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martes, 7 de abril de 2026

2026 /4/ Kea, Kythnos, Serifós. Autopista hacia el sur

Salimos de Karystos rumbo sur. Ponemos proa hacia la parte oriental de Kea, Kythnos y Serifós, tres islas que se alinean verticalmente en el mapa, las Cícladas más cercanas a la Grecia continental. Zona de mucho tráfico, tanto de mercantes que cruzan el Egeo desde el Bósforo hacia Atenas, como de ferries y veleros.

El decorado cambia abruptamente. El día es soleado, magnífico, radiante. Por fin parece haber llegado la primavera.

Tardamos en ponernos en marcha. Tenemos previsto un fondeo al norte de Kea y buscamos aprovechar el viento que se espera a mediodía. Salimos del puerto sin prisa. La mayoría de los pesqueros está faenando hace horas y en el muelle quedan sólo tres veleros perezosos, amarrados muy juntitos en una esquina de la dársena. Como durmiendo los excesos del finde, sin mucha apariencia de salir a navegar a pesar de que el día invita.

El recorrido es sencillo: línea vertical casi recta hasta el puerto en Serifós. Fondeos de una noche rápidos y sin mucha historia en Kea y Kithnos, como rebotes de una piedra plana lanzada con fuerza al agua. Vientos cambiantes del norte que nos empujan y que se convierten en catabáticos nocturnos incómodos y racheados.

Navegar en esta zona exige más atención. El VHF, que ha enmudecido completamente dentro del canal de Evia, vuelve a la vida y se convierte en una letanía de fondo como de lotería de navidad: conversaciones interminables entre Traffic Control y los cargueros pidiendo horas de llegada, o de los cargueros entre ellos pidiéndose explicaciones y organizando sus cruces. Hay que estar pendiente por si, entre tanta cháchara, a alguien se le ocurre llamarnos. Nunca te dan buenas noticias cuando te nombran por el VHF.

La temperatura del agua sube. No la del motor, que permanece en 90 grados, tal como debe, y que, por indicación de Lefteris, controlo con tanta atención como la que se presta a un paciente en la UCI. La que sube es la del mar. Diecisiete grados prometen algún baño prematuro en el mes de abril. De hecho, nuestros vecinos de fondeo en Kithnos se pasan toda la tarde en el agua (eso sí, con neopreno, que serán ingleses pero no del mismo Bilbao). Es lo que tienen el sur y la vida al otro lado del espejo.

Veleando solo con el génova en rumbo sur y con un tiempo espléndido
Fondeo en la playa de Spathi, al noreste de Kea. Ya habíamos estado en esta isla, pero por su cara oeste, la más cercana a la Grecia continental y en la que experimentamos lo invasivo que llega a ser el alquiler de temporada.
Según avanza la tarde se calman el viento y el swell y la noche es de calma absoluta. Pero a las tres de la mañana entran de golpe más de 25 nudos sostenidos del noroeste que me despiertan y me hacen estar pendiente del fondeo hasta después de amanecer. Luis ni se entera (!)
Fondeo en la cala de Agios Stéfanos en la costa este de Kythnos, otra isla de la que solo habíamos recalado en su cara oeste. Hemos probado la cala de Agios Ioannis, justo al lado y, aunque es mucho más virgen, más solitaria y quizás más bonita, también es más estrecha y no nos convence: hoy queremos dormir.
Dejamos el fondeo sin viento, aunque luego subirá. Los ingleses aún duermen, con sus neoprenos colgados a secar.
La pequeña Serifós a la vista. La contemplo con expectación: ninguna de nuestras temporadas anteriores nos ha traído hasta aquí. Redonda, desnuda, no muy alta. Enseguida podremos distinguir la chora salpicando una de las pocas elevaciones de la isla
Entramos al puerto de Livadi. La maniobra se nos resiste, con el viento que nos escupe del muelle y un hueco relativamente pequeño. Los italianos del velero que ocupa el otro sitio nos echan una mano. Tienen casa aquí, pasan el invierno. Nos han visto desde tierra y han venido a ayudar.
Ha merecido la pena madrugar: hemos conseguido el único sitio libre de los dos abarloados que hay. En los próximos minutos el puerto se irá saturando de veleros de alquiler, en amarres a la griega complicados por el viento, el poco espacio y la gran cadena fondeada que, como una trampa, atraviesa de lado a lado la zona de anclaje
Etapas de Karystos a Kea (día 7), a Kythnos (día 8) y a Serifós (día 9)


Jueves, 9 de abril de 2026


Nuestro recorrido de esta temporada hasta hoy


martes, 31 de marzo de 2026

2026 /3/ De Xalkida a Karystos. Nueve metros.

Nueve metros cúbicos. Suficientes para llevar (otra vez) a un grupo de astronautas a la Luna en la misión Artemis 2. Pero sólo a dar una vuelta, nada de escaleritas, saltitos, banderas con alambres y frases hechas sobre el tamaño de los pasos para el hombre, como hace sesenta años.

Sesenta años después veo en YouTube el despegue en Cabo Cañaveral y cómo un grupo de individuos flotan aburridamente en un espacio de sólo nueve metros, haciéndose selfies. Con mucha menos emoción que cuando yo era niño, la televisión era en blanco y negro y el locutor un señor prolijo e inolvidable, llamado Jesús Hermida. Con poca o ninguna admiración por una NASA que ya no es lo que era, y por un país que ha perdido el sentido común y ha elegido como presidente a un megalómano estúpido y desalmado.

Nueve metros cúbicos, poco menos que la cabina del Sargantana, de la que prácticamente no salimos entre Xalkida y Karystos, etapa que cubrimos en tres saltos, con recaladas en las bahías de Eretria y Almiropótamos.

Nuestra etapa no da la vuelta a la luna, pero tiene un algo de aventura espacial, de Gravity de Sandra Bullock y George Clooney. Nos movemos a motor, porque los vientos son duros y de proa, complicados de velear. Igual que los astronautas, flotamos (qué remedio) en nuestra nave. Lluvia y cielos nublados, con vientos del suroeste que llenan de barro la cubierta del Sargantana que habíamos lavado tan meticulosamente en Limni. Prácticamente ni un barco a la vista en el canal de Evia. No es de extrañar.

Aburrimiento, salvo porque en toda aventura espacial hay siempre un momento “Houston, we have a problem”. A los astronautas de la Artemis 2 se les atasca el WC de la nave. A nosotros nos deja de funcionar repentinamente el piloto automático. Un problema incómodo y difícil de investigar mientras navegamos. Algo no va bien en el timón o en la configuración del piloto, que se vuelve loco. No tenemos un Houston que nos ampare, hay que gobernar a mano hasta el puerto, continuamente a la rueda. Mal asunto con este tiempo.

Dicen que navegar no es otra cosa que arreglar tu barco en sitios exóticos.

En Karystos resolvemos el incidente. Por alguna razón, los cables de acero que transmiten el movimiento entre las ruedas del barco y la pala del timón (los guardines) han descarrilado de su surco. Gobernando a mano siguen moviendo la pala, aunque a duras penas. Pero para el piloto automático es inviable.

Aunque el problema es más grave de lo que esperaba, es fácil de solucionar teniendo tiempo y espacio para despejar y desmontar la popa. Basta con liberar todas las roldanas y reencarrilar y tensar cuidadosamente los cables. Da gusto poder arreglar estas averías nosotros mismos.

La borrasca se aleja durante nuestra estancia en puerto. Podemos salir por fin de nuestros poco más de nueve metros y dar paseos por la ciudad, que parece revivir con la Pascua inminente.

Aprovechamos la recalada para abastecer y dar los últimos toques a la puesta a punto del Sargantana.

Ya estamos listos.

Frío y mal tiempo para esta etapa que nos llevará por el canal de Evia hasta Karystos, el último puerto antes de saltar a las Cícladas
Cruzamos el puente nuevo de Xalkida por primera vez en dirección sur
La inconfundible silueta de la isla Pezonisi nos da la bienvenida al fondeo de Eretria, donde pasaremos tres noches de viento y ola frente a la playa. Estamos solos en toda la bahía hasta que un alemán, un navegante solitario que está montando velas, echa el ancla un poco demasiado cerca. Manuel, que es tan buena persona, le conoció hace tres años y opina que lo hace para sentirse más seguro. De madrugada hay un role brutal del viento y el alemán ha debido dejar de sentirse seguro, porque antes del amanecer ha cambiado el fondeo al otro lado de la bahía, cerca del puerto.
La siguiente recalada es en la bahía que Juan llama Almiropótamos, aunque el nombre del pueblito es Agios Dimitrios. Somos el único barco fondeado. Una pareja de Atenas que pasa el invierno en su “cottage” nos avista y se pone en contacto por Navily. Nos entretenemos charlando por el chat. Ellos no sacarán al agua su barco Magia hasta bien entrado abril. Nos invitan a una cerveza a la mañana siguiente en su casa, que no podemos aceptar porque la borrasca prevista para los próximos días nos aconseja salir pronto y refugiarnos en Karystos. Desde ya, nos seguimos en NoForeignLand y posponemos esa cerveza hasta el próximo cruce de caminos
En Karystos conseguimos que Tony, el contramaestre del puerto, nos deje un sitio para abarloarnos, en lugar de amarrar a la griega. Nos entra agua por la proa y necesitamos tener acceso libre al molinete y al pozo de anclas. Karystos es una ciudad bien surtida y podemos comprar Sika y otros materiales para reparar la filtración. El tiempo poco a poco mejora y Karystos nos despedirá tres días después con un sol radiante.
Etapa de Xalkida a Eretria el 31 de marzo, de Eretria a Almiropótamos el 3 de abril y de Almiropótamos a Karystos el día 4


Sábado, 4 de abril de 2026


Nuestro recorrido de esta temporada hasta hoy


domingo, 29 de marzo de 2026

2026 /2/ Xalkida. El puente y el espejo

Salimos de Limni el último domingo de marzo, a media mañana. No nos apresuramos, hemos aprovechado que el día se levanta sin viento para montar con calma la vela mayor y la trinqueta del Sargantana.

No hay prisa. Hoy nuestro objetivo es fondear junto a la bocana del puerto de Nea Artaki y aprovechar el lunes para bajar a tierra en la neumática y hacer unas compras. Necesitamos una bombona de gas, que no ha habido forma de conseguir en Limni.

Y mañana seguiremos hasta Xalkida para cruzar el puente. Es casi imposible pasar el invierno en la isla de Evia sin atravesar en algún momento el puente antiguo de Euripos.

La primera vez, hace tres años, fue todo un jubileo. Ya lo contamos aquí. El mito de las corrientes del puente, los remolinos, las anécdotas y los vídeos de accidentes de barcos incautos, las historias de filósofos ahogados mientras investigaban las mareas, la espera nocturna hasta la hora misteriosa de la apertura… Épica pura.

Pero, como todo en la vida, en los siguientes cruces la intensidad se ha ido reduciendo. Hemos aprendido a calcular la hora de apertura del puente en función de la luna.La espera se ha hecho más tranquila. La conversación con la Port Authority, rutinaria. El paseíllo en hilera por el puente abierto e iluminado ha perdido glamour. La épica deja paso al tedio, qué le vamos a hacer.

Hasta este año. Este año nos toca cruzar de nuevo el puente al principio de la temporada. ¿Más de lo mismo? No. Todo se vive distinto: este año lo pasaremos a la inversa, de norte a sur.

Fondeamos a media tarde en el que llaman “punto E” y nos preparamos para una espera que, eso sí, se sigue haciendo larga. Según nuestras cuentas, no abrirán antes de las dos de la mañana. Nada más pasar podremos fondear en la bahía al sur del puente. Y a dormir, porque mañana levaremos anclas rumbo a Eretria: llega la primera borrasca de la temporada, con mucho viento y lluvia, y es el refugio que tenemos a mano.

Lucía se ha quedado dormida y yo dejo pasar el tiempo. En esta medianoche de marzo nada se mueve en Xalkida y la radio, encendida en el canal 12, está silenciosa. En cuanto llamen hay que ponerse en marcha, recoger el ancla y salir a esperar la orden de paso. Igual que las otras veces, pero distinto.

Como en el cuento de Alicia a través del espejo, este año todo será al revés: queremos bajar hacia el sur por el golfo de Evia; recorrer las Cícladas deteniéndonos sólo en lugares donde no hemos recalado hasta ahora; seguir al sur, camino de Thera, Anafi y Astipalaia; llegar de nuevo al Dodecaneso; y desde allí poner proa hacia el norte, buscando un verano más tranquilo, con menos gente y menos meltemi.

Un recorrido levógiro que nos dé una imagen diferente de nuestra navegación por el Egeo, el sur en primavera y el norte en verano. Una idea trivial pero quizá efectiva para navegar este mar con otra mirada. A contramano, como Alicia en su nuevo mundo inverso y fascinante. Encontrar qué se esconde en el Egeo al otro lado del espejo.

Sargantana en el puerto de Limni
Atardecer en Nea Artaki
Etapa de la boya de Livaditis a Limni el 26 de marzo y de Limni a Nea Artaki el día 29
Compra en Nea Artaki antes de salir hacia el puente
Indicaciones de fondeos de espera para cruzar el puente, según el OLNE (organismo de puertos de la isla de Evia). Fondeamos en el E
Etapa de Nea Artaki al punto E el día 30 y cruce del puente la madrugada del 31


Martes, (madrugada del) 31 de marzo de 2026




jueves, 19 de marzo de 2026

2026 /1/ Livaditis. Marzo sin Vangelis

Creo que nunca hemos navegado en Grecia en marzo. Sí, quizá alguna vez hayamos llegado al barco a final de mes, pero siempre con la perspectiva de salir al agua entrado abril.

Este año hemos roto la tradición. Un poco obligados por Xaris, el dueño del varadero que, todavía en noviembre, nos anuncia que el barco que hiberna detrás del Sargantana necesita salir al agua en la última semana de marzo.

Toca hacer los habituales encajes de bolillos para encontrar billetes de avión, autobús, coche alquilado y hotel a precios razonables. Hay menos aviones en invierno y el problema es complejo porque el día 25 de marzo es la fiesta nacional griega. La solución es volar a Atenas el día 19, antes que ningún otro año.

Llegamos a un varadero oscuro, con frío y lluvia, como presentíamos. Nos recibe Xaris, con sonrisa algo triste. No nos recibe Vangelis, su padre. Sabemos que Livaditis ya no será lo mismo sin su sonrisa y su melena blanca. Pésames cortos. Xaris dice que lloró justo hasta ayer, pero que hoy ya sólo mira hacia adelante. Probablemente lo mismo que lleva repitiendo en las últimas semanas a las pocas tripulaciones que van llegando al varadero.

Cuando trabajas con tu padre todos los días de tu vida, quedarte huérfano tiene seguramente otro significado.

Como cada año a principio de temporada el trabajo en el barco se nos agolpa. Hay que desestibar, montar placas solares y sus soportes, lonas, capotas, cadena y ancla, cabos y el sinfín de aparejos que necesita el Sargantana para navegar. Hay que hacer reparaciones, instalar el maletón lleno de repuestos que hemos traído en el avión, revisar todo con detalle…

Pero sobre todo hay que limpiar, arrancar con agua a presión el barro que se ha acumulado en la cubierta y en la jarcia, limpiar la cabina a fondo después del paso de Lefteris, nuestro mecánico, que lleva todo el invierno peleando con una avería el intercambiador de calor de nuestro motor, y que sólo está semana ha sido capaz de arrancar. Hay que buscar el moho que inevitablemente se forma en la cabina en un invierno insoportablemente lluvioso también aquí en Grecia, hay que eliminar el óxido y chequear la corrosión de aceros y cableados, hacer que el barco sea otra vez un lugar para vivir.

Nos hemos vuelto más cómodos y pasamos las primeras noches en un hotel, huyendo del frío y la humedad, y de tener que chapotear en la lluvia y el barro de Livaditis.

Trabajamos sin descanso el fin de semana, tratando de tener el barco listo para salir al agua antes de la fiesta del dia 25. Cumplimos nuestro objetivo, pero la meteorología manda. Demasiado viento y demasiada lluvia, dice Xaris. Quizá no lo fuera con Vangelis a los mandos del tractor, pero lo entendemos. Somos el primer barco grande en salir al agua esta temporada y Xaris depende de un equipo nuevo, sin tantos años de experiencia.

Todo va bien, como de costumbre. En el último momento, antes de empujar el barco al agua, Xaris apoya una escalera en nuestra popa y sube para hablar con nosotros. Eso ya no es usual. Quiere preguntarnos si volveremos el invierno que viene. Claro, cómo no…

Hoy es Xaris quien hace sonar la bocina de despedida al barco que acaba de salir a navegar al Egeo, en una ceremonia que tiene un algo de nacimiento o de bautismo. En una mañana por fin luminosa después de días de lluvia. Con la bocina de Vangelis, aunque hoy suena, quizá, algo más triste.

Por primera vez, en marzo.


Este año hemos alquilado un coche en el aeropuerto. Nuestro vuelo llega a las 11 de la noche y las combinaciones no son buenas. 
Dormimos en Xalkis, a mitad de camino. A la mañana siguiente haremos una gran compra antes de salir hacia el varadero
Una parada en Limni para hacer check-in en el hotel y para comer en la taberna Plátanos y llegamos de tarde a Livaditis





En la boya empezamos a montar las velas. Xaris nos llama por teléfono y nos sugiere que no nos demoremos porque, aunque el día hoy haya salido tranquilo y con sol, se acerca mal tiempo. Mejor que nos pille ya en Limni
Nos vemos en unos meses. “Ta leme, Xari”.Hasta la vista, Livaditis


Jueves, 26 de marzo de 2026




miércoles, 29 de octubre de 2025

Epílogo. Resumen del 2025

Este año hemos partido la temporada en dos. Un recorrido de 1.342 millas náuticas por el Egeo, comenzando y terminando en el varadero de Livaditis, desde Samothraki en el norte hasta Astipalia en el sur; prácticamente rozando las costas de Turquía en el este, donde Sargantana descansó un par de meses. 

Una temporada larga, de primavera, verano y otoño, en la que hemos explorado y descubierto decenas de sitios nuevos; en la que hemos compartido veladas y buenos ratos con nuevas tripulaciones y nos hemos reencontrado con viejos amigos que nos han hecho sentir como en casa. Ha habido lugares que nos han sabido a poco y otros a los que no volveríamos, una experiencia que nos servirá para planificar las singladuras de la próxima temporada. 

¡Hasta el año que viene!


Nuestro recorrido completo de la temporada 2025


Miércoles, 29 de octubre de 2025