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sábado, 20 de junio de 2026

2026/22/ Thasos y Kavala. Tocando techo

Salimos de Myrina hacia Thasos en la primera oportunidad de buen viento. Estamos a finales de junio, época habitual de  meltemi, pero el patrón de tiempo de este año es inusual, mucho calor en el norte de Europa, con los parisinos tirándose en masa al Sena. Aquí en el sur las temperaturas son razonables y el meltemi sigue dormido.

Estamos cumpliendo casi milimétricamente el plan previsto. Navegar hacia el norte durante la primavera hasta “tocar techo” en el Egeo. Visitar Kavala. Recorrer Thasos y las penínsulas de Halkidikí durante el mes de julio. Cerrar la temporada en agosto.

Monte Athos desde Thasos

Compartimos la etapa al principio con nuestros amigos Angelika y Theo, del Sea Angel, y después con Brita y Jens, del Lili. Los dos barcos van a salir del agua durante julio y agosto en Nea Péramos, cerca de la ciudad de Kavala. Partir la temporada, nuestro plan de los dos últimos años al que hemos decidido renunciar este año.

No somos partidarios de navegar “en conserva” pero en este caso resulta muy agradable tener compañía.

La travesía hacia Thasos es rápida, de hecho tenemos que rizar mayor e izar trinqueta una buena parte del camino. Fondeamos junto con el Sea Angel cerca del puerto de Limenaria .

Nos movemos hacia al norte de la isla de Thasos. Nuestro ritmo de navegación se hace más y más tranquilo. Nos hemos puesto en “modo verano” y buscamos fondeos playeros. Planificamos casi día a día, tratando de aprovechar al máximo los vientos flojos de esta zona.

Finalmente recalamos en Nea Peramos, que supone una especie de “fin de trayecto” en el viaje hacia el norte. Un pueblo vacacional en la costa continental, cercano a Kavala. Con una bahía amplia y multitud de playas, una de ellas kilométrica.

La decoración en la costa norte de la Grecia continental cambia totalmente con respecto a las islas. Vemos pocos veleros. Los fondeaderos están vacíos y solitarios durante la noche, pero son invadidos por flotas de barquitas de alquiler durante el día. Muchas motoras y motos de agua. Muchos turistas de tierra. Muchos balcánicos.

Pocas cosas que reseñar en esta etapa, salvo la visita a Kavala, una de las ciudades importantes de Grecia. No al nivel de Atenas y Salónica, pero espectacular y con una historia digna de reseñar.

Sin embargo le dedicamos no más que una mañana. Hace calor y a partir del mediodía se hace difícil pasear por la ciudad. Visitamos el kastro, el puerto y la zona céntrica, pero sucumbimos a la idea de tomar un autobús de vuelta a la hora de comer.

Etapa del día 20, de Myrina a un fondeo al sur de Thasos
Fondeo en el sur de Thasos, al este del puerto de Limenaria. El Sea Angel ha llegado antes que nosotros.
Angelika nos manda una foto de Sargantana. El fondeo no está marcado en Navily, así que lo creamos en su honor
El segundo día llegan Britta y Jens en el Lili, un barco muy regatero. Hemos venido hablando con ellos por Navily
El martes levantamos el fondeo para subir al norte de la isla y despedirnos allí de Angelika y Theo. El Lili irá directo al continente, a Nea Péramos. Antes nos hace una foto en plena maniobra
Etapa del día 23 del sur al norte de Thasos
En el norte elegimos un fondeo de compromiso enfrente de la Paralía Glyfadas, al oeste del puerto de Limenas
La noche no es nada agradable, sin viento pero con un mar de fondo muy molesto. En el Sea Angel no pueden dormir y a las 5 de la mañana levantan el fondeo y se van al puerto. Al pasar nos hacen la última foto.
Etapa del dia 24 desde el norte de Thasos a Nea Péramos
Fondeaymos frente a la playa de Nea Péramos, a popa del Lili,
y cenamos con Britta y Jens
Al día siguiente decidimos ir de excursión a conocer Kavala y, cómo no, optamos por el bus de KTEL, que nos lleva directos en poco menos de media hora
Etapa del dia 26
Al día siguiente nos despedimos del Lili. Se dirige al varadero, en el extremo este de la playa. Nosotros nos vamos hacia el oeste, a dar la vuelta al cabo donde se ubica la antigua ciudad de Anaktoroupolis
Fondeamos en Agios Athanasios, que esperamos sea un mejor resguardo para el cambio de viento y la tormenta que se pronostica para esta tarde
La tormenta sólo dura media hora, pero nos lava el barco
Etapas del día 28 hasta Limenaria y del día 4 a un fondeo frente a Potos
Limenaria no es la ciudad vacía y tranquila del año pasado. El pantalán está lleno, en gran parte por barcos turísticos y de alquiler de día. Los veraneantes pasean al caer el sol y hay bullicio en el puerto
Sargantana se resguarda del calor y de las miradas. Nos quedamos seis días en el puerto, esperando una meteo favorable para la travesía a Halkidikí
Dejamos Limenaria, su escollera de mármol y su palacio de los alemanes, y nos vamos a un fondeo cerca del cabo desde donde saldremos hacia Halkidikí


Sábado, 4 de julio de 2026


Nuestro recorrido de esta temporada hasta hoy



viernes, 19 de junio de 2026

2026/21/ Myrina

Fortaleza de Myrina desde el puerto

Raramente nos quedamos en un puerto más de dos o tres días. En Myrina, este año, es diferente. En Myrina se nos para el reloj.

Ya conociamos Myrina, o eso creíamos. El año pasado hicimos una larga excursión a la fortaleza que vigila las dos bahías, aunque no llegáramos a ver los famosos ciervos que viven allí. Y nos adentramos en su centro histórico de influencia otomana. Denso, de calles estrechas y empedradas, con casas pequeñas de dos plantas y balcones de madera, donde se asentaban artesanos y pescadores.

Este año descubrimos el barrio al norte de la fortaleza, que por alguna razón habíamos obviado el pasado. Quizás porque la playa, los restaurantes y los bares de copas estaban aún desiertos, cerrados, sin montar. Hoy el paseo marítimo y la playa hierven de vida y bullicio. Inexplicablemente, la infinidad de hamacas, sombrillas y terrazas no afean el entorno. Parecen encajar a la perfección con la serenidad de las casas señoriales y las mansiones neoclásicas del siglo XIX de este distrito acomodado que mira a la puesta de sol. Es Romeikos Gialos, el barrio de los armadores adinerados y de los griegos que regresaban enriquecidos de Egipto. Es la playa rica.

Playa de Romeikos Gialos, bajo la fortaleza
Puesta de sol desde el parque de Romeikos Gialos

Y también caminamos por esa otra playa más humilde, al otro lado del puerto, en un barrio popular, de arquitectura simple y funcional. Un barrio de expansión que se edificó a toda prisa tras la firma del tratado de Lausana de 1923 para el intercambio de poblaciones entre Grecia y Turquía. Lemnos recibió a 4.500 refugiados de Madytos. A su nuevo barrio, y a su playa, los llamaron así, Nea Madytos.

Playa de Nea Madytos

Lemnos nos atrapa. Los fondeos solitarios en el golfo de Moudros antes de llegar aquí. Lo animado del puerto, en el que no pasa una tarde sin que aparezca alguien en nuestra popa con quien charlar y compartir unas horas. Esa visita al museo, que nos sumerge en el misterio de la isla, pura magia. El recorrido en coche, que nos transporta a lugares fascinantes, a medio camino entre la historia y el mito.

Sin apenas darnos cuenta, dejamos de contemplar Myrina como un decorado y empezamos a vivir la ciudad y a interaccionar con ella y con sus gentes.

Mi incidente de Mestá me lleva hasta Dora. Me hablan de ella los amigos del Cala Mara, que pasan unos días fondeados en la bahía para que Josefin se trate de un ataque de lumbago.

Dora es fisioterapeuta, una fisioterapeuta extraordinaria que va mucho más allá de su título y se convierte para mí en confidente, en apoyo, en esa mano amiga que, sin pedir nada a cambio, me guía y me abre puertas. Como la de su dentista, que me hace un hueco entre dos pacientes y sigue hablando con Dora días después, dictándole instrucciones y recomendaciones para que me las traduzca a su excelente inglés. Como la del estrambótico médico radiólogo, que me recibe a las nueve de la noche y parece feliz de contarme su vida y de practicar conmigo el italiano aprendido en el “interrail” de su época adolescente.

Le doy las gracias a Dora. Se encoge de hombros. “¿Qué quieres? Somos lemnios, todos nos conocemos y todos nos ayudamos. No puede ser de otra forma. Somos así”.

Entrada de la clínica de Dora

Decido volar brevemente a Madrid, un paréntesis que me sumerge por unos días en un mundo que ya no me pertenece, que contemplo con cariño pero sin nostalgia. Y la vida continúa para Luis en Myrina, donde sigue creando amistades y estrechando lazos con la isla.

Y regreso. Myrina me está aguardando, con su energía y el ajetreo habitual del puerto, en el que Angelika y Theo también me esperan, tan cariñosos, para continuar el viaje juntos.

Volviendo en ferry desde Rafina
Mi ferry fotografiado por Luis llegando a Myrina
Llegada al muelle de cruceros, donde me está esperado Luis. Me he situado la primera detrás del tripulante de camisa blanca :)
Última noche en Myrina, cenando con Angelika y Theo


Viernes, 19 de junio de 2026





miércoles, 17 de junio de 2026

2026/20/ Lemnos. Mi álbum de fotos desenfocadas


Lucía tiene que irse a Madrid unos días para consultar con nuestro odontólogo un problema que arrastra desde una caída aparatosa cuando caminábamos por la carretera de Mestá (Chios). El Sargantana y yo nos quedaremos aquí, en Myrina, atracados frente al ayuntamiento.

Después de tantos años de navegación “a duo”, ésta será una experiencia nueva: navegante solitario por unos días. Cierto, no es el peor sitio: un puerto cómodo, seguro y barato en una ciudad en la que el aburrimiento está prohibido por las ordenanzas municipales.

Esta entrada de blog se titula “El álbum de mis fotos desenfocadas” porque nunca he sabido hacer fotografías. Los encuadres y los enfoques no son lo mío. Casi todas (o todas) las imágenes de este blog son de Lucía. Es ella la que las piensa, las toma, las edita en el blog y después las comenta. Un trabajo ímprobo. De hecho, las pocas que hago yo son por encargo y casi siempre a regañadientes.

Como decía, estoy solo aquí en Myrina. Hago de tripas corazón y en este capítulo trato de incluir las cinco fotos que me gustaría haber tomado en estos días. Probablemente estén algo desenfocadas y a los encuadres les falte perspectiva, pero qué le vamos a hacer. “Lo que natura non dat, Salamanca non presta".


Primera foto: La tienda de Arístides en el Ágora

Acaba de ponerse el sol. El Ágora, la calle principal de la ciudad, se despereza y es invadida por una multitud de gente, turistas y locales. Familias que empujan carritos, pandillas de chavales de vacaciones, de todo hay.

El Ágora no es una calle más. Peatonal, estrecha, está protegida del sol por una especie de emparrado que le da un aire de guarida, de callejón mágico de novela de Harry Potter. Sube y baja, gira a izquierda y derecha alternativamente, como un laberinto. Aquí se entremezclan las tiendas de souvenirs, heladerías de franquicia y bares de cocktails con tiendas “de las de toda la vida”. Ferreterías, carnicerías, barberías. También tavernas, en las que los pescadores toman café por las mañanas y donde, después de cenar, músicos locales tocan sirtaki y hasapiko para quien quiera escucharles o bailar su música.

Donde el Ágora termina y se abre al muelle, a mano derecha, si te fijas bien, encontrarás la licorería de Arístides. Un local con glamour más bien escaso, aspecto desastrado y un cartel de edad indefinida que anuncia (en griego, por supuesto) vinos y licores locales. Cierra muy tarde, entrada la noche.

Tengo que admitir que nunca habría ido a esa tienda si no me la hubieran recomendado, estoy demasiado acostumbrado a los supermercados modernos, ordenados y relucientes. Al entrar en el local de Aris, con sus estanterías de madera en las que se apilan sin mucho orden libros y botellas, tienes dudas de si estás en una biblioteca, una licorería clandestina o una tienda de varitas mágicas del callejón Diagon.

Compro vino y tsípuro caseros. Magníficos, nada que ver con las marcas comerciales del supermercado. 

Aris es un tipo simpático con gafas de pasta y aspecto de intelectual que, a pesar de hablar un inglés perfecto, tiene paciencia para conversar conmigo en griego. No todos lo hacen.

Hablamos un rato de Lemnos, de barcos y de vinos. Le cuento que cada temporada buscamos un lugar especial para pasar la semana santa ortodoxa. Sonríe. Me dice que todos los años, por Pascua, organiza una fiesta en su tienda y que el año que viene Lucía y yo estamos invitados

No podemos faltar.


Segunda foto: El navegante solitario fondea en Myrina

A pocos metros del Sargantana fondea un barco con bandera española. Lo observo mientras cambia de posición y se coloca junto a la entrada del puerto de pescadores. Es un velero pequeño, clásico, muy bonito.

Me han hablado de él.

Su patrón es un navegante solitario. Sus movimientos tienen la elegancia y la tranquilidad de quien ha navegado mucho y sabe perfectamente lo que hace. Elige cuidadosamente dónde echar el ancla. Sé que fondea habitualmente ahí, el lugar perfecto de la bahía. A la entrada del puerto de pescadores, fuera de las boyas que marcan la zona reservada a la playa, lejos de las cadenas de los veleros apopados al muelle.

El barco del navegante solitario arrastra un chinchorro. Una barca muy pequeña, azul, creo que de madera. En esa chalupa difícilmente caben dos personas, pero al navegante solitario probablemente no le importa, raramente trae invitados a bordo.

Sé que frecuenta este puerto, que los pescadores locales le aceptan como lo que es, uno de ellos. Alguien que pertenece al Egeo y que entiende a su gente como nadie.

Hoy he quedado a cenar con nuestros amigos del Muskat, Mayte y Neils, que también pasan gran parte de su temporada en Lemnos. Al gual que el navegante solitario, el Muskat viene a la bahía sólo lo imprescindible, para repostar y hacer compras. Cenamos en el restaurante atendidos por Paris, un chaval que en invierno estudia hostelería en Atenas, pero que trabaja sin descanso durante todo el verano para cumplir su sueño: abrir su propia taverna, aquí, en su isla. No es el único camarero, pero sí el más simpático, nuestro preferido.

Después de cenar acompaño a Mayte y Nils hasta el lugar donde amarraron su neumática. Al llegar, vemos al navegante solitario dejando el muelle, camino de su barco. Les cuento en dos palabras lo poco que sé de él y de su historia.

Nils le mira mientras se aleja remando en su chinchorro y musita: “This guy really knows how to be alone”.


Tercera foto: Panagiotis en su kaïke

Hoy me han presentado a Panagiotis, el pescador.

El kaïke en el que Panagiotis pesca con su hermano Dimitris no es el único, pero el suyo ocupa el lugar de honor en el minúsculo muelle.

Nada más conocerle me queda claro que es el rey de los pescadores de Myrina. Un tipo grande y risueño al que todos aquí conocen por su apodo. Me dicen que, si mandas una carta a Lemnos dirigida a “Panagiotis, el del pendiente", no hace falta dirección: llegará puntual y se la entregarán en el puerto, en mano.

Fue marinero en un mercante, como casi todos. Conoce bien el Egeo y conoce bien su isla. Antes de las ocho de la mañana vende sus capturas desde la borda de su kaïke y, cuando ha colocado su carga, se reúne para pasar la mañana en tertulia con los otros pescadores en una de las tavernas de la plaza. Tengo el privilegio de que me permitan sentarme con ellos a tomar café y escuchar sus historias. Compruebo que, si bien mi griego es todavía balbuceante, me sirve para que me acepten como a uno más.

Aunque sólo sea por instantes como este, merece la pena el esfuerzo de aprenderlo.


Cuarta foto: Elías Venizes en el museo de Myrina

En la primera planta del Museo Arqueológico de Myrina, una maravilla que hay que visitar obligatoriamente si se viene a esta isla, hay un panel gigante en la pared con una cita de uno de los grandes escritores griegos de la generación de los 30.

Está en griego con traducción al inglés. Me emociona tanto que decido que tengo que encontrar ese libro. Quiero que sea la primera novela que leo en griego. Memorizo el título: Αιολικλή Γη (Tierra Eólica) y el nombre del autor Ηλίας Βενέζης (Elías Venizes). En el museo no está permitido sacar fotografías.

Ya en el barco busco la cita en internet y soy incapaz de localizarla. No me importa demasiado porque encuentro otras muchas citas extraordinarias de Venizes, un escritor con una vida fascinante.

Una de ellas dice así:

"Το Αιγαίο δενείναι μονάχα φως και θάλασσα. Μπαίνει μες στην καρδιά των ανθρώπων,γίνεται πρώτα ένας χτύπος,ύστερα άλλος,ώσπου γίνεται όλοι οι χτύποι της καρδιάς. Μπαίνει μες στις φλέβες και γίνεται αίμα. Καίει το αίμα. Μπαίνει μες στη μνήμη,κι από τότε τίποτα πια δεν μπόρει να το σβήσει ως την ώρα του θανάτου. Το Αιγαίο σε φωνάζει πάντα και σε καλεί."

“El Egeo no es sólo luz y mar. Entra en el corazón de las personas. Primero en un latido, después en otros, hasta que se convierte en todos tus latidos. Entra en tus venas y se convierte en sangre. Quema la sangre. Entra en tu memoria y desde ese momento nada lo puede borrar hasta la hora de tu muerte. El Egeo siempre te llama y te invita.”

Si no has navegado nunca por estas aguas quizá no entiendas nada. ¿Exceso de lirismo?¿Sensiblería? Puede ser. Pero si lo has hecho, si conoces este mar, si notas que el Egeo ya corre por tus venas, es difícil que leas estas líneas y no te emociones.


Quinta foto: Los visitantes del amanecer

Son las cinco de la mañana y el muelle de Myrina está dormido. No del todo, porque a esta hora han decidido salir del puerto mis vecinos por babor, un barco antiguo y achacoso con una tripulación poco usual: tres tipos americanos jubilados, dos de ellos greco-americanos.

Llegan el domingo por la tarde, con una maniobra de atraque algo torpe que les lleva a fondear el ancla fuera de sitio y a cruzar su cadena con la mía. No me hacen demasiado caso cuando se lo advierto, quizá no se sienten con ánimos de repetir la maniobra con medio puerto pendiente de ellos. La consecuencia es que tendré que estar muy atento cuando zarpen porque podrían enredar su cadena con la mía y deshacer mi fondeo. Una molestia relativamente pequeña si Lucía estuviese a bordo, pero un problemón para mí estando sólo.

A pesar de la llegada no demasiado amistosa, hacemos buenas migas. Para romper el hielo utilizan una fórmula que seguramente es frecuente. Cuando les pregunto dónde viven en USA, me contestan que en la zona de Boston, “lejos de la gente de Trump”. Toda una declaración de intenciones. En los dos días que compartimos muelle tenemos conversaciones interminables sobre a dónde va Grecia y a dónde USA; sobre emigrar y volver a casa; sobre navegar y sobre barcos.

No me hace muy feliz que hayan decidido partir a las cinco de la mañana. Eso implica tener que despertarme muy pronto para anticipar un posible problema con el ancla. La única ventaja es que puedo avisar a nuestros amigos Theo y Angelika, del Sea Angel, que esperan fondeados un hueco en el muelle, para que se preparen y ocupen su lugar sin que otro barco se les adelante.

Nada relevante en la maniobra. Mis vecinos americanos salen sin novedad. El Sea Angel ocupa su plaza también sin novedad. Estoy deseando volverme a la piltra.

¿Qué tiene esta historia de relevante?

Los ciervos.

A esta hora de la madrugada, cuando las sombras se retiran, los veo. Viven en la montaña que corona el castillo y, al amanecer, cuando el puerto no es de nadie, cuando los humanos duermen, toman el muelle y lo recorren sin miedo, como si quisieran pasar lista a la hilera de barcos atracados.

Los ciervos son la última foto de este álbum, la única que no está desenfocada. Pero no es mía, la toma Theo al terminar su maniobra de atraque y me la envía para que pueda estar seguro de que esa visión mágica no es una alucinación provocada por el madrugón o el tsípuro casero de Aris.




Miércoles, 17 de junio de 2026





lunes, 8 de junio de 2026

2026/19/ Lemnos. Un paseo por la historia

El museo de Myrina es una de esas delicias reservadas a unos pocos, el puñado de visitante que cabe en el pequeño edificio de dos plantas camuflado entre las casas antiguas y las villas del paseo de la playa, allí donde acaban los bares. Sus salas esconden tesoros, hallazgos de las principales excavaciones de Lemnos. Pulcramente ordenados y etiquetados en dos idiomas, evocan la historia de una isla que lleva habitada desde el Neolítico.

Museo arqueológico instalado en una bonita mansión neoclásica del siglo XIX que en su día fue la sede del gobernador otomano

El museo está cerca de la antigua ciudad de Myrina. Caminamos hasta el sitio arqueológico, pero se encuentra permanentemente cerrado al público. Su historia y los hallazgos se recogen en el museo. Ahí descubrimos que hay mucho sin desenterrar. Como bajo el promontorio de la estación meteorológica, donde hoy se halla el club de oficiales. Es el origen del asentamiento de la ciudad, que desde allí fue extendiéndose con los siglos hacia el este y el sur. El ministerio trabaja en las excavaciones desde 1986 y ha expropiado alguna finca, pero ha sacado a la luz tan sólo una pequeña parte de los restos.

Antiguo asentamiento de Myrina a través de la verja
En algún momento estuvo abierto al público, a juzgar por los carteles e instalaciones

Iniciamos nuestra ruta en coche por el templo de los Kabeiroi, esas deidades del mundo prehelénico relacionadas con las fuerzas de la tierra y el inframundo, cargadas de misterio y secretismo, que nos fascinaron en Samothraki el año pasado. El santuario de Lemnos es uno de los más antiguos y mejor conservados del Egeo. Se encuentra frente al mar, sobre el cabo Chloi, en el extremo noreste de la isla. En él se celebraron cultos mistéricos durante más de mil años, aunque nunca llegaron a alcanzar la fama de los samotracios. Aquí fueron más humildes y más locales. Los kabeiroi se asociaron a los secretos de la metalurgia, la fertilidad de la tierra y la protección de los marineros.

La construcción por excelencia para albergar ritos mistéricos es el "telesterion", un edificio donde los iniciados participaban en las ceremonias secretas. Constaba de una sala amplia donde se reunían los admitidos, un graderío o bancada interior y un espacio central donde se desarrollaban las ceremonias. 

En el santuario de Lemnos se conservan restos de un telesterion helenístico del siglo II a.C. y de uno romano tardío de III-IV d.C. Sin embargo este último está construidos sobre los restos de un santuario mucho más antiguo, del s. VII a.C. 

Un gran terremoto y probablemente los albores del cristianismo acabaron gradualmente con los rituales cabiros y el lugar fue abandonado.

El sitio es de pago, muy cuidado y limpio, con multitud de carteles explicativos
Telesterion helenístico del siglo II a.C., el más grande y mejor conservado
Muro de contención
Telesterion romano sobre los restos del templo arcaico
Todo el complejo mira al mar, lo que le da un brillo y una energía especiales

Una curiosidad. En este mismo cabo está la "cueva de Filoctetes", una abertura en la costa rocosa en la que supuestamente se refugió Filoctetes, arquero de renombre y portador de las armas de Heracles, cuando la flota aquea le abandonó a su suerte al no soportar el hedor de sus heridas y sus gritos de dolor, tras ser mordido en el pie por una serpiente venenosa.

Según la Iliada, Filoctetes se había unido a la expedición aquea que partió hacia Troya para traer de vuelta a Helena a Micenas. Logró sobrevivir cuidando su herida con la famosa "tierra de Lemnos", conocida por sus propiedades curativas. Al parecer vivió en la cueva, o al menos en Lemnos, durante diez años, hasta que Neoptólemo y Odiseo (Ulises) le trasladaron a Troya para cumplir la profecía según la cual los aqueos sólo saldrían victoriosos en la guerra de Troya si utilizaban las armas de Heracles.

Desde el sitio arqueológico se puede bajar hasta la cueva. Una señal prohibe bañarse y entrar en la caverna, si bien las reseñas de Google están plagadas de fotografías de gente que no debe saber leer...


Nada más dejar el santuario, nos llama la atención desde la carretera lo que parece un poblado abandonado. Se trata de otro de esos proyectos turísticos fallidos de los que está plagada Grecia. Un hotel de 240 habitaciones y una decena de casas de vacaciones, abiertos en 1992, que estuvieron operativos solamente dos años, al no poder sus propietarios hacer frente a los préstamos y al elevado coste de mantenimiento. Desde entonces ha habido distintos intentos de subastar el complejo, que ha ido acumulando vandalismo y ruina hasta el día de hoy

"Palacio de Kaviria", del empresario Apostolos Christoforou, cerrado desde 1994

Siguiente destino arqueológico, Hefestia. En el museo me ha cautivado la figura de la gran diosa, una divinidad prehelénica que parece no tener nombre, asociada a la madre tierra. Sus representaciones, en forma de sirena alada de semiperfil o de figura troncocónica de rasgos infantiles, han sido encontradas en las excavaciones de Hefestia, en el que se ha dado en llamar simplemente "el santuario de la gran diosa".

Vitrina de la "gran diosa" en el museo de Myrina. Foto cortesía de Wikimedia Commons

Hefestia fue con Myrina la ciudad más relevante de Lemnos, así como un importante centro religioso desde el neolítico hasta los inicios del cristianismo. Se encontraba al noreste de la isla, en el golfo de Pournias, ocupando toda la península de Paleopolis, y en visión directa con el santuario de los kabeiroi. No por casualidad: el santuario estaba ligado a Hefestia y compartían deidades y ritos.

La ciudad tomó su nombre del dios del fuego, Hefesto, hijo de Zeus y Hera. Según el mito, su madre lo arrojó del Olimpo y aterrizó en la isla de Lemnos. Cojo y deformado por la caída, sus habitantes lo acogieron y curaron sus heridas. Desde entonces, la isla estuvo protegida por el dios, quien estableció allí su taller.

Para mi decepción, los restos del santuario no se pueden visitar, pues los arqueólogos trabajan en las excavaciones de forma continuada. Se han desenterrado restos de la acrópolis, viviendas, enterramientos, el templo y un gran teatro helenístico, que es lo que se visita con la entrada. Es el más antiguo de Grecia.

El asentamiento de Hefestia fue descubierto por un arqueólogo alemán a mediados del s. XIX. Pero fue la escuela italiana de Atenas la que, desde 1923, llevó a cabo una labor excepcional de excavación y conservación. Sus trabajos se vieron interrumpidos por la Segunda Guerra Mundial, durante la cual muchos vestigios resultaron dañados. Desde los años 2000 se encarga de las excavaciones el ministerio de cultura de Grecia.

El teatro está construido sobre una loma, aprovechando la ladera en la que se excavó el “koilon”, el graderío de asientos y escaleras en forma semicircular. La escuela italiana también desenterró el escenario, la orquesta, las paredes de contención de los laterales y parte del muro perimetral.

La construcción del teatro pasó por diferentes fases. El primer edificio, del s.VI a.C., era rectangular, con asientos de madera. A partir del siglo V a.C. se inició la edificación en piedra, con sucesivas ampliaciones a lo largo de los siglos que llegaron hasta los primeros romanos. En trabajos de mantenimiento recientes se descubrió que las expansiones fueron invadiendo y sepultando otros restos más antiguos, incluido un telesterion y varias dependencias que hoy se pueden distinguir, acordonadas.

Un dato curioso. Las primeras filas del graderío, las más cercanas al escenario, se construyeron con grandes losas rectangulares de piedra caliza. Estaban reservadas a los funcionarios y a los ciudadanos masculinos. En cambio, para los asientos del epiteatro, donde se sentaban las mujeres y los esclavos, se utilizaron materiales más económicos: losas de pizarra y piedra caliza de tamaños variados.

Por razones prácticas, en nuestro recorrido obviamos la visita a Poliochnis, la que se considera la ciudad más antigua de Europa, pues durante la Edad de Bronce llegó a tener 1.500 habitantes. 

Nuestra última parada en este paseo por la historia de Lemnos es Koukonisi, un pequeño islote en una zona cenagosa, unido a tierra por un pasaje estrecho. Aquí se estableció otro de los asentamientos importantes de la isla, aunque el sitio arqueológico no es visitable.



Miércoles, 8 de junio de 2026