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martes, 7 de abril de 2026

2026/4/ Kea, Kythnos, Serifós. Autopista hacia el sur

Salimos de Karystos rumbo sur. Ponemos proa hacia la parte oriental de Kea, Kythnos y Serifós, tres islas que se alinean verticalmente en el mapa, las Cícladas más cercanas a la Grecia continental. Zona de mucho tráfico, tanto de mercantes que cruzan el Egeo desde el Bósforo hacia Atenas, como de ferries y veleros.

El decorado cambia abruptamente. El día es soleado, magnífico, radiante. Por fin parece haber llegado la primavera.

Tardamos en ponernos en marcha. Tenemos previsto un fondeo al norte de Kea y buscamos aprovechar el viento que se espera a mediodía. Salimos del puerto sin prisa. La mayoría de los pesqueros está faenando hace horas y en el muelle quedan sólo tres veleros perezosos, amarrados muy juntitos en una esquina de la dársena. Como durmiendo los excesos del finde, sin mucha apariencia de salir a navegar a pesar de que el día invita.

El recorrido es sencillo: línea vertical casi recta hasta el puerto en Serifós. Fondeos de una noche rápidos y sin mucha historia en Kea y Kithnos, como rebotes de una piedra plana lanzada con fuerza al agua. Vientos cambiantes del norte que nos empujan y que se convierten en catabáticos nocturnos incómodos y racheados.

Navegar en esta zona exige más atención. El VHF, que ha enmudecido completamente dentro del canal de Evia, vuelve a la vida y se convierte en una letanía de fondo como de lotería de navidad: conversaciones interminables entre Traffic Control y los cargueros pidiendo horas de llegada, o de los cargueros entre ellos pidiéndose explicaciones y organizando sus cruces. Hay que estar pendiente por si, entre tanta cháchara, a alguien se le ocurre llamarnos. Nunca te dan buenas noticias cuando te nombran por el VHF.

La temperatura del agua sube. No la del motor, que permanece en 90 grados, tal como debe, y que, por indicación de Lefteris, controlo con tanta atención como la que se presta a un paciente en la UCI. La que sube es la del mar. Diecisiete grados prometen algún baño prematuro en el mes de abril. De hecho, nuestros vecinos de fondeo en Kithnos se pasan toda la tarde en el agua (eso sí, con neopreno, que serán ingleses pero no del mismo Bilbao). Es lo que tienen el sur y la vida al otro lado del espejo.

Veleando solo con el génova en rumbo sur y con un tiempo espléndido
Fondeo en la playa de Spathi, al noreste de Kea. Ya habíamos estado en esta isla, pero por su cara oeste, la más cercana a la Grecia continental y en la que experimentamos lo invasivo que llega a ser el alquiler de temporada.
Según avanza la tarde se calman el viento y el swell y la noche es de calma absoluta. Pero a las tres de la mañana entran de golpe más de 25 nudos sostenidos del noroeste que me despiertan y me hacen estar pendiente del fondeo hasta después de amanecer. Luis ni se entera (!)
Fondeo en la cala de Agios Stéfanos en la costa este de Kythnos, otra isla de la que solo habíamos recalado en su cara oeste. Hemos probado la cala de Agios Ioannis, justo al lado y, aunque es mucho más virgen, más solitaria y quizás más bonita, también es más estrecha y no nos convence: hoy queremos dormir.
Dejamos el fondeo sin viento, aunque luego subirá. Los ingleses aún duermen, con sus neoprenos colgados a secar.
La pequeña Serifós a la vista. La contemplo con expectación: ninguna de nuestras temporadas anteriores nos ha traído hasta aquí. Redonda, desnuda, no muy alta. Enseguida podremos distinguir la chora salpicando una de las pocas elevaciones de la isla
Entramos al puerto de Livadi. La maniobra se nos resiste, con el viento que nos escupe del muelle y un hueco relativamente pequeño. Los italianos del velero que ocupa el otro sitio nos echan una mano. Tienen casa aquí, pasan el invierno. Nos han visto desde tierra y han venido a ayudar.
Ha merecido la pena madrugar: hemos conseguido el único sitio libre de los dos abarloados que hay. En los próximos minutos el puerto se irá saturando de veleros de alquiler, en amarres a la griega complicados por el viento, el poco espacio y la gran cadena fondeada que, como una trampa, atraviesa de lado a lado la zona de anclaje
Etapas de Karystos a Kea (día 7), a Kythnos (día 8) y a Serifós (día 9)


Jueves, 9 de abril de 2026


Nuestro recorrido de esta temporada hasta hoy



martes, 31 de marzo de 2026

2026/3/ De Xalkida a Karystos. Nueve metros.

Nueve metros cúbicos. Suficientes para llevar (otra vez) a un grupo de astronautas a la Luna en la misión Artemis 2. Pero sólo a dar una vuelta, nada de escaleritas, saltitos, banderas con alambres y frases hechas sobre el tamaño de los pasos para el hombre, como hace sesenta años.

Sesenta años después veo en YouTube el despegue en Cabo Cañaveral y cómo un grupo de individuos flotan aburridamente en un espacio de sólo nueve metros, haciéndose selfies. Con mucha menos emoción que cuando yo era niño, la televisión era en blanco y negro y el locutor un señor prolijo e inolvidable, llamado Jesús Hermida. Con poca o ninguna admiración por una NASA que ya no es lo que era, y por un país que ha perdido el sentido común y ha elegido como presidente a un megalómano estúpido y desalmado.

Nueve metros cúbicos, poco menos que la cabina del Sargantana, de la que prácticamente no salimos entre Xalkida y Karystos, etapa que cubrimos en tres saltos, con recaladas en las bahías de Eretria y Almiropótamos.

Nuestra etapa no da la vuelta a la luna, pero tiene un algo de aventura espacial, de Gravity de Sandra Bullock y George Clooney. Nos movemos a motor, porque los vientos son duros y de proa, complicados de velear. Igual que los astronautas, flotamos (qué remedio) en nuestra nave. Lluvia y cielos nublados, con vientos del suroeste que llenan de barro la cubierta del Sargantana que habíamos lavado tan meticulosamente en Limni. Prácticamente ni un barco a la vista en el canal de Evia. No es de extrañar.

Aburrimiento, salvo porque en toda aventura espacial hay siempre un momento “Houston, we have a problem”. A los astronautas de la Artemis 2 se les atasca el WC de la nave. A nosotros nos deja de funcionar repentinamente el piloto automático. Un problema incómodo y difícil de investigar mientras navegamos. Algo no va bien en el timón o en la configuración del piloto, que se vuelve loco. No tenemos un Houston que nos ampare, hay que gobernar a mano hasta el puerto, continuamente a la rueda. Mal asunto con este tiempo.

Dicen que navegar no es otra cosa que arreglar tu barco en sitios exóticos.

En Karystos resolvemos el incidente. Por alguna razón, los cables de acero que transmiten el movimiento entre las ruedas del barco y la pala del timón (los guardines) han descarrilado de su surco. Gobernando a mano siguen moviendo la pala, aunque a duras penas. Pero para el piloto automático es inviable.

Aunque el problema es más grave de lo que esperaba, es fácil de solucionar teniendo tiempo y espacio para despejar y desmontar la popa. Basta con liberar todas las roldanas y reencarrilar y tensar cuidadosamente los cables. Da gusto poder arreglar estas averías nosotros mismos.

La borrasca se aleja durante nuestra estancia en puerto. Podemos salir por fin de nuestros poco más de nueve metros y dar paseos por la ciudad, que parece revivir con la Pascua inminente.

Aprovechamos la recalada para abastecer y dar los últimos toques a la puesta a punto del Sargantana.

Ya estamos listos.

Frío y mal tiempo para esta etapa que nos llevará por el canal de Evia hasta Karystos, el último puerto antes de saltar a las Cícladas
Cruzamos el puente nuevo de Xalkida por primera vez en dirección sur
La inconfundible silueta de la isla Pezonisi nos da la bienvenida al fondeo de Eretria, donde pasaremos tres noches de viento y ola frente a la playa. Estamos solos en toda la bahía hasta que un alemán, un navegante solitario que está montando velas, echa el ancla un poco demasiado cerca. Manuel, que es tan buena persona, le conoció hace tres años y opina que lo hace para sentirse más seguro. De madrugada hay un role brutal del viento y el alemán ha debido dejar de sentirse seguro, porque antes del amanecer ha cambiado el fondeo al otro lado de la bahía, cerca del puerto.
La siguiente recalada es en la bahía que Juan llama Almiropótamos, aunque el nombre del pueblito es Agios Dimitrios. Somos el único barco fondeado. Una pareja de Atenas que pasa el invierno en su “cottage” nos avista y se pone en contacto por Navily. Nos entretenemos charlando por el chat. Ellos no sacarán al agua su barco Magia hasta bien entrado abril. Nos invitan a una cerveza a la mañana siguiente en su casa, que no podemos aceptar porque la borrasca prevista para los próximos días nos aconseja salir pronto y refugiarnos en Karystos. Desde ya, nos seguimos en NoForeignLand y posponemos esa cerveza hasta el próximo cruce de caminos
En Karystos conseguimos que Tony, el contramaestre del puerto, nos deje un sitio para abarloarnos, en lugar de amarrar a la griega. Nos entra agua por la proa y necesitamos tener acceso libre al molinete y al pozo de anclas. Karystos es una ciudad bien surtida y podemos comprar Sika y otros materiales para reparar la filtración. El tiempo poco a poco mejora y Karystos nos despedirá tres días después con un sol radiante.
Etapa de Xalkida a Eretria el 31 de marzo, de Eretria a Almiropótamos el 3 de abril y de Almiropótamos a Karystos el día 4


Sábado, 4 de abril de 2026


Nuestro recorrido de esta temporada hasta hoy



domingo, 29 de marzo de 2026

2026/2/ Xalkida. El puente y el espejo

Salimos de Limni el último domingo de marzo, a media mañana. No nos apresuramos, hemos aprovechado que el día se levanta sin viento para montar con calma la vela mayor y la trinqueta del Sargantana.

No hay prisa. Hoy nuestro objetivo es fondear junto a la bocana del puerto de Nea Artaki y aprovechar el lunes para bajar a tierra en la neumática y hacer unas compras. Necesitamos una bombona de gas, que no ha habido forma de conseguir en Limni.

Y mañana seguiremos hasta Xalkida para cruzar el puente. Es casi imposible pasar el invierno en la isla de Evia sin atravesar en algún momento el puente antiguo de Euripos.

La primera vez, hace tres años, fue todo un jubileo. Ya lo contamos aquí. El mito de las corrientes del puente, los remolinos, las anécdotas y los vídeos de accidentes de barcos incautos, las historias de filósofos ahogados mientras investigaban las mareas, la espera nocturna hasta la hora misteriosa de la apertura… Épica pura.

Pero, como todo en la vida, en los siguientes cruces la intensidad se ha ido reduciendo. Hemos aprendido a calcular la hora de apertura del puente en función de la luna.La espera se ha hecho más tranquila. La conversación con la Port Authority, rutinaria. El paseíllo en hilera por el puente abierto e iluminado ha perdido glamour. La épica deja paso al tedio, qué le vamos a hacer.

Hasta este año. Este año nos toca cruzar de nuevo el puente al principio de la temporada. ¿Más de lo mismo? No. Todo se vive distinto: este año lo pasaremos a la inversa, de norte a sur.

Fondeamos a media tarde en el que llaman “punto E” y nos preparamos para una espera que, eso sí, se sigue haciendo larga. Según nuestras cuentas, no abrirán antes de las dos de la mañana. Nada más pasar podremos fondear en la bahía al sur del puente. Y a dormir, porque mañana levaremos anclas rumbo a Eretria: llega la primera borrasca de la temporada, con mucho viento y lluvia, y es el refugio que tenemos a mano.

Lucía se ha quedado dormida y yo dejo pasar el tiempo. En esta medianoche de marzo nada se mueve en Xalkida y la radio, encendida en el canal 12, está silenciosa. En cuanto llamen hay que ponerse en marcha, recoger el ancla y salir a esperar la orden de paso. Igual que las otras veces, pero distinto.

Como en el cuento de Alicia a través del espejo, este año todo será al revés: queremos bajar hacia el sur por el golfo de Evia; recorrer las Cícladas deteniéndonos sólo en lugares donde no hemos recalado hasta ahora; seguir al sur, camino de Thera, Anafi y Astipalaia; llegar de nuevo al Dodecaneso; y desde allí poner proa hacia el norte, buscando un verano más tranquilo, con menos gente y menos meltemi.

Un recorrido levógiro que nos dé una imagen diferente de nuestra navegación por el Egeo, el sur en primavera y el norte en verano. Una idea trivial pero quizá efectiva para navegar este mar con otra mirada. A contramano, como Alicia en su nuevo mundo inverso y fascinante. Encontrar qué se esconde en el Egeo al otro lado del espejo.

Sargantana en el puerto de Limni
Atardecer en Nea Artaki
Etapa de la boya de Livaditis a Limni el 26 de marzo y de Limni a Nea Artaki el día 29
Compra en Nea Artaki antes de salir hacia el puente
Indicaciones de fondeos de espera para cruzar el puente, según el OLNE (organismo de puertos de la isla de Evia). Fondeamos en el E
Etapa de Nea Artaki al punto E el día 30 y cruce del puente la madrugada del 31


Martes, (madrugada del) 31 de marzo de 2026





jueves, 19 de marzo de 2026

2026/1/ Livaditis. Marzo sin Vangelis

Creo que nunca hemos navegado en Grecia en marzo. Sí, quizá alguna vez hayamos llegado al barco a final de mes, pero siempre con la perspectiva de salir al agua entrado abril.

Este año hemos roto la tradición. Un poco obligados por Xaris, el dueño del varadero que, todavía en noviembre, nos anuncia que el barco que hiberna detrás del Sargantana necesita salir al agua en la última semana de marzo.

Toca hacer los habituales encajes de bolillos para encontrar billetes de avión, autobús, coche alquilado y hotel a precios razonables. Hay menos aviones en invierno y el problema es complejo porque el día 25 de marzo es la fiesta nacional griega. La solución es volar a Atenas el día 19, antes que ningún otro año.

Llegamos a un varadero oscuro, con frío y lluvia, como presentíamos. Nos recibe Xaris, con sonrisa algo triste. No nos recibe Vangelis, su padre. Sabemos que Livaditis ya no será lo mismo sin su sonrisa y su melena blanca. Pésames cortos. Xaris dice que lloró justo hasta ayer, pero que hoy ya sólo mira hacia adelante. Probablemente lo mismo que lleva repitiendo en las últimas semanas a las pocas tripulaciones que van llegando al varadero.

Cuando trabajas con tu padre todos los días de tu vida, quedarte huérfano tiene seguramente otro significado.

Como cada año a principio de temporada el trabajo en el barco se nos agolpa. Hay que desestibar, montar placas solares y sus soportes, lonas, capotas, cadena y ancla, cabos y el sinfín de aparejos que necesita el Sargantana para navegar. Hay que hacer reparaciones, instalar el maletón lleno de repuestos que hemos traído en el avión, revisar todo con detalle…

Pero sobre todo hay que limpiar, arrancar con agua a presión el barro que se ha acumulado en la cubierta y en la jarcia, limpiar la cabina a fondo después del paso de Lefteris, nuestro mecánico, que lleva todo el invierno peleando con una avería el intercambiador de calor de nuestro motor, y que sólo está semana ha sido capaz de arrancar. Hay que buscar el moho que inevitablemente se forma en la cabina en un invierno insoportablemente lluvioso también aquí en Grecia, hay que eliminar el óxido y chequear la corrosión de aceros y cableados, hacer que el barco sea otra vez un lugar para vivir.

Nos hemos vuelto más cómodos y pasamos las primeras noches en un hotel, huyendo del frío y la humedad, y de tener que chapotear en la lluvia y el barro de Livaditis.

Trabajamos sin descanso el fin de semana, tratando de tener el barco listo para salir al agua antes de la fiesta del dia 25. Cumplimos nuestro objetivo, pero la meteorología manda. Demasiado viento y demasiada lluvia, dice Xaris. Quizá no lo fuera con Vangelis a los mandos del tractor, pero lo entendemos. Somos el primer barco grande en salir al agua esta temporada y Xaris depende de un equipo nuevo, sin tantos años de experiencia.

Todo va bien, como de costumbre. En el último momento, antes de empujar el barco al agua, Xaris apoya una escalera en nuestra popa y sube para hablar con nosotros. Eso ya no es usual. Quiere preguntarnos si volveremos el invierno que viene. Claro, cómo no…

Hoy es Xaris quien hace sonar la bocina de despedida al barco que acaba de salir a navegar al Egeo, en una ceremonia que tiene un algo de nacimiento o de bautismo. En una mañana por fin luminosa después de días de lluvia. Con la bocina de Vangelis, aunque hoy suena, quizá, algo más triste.

Por primera vez, en marzo.


Este año hemos alquilado un coche en el aeropuerto. Nuestro vuelo llega a las 11 de la noche y las combinaciones no son buenas. 
Dormimos en Xalkis, a mitad de camino. A la mañana siguiente haremos una gran compra antes de salir hacia el varadero
Una parada en Limni para hacer check-in en el hotel y para comer en la taberna Plátanos y llegamos de tarde a Livaditis





En la boya empezamos a montar las velas. Xaris nos llama por teléfono y nos sugiere que no nos demoremos porque, aunque el día hoy haya salido tranquilo y con sol, se acerca mal tiempo. Mejor que nos pille ya en Limni
Nos vemos en unos meses. “Ta leme, Xari”.Hasta la vista, Livaditis


Jueves, 26 de marzo de 2026





miércoles, 29 de octubre de 2025

Epílogo. Resumen del 2025

Este año hemos partido la temporada en dos. Un recorrido de 1.342 millas náuticas por el Egeo, comenzando y terminando en el varadero de Livaditis, desde Samothraki en el norte hasta Astipalia en el sur; prácticamente rozando las costas de Turquía en el este, donde Sargantana descansó un par de meses. 

Una temporada larga, de primavera, verano y otoño, en la que hemos explorado y descubierto decenas de sitios nuevos; en la que hemos compartido veladas y buenos ratos con nuevas tripulaciones y nos hemos reencontrado con viejos amigos que nos han hecho sentir como en casa. Ha habido lugares que nos han sabido a poco y otros a los que no volveríamos, una experiencia que nos servirá para planificar las singladuras de la próxima temporada. 

¡Hasta el año que viene!


Nuestro recorrido completo de la temporada 2025


Miércoles, 29 de octubre de 2025





viernes, 17 de octubre de 2025

Capítulo 26. Monolia: 0-0

No, el título no se refiere al resultado de un partido de fútbol sin goles en la isla Monolia.

Supongo que, si hay algún lector ajedrecista (improbable), habrá entendido ya el brillantísimo acrónimo telegráfico del título (un poco cogido por los pelos, pero a estas alturas de temporada uno tira ya de lo que puede).

Para el resto de mortales, aclaro: 0-0 es la notación ajedrecística del enroque corto.

Es decir, hemos venido a fondear a esta isla (Monolia) y hemos enrocado. Nunca antes nos había pasado. Supongo que para todo en la vida hay siempre una primera vez.

Decidimos pasar la noche en este lugar remoto (una especie de callejón sin salida en el canal norte de Evia) después de comprobar que el pequeño puerto de Loutra Edipsou no es exactamente el sitio idílico y encantador que buscábamos.

Para empezar, porque el muelle donde atracamos, en el único hueco practicable junto a la bocana, está lleno de pescadores de caña que pescan (o eso intentan) mientras hablan entre ellos a voz en grito. Igual por eso no pescan mucho, los peces tendrían que estar sordos.

Además, porque el escándalo que montan los enormes barcos de pesca que nos rodean cuando van llegando, uno a uno, a altas horas de la madrugada, es peor que el de cualquier discoteca playera en temporada alta.

Y para terminar porque Loutra Edipsou no nos dice nada. Como su nombre indica, es una especie de gran balneario, decadente, lleno de hoteles decimonónicos tipo “Muerte en Venecia” (pero un tanto descangallados). Es famosa por su playa con curiosos manantiales y pequeñas piscinas naturales de aguas termales. Muy pocos usuarios en estos días brumosos y frescos de finales de octubre, pero en verano imagino que los hoteles deben estar atestados de familias griegas “de las de toda la vida”.

“Not our cup of tea”, como dirían los ingleses, aunque encontramos algunas cosas positivas, como por ejemplo una lavandería con buena pinta, tiendas y supermercados. Igual sí volvemos en el futuro.

En consecuencia, a media mañana, habiendo pagado los preceptivos 9,31 euros de tasas a la proba funcionaria del ONLE, llenamos los depósitos y nos ponemos en marcha.

El día es gris y lluvioso, pero no demasiado frío. Uno de esos días en los que la meteorología avisa: “Chicos, el verano se acaba os pongáis como os pongáis”. Uno de esos días tristones en los que anticipas un invierno de comidas calientes y lluvia detrás de los cristales. Uno de eso días en los que apetece más un té que una cerveza. 

Buscamos el resguardo de la costa este de Monolia. Una isla colonizada por hordas de lanchitas de turistas durante el verano y en la que parece vivir una pareja de focas monje (asumimos que sorda). No vemos a nadie, ni humano ni foca. El día no está para salir de casa.

Necesitamos un fondeo. Es tarde y sigue lloviendo. El viento arrecia y se hace molesto. No se ve el fondo, incluso con cinco o seis metros de sonda. Habrá que echar el ancla un poco a ciegas.

Afortunadamente ahora hay aplicaciones móviles como Navily en la que la comunidad navegante comparte experiencias y referencias sobre puertos y fondeos. Bastantes opiniones sobre el lugar en el que estamos, la mayoría positivas. De hecho, una tal Anastasia comparte orgullosamente las coordenadas exactas de un fondeo perfecto en arena bajo cuatro metros de agua. ¡Bien por Anastasia! Vamos para allá.

Algo no cuadra del todo. La zona parece ser un pequeño montículo (que no vemos, sólo intuimos con la sonda). No es lo normal. Al llegar al punto exacto, Lucía, la experta en fondeos del Sargantana, deja caer el ancla y comienza a largar cadena. Yo doy marcha atrás hacia el nordeste, suavemente, para ir extendiendo la cadena.

Algo sigue sin cuadrar. Pasamos por una profundidad de 2,6 metros. Aguas demasiado someras. El Sargantana cala 1,9 metros y nos inquieta estar en sondas de menos de tres metros. De repente algo nos detiene y nos mueve hacia un costado. El ancla debe haber agarrado, pero quizá demasiado pronto, quizá demasiado violentamente. Quieres creer que todo está bien, que el ancla aguanta, que ya es hora de meterse en la cabina y preparar una buena cena, con vino blanco griego y una copa de mastikha.

Demasiadas cosas no cuadran. Nuestra app de fondeo (Anchor Pro) nos dice que estamos casi encima del ancla, apuntando al nordeste. El viento amaina y rola al sudeste, pero nosotros seguimos quietos. No hay duda, la corriente nos empuja. Y la cadena hace ruidos. Cruje bajo nuestra quilla.

Blanco y en botella. Hemos enrocado. Lo que tenemos debajo no es arena sino rocas. Pero ya es de noche y no tiene sentido tratar de cambiar el fondeo. De hecho el ancla puede estar entrizada en las rocas. O la cadena. O ambas. Hay que esperar a mañana.

La noche es larga. La incertidumbre no ayuda a dormir. Yo duermo a ratos, Lucía probablemente menos que yo. Sigue lloviendo y en la oscuridad el viento sube de nuevo y ulula. Oímos crujir a la cadena bajo el casco.

Por la mañana la cosas tienen mejor pinta. El cielo sigue encapotado pero ya no llueve y los rayos de sol se filtran de vez en cuando entre las nubes y permiten entrever el fondo. Veo nuestra ancla (pintada de amarillo) descansando tranquilamente sobre una gran roca, justo debajo de nuestra popa, a poco más de dos metros de profundidad. Un problema menos, sacar el ancla de entre rocas a veces es complicado.

La maniobra evasiva no es demasiado compleja pero tiene su aquel. Hay que ir desplazando el barco suavemente a lo largo de la cadena que zigzaguea en el campo de rocas. Recogiendo cadena, pero a veces soltándola para liberarla de las vueltas y revueltas que ha provocado el movimiento del barco durante la noche. Lucía me da instrucciones desde la proa para movernos con precisión en el campo minado.

Todo va bien, mejor de lo esperado. Algún que otro estrechonazo pero muy ligero. En pocos minutos estamos libres.

Decía al principio que no habíamos jugado un partido de fútbol con la isla de Monolia, pero quizás me equivocaba. Enrocamos en corto, si, pero también jugamos un partido. Eso si, lo ganamos. No empatamos a cero. Celebramos la libertad del Sargantana como dos delanteros que se abrazan después de un gol decisivo que vale un campeonato

Vamos camino de Orei. Ya no llueve, ha salido el sol. Anastasia, bonita, ya te vale...

Fondeo en Monolia
Etapa del 17 de octubre. De Loutra Edipsou a Monolia

Viernes, 17 de octubre de 2025



Nuestro recorrido de esta temporada hasta hoy



jueves, 16 de octubre de 2025

Capítulo 25. Loutra Edipsou

Desde que llegamos a Evia, hace tres años, por una razón u otra siempre hemos obviado Loutra Edipsou. (o sea, los baños de Edipsos).

Es una de las ciudades-balneario más renombradas y antiguas de Grecia, con origen en la mitología griega (cómo no) y ya famosa entre los emperadores en la época romana. Tiene más de 80 manantiales de aguas ricas en minerales con propiedades curativas. Pero lo más llamativo es que el agua termal fluye directamente hacia el mar, cayendo en pequeñas cascadas calientes desde las rocas de la playa.

Hay multitud de hoteles, balnearios y centros de hidroterapia, algunos abiertos desde hace más de cien años. Churchill, Greta Garbo, Onassis o María Callas pasaron por el hotel Thermae Sylla Spa, que sigue abierto.

Fuera de temporada tiene un aspecto decadente. La mitad de los establecimientos está cerrada y los escasos clientes de la otra mitad son mayoritariamente griegos.

Atracamos en el puerto, poco más que un muelle de pescadores pequeño e incómodo, aunque de pago. Sólo nos quedamos una noche, lo suficiente para explorar la ciudad, renunciar a bañarnos en la playa de aguas termales (está desapacible), tomar algo en uno de los bares aún abiertos y verificar que, a la vuelta, camino de Livaditis, podríamos llevar la colada a una de las lavanderías de la ciudad.


Frente al antiguo café-palafito Kyma, famoso por sus puestas de sol y hoy convertido en un centro municipal de exposiciones y eventos
Hotel spa Sylla, con más de cien años de historia
Playa
Uno de los lugares por los que cae el agua termal al mar
Pozas de agua caliente en la playa
Al fondo, dos famoso hoteles antiguos: el Heraclio (rojo) y el Estadio (blanco)
Fachada de una de las casas de la ciudad
Gato callejero
Edificio del antiguo hotel Aigli, de 1931, hoy adquirido por un empresario ruso que intenta reflotarlo. Lo rodea una valla con una exposición de fotos antiguas del pasado esplendor de Loutra Edipsou
Etapa del 16 de octubre de Theólogos a Loutra Edipsou



Jueves, 16 de octubre de 2025


Nuestro recorrido de esta temporada hasta hoy



miércoles, 8 de octubre de 2025

Capítulo 24. Regreso a Evia

Andros es la última isla antes del canal de Evia.

Dejamos el puerto de Batsi a la mañana siguiente de la tormenta para meternos en el canal con la urgencia que provoca el hartazgo. El hartazgo de este viento norte que nos ha venido reteniendo aquí y allá desde que empezáramos la temporada de septiembre.

El canal apenas se ve afectado por el meltemi y, aunque sople viento, no queda tanta ola residual como en el Egeo abierto. Además, nuestros amigos del Enjoy están ya por allí, hacen un recorrido de vuelta parecido al nuestro y podremos pasar con ellos unos días.

Fondeo en Tragos, una pequeña islita de las varias que se ubican a la altura de Mármari. Estamos frente a una propiedad privada con muelle propio que aparenta vacía, a excepción de una cuadrilla de obreros que parecen hacer reformas en la casa.
Subimos a vela, con mayor y trinqueta, hasta la bahía de Almiropótamos. Siempre habíamos fondeado en la de al lado, Boufalo, pero es cierto lo que dice Juan, que Almiropótamos es más grande y los barcos caben mejor. Nos quedamos un par de noches.
Nuevamente a vela, continuaremos haciendo bordos hasta la ya conocida bahía de Eretria. La isla de Pezonisi nos da la bienvenida
El viento que sopla duro del oeste no nos aconseja el fondeadero que conocemos en la playa, del lado de la isla.
Echamos el ancla al otro lado de la bahía, cerca del muelle y de los ro-ros que siguen funcionando varias veces al día, cruzando de una orilla a otra del canal.
Etapa de Batsi a Tragos el día 8, a Almiropótamos el día 9 y a Eretria el 11.

Eretria ha sido la última parada antes del cruce del puente de Chalkida. Este año vamos con un día de antelacion para repostar agua, hacer unas compras en Barbouris y reunirnos con Juan y María. Ellos están en la marina. Nosotros echamos el ancla en el fondeadero que ya nos empieza a resultar habitual.

Bajaremos en el dinghy al muellecito que parece pertenecer a una escuela de vela y cenaremos con María y Juan, aunque nos cuesta encontrar sitio: muchos restaurantes empiezan a cerrar por final de temporada.

A la noche siguiente cruzaremos el puente bien pronto. Me entretengo grabando la camara web que el organismo de puertos de Evia tiene instalada apuntando al puente y casi no llego a tiempo a levantar el ancla, pues esta vez sólo somos dos barcos y no nos dan más que un aviso por el canal 12.

Llegamos a dormir a Nea Artaki con relativa tranquilidad. Nos quedaremos un par de noches fondeados con el María y Juan, para ir al Lidl y a comer a la taberna auténticamente griega del año pasado.

A la mañana siguiente Juan saca el dron y se entretiene tomando planos del puerto y de Sargantana levando anclas.

Vamos juntos a fondear frente a Theólogos, que nosotros no conocemos pero ellos sí y en donde nos quieren enseñar su sitio favorito para comer la famosa pasta con langostinos de la zona.

Al día siguiente nos separaremos y nosotros seguiremos hacia arriba por el canal de Evia hasta nuestro próximo destino. Este año intentamos recalar en sitios nuevos.

Cruzando bajo el puente nuevo de Chalkida.
Sargantana fondeado en espera del cruce. En el cambio de la dirección de la corriente el mar es un espejo. Dentro de unas seis horas volvera a estar iguak y abrirán el puente.
El Enjoy se nos une en el fondeadero

Apertura y cruce del puente, desde la cámara web de la OLNE
Enjoy y Sargantana en Nea Artaki, desde el dron de Juan. El barco del fondo parece estar permanentemente en una boya.
Sargantana en primer plano y Enjoy ya saliendo. Foto desde el dron de Juan.
Etapa de Eretria a Chalkida el dia 12, cruce del puente hasta Nea Artaki el 13 y etapa hasta Theólogos el 15


Jueves, 16 de octubre de 2025


Nuestro recorrido de esta temporada hasta hoy