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lunes, 8 de junio de 2026

2026/18/ Lemnos. La isla sin bosques

Lemnos no tiene bosques pero a cambio tiene un desierto

La isla es seca y árida. Su vegetación ha tenido que adaptarse a pasar sed. En sus pedregales, la pimpinela espinosa forma una manta de bolas compactas que llegan hasta casi tocar el mar. De lejos, una alfombra mullida; de cerca, tiesas púas y espinas despiadadas, diseñadas para retener la humedad, y unas raíces profundas, aferradas a las piedras del terreno para soportar los vientos crueles de esta isla. Los vientos del nordeste, que, azotando duro casi todo el año, han erosionado y pulverizado la piedra arenisca hasta formar las "dunas de Gomati, un paisaje desértico de colinas de arena en constante movimiento, salpicadas de lirios de mar, adelfas, tomillos y acebuches.

No muy lejos de las dunas aparece la playa. Una playa larga, sencilla, casi virgen, presidida por el viejo carro de combate que lleva 80 años oteando el horizonte desde su atalaya de arena y espinos.

Manto de pimpinela espinosa (Sarcopoterium Spinosum) ocupando las zonas áridas y pedregosas cerca del mar
Dunas de Gomati, que los locales llaman "pachiés ammoudiés" (playas de arenas gordas)
Desde lo alto de la loma donde se deja el coche se atisba el mar y se intuye la playa de Gomati, al final de una carretera sin asfaltar
Tanque de la II Guerra Mundial abandonado en la playa de Gomati

Gomati es la última parada del día. Antes hemos recorrido una buena parte de la isla y los sitios arqueológicos que la visita al museo nos hicieron anotar cuidadosamente en nuestro plan de ruta: el santuario de los Kabeiroi, Hefestia, Koukonisi, la misma Myrina.

Los sitios arqueológicos van en primer lugar, pues su horario de apertura es sólo de mañana. Tras nuestra última expedición arqueológica nos acercamos hasta Moudros, el puerto al fondo del golfo de su nombre al que intentamos entrar con el barco hace unos días. La bocana tiene poco calado. Hay que ir exactamente por el centro y los 25 nudos de través nos dificultaron la maniobra hasta el punto de hacernos desistir y llevarnos a un fondeo cómodo más al sur. Una vez visto, casi mejor así. El puerto tiene solo un puñado de sitios de atraque para veleros, la mayoría ocupados por barcos que pasan allí el invierno. Las dársenas son estrechas e incómodas para maniobrar con tanto viento. Además, es feote, destartalado, sin ningún encanto.

Zona de pescadores del puerto
Muelle exterior de Moudros donde tampoco pudimos atracar como alternativa a entrar al puerto

Lo más interesante del pueblo es el papel que jugó en la I Guerra Mundial

A primeros de 1915 los aliados tomaron el puerto natural de Moudros como centro logístico para la campaña de la península de Galípoli. Tropas de Australia y Nueva Zelanda se instalaron en Moudros, mezclados con la población local, y entrenaron durante meses la invasión, que intentarían en abril de 1915. La campaña fue sangrienta. Las bajas y heridos se contaban por miles. Moudros se transformó en una enorme base médica, con hospitales de campaña repletos de enfermeras australianas que no daban abasto. Los que no fallecían por las heridas morían de disentería. Se habilitaron grandes cementerios que aún hoy se pueden visitar. 

El episodio hermanó a Moudros con Australia para siempre.

El otro suceso que puso a Moudros en el mapa fue la firma del armisticio que dio por finalizadas las batallas en el frente de Oriente Medio y selló la capitulación otomana, el 30 de octubre de 1918. La reunión se produjo a bordo del buque de guerra británico HMS Agamemnon, anclado en el puerto.

Una placa de bronce en el parque frente al puerto conmemora el vínculo creado entre Lemnos y Australia. “Lest we forget” (para que no olvidemos)
Cerca, un cartel recuerda la firma del Armisticio de Moudros

Visitamos también Kotsinas, una población costera al fondo del golfo de Pournias, exquisitamente cuidada, conocida por su fortaleza y por la Maroula

La Maroula era una joven de 18 años, hija del comandante de la fortaleza, que en la guerra de la independencia griega recogió la espada ensangrentada de su padre caído, se puso al frente de sus hombres y con su fiereza ahuyentó a los turcos. Hoy es un símbolo de fuerza y valentía para las mujeres lemnias.

En el promontorio donde se ubicaba la fortaleza hay una iglesia. Pegado a ella, un pasadizo de 57 escalones conduce a una fuente subterránea supuestamente sagrada. Me produce angustia, no pasamos del tercer escalón.

Estatua de la Maroula en Kotsinas, sobre el promontorio en el que se erguía la antigua fortaleza
Muelle de Kotsinas


Nuestra última caminata antes de adentrarnos en Gomati es en el parque geológico de Faraklo, un paisaje de rocas de formas caprichosas de gran valor geomorfológico. De origen volcánico, son el resultado del enfriamiento rápido de la lava al entrar en contacto con el agua del mar. El viento ha erosionado la piedra arenisca a su alrededor y hoy las enormes bolas parecen semienterradas (o a medio desenterrar). Los lugareños las llaman "fragokefala" (cabezas calvas).

De regreso a Myrina, aprovechamos el coche para hacer compra pesada. Luis recoge a nuestro vecino alemán del Carpe Diem y juntos se acercan a la gasolinera llenos de bidones. Ya tenemos gasoil para unas cuantas horas más.



Miércoles, 8 de junio de 2026





lunes, 1 de junio de 2026

2026/17/ Lemnos. La isla de las tentaciones

Lemnos es el corazón del Egeo, la isla más plana y quizá la más verde. La isla volcánica y sagrada de Hefesto, el dios del fuego y la metalurgia. Y también donde se inventó el “salseo legendario”.

En tiempos de la reina Hipsípila, los argonautas, que buscaban el vellocino de oro (signifique lo que signifique vellocino), desembarcaron en la isla de Lemnos y la encontraron habitada sólo por mujeres. Sorpresa, sorpresa. Resulta que las féminas de Lemnos habían matado a todos sus hombres porque les habían sido infieles con cautivas de Tracia, cosa que a sus legítimas no les pareció ni medio bien. Por cierto, Hipsípila no estaba muy de acuerdo con el plan y salvó la vida de su padre ayudándole a escapar.

¿Y por qué les fueron infieles? Pues porque previamente la diosa Artemisa las había castigado a todas con una halitosis extrema por no cuidar adecuadamente de sus templos (me detengo aquí un momento para que el lector tome aire, y en su caso, un sorbo de agua).

El caso es que a los argonautas, que debían llevar mucho tiempo navegando, no pareció importarles mucho el pequeño problemilla bucodental, porque se apresuraron a aparearse con las lemnianas y engendraron una nueva estirpe para la isla, los minias.

Con estos antecedentes, no sorprenderá que Lemnos sea una isla con muchas playas y muchos turistas, y que las ventas de colutorios bucales sea la más alta de Grecia (eso me lo invento).

Pero dejemos por un momento las leyendas. Damos fe de que Lemnos es una isla extraordinaria que nunca decepciona. Una isla que ya describíamos el año pasado como el cruce de caminos del Egeo. Una isla con una energía especial que nos atrae sin remedio. Y no sólo a nosotros, también a muchos amigos que navegan por el Egeo.

Este año llegamos a Lemnos desde Lesbos, empujados por vientos del sur inusuales a estas alturas de la primavera. A diferencia del año pasado, el meltemi no ha comparecido todavía y los sures soplan duros e incómodos durante muchos, quizá demasiados, días.

La mayoría de los barcos de recreo tiende a la comodidad, ignora otros fondeos y se concentra en la bahía de Myrina, su puerto de entrada. Con esta meteó preferimos evitar Myrina, atestada de barcos, y explorar anclajes en el golfo  de Moudros, esperando que el viento cambie en los próximos días y se abran por fin huecos en el puerto. Para nosotros es importante atracar en el muelle para poder repostar agua y combustible.

No es sencillo. Descubrimos que con viento sur no hay tantos fondeaderos cómodos en el golfo de Moudros, en la parte sur de la isla. Y para cuando finalmente encontramos un buen fondeo, una lancha de la policía viene a expulsarnos porque los militares han elegido justamente esta bahía para unas maniobras.

El vierne muy temprano decidimos probar Myrina. El viento está cambiando y se pueden abrir huecos en el muelle. Madrugamos y llegamos a la bocana poco después de las siete de la mañana.

¡Bingo! A quien madruga, Poseidón le ayuda. Un velero italiano se dispone a salir de su atraque. Nosotros hemos fondeado provisionalmente cerca del muro, listos para iniciar la maniobra. Un barco que entra por la bocana en ese momento hace un amago de disputarnos la plaza, pero ya es demasiado tarde.

El yate italiano todavía no ha terminado su maniobra de salida y el Sargantana ya está largando ancla y cadena, triunfante, para ocupar su plaza. Curiosamente hemos acabado bordo con bordo junto al Carpe Diem, el velero de una pareja de jubilados alemanes muy simpáticos que ya fueron nuestros vecinos en Mármaro.

Ni los argonautas se pusieron tan contentos de llegar a este puerto.

Puerto de Myrina al pie del castillo, mientras esperamos un sitio en el muelle
Etapa de Lesbos al fondeo al sur de Lemnos el 1 de junio
Etapas del 2 y 3 de junio de fondeos en el golfo de Moudros y en el de Kontia. Y etapa del 5 de junio hasta el puerto de Myrina


Domingo, 5 de junio de 2026


Nuestro recorrido de esta temporada hasta hoy



miércoles, 27 de mayo de 2026

2026/16/ Lesbos. El abrazo

Lesbos. La isla de los árboles de piedra. La que vigila de reojo a una Turquía demasiado cercana. La del nombre maldito. La isla dual, capaz de albergar simultáneamente once millones de olivos y un paisaje lunar. La cuna del ouzo y de la poetisa más famosa de la antigüedad.

Este año del espejo llegamos desde el sur. Entramos al Ormos Kallonis (el golfo de Kalloni) serpeando por el canal de acceso entre las balizas verdes y rojas. Toda la isla se pliega como en un gran abrazo alrededor del golfo, una extensión de agua casi cerrada de 110 kilómetros cuadrados que alberga en su interior uno de los ecosistemas más importantes de Europa para las aves, con más de 300 especies entre permanentes y migratorias. Además, su alta salinidad y poca profundidad son el hábitat perfecto para una sardina pequeña y sabrosa, de fama nacional, cuya fiesta se celebra en verano en Skala Kallonis.

Fondeamos a la entrada del golfo, frente al pueblito de Apothikes, en el mismo lugar del año pasado, pero esta vez sin el Ophelia. Y veleamos el “ormos”, con viento sur hacia arriba y con viento norte hacia abajo, sin detenernos más que una noche frente al puerto de Kalloni, echado a perder por las horribles músicas discotequeras que atruenan la noche y se cargan la tranquilidad de las salinas y sus aves, a las que la Red Natura 2000 no parece proteger.

Josefin y Stefan del Cala Mara, amigos del Ophelia y a quienes no hemos visto desde Leros, vienen a saludarnos a nuestro fondeo. Siguen su plan de pasar un par de días en las salinas fotografiando flamencos y limícolas, unas fotos preciosas, envidiables, que reflejan sus almas de artistas.

Les vemos pasar de regreso por el canal desde nuestro refugio de Apothikes, donde seguiremos un par de días más de paseos por tierra e indolencia a bordo. 

Sólo nos movemos a otro fondeo en el oeste de la isla para preparar nuestro siguiente salto a Lemnos. La última noche la pasaremos abrazados por la oscuridad y las estrellas en una bahía fabulosa al sur de Sigri y de sus árboles mágicos.

Fondeo en Apothikes
Apothikes desde nuestro fondeo
Apothikes desde el pueblo con Sargantana al fondo
Anochecer en el fondeo de Apothikes
Veleando hacia el norte del golfo
Stella Kallonis al atardecer
Canal balizado de acceso al Ormos Kallonis
Bordeamos el cabo más occidental de la isla para llegar a nuestro último fondeo en Ormos Lafri
Etapa de Chios al sur de Lesbos el 27 de mayo
Etapas del 28 y 29 de mayo entre Apothikes y Skala Kallonis
Etapa del 31 de mayo de Apothikes al fondeo en Ormos Lafri


Domingo, 31 de mayo de 2026


Nuestro recorrido de esta temporada hasta hoy



sábado, 16 de mayo de 2026

2026/15/ Chios. La travesía del desierto

La travesía hacia Chios nos decepciona. Esperábamos velear los anunciados vientos del sur, pero encontramos apenas una ventolina que nos obliga a poner motor todo el recorrido. Frustrante para una travesía relativamente larga como esta. Muchas millas aburridas, muchas horas de motor, mucho combustible. Y para colmo, bastante mar de fondo salido de la nada y un súbito chubasco que nos complica el último tramo. Un día para olvidar.

En realidad es la tónica de esta temporada. Utilizamos habitualmente una aplicación de pago (Windy) y contrastamos los pronósticos con la web del servicio meteorológico griego. Estamos muy pendientes de las actualizaciones que llegan cada pocas horas. Da igual, la mayoría de las veces las predicciones están acertando poco… o nada. Nos hemos encontrado con súbitos cambios de pronóstico “a posteriori”, chubascos duros en días supuestamente plácidos, o calma chicha cuando se anunciaban vientos favorables con mucha antelación.

Supongo que “es lo que hay”, que los modelos meteorológicos son lo que son, más o menos fiables en épocas estables (verano o invierno) y una escopeta de feria en primavera.

Hace unos pocos años, cuando empezábamos a navegar, el parte habitual era algo parecido a esto: “Cielos despejados, con nubes por la tarde, con algún riesgo de chubasco, vientos fuerza 3 a 4 con rachas de 5, entre Ibiza y la península”. Lo actualizaba el Instituto Meteorológico Nacional y tenía una validez de 24 horas. Lo escuchábamos por el VHF. Absolutamente “preciso y exacto”. Y nosotros, tan contentos.

Ahora, nos enseñan en una app en tiempo real el viento o la lluvia previstos en cada punto del planeta. Y la altura de la ola. Los modelos meteorológicos como el ECWMF o el ICON se actualizan cada cuatro horas.¿Estamos más contentos?

Pues, la verdad, no. Quizá lo estaríamos si acertaran siempre. Pero no es así y la sensación de incertidumbre es la misma que en la época pre-internet.

El problema radica en que los que navegamos nos hemos convertido en “parte-adictos”. Planificamos todos nuestros movimientos con muchísima antelación, basándonos en unas previsiones superdetalladas que, a la postre, resultan ser demasiado cambiantes y poco fiables.

El caso es que, como decía, llegamos a la isla de Chios a media tarde, después de una travesía que se nos hace larga, a motor desde Icaria, con un chubasco final inesperado y muy incómodo que nos obliga a quitar las velas un poco “a las bravas”. Por supuesto despotricando contra Windy.

Afortunadamente tenemos un buen refugio en el puerto de Mesta. Un gran muelle comercial construido para el acceso de ferries y ro-ros, en un fiordo muy bien protegido de los vientos del sur. Allí llegan barcos grandes que cargan trailers y camiones cisterna hacia Psará e incluso hacia  El Pireo.

Mesta es una ciudad medieval, muy turística, a unos cuatro kilómetros. En el puerto, pocas cosas interesantes. Apenas un puñado de casas de pescadores y restaurantes. Nos quedamos sólo dos noches, hasta que vuelven los nortes.

Para nuestra sorpresa, la costa este de Chios es un calco de la cara norte de Ikaria: un desierto absoluto. Aquí tampoco hay nadie.

Cierto, el AIS nos muestra la caravana de cargueros que se mueve norte-sur entre Chios y Psará, pero navegan lejos, indistinguibles a simple vista. Cerca de la costa no se ve prácticamente ningún barco, más allá de alguna la lancha de pesca y los ferries que van a Psará.

Desde Mesta nos movemos a Lithi, un pequeño puerto de pescadores unas millas más al norte. Necesitamos refugio porque, tras los sures, llega un episodio de vientos del norte. El puerto está desierto, excepto por un par de barcas locales y una motora griega que, aparentemente, pasa aquí el invierno. Pasamos seis días completamente solos en el muelle, con agua y suministros. Gratis. Una delicia.

Lithi es un puerto muy cómodo, con unos pocos restaurantes a medio gas que claramente viven de la recaudación del verano. Tiene turismo. Hay un hotel junto a la playa y algunos apartamentos, la mayoría cerrados todavía. Muy poca actividad de pesca. Un sitio tranquilo y un poco solitario en el que nos quedaríamos más tiempo y por supuesto volveremos en próximas temporadas

Cuando los vientos ceden, salimos hacia el norte de la isla. Recalamos en el puerto de Marmaro, la mejor base de partida para el siguiente salto hacia Lesbos. Algunos veleros por esta zona, pero sin agobios. Estamos ya en los últimos días de mayo y las temperaturas son casi veraniegas. Toda una sorpresa encontrar esta calma en una isla como Chios.

Sargantana fondeado en la bahía del puerto de Mesta
Primero de los tres enormes muelles para los ferries y grandes barcos
Uno de los barcos de pesca que llegan al caer la noche a descargar
Detalle del puerto de pescadores, con una de las tabernas al fondo
Solemos dejar el dinghy entre las lanchas cuando bajamos a tierra

Lo más interesante de nuestra estancia en Chíos esta temporada ha sido la visita a Mestá.

Mestá es el mejor conservado de los pueblos medievales de la Mastichochoria, la región de los "pueblos de la masticha". Se trata de antiguos poblados bizantinos que agruparon los caseríos dispersos para protegerse y que los genoveses que ocuparon la isla en el siglo XIV rediseñaron a modo de fortalezas para defenderse de las incursiones piratas. Y, sobre todo, para proteger su bien más preciado, la masticha, una resina obtenida de una variedad de lentisco que únicamente crece en Chios

Visto desde arriba, Mestá tiene forma pentagonal. Las casas perimetrales están construidas pegadas las unas a las otras, sin ventanas hacia el exterior, todas de la misma altura, formando una a modo de muralla que define y cierra los cinco lados del recinto.

Antiguamente solo había una puerta. Hoy el pueblo conserva su fisonomía, aunque es posible entrar desde más de un punto. En el interior las calles son un auténtico laberinto, pensado para despistar a los atacantes que pudieran llegar a entrar. Algunas calles están cubiertas por bóvedas que en griego llaman “tholoi” y que servían tanto para proporcionar sombra a los callejones como para construir encima y expandir el espacio habitable a las casas. 

Dentro del recinto hay varias iglesias y quedan restos de alguna torre defensiva. Todo el conjunto rezuma historia. Las azoteas, planas y todas prácticamente a la misma altura, recuerdan que fueron construidas así para que, en caso de una brecha en la entrada, los habitantes pudieran desplazarse rápidamente por los tejados de una punta a otra del pueblo y huir, contraatacar o refugiarse en la gran torre central de comunicaciones.

Las calles son estrechas y agobiantes. El único espacio abierto es una plaza que se construyó con posterioridad a la época bizantina como zona de expansión para los moradores del kastro, confinados en viviendas pequeñas, sin balcones ni patios. Hoy en día sirve como lugar de encuentro, con bares y pequeñas tabernas que acogen tertulias de locales y visitantes. A la plaza la llaman cariñosamente “to livadi”, el prado.

Encontramos el pueblo prácticamente desierto. Las casas tradicionales han sido en su mayoría reconvertidas en alojamientos turisticos, pero los veraneantes aún no han llegado. Hay apenas un par de tienditas abiertas y algunas cuadrillas dispersas rehabilitando casas viejas. Tomamos un café en la plaza,  mezclados con los obreros.

La masticha ha marcado la forma de vida y la economía de la isla desde tiempo inmemorial. Codiciada por contrabandistas y piratas, los genoveses aseguraron con sus fortalezas la explotación y el comercio del “oro blanco”. Tras caer en manos del imperio otomano, los pueblos de la Mastichochoriá lograron cierta protección y amnistías parciales debido al enorme interés del sultán por mantener el flujo tributario de la resina.

La mastica está declarada patrimonio inmaterial de la humanidad por la UNESCO. A partir de ella se elaboran todo tipo de productos alimentarios, cosméticos y farmacéuticos, desde goma de mascar hasta aguas medicinales. El más famoso es el licor de masticha, una bebida dulce de entre 26º y 30º, con denominación de origen, que en Sargantana nunca falta para compartir unos chupitos con los amigos.

Nuestro recorrido de ida y vuelta, caminando,
 hasta Mestá
Calle con tholoi
Iglesia de los Arcángeles
Torre defensiva
Cartel en la plaza
Etapa de Icaria al puerto de Mesta, en la isla de Chios, el 16 de mayo
En Lithi amarramos a proa de una motora que pasa allí el invierno. No aparece ningún otro barco de recreo en los días que estamos aquí
Playa de Lithi
Etapa del puerto de Mesta a Lithi, el 18 de mayo
Amarre en Marmaro junto a la motora que ya estaba ahí la temporada, cuando pasamos una semana atracados enfrente esperando las piezas para reparar el molinete
Volvemos a pasear por el pequeño pueblo cuyos rincones  tuvimos ocasión de conocer el año pasado. Las calles parecen más limpias y arregladas, hay más bares abiertos y más gente
El museo naval sigue cerrado
El molino que da paso a la playa tambien aparenta haber sido restaurado o, como mínimo, pintado
En esta ocasión nos vamos caminando a conocer el barrio de enfrente, Rachi. La iglesia de la Santa Cruz llama la atención por lo cuidada que está, tanto la propia iglesia como el entorno
Etapa de Lithi a Mármaro, el el 23 de mayo



Martes, 26 de mayo de 2026


Nuestro recorrido de esta temporada hasta hoy