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miércoles, 17 de junio de 2026

2026/20/ Lemnos. Mi álbum de fotos desenfocadas


Lucía tiene que irse a Madrid unos días para consultar con nuestro odontólogo un problema que arrastra desde una caída aparatosa cuando caminábamos por la carretera de Mestá (Chios). El Sargantana y yo nos quedaremos aquí, en Myrina, atracados frente al ayuntamiento.

Después de tantos años de navegación “a duo”, ésta será una experiencia nueva: navegante solitario por unos días. Cierto, no es el peor sitio: un puerto cómodo, seguro y barato en una ciudad en la que el aburrimiento está prohibido por las ordenanzas municipales.

Esta entrada de blog se titula “El álbum de mis fotos desenfocadas” porque nunca he sabido hacer fotografías. Los encuadres y los enfoques no son lo mío. Casi todas (o todas) las imágenes de este blog son de Lucía. Es ella la que las piensa, las toma, las edita en el blog y después las comenta. Un trabajo ímprobo. De hecho, las pocas que hago yo son por encargo y casi siempre a regañadientes.

Como decía, estoy solo aquí en Myrina. Hago de tripas corazón y en este capítulo trato de incluir las cinco fotos que me gustaría haber tomado en estos días. Probablemente estén algo desenfocadas y a los encuadres les falte perspectiva, pero qué le vamos a hacer. “Lo que natura non dat, Salamanca non presta".


Primera foto: La tienda de Arístides en el Ágora

Acaba de ponerse el sol. El Ágora, la calle principal de la ciudad, se despereza y es invadida por una multitud de gente, turistas y locales. Familias que empujan carritos, pandillas de chavales de vacaciones, de todo hay.

El Ágora no es una calle más. Peatonal, estrecha, está protegida del sol por una especie de emparrado que le da un aire de guarida, de callejón mágico de novela de Harry Potter. Sube y baja, gira a izquierda y derecha alternativamente, como un laberinto. Aquí se entremezclan las tiendas de souvenirs, heladerías de franquicia y bares de cocktails con tiendas “de las de toda la vida”. Ferreterías, carnicerías, barberías. También tavernas, en las que los pescadores toman café por las mañanas y donde, después de cenar, músicos locales tocan sirtaki y hasapiko para quien quiera escucharles o bailar su música.

Donde el Ágora termina y se abre al muelle, a mano derecha, si te fijas bien, encontrarás la licorería de Arístides. Un local con glamour más bien escaso, aspecto desastrado y un cartel de edad indefinida que anuncia (en griego, por supuesto) vinos y licores locales. Cierra muy tarde, entrada la noche.

Tengo que admitir que nunca habría ido a esa tienda si no me la hubieran recomendado, estoy demasiado acostumbrado a los supermercados modernos, ordenados y relucientes. Al entrar en el local de Aris, con sus estanterías de madera en las que se apilan sin mucho orden libros y botellas, tienes dudas de si estás en una biblioteca, una licorería clandestina o una tienda de varitas mágicas del callejón Diagon.

Compro vino y tsípuro caseros. Magníficos, nada que ver con las marcas comerciales del supermercado. 

Aris es un tipo simpático con gafas de pasta y aspecto de intelectual que, a pesar de hablar un inglés perfecto, tiene paciencia para conversar conmigo en griego. No todos lo hacen.

Hablamos un rato de Lemnos, de barcos y de vinos. Le cuento que cada temporada buscamos un lugar especial para pasar la semana santa ortodoxa. Sonríe. Me dice que todos los años, por Pascua, organiza una fiesta en su tienda y que el año que viene Lucía y yo estamos invitados

No podemos faltar.


Segunda foto: El navegante solitario fondea en Myrina

A pocos metros del Sargantana fondea un barco con bandera española. Lo observo mientras cambia de posición y se coloca junto a la entrada del puerto de pescadores. Es un velero pequeño, clásico, muy bonito.

Me han hablado de él.

Su patrón es un navegante solitario. Sus movimientos tienen la elegancia y la tranquilidad de quien ha navegado mucho y sabe perfectamente lo que hace. Elige cuidadosamente dónde echar el ancla. Sé que fondea habitualmente ahí, el lugar perfecto de la bahía. A la entrada del puerto de pescadores, fuera de las boyas que marcan la zona reservada a la playa, lejos de las cadenas de los veleros apopados al muelle.

El barco del navegante solitario arrastra un chinchorro. Una barca muy pequeña, azul, creo que de madera. En esa chalupa difícilmente caben dos personas, pero al navegante solitario probablemente no le importa, raramente trae invitados a bordo.

Sé que frecuenta este puerto, que los pescadores locales le aceptan como lo que es, uno de ellos. Alguien que pertenece al Egeo y que entiende a su gente como nadie.

Hoy he quedado a cenar con nuestros amigos del Muskat, Mayte y Neils, que también pasan gran parte de su temporada en Lemnos. Al gual que el navegante solitario, el Muskat viene a la bahía sólo lo imprescindible, para repostar y hacer compras. Cenamos en el restaurante atendidos por Paris, un chaval que en invierno estudia hostelería en Atenas, pero que trabaja sin descanso durante todo el verano para cumplir su sueño: abrir su propia taverna, aquí, en su isla. No es el único camarero, pero sí el más simpático, nuestro preferido.

Después de cenar acompaño a Mayte y Nils hasta el lugar donde amarraron su neumática. Al llegar, vemos al navegante solitario dejando el muelle, camino de su barco. Les cuento en dos palabras lo poco que sé de él y de su historia.

Nils le mira mientras se aleja remando en su chinchorro y musita: “This guy really knows how to be alone”.


Tercera foto: Panagiotis en su kaïke

Hoy me han presentado a Panagiotis, el pescador.

El kaïke en el que Panagiotis pesca con su hermano Dimitris no es el único, pero el suyo ocupa el lugar de honor en el minúsculo muelle.

Nada más conocerle me queda claro que es el rey de los pescadores de Myrina. Un tipo grande y risueño al que todos aquí conocen por su apodo. Me dicen que, si mandas una carta a Lemnos dirigida a “Panagiotis, el del pendiente", no hace falta dirección: llegará puntual y se la entregarán en el puerto, en mano.

Fue marinero en un mercante, como casi todos. Conoce bien el Egeo y conoce bien su isla. Antes de las ocho de la mañana vende sus capturas desde la borda de su kaïke y, cuando ha colocado su carga, se reúne para pasar la mañana en tertulia con los otros pescadores en una de las tavernas de la plaza. Tengo el privilegio de que me permitan sentarme con ellos a tomar café y escuchar sus historias. Compruebo que, si bien mi griego es todavía balbuceante, me sirve para que me acepten como a uno más.

Aunque sólo sea por instantes como este, merece la pena el esfuerzo de aprenderlo.


Cuarta foto: Elías Venizes en el museo de Myrina

En la primera planta del Museo Arqueológico de Myrina, una maravilla que hay que visitar obligatoriamente si se viene a esta isla, hay un panel gigante en la pared con una cita de uno de los grandes escritores griegos de la generación de los 30.

Está en griego con traducción al inglés. Me emociona tanto que decido que tengo que encontrar ese libro. Quiero que sea la primera novela que leo en griego. Memorizo el título: Αιολικλή Γη (Tierra Eólica) y el nombre del autor Ηλίας Βενέζης (Elías Venizes). En el museo no está permitido sacar fotografías.

Ya en el barco busco la cita en internet y soy incapaz de localizarla. No me importa demasiado porque encuentro otras muchas citas extraordinarias de Venizes, un escritor con una vida fascinante.

Una de ellas dice así:

"Το Αιγαίο δενείναι μονάχα φως και θάλασσα. Μπαίνει μες στην καρδιά των ανθρώπων,γίνεται πρώτα ένας χτύπος,ύστερα άλλος,ώσπου γίνεται όλοι οι χτύποι της καρδιάς. Μπαίνει μες στις φλέβες και γίνεται αίμα. Καίει το αίμα. Μπαίνει μες στη μνήμη,κι από τότε τίποτα πια δεν μπόρει να το σβήσει ως την ώρα του θανάτου. Το Αιγαίο σε φωνάζει πάντα και σε καλεί."

“El Egeo no es sólo luz y mar. Entra en el corazón de las personas. Primero en un latido, después en otros, hasta que se convierte en todos tus latidos. Entra en tus venas y se convierte en sangre. Quema la sangre. Entra en tu memoria y desde ese momento nada lo puede borrar hasta la hora de tu muerte. El Egeo siempre te llama y te invita.”

Si no has navegado nunca por estas aguas quizá no entiendas nada. ¿Exceso de lirismo?¿Sensiblería? Puede ser. Pero si lo has hecho, si conoces este mar, si notas que el Egeo ya corre por tus venas, es difícil que leas estas líneas y no te emociones.


Quinta foto: Los visitantes del amanecer

Son las cinco de la mañana y el muelle de Myrina está dormido. No del todo, porque a esta hora han decidido salir del puerto mis vecinos por babor, un barco antiguo y achacoso con una tripulación poco usual: tres tipos americanos jubilados, dos de ellos greco-americanos.

Llegan el domingo por la tarde, con una maniobra de atraque algo torpe que les lleva a fondear el ancla fuera de sitio y a cruzar su cadena con la mía. No me hacen demasiado caso cuando se lo advierto, quizá no se sienten con ánimos de repetir la maniobra con medio puerto pendiente de ellos. La consecuencia es que tendré que estar muy atento cuando zarpen porque podrían enredar su cadena con la mía y deshacer mi fondeo. Una molestia relativamente pequeña si Lucía estuviese a bordo, pero un problemón para mí estando sólo.

A pesar de la llegada no demasiado amistosa, hacemos buenas migas. Para romper el hielo utilizan una fórmula que seguramente es frecuente. Cuando les pregunto dónde viven en USA, me contestan que en la zona de Boston, “lejos de la gente de Trump”. Toda una declaración de intenciones. En los dos días que compartimos muelle tenemos conversaciones interminables sobre a dónde va Grecia y a dónde USA; sobre emigrar y volver a casa; sobre navegar y sobre barcos.

No me hace muy feliz que hayan decidido partir a las cinco de la mañana. Eso implica tener que despertarme muy pronto para anticipar un posible problema con el ancla. La única ventaja es que puedo avisar a nuestros amigos Theo y Angelika, del Sea Angel, que esperan fondeados un hueco en el muelle, para que se preparen y ocupen su lugar sin que otro barco se les adelante.

Nada relevante en la maniobra. Mis vecinos americanos salen sin novedad. El Sea Angel ocupa su plaza también sin novedad. Estoy deseando volverme a la piltra.

¿Qué tiene esta historia de relevante?

Los ciervos.

A esta hora de la madrugada, cuando las sombras se retiran, los veo. Viven en la montaña que corona el castillo y, al amanecer, cuando el puerto no es de nadie, cuando los humanos duermen, toman el muelle y lo recorren sin miedo, como si quisieran pasar lista a la hilera de barcos atracados.

Los ciervos son la última foto de este álbum, la única que no está desenfocada. Pero no es mía, la toma Theo al terminar su maniobra de atraque y me la envía para que pueda estar seguro de que esa visión mágica no es una alucinación provocada por el madrugón o el tsípuro casero de Aris.




Miércoles, 17 de junio de 2026








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lunes, 8 de junio de 2026

2026/19/ Lemnos. Un paseo por la historia

El museo de Myrina es una de esas delicias reservadas a unos pocos, el puñado de visitante que cabe en el pequeño edificio de dos plantas camuflado entre las casas antiguas y las villas del paseo de la playa, allí donde acaban los bares. Sus salas esconden tesoros, hallazgos de las principales excavaciones de Lemnos. Pulcramente ordenados y etiquetados en dos idiomas, evocan la historia de una isla que lleva habitada desde el Neolítico.

Museo arqueológico instalado en una bonita mansión neoclásica del siglo XIX que en su día fue la sede del gobernador otomano

El museo está cerca de la antigua ciudad de Myrina. Caminamos hasta el sitio arqueológico, pero se encuentra permanentemente cerrado al público. Su historia y los hallazgos se recogen en el museo. Ahí descubrimos que hay mucho sin desenterrar. Como bajo el promontorio de la estación meteorológica, donde hoy se halla el club de oficiales. Es el origen del asentamiento de la ciudad, que desde allí fue extendiéndose con los siglos hacia el este y el sur. El ministerio trabaja en las excavaciones desde 1986 y ha expropiado alguna finca, pero ha sacado a la luz tan sólo una pequeña parte de los restos.

Antiguo asentamiento de Myrina a través de la verja
En algún momento estuvo abierto al público, a juzgar por los carteles e instalaciones

Iniciamos nuestra ruta en coche por el templo de los Kabeiroi, esas deidades del mundo prehelénico relacionadas con las fuerzas de la tierra y el inframundo, cargadas de misterio y secretismo, que nos fascinaron en Samothraki el año pasado. El santuario de Lemnos es uno de los más antiguos y mejor conservados del Egeo. Se encuentra frente al mar, sobre el cabo Chloi, en el extremo noreste de la isla. En él se celebraron cultos mistéricos durante más de mil años, aunque nunca llegaron a alcanzar la fama de los samotracios. Aquí fueron más humildes y más locales. Los kabeiroi se asociaron a los secretos de la metalurgia, la fertilidad de la tierra y la protección de los marineros.

La construcción por excelencia para albergar ritos mistéricos es el "telesterion", un edificio donde los iniciados participaban en las ceremonias secretas. Constaba de una sala amplia donde se reunían los admitidos, un graderío o bancada interior y un espacio central donde se desarrollaban las ceremonias. 

En el santuario de Lemnos se conservan restos de un telesterion helenístico del siglo II a.C. y de uno romano tardío de III-IV d.C. Sin embargo este último está construidos sobre los restos de un santuario mucho más antiguo, del s. VII a.C. 

Un gran terremoto y probablemente los albores del cristianismo acabaron gradualmente con los rituales cabiros y el lugar fue abandonado.

El sitio es de pago, muy cuidado y limpio, con multitud de carteles explicativos
Telesterion helenístico del siglo II a.C., el más grande y mejor conservado
Muro de contención
Telesterion romano sobre los restos del templo arcaico
Todo el complejo mira al mar, lo que le da un brillo y una energía especiales

Una curiosidad. En este mismo cabo está la "cueva de Filoctetes", una abertura en la costa rocosa en la que supuestamente se refugió Filoctetes, arquero de renombre y portador de las armas de Heracles, cuando la flota aquea le abandonó a su suerte al no soportar el hedor de sus heridas y sus gritos de dolor, tras ser mordido en el pie por una serpiente venenosa.

Según la Iliada, Filoctetes se había unido a la expedición aquea que partió hacia Troya para traer de vuelta a Helena a Micenas. Logró sobrevivir cuidando su herida con la famosa "tierra de Lemnos", conocida por sus propiedades curativas. Al parecer vivió en la cueva, o al menos en Lemnos, durante diez años, hasta que Neoptólemo y Odiseo (Ulises) le trasladaron a Troya para cumplir la profecía según la cual los aqueos sólo saldrían victoriosos en la guerra de Troya si utilizaban las armas de Heracles.

Desde el sitio arqueológico se puede bajar hasta la cueva. Una señal prohibe bañarse y entrar en la caverna, si bien las reseñas de Google están plagadas de fotografías de gente que no debe saber leer...


Nada más dejar el santuario, nos llama la atención desde la carretera lo que parece un poblado abandonado. Se trata de otro de esos proyectos turísticos fallidos de los que está plagada Grecia. Un hotel de 240 habitaciones y una decena de casas de vacaciones, abiertos en 1992, que estuvieron operativos solamente dos años, al no poder sus propietarios hacer frente a los préstamos y al elevado coste de mantenimiento. Desde entonces ha habido distintos intentos de subastar el complejo, que ha ido acumulando vandalismo y ruina hasta el día de hoy

"Palacio de Kaviria", del empresario Apostolos Christoforou, cerrado desde 1994

Siguiente destino arqueológico, Hefestia. En el museo me ha cautivado la figura de la gran diosa, una divinidad prehelénica que parece no tener nombre, asociada a la madre tierra. Sus representaciones, en forma de sirena alada de semiperfil o de figura troncocónica de rasgos infantiles, han sido encontradas en las excavaciones de Hefestia, en el que se ha dado en llamar simplemente "el santuario de la gran diosa".

Vitrina de la "gran diosa" en el museo de Myrina. Foto cortesía de Wikimedia Commons

Hefestia fue con Myrina la ciudad más relevante de Lemnos, así como un importante centro religioso desde el neolítico hasta los inicios del cristianismo. Se encontraba al noreste de la isla, en el golfo de Pournias, ocupando toda la península de Paleopolis, y en visión directa con el santuario de los kabeiroi. No por casualidad: el santuario estaba ligado a Hefestia y compartían deidades y ritos.

La ciudad tomó su nombre del dios del fuego, Hefesto, hijo de Zeus y Hera. Según el mito, su madre lo arrojó del Olimpo y aterrizó en la isla de Lemnos. Cojo y deformado por la caída, sus habitantes lo acogieron y curaron sus heridas. Desde entonces, la isla estuvo protegida por el dios, quien estableció allí su taller.

Para mi decepción, los restos del santuario no se pueden visitar, pues los arqueólogos trabajan en las excavaciones de forma continuada. Se han desenterrado restos de la acrópolis, viviendas, enterramientos, el templo y un gran teatro helenístico, que es lo que se puede visitar.

El asentamiento de Hefestia fue descubierto por un arqueólogo alemán a mediados del s. XIX. Pero fue la escuela italiana de Atenas la que, desde 1923, llevó a cabo una labor excepcional de excavación y conservación. Sus trabajos se vieron interrumpidos por la Segunda Guerra Mundial, durante la cual muchos vestigios resultaron dañados. Desde los años 2000 se encarga de las excavaciones el ministerio de cultura de Grecia.

El teatro está construido sobre una loma, aprovechando la ladera en la que se ha excavado el “koilon”, el graderío de asientos y escaleras en forma semicircular. La escuela italiana también desenterró el escenario, la orquesta, las paredes de contención de los laterales y parte del muro perimetral.

La construcción del teatro pasó por diferentes fases. El primer edificio, del s.VI a.C., era rectangular, con asientos de madera. A partir del siglo V a.C. se inició la edificación en piedra, con sucesivas ampliaciones a lo largo de los siglos que llegaron hasta los primeros romanos. En trabajos de mantenimiento recientes se descubrió que las expansiones fueron invadiendo y sepultando otros restos más antiguos, incluido un telesterion y varias dependencias que hoy se pueden distinguir, acordonadas.

Un dato curioso. Las primeras filas del graderío, las más cercanas al escenario, se construyeron con grandes losas rectangulares de piedra caliza. Estaban reservadas a los funcionarios y a los ciudadanos masculinos. En cambio, para los asientos del epiteatro, donde se sentaban las mujeres y los esclavos, se utilizaron materiales más económicos: losas de pizarra y piedra caliza de tamaños variados.

Por razones prácticas, en nuestro recorrido obviamos la visita a Poliochnis, la que se considera la ciudad más antigua de Europa, pues durante la Edad de Bronce llegó a tener 1.500 habitantes. 

Nuestra última parada en este paseo por la historia de Lemnos es Koukonisi, un pequeño islote en una zona cenagosa, unido a tierra por un pasaje estrecho. Aquí se estableció otro de los asentamientos importantes de la isla, aunque el sitio arqueológico no es visitable.



Miércoles, 8 de junio de 2026





2026/18/ Lemnos. El desierto

Lemnos no tiene bosques pero sí tiene un desierto

La isla es seca y árida. Su vegetación ha tenido que adaptarse a pasar sed. En sus pedregales, la pimpinela espinosa forma una manta de bolas compactas que llegan hasta casi tocar el mar. De lejos, una alfombra mullida; de cerca, tiesas púas y espinas despiadadas, diseñadas para retener la humedad, y unas raíces profundas, aferradas a las piedras del terreno para soportar los vientos crueles de esta isla. Los vientos del nordeste, que, azotando duro casi todo el año, han erosionado y pulverizado la piedra arenisca hasta formar las "dunas de Gomati, un paisaje desértico de colinas de arena en constante movimiento, salpicadas de lirios de mar, adelfas, tomillos y acebuches.

No muy lejos de las dunas aparece la playa. Una playa larga, sencilla, casi virgen, presidida por el viejo carro de combate que lleva 80 años oteando el horizonte desde su atalaya de arena y espinos.

Dunas de Gomati, que los locales llaman "pachiés ammoudiés" (playas de arenas gordas)
Desde lo alto de la loma donde se deja el coche se atisba el mar y se intuye la playa de Gomati, al final de una carretera sin asfaltar
Manto de pimpinela espinosa (Sarcopoterium Spinosum) ocupando las zonas áridas y pedregosas cerca del mar
Tanque de la II Guerra Mundial abandonado en la playa de Gomati

Gomati es la última parada del día. Antes hemos recorrido una buena parte de la isla y los sitios arqueológicos que la visita al museo nos hicieron anotar cuidadosamente en nuestro plan de ruta: el santuario de los Kabeiroi, Hefestia, Koukonisi, la misma Myrina.

Los lugares históricos van en primer lugar, pues su horario de apertura es sólo de mañana. Tras nuestra última expedición arqueológica nos acercamos hasta Moudros, el puerto al fondo del golfo de su nombre al que intentamos entrar con el barco hace unos días. La bocana tiene poco calado. Hay que ir exactamente por el centro y los 25 nudos del través nos dificultaron la maniobra hasta el punto de hacernos desistir y llevarnos a un fondeo cómodo más al sur. Una vez visto, casi mejor así. El puerto tiene sólo un puñado de sitios de atraque para veleros, la mayoría ocupados por barcos que pasan allí el invierno. Las dársenas son estrechas e incómodas para maniobrar con tanto viento. Además, es feote, destartalado, sin ningún encanto.

Zona de pescadores del puerto
Muelle exterior de Moudros donde tampoco pudimos atracar como alternativa a entrar al puerto

Lo más interesante del pueblo es el papel que jugó en la I Guerra Mundial

A primeros de 1915 los aliados tomaron el puerto natural de Moudros como centro logístico para la campaña de la península de Galípoli. Tropas de Australia y Nueva Zelanda se instalaron en Moudros, mezclados con la población local, y entrenaron durante meses la invasión, que intentarían en abril de 1915. La campaña fue sangrienta. Las bajas y heridos se contaban por miles. Moudros se transformó en una enorme base médica, con hospitales de campaña repletos de enfermeras australianas que no daban abasto. Los que no fallecían por las heridas morían de disentería. Se habilitaron grandes cementerios que aún hoy se pueden visitar. 

El episodio hermanó a Moudros con Australia para siempre.

El otro suceso que puso a Moudros en el mapa fue la firma del armisticio que dio por finalizadas las batallas en el frente de Oriente Medio y selló la capitulación otomana, el 30 de octubre de 1918. La reunión se produjo a bordo del buque de guerra británico HMS Agamemnon, anclado en el puerto.

Una placa de bronce en el parque frente al puerto conmemora el vínculo creado entre Lemnos y Australia. “Lest we forget” (para que no olvidemos)
Cerca, un cartel recuerda la firma del Armisticio de Moudros

Visitamos también Kotsinas, una población costera al fondo del golfo de Pournias, exquisitamente cuidada, conocida por su fortaleza y por la Maroula

La Maroula era una joven de 18 años, hija del comandante de la fortaleza, que en la guerra de la independencia griega recogió la espada ensangrentada de su padre caído, se puso al frente de sus hombres y con su fiereza ahuyentó a los turcos. Hoy es un símbolo de fuerza y valentía para las mujeres lemnias.

En el promontorio donde se ubicaba la fortaleza hay una iglesia. Pegado a ella, un pasadizo de 57 escalones conduce a una fuente subterránea supuestamente sagrada. Me produce angustia, no pasamos del tercer escalón.

Estatua de la Maroula en Kotsinas, sobre el promontorio en el que se erguía la antigua fortaleza
Muelle de Kotsinas


Nuestra última caminata antes de adentrarnos en Gomati es en el parque geológico de Faraklo, un paisaje de rocas de formas caprichosas de gran valor geomorfológico. De origen volcánico, son el resultado del enfriamiento rápido de la lava al entrar en contacto con el agua del mar. El viento ha erosionado la piedra arenisca a su alrededor y hoy las enormes bolas parecen semienterradas (o a medio desenterrar). Los lugareños las llaman "fragokefala" (cabezas calvas).

De regreso a Myrina, aprovechamos el coche para hacer compra pesada. Luis recoge a nuestro vecino alemán del Carpe Diem y juntos se acercan a la gasolinera llenos de bidones. Ya tenemos gasoil para unas cuantas horas más.



Miércoles, 8 de junio de 2026





lunes, 1 de junio de 2026

2026/17/ Lemnos. La isla de las tentaciones

Lemnos es el corazón del Egeo, la isla más plana y quizá la más verde. La isla volcánica y sagrada de Hefesto, el dios del fuego y la metalurgia. Y también donde se inventó el “salseo legendario”.

En tiempos de la reina Hipsípila, los argonautas, que buscaban el vellocino de oro (signifique lo que signifique vellocino), desembarcaron en la isla de Lemnos y la encontraron habitada sólo por mujeres. Sorpresa, sorpresa. Resulta que las féminas de Lemnos habían matado a todos sus hombres porque les habían sido infieles con cautivas de Tracia, cosa que a sus legítimas no les pareció ni medio bien. Por cierto, Hipsípila no estaba muy de acuerdo con el plan y salvó la vida de su padre ayudándole a escapar.

¿Y por qué les fueron infieles? Pues porque previamente la diosa Artemisa las había castigado a todas con una halitosis extrema por no cuidar adecuadamente de sus templos (me detengo aquí un momento para que el lector tome aire, y en su caso, un sorbo de agua).

El caso es que a los argonautas, que debían llevar mucho tiempo navegando, no pareció importarles mucho el pequeño problemilla bucodental, porque se apresuraron a aparearse con las lemnianas y engendraron una nueva estirpe para la isla, los minias.

Con estos antecedentes, no sorprenderá que Lemnos sea una isla con muchas playas y muchos turistas, y que las ventas de colutorios bucales sea la más alta de Grecia (eso me lo invento).

Pero dejemos por un momento las leyendas. Damos fe de que Lemnos es una isla extraordinaria que nunca decepciona. Una isla que ya describíamos el año pasado como el cruce de caminos del Egeo. Una isla con una energía especial que nos atrae sin remedio. Y no sólo a nosotros, también a muchos amigos que navegan por el Egeo.

Este año llegamos a Lemnos desde Lesbos, empujados por vientos del sur inusuales a estas alturas de la primavera. A diferencia del año pasado, el meltemi no ha comparecido todavía y los sures soplan duros e incómodos durante muchos, quizá demasiados, días.

La mayoría de los barcos de recreo tiende a la comodidad, ignora otros fondeos y se concentra en la bahía de Myrina, su puerto de entrada. Con esta meteó preferimos evitar Myrina, atestada de barcos, y explorar anclajes en el golfo  de Moudros, esperando que el viento cambie en los próximos días y se abran por fin huecos en el puerto. Para nosotros es importante atracar en el muelle para poder repostar agua y combustible.

No es sencillo. Descubrimos que con viento sur no hay tantos fondeaderos cómodos en el golfo de Moudros, en la parte sur de la isla. Y para cuando finalmente encontramos un buen fondeo, una lancha de la policía viene a expulsarnos porque los militares han elegido justamente esta bahía para unas maniobras.

El vierne muy temprano decidimos probar Myrina. El viento está cambiando y se pueden abrir huecos en el muelle. Madrugamos y llegamos a la bocana poco después de las siete de la mañana.

¡Bingo! A quien madruga, Poseidón le ayuda. Un velero italiano se dispone a salir de su atraque. Nosotros hemos fondeado provisionalmente cerca del muro, listos para iniciar la maniobra. Un barco que entra por la bocana en ese momento hace un amago de disputarnos la plaza, pero ya es demasiado tarde.

El yate italiano todavía no ha terminado su maniobra de salida y el Sargantana ya está largando ancla y cadena, triunfante, para ocupar su plaza. Curiosamente hemos acabado bordo con bordo junto al Carpe Diem, el velero de una pareja de jubilados alemanes muy simpáticos que ya fueron nuestros vecinos en Mármaro.

Ni los argonautas se pusieron tan contentos de llegar a este puerto.

Puerto de Myrina al pie del castillo, mientras esperamos un sitio en el muelle
Etapa de Lesbos al fondeo al sur de Lemnos el 1 de junio
Etapas del 2 y 3 de junio de fondeos en el golfo de Moudros y en el de Kontia. Y etapa del 5 de junio hasta el puerto de Myrina


Domingo, 5 de junio de 2026


Nuestro recorrido de esta temporada hasta hoy



miércoles, 27 de mayo de 2026

2026/16/ Lesbos. El abrazo

Lesbos. La isla de los árboles de piedra. La que vigila de reojo a una Turquía demasiado cercana. La del nombre maldito. La isla dual, capaz de albergar simultáneamente once millones de olivos y un paisaje lunar. La cuna del ouzo y de la poetisa más famosa de la antigüedad.

Este año del espejo llegamos desde el sur. Entramos al Ormos Kallonis (el golfo de Kalloni) serpeando por el canal de acceso entre las balizas verdes y rojas. Toda la isla se pliega como en un gran abrazo alrededor del golfo, una extensión de agua casi cerrada de 110 kilómetros cuadrados que alberga en su interior uno de los ecosistemas más importantes de Europa para las aves, con más de 300 especies entre permanentes y migratorias. Además, su alta salinidad y poca profundidad son el hábitat perfecto para una sardina pequeña y sabrosa, de fama nacional, cuya fiesta se celebra en verano en Skala Kallonis.

Fondeamos a la entrada del golfo, frente al pueblito de Apothikes, en el mismo lugar del año pasado, pero esta vez sin el Ophelia. Y veleamos el “ormos”, con viento sur hacia arriba y con viento norte hacia abajo, sin detenernos más que una noche frente al puerto de Kalloni, echado a perder por las horribles músicas discotequeras que atruenan la noche y se cargan la tranquilidad de las salinas y sus aves, a las que la Red Natura 2000 no parece proteger.

Josefin y Stefan del Cala Mara, amigos del Ophelia y a quienes no hemos visto desde Leros, vienen a saludarnos a nuestro fondeo. Siguen su plan de pasar un par de días en las salinas fotografiando flamencos y limícolas, unas fotos preciosas, envidiables, que reflejan sus almas de artistas.

Les vemos pasar de regreso por el canal desde nuestro refugio de Apothikes, donde seguiremos un par de días más de paseos por tierra e indolencia a bordo. 

Sólo nos movemos a otro fondeo en el oeste de la isla para preparar nuestro siguiente salto a Lemnos. La última noche la pasaremos abrazados por la oscuridad y las estrellas en una bahía fabulosa al sur de Sigri y de sus árboles mágicos.

Fondeo en Apothikes
Apothikes desde nuestro fondeo
Apothikes desde el pueblo con Sargantana al fondo
Anochecer en el fondeo de Apothikes
Veleando hacia el norte del golfo
Stella Kallonis al atardecer
Canal balizado de acceso al Ormos Kallonis
Bordeamos el cabo más occidental de la isla para llegar a nuestro último fondeo en Ormos Lafri
Etapa de Chios al sur de Lesbos el 27 de mayo
Etapas del 28 y 29 de mayo entre Apothikes y Skala Kallonis
Etapa del 31 de mayo de Apothikes al fondeo en Ormos Lafri


Domingo, 31 de mayo de 2026


Nuestro recorrido de esta temporada hasta hoy