manolis dice que tenemos suerte, porque esta es una tarde tranquila. Supongo que se refiere a la excavadora y a que los obreros se van de fiesta en el ferry y nos dejarán tranquilos al menos esta noche.

Está simpático, como siempre. Sabemos que le gusta hablar de la isla con los clientes, y de su vida en Arkoi, y de cómo conoció a Katerina, recién llegada de Ucrania, y de que la primera palabra en griego que le enseñó fue αστέρι (estrella).

Trypas nunca decepciona. Ni el saganaki, ni el extraordinario guiso de cabra de Katerina. Manolis, el Trypas, sigue siendo el bohemio con sombrero blanco de un puerto único en el Egeo.

Esta vez no nos quedaremos más que una noche. En Arkoi, los obreros que construyen más casas para más turistas no descansan los domingos por la mañana y a eso de las ocho la excavadora ya ruge. En pocos sitios se hace tan evidente que cada vez hay más paraísos perdidos en el Egeo y que el desarrollo turístico es imparable.

Optamos por ir a fondear a una cala al sur de la isla. Antes de las diez estamos ya listos para zarpar. Sin buscarlo, coincidimos con otros cuatro veleros del muelle.

Nuestro vecino irlandés y su perro se quedan. Nuestro vecino inglés y su generador se van. Para Arkoi el balance es positivo

Etapa del 9 de mayo desde Leros al puerto de Arkoi. Y etapa del día 10 al fondeo en Makronisi, después de explorar y descartar las boyas de Marathona por la música de las tabernas


Domingo, 10 de mayo de 2026


Nuestro recorrido de esta temporada hasta hoy






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2026/11/ Leros. Los alemanes

Vivir en un barco en el Egeo es no hacer planes. O hacerlos, pero estar dispuestos a cambiarlos sobre la marcha. Y, sobre la marcha, las tripus de Ophelia y de Sargantana deciden cambiar sus rutas previstas para ir a encontrarse en Leros. Parece nuestra única oportunidad de vernos este año, en que llevamos derroteros opuestos.

Quedamos en Lakki. Se cierra el círculo. El año pasado nos despedimos en Leros, sólo que entonces el exceso de barcos en busca de refugio nos llevó a una marina fantasma en el noreste de la isla. Hoy estamos en el suroeste.

Ellos prefieren ir a puerto, pues han pasado la última semana sitiados en el fondeo de Xirokampos. Nosotros preferimos fondear, pues hemos estado retenidos en puerto la misma semana.

El azar decide por nosotros. El muelle municipal está lleno. La dársena privada no es opción y la marina de pago, de mucho pago, tampoco. Solo queda fondear. Hay barcos, probablemente más de los que nos gustaría. Nos recuerda a esas ocasiones en que anclamos en un Sant Antoni o un Es Trenc abarrotados, pero que compensan con tal de compartir un par de días con Olga y Mitxel o con Cris y Manel.

Hoy es con Elena y Rainer. Pasamos dos días con sus noches en la bahía, bajando en dinghy al pueblo cada dos por tres. Bajamos para cenar con nuestros amigos (y con la tripulación del Cala Mara, la encantadora pareja de alemanes a la que conocieron en su último fondeo). Bajamos para comprar en el supermercado que tanto servicio nos hiciera en 2022, cuando trabajábamos en poner a punto un Sargantana húmedo y embarrado en el varadero de Artemis. Bajamos para coger un taxi que nos acercará a Plátanos, desde donde nos marcaremos una caminata de tres horas para visitar el castillo y sus alrededores. Y sobre todo vamos y venimos en dinghy entre el Ophelia y el Sargantana, compartiendo vinos de retsina, tsipouros, mastixas y metaxas, la colección de alcoholes que nos recuerdan que estamos en el Egeo y no en un fondeo cualquiera.

En el Ophelia con Elena y Rainer
El Ophelia en Lakki
Subida al castillo desde Platanos, donde nos deja el taxi. La fortaleza se construyó sobre los restos de una antigua acrópolis clásica en la colina Pitiki, a unos 200 metros sobre el nivel del mar
Subida al castillo. Google dice que está cerrado temporalmente, pero aún así decidimos llegar hasta arriba
Puerta de acceso. Google está equivocado: abren varíos días a la semana. Afortunadamente hoy es uno de ellos.
El castillo, que llaman popularmente de Panteli, fue construido en el s.X por los bizantinos. Los Caballeros de San Juan tres siglos después lo ampliaron y modificaron hasta darle su estructura actual, con tres murallas concéntricas.
La fortificación consiguió repeler muchos ataques de las tropas otomanas, pero en 1523, tras la caída de Rodas, se rindió al imperio otomano. Ya en el s.XX, durante la ocupación italiana y la II Guerra Mundial se utilizó como base militar. Sufrió añadidos en hormigón y severos daños por los bombardeos
El pope está pendiente de que acabe la visita de los chavales del instituto, que han llegado después de nosotros, para echar el cierre. La iglesia de la Panagia, en el interior del recinto, se reconstruyó por completo tras la II Guerra Mundial y está en activo.
Agia Marina desde el castillo. Lo mejor de la fortaleza son sus vistas
Vista de la colina de Apitiki y de la hilera de molinos tradicionales en su cresta, ubicados estratégicamente para capturar los vientos dominantes.
Exterior del castillo por su flanco norte
Bajada hacia los molinos del siglo XVIII. Durante el período de dominio otomano se convirtieron en el motor económico de la comunidad local, produciendo la harina que sería la base de la alimentación en Platanos y Agia Marina
Con la llegada de la industrialización los molinos cayeron en desuso y quedaron abandonados. A diferencia de otras islas, donde terminaron en ruinas, en Leros se lanzaron planes de conservación. Hoy uno de los molinos es público y funciona como espacio de exposiciones. El resto se restauró como parte de licitaciones para proyectos turísticos de alojamientos y cafeterías
Vista del puerto de Panteli en la bajada desde los molinos. Llegamos hasta la plaza de Plátanos y cogemos un taxi de vuelta a Lakki
La ruta que hacemos
Cena con Elena y Rainer y con sus amigos del Cala Mara, Josefin y Stefan, ambos escultores en año sabático por el Mediterráneo
Etapa de Kalymnos a Lakki (Leros) el 6 de mayo


Viernes, 8 de mayo de 2026


Nuestro recorrido de esta temporada hasta hoy



martes, 28 de abril de 2026

2026/10/ Kalymnos. Esperando a Godot

Volvemos hacia el oeste desde Kos (con una parada en Pserimós) y con destino final Kalymnos.

Kalymnos no es una isla nueva para nosotros. Hemos fondeado ya un par de veces en los últimos años, pero no hemos visitado nunca Pothia, su puerto principal. Este es un momento perfecto.

Kalymnos es una isla de contrastes, de altos y bajos. Una isla de escaladores extremos, pero que tradicionalmente ha vivido de descender a lo más profundo para pescar esponjas. Una isla relativamente grande, pero con sólo dos valles, flanqueados por montañas muy altas.

Junto a su flanco oeste se alza el islote de Telendos, meca de la escalada extrema desde los años ochenta, con paredes extraplomadas de roca caliza de alta calidad. El impacto económico de ese turismo deportivo en la isla es evidente y le da un ambiente distinto, no limitado al usual “playa y barcos”.

En el sur, el puerto de Pothia es desmesuradamente amplio comparado con el resto de islas del Egeo. Lleno de barcos de pesca, ferries que van y vienen, e incluso de barcos deportivos locales. Y, sí, también algunos dinosaurios turísticos como en Kos.

Pothia sorprende por la profusión de estatuas. Toda la ciudad está salpicada de figuras de bronce que rinden homenaje a diestro y siniestro: pescadores de esponjas, prebostes locales, personajes mitológicos… hay de todo. Las calles hierven de actividad y el tráfico, tanto de coches como de peatones, llega por momentos a resultar agobiante, sobre todo porque sus urbanistas —si es que los hubo— no parecían demasiado entusiastas de las aceras.

Elegimos Kalymnos como refugio para nuestro nuevo episodio “Esperando a Godot” de esta temporada.

“Esperando a Godot", de Samuel Beckett, es una obra cumbre del teatro del absurdo, en la que dos personajes, Vladimir y Estragón, esperan infructuosamente junto a un árbol la llegada de un tal Godot. La trama se centra en sus conversaciones triviales, discusiones y juegos repetitivos para pasar el tiempo, mientras lidian con la monotonía, la soledad y la incertidumbre existencial.

Esperar a Godot es la esencia de la navegación por el Egeo. Aprender a gestionar esa espera es todo un arte, que al principio choca, sobre todo cuando eres nuevo en estas aguas. En la obra de teatro en realidad nadie sabe quién o qué es Godot. O sí lo saben, pero no lo explican. En el Egeo lo que esperas es el viento, claro. Lo adivinas, pero no sabes realmente cuándo llega, ni cuánto dura y, sobre todo, si encontrarás dónde refugiarte.

El caso es que llegamos a Kalymnos pronto, para evitar tener problemas de sitio. El puerto tiene un muelle larguísimo en su dársena exterior, que usan sobre todo los yates de paso. Encontramos sólo otros tres barcos cuando atracamos, mucho espacio libre.

Claramente un puerto acostumbrado a lidiar con numerosos barcos. A nuestra llegada aparece el “gorrilla” habitual que nos pide propina por la ayuda para atracar. Ipso facto entra en escena el encargado del puerto que te pregunta los días de estancia y si quieres agua y luz. Con pago en cash, of course, y sin reciboEso sí, a precio “griego”. Salen más baratos seis días en Kalymnos “todo incluido” que uno en la Marina de Kos extras aparte. Igual nos toca ser Vladimir y Estragón por una semanita, pero al menos no nos arruinaremos.

Monotonía sí tenemos, para qué nos vamos a engañar. Seis días se hacen largos, echas de menos subir las velas y volver a navegar. El viento es duro, como esperábamos, pero entra por la popa y no resulta demasiado incómodo. Tan duro que el puerto cierra dos días por mal tiempo y toda la flota, ferries incluidos, quedan bloqueados en el puerto.

Soledad, más bien poca. Gradualmente el muelle se va llenando de barcos que también tienen cita con Godot, sobre todo barcos de alquiler que vienen de Kos. Algunos llegan muy justitos, con urgencias, peleando absurdamente contra el viento y la ola, mojados como pollos y cara de “si lo sé, no vengo”. Para el día grande del festejo, en el muelle no cabe un alfiler y el encargado del puerto nos pide a los antiguos que nos juntemos un poco para hacer sitio a los rezagados.

Incertidumbre existencial no tenemos. En el Sargantana siempre hay algo que hacer y en esta isla hay mucho que visitar. Es el fin de semana del uno de mayo y la ciudad bulle con las primeras remesas de turistas.

Visitamos la chora, a tres kilómetros del puerto, y el kastro, que dieron en construir doscientos escalones por encima de ella. Uno se pregunta si los piratas tendrían alguna posibilidad de asaltarlo. Para cuando llegaran a la base de la muralla, de altura más que respetable, los pobres debían estar reventados y a punto de amotinarse. Probablemente contaban más muertos por apoplejía que por las flechas de los sitiados.

También visitamos el museo arqueológico municipal. Nosotros solos. Parece que en el muelle había más interés en visitar los muchos bares de copas de Pothia. Los vigilantes nos miran con cara de sorpresa, de “menos mal que hace tres días pasamos la mopa”.

Un museo pequeñito y con interés relativo. Excepto por una estatua, la joya arqueológica de la isla, la “dama de Kalymnos”. Una escultura en bronce de una mujer, a tamaño natural. Sin ojos, con unas cuencas vacías inquietantes. Una figura que provoca fascinación. A la que te quedas mirando sin saber si, en realidad, es ella la que te mira a ti.

Lucía trata de hacer una foto de nosotros dos con la estatua, pero el vigilante interviene de inmediato:

- Photos ok, but no selfies!!

Da la sensación de que es la estatua la que está hasta el moño de turistas con sus selfies y que cada mañana les recuerda a los vigilantes con voz grave (las estatuas de bronce siempre tienen la voz muy grave):

- Nada de selfies, que seré ciega, pero no tonta. No soporto a estos instagrammers.

En Kalymnos nuestra “semana Godot” llega a su fin. En la obra original de Beckett, tras días de espera en los que el enigmático Godot no aparece, los dos vagabundos deciden irse para buscar refugio o intentar suicidarse, pero se quedan completamente inmóviles en el escenario mientras cae el telón.

Nosotros decidimos cambiar el final. Suicidarnos nos da mucha pereza y lo descartamos. Lo de quedarnos totalmente inmóviles, también: un barco parado no hace más que echar caracolillo. La dama ya la hemos visto, así que mejor levar anclas e irnos hacia Leros. 

Cae el telón.

Llegada al puerto de Kalymnos, que se abre al final de un valle encajado en un paisaje lunar
El puerto desde la terminal de los ferries
Nuestra dársena, con aliviaderos más que necesarios para la ola que se forma dentro del puerto
Muelle principal de los pescadores, frente al edificio del ayuntamiento
Iglesia de la Transfiguración del Salvador, en la plaza central de Pothia 
Trajes de buzo en el Sponges Warehouse, un almacén que combina la venta de esponjas con un pequeño museo que narra la historia de la pesca de esponjas en Kalymnos, una actividad que ha marcado su identidad y ha sido la base de su economía hasta la llegada del turismo
“Scandalopetra”, piedra de 8 a 14 kilos que los pescadores de esponjas sumergían para mantenerse unidos al barco: pasaban un cabito por la muñeca y por el cabo que ataba la piedra a la embarcación.
Los pescadores de esponjas salían en barcos tras la Pascua por largas temporadas. La introduccion del traje y la escafandra a finales del s.XIX, unido al desconocimiento del efecto de las burbujas de nitrógeno en la sangre por ascensos rápidos, hizo aún más peligroso el trabajo de los pescadores. Las tripulaciones volvían diezmadas o con tullidos de por vida
Barco actual de pesca de esponjas con el peligroso método del "narguile": una larga manguera que bombea aire al buceador
La ciudad quiso rendir homenaje a sus pescadores de esponjas con una estatua de Antonis Kampourakis, un icónico pescador retirado en 2019 que hasta sus 72 años siguió bajando a profundidades de 30 metros y siempre en apnea, rechazando cualquier sistema de aportación de aire. Se pueden encontrar videos suyos en internet
Monumento al marinero de Kalymnos
Estatua a Nike, la diosa alada de la victoria, del escultor Michañis Kokkinos y su hija Irene
Esperando el autobús para la chora frente a otra escultura de los Kokkinos
Vista del castillo desde la chora. Pothia ha crecido tanto por el valle, hacia el interior, que no se distingue dónde termina una y empieza la otra. Todo el trayecto es entre edificios
Inicio de la escalera al kastro atravesando un patio de una casa y la huerta de otra


En la entrada hay restos de una caseta de recepción y carteles indicativos del sitio, claramente abandonados desde hace un tiempo. Las señales se refieren al “Castrorum Circumnavigatio”, una iniciativa arqueológica del Ministerio de Culturma para la documentación, estudio y conservación de fortalezas en el Egeo
Dentro del recinto hay hasta diez iglesias de corte bizantino que se documentaron y restauraron en el ámbito de la inicitiva arqueológica
En edificios reconstruidos instalaron un complejo de recepción de visitantes, con oficinas, aseos, un centro de interpretación del kastro… todo abandonado y echándose a perder 


Desde la fortaleza se llega a divisar el mar al otro extremo del valle, hacia Panormo
Vista hacia Pothia
El camino de regreso lo hacemos caminando por este pueblo con exceso de coches y sin aceras
Nuestro recorrido desde que bajamos del autobús en la chora 
Visita al museo arqueológico. En el piso superior exhiben la reconstrucción, con restos arqueológicos originales, de un santuario inspirado en el de la basílica paleocristiana mas importante de la isla, el Cristo de Jerusalén, del s.V
Dama de Kalymnos, una estatua helenística de bronce de tamaño natural que sacó del fondo del mar un pescador local en 1995. Fue enviada a Atenas para su restauración y devuelta a Kalymnos para ser exhibida en el museo. Es una pieza hueca, fundida en bronce utilizando la antigua técnica griega de cera perdida, que permite obtener el impresionante nivel de detalle de su superficie. A lo largo de los siglos, las antiguas estatuas de bronce se solían fundir para fabricar armas y monedas. Las piezas rescatadas del mar como esta son excepcionalmente raras, lo que la convierte en uno de los tesoros arqueológicos más preciados de Grecia, a pesar de que no se conservan los ojos. Típicamente serían de calcita con una incrustación de piedras semipreciosas para simular el iris, como los del auriga de Delfos
Etapa de Kos a Pserimós el 28 de abril y de Paerimós a Pothia (Kalymnos) el 29. Antes de ir a puerto intentamos coger in boya en Vlychadia, pero hace demasiado viento


Martes, 5 de mayo de 2026


Nuestro recorrido de esta temporada hasta hoy






En NoForeignLand puedes leer sobre Pothia, el puerto de Kalymnos, y también seguir a Sargantana