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lunes, 13 de abril de 2026

2026/6/ Ios. ¿Cómo es posible?

Ios es para nosotros una isla de paso, un cruce de caminos que conocemos bien. Un refugio cómodo donde repostar agua y combustible, comprar provisiones en un supermercado a pie de pantalán o hacer la colada en una de las pocas lavanderías self service del Egeo. Un lugar que, a priori, promete tantas emociones y vida social como un área de servicio de autopista en una noche de invierno.

Pero hay que reconocer que Ios tiene una cierta fama como destino turístico veraniego. Resorts de lujo, una chora recoleta, pero llena de bares, y un puerto pequeño y animado donde podrías pasar algo más de tiempo si no fuera por el oleaje insoportable que provocan los ferries cada pocas horas, maniobrando para atracar.

Sobre todo los enormes Blue Star, que hacen la ruta entre El Pireo y Santorini con horarios impredecibles, a veces a mediodía, otras por la tarde e incluso de madrugada, y que parecen estar pilotados por psicópatas que disfrutan convirtiendo la darsena en un mayhem de olas encabritadas.

En nuestro derrotero de esta temporada Ios vuelve a aparecer como una recalada perfecta, justo a mitad de camino entre Sifnos y Astipalaia, nuestro siguiente destino. Después de varios días fondeados, necesitamos una parada en boxes para hacer la compra, repostar agua y poner unas cuantas lavadoras.

Salimos al amanecer desde nuestro fondeo en Vathy, en un día soleado y con suficiente viento para velear la mayor parte del recorrido.

Travesía sin nada reseñable. Llegamos a puerto a primera hora de la tarde. Salvo por un ketch de bandera francesa abarloado al pantalán sur, no vemos ningún otro otro barco transeúnte. En el puerto tampoco hay nadie que nos pueda echar una mano con las amarras. Lógico, es la hora de la siesta. En cualquier caso, sin viento y con tanto espacio, nos las arreglamos bien solos.

Pero a los pocos minutos se acerca alguien a nuestra proa. Una figura familiar, con barba blanca y sombrero de ala ancha. No sé muy bien por qué, pero me recuerda un poco a Gandalf, apareciendo como de la nada en la fiesta de Frodo Bolsón: “A wizard is never late. Nor is he early; he arrives precisely when he means to”.

No es Gandalf, claro. Es Jean-Yvon. No es posible, pero ES Jean-Yvon. Nos despedimos de él hace siete meses en el puerto de Alinda, en la isla de Leros, enfrascado en un viaje épico y agónico camino de Bretaña, navegando en el Beryl, un ketch recién comprado pero bastante antiguo, con tantas millas navegadas como problemas por resolver. Bailando sólo en el Egeo.

Jean-Yvon

El Beryl no llegó a Bretaña la temporada pasada. De hecho tuvo que dar media vuelta y regresar a su varadero en Leros. Es el barco que vimos, pero no reconocimos, al entrar en el puerto de Ios.

No hemos sabido nada de Jean-Yvon en todo este invierno. Le suponíamos ya en su destino después de un viaje largo y problemático. Pero es evidente que Jean-Yvon, como los magos, llega siempre cuando se lo propone.

En esta travesía a través del espejo, cómo no va a ser posible reencontrarse por puro azar con un amigo al que no ves desde hace siete meses, en una dársena casi desierta de un puerto perdido del Egeo. Detrás del espejo nada es imposible.

El Beryl y el Sargantana pasan seis días a resguardo de un temporal que no parece terminar nunca y que les devuelve a puerto casi inmediatamente cuando intentan una salida, en una tregua de la borrasca.

Seis días que compartimos con Jean-Yvon y la tripulación que le va a acompañar este año: sus amigos Frederic y Adrien, también bretones. Los tres han retomado la travesía inacabada hacia el oeste, camino de Gibraltar, la costa de Portugal y la Bretaña.

Seis días que se hacen muy cortos, de cafés y vinos blancos en el Sailing, el único bar abierto en el muelle. Seis días para visitar la chora, para charlar y para compartir nuestras vidas con los nuevos amigos. Como Adrien, pintor y cocinero profesional, que nos asombra con un menú impresionante de alta cocina el día de su cumpleaños.

Sopa de coliflor con huevo poché, uno de los cinco platos del menú

Ios es también una recalada perfecta para hacer reparaciones pendientes en el barco. Por ejemplo la pasarela del Sargantana, que colapsa bajo mis pies cuando vuelvo con repuestos desde la ferretería y me obliga a darme el primer chapuzón de la temporada, vestido y con el móvil en el bolsillo. Me rescata un grupo de señoras inglesas que toman café en el Sailing.

La semana termina. El sol vuelve a brillar y el viento permite navegar de nuevo. Ayudamos al Beryl con las amarras para que siga su rumbo hacia el Atlántico. El Sargantana también saldrá, pero hacia el este. Una despedida que duele más de lo esperado. Jean-Yvon nos grita cuando el Beryl ya se separa definitivamente del muelle: “See you in Britany now”.

Of course. Os espera un viaje muy duro y muy largo, pero no nos cabe duda de que llegaréis a vuestro destino. Y nos veremos este invierno en Bretaña. A tout a l’heure, les amis.

Con Jean-Yvon, Adrien y Fred en el Sailing
Con la tripu del Beryl, cogemos el autobús que desde el puerto sale cada hora y vamos a dar un paseo por la chora
Subimos hasta el kastro, que no pudimos visitar el año pasado por la lluvia.
La iglesia de Panagia Grimniotisa, la Virgen del Acantilado, es la más llamativa y fotografiada del kastro
Por encima de la Panagia Grimnotisia sólo quedan tres pequeñas iglesias, similares entre sí, pero distintas
Agios Eleftherios
Agios Giorgios
Agios Nikolaos
Vista del puerto desde la iglesia de Agios Nikolaos
De bajada nos acercaremos a la plaza de los molinos buscando un bar donde tomar un café, pero todo está cerrado
Monumento a Homero en la plaza de los molinos, con las iglesias al fondo. Acabaremos tomando el café a la entrada del pueblo, al lado del supermercado y de la parada del autobús
El domingo sale por fin el sol. Estamos listos para dejar nuestro pequeńo encierro

Nuestros amigos del Beryl salen antes que nosotros
Sargantana partirá al día siguiente. Cuando salimos por la bocana, el sol del amanecer ya baña el inconfundible faro de Ios
Etapa del 13 de abril de Vathi (Sifnos) al puerto de Ios
Intento fallido de salir de Ios el día 16


Lunes, 20 de abril de 2026


Nuestro recorrido de esta temporada hasta hoy



jueves, 9 de abril de 2026

2026/5/ Pascua ¿qué Pascua?

Navegar a primeros de abril nos permite asistir cada año a las celebraciones de la pascua ortodoxa (Πάσχα), una fiesta muy importante para los griegos, quizá la más importante del año. Llena de tradiciones familiares y de reencuentros, de ritos religiosos y gastronómicos. Con significados que van mucho más allá de lo que vivimos (al menos nosotros) en España, simplemente una semana de vacaciones, atascos y playas o esquí (según caiga).

Hace tres años fue en Mykonos y Naoussa. Nos impresionaron las procesiones multitudinarias y exhuberantes de Mikonos y los banquetes casi orgiásticos de Naoussa. El año pasado fue en Limni, tomada por locales y visitantes, cálida, casi íntima, llena de familias y procesiones con velitas.

Este año queremos variar: es el año al otro lado del espejo. Tenemos algunas opciones. Podríamos ir a Tinos, la isla de la basílica y la devoción sin límites; o a Ermuópolis, en la isla de Sifnos, la capital del Egeo. O podríamos ir a Serifós y su vecina Kímolos, al sur de donde estamos ahora.

No lo tenemos claro. Recurrimos al oráculo de estos tiempos: preguntamos a la IA.

No diré cual fuel el chatbot con el que hablamos. Da igual. El caso es que nos cuenta maravillas de la Πάσχα tanto en Serifós como en Kímolos. De la solemnidad de las procesiones en las dos choras de Serifós. De la calidez de la gente de Kímolos, que acoge al visitante como si fuera su propia familia.

El chatbot nos convence. La emoción con la que escribe no deja lugar a dudas. El plan de la semana de este año es Serifós y después Kímolos.

Serifós esta cerca. Llegamos antes del mediodía en un trayecto corto y sin viento, rumbo sur. Encontramos el puerto vacío y tranquilo, sólo un velero italiano que parece amarrado de costado permanentemente junto a la bocana.

Pero a los pocos minutos, antes de conseguir atracar, vemos aparecer un grupo de barcos de alquiler que viene a toda marcha hacia el puerto. La primera flotilla de la temporada. Horror. No es posible que este año la invasión empiece tan pronto.

Se las arreglan para llenar el puerto, la mayoría con maniobras poco ortodoxas (pero entretenidas de ver, eso sí). En realidad no nos condicionan demasiado. Para cuando llega el grueso del pelotón ya hemos conseguido amarrarnos en el único hueco al costado que queda libre, tras el barco italiano. Nos echan una mano sus dueños, que tienen una casa en la ciudad y se han acercado al muelle (probablemente espantados por la visión de la flotilla). Se agradece su ayuda porque el espacio es muy justo, el viento nos separa de tierra y la rodilla de Lucia no está este año como para saltos y carreritas por el muelle para afianzar las amarras a los norays (que por cierto tampoco abundan).

Descubrimos que la flotilla es de griegos (lógico, aquí estamos en Semana Santa y es festivo) y que se comportan de una forma bastante más tranquila que las flotillas plurinacionales, gritonas y etílicas, del verano. Pero aun así el puerto pierde mucha de la tranquilidad que esperábamos.

Sin embargo, para nuestra sorpresa, Serifós parece muerto. Subimos a la chora al día siguiente (viernes santo) en autobús. Casi todas las casas están cerradas a cal y canto. Muy poca gente local, sólo algunos turistas (casi todos griegos) que recorren las calles sin rumbo. No encaja. No encontramos nada que anticipe la celebración multitudinaria que nos prometía la IA.

Bajamos andando hacia el puerto y renunciamos a volver por la tarde para las celebraciones y la procesión nocturna. Demasiado lejos, demasiado frío y, sobre todo, pocas garantías de que esta isla nos ofrezca una experiencia como Mikonos o Limni.

El sábado santo navegamos hasta Kímolos. Las cosas no parecen mejorar. Cuando llegamos a puerto a mediodía nos encontramos con una flota de camiones que descarga grava de un carguero, en un estruendo de grúas y nubes de polvo. Huimos a pie hacia la chora confiando en que el maremágnum acabe pronto.

Tampoco encontramos lo que esperábamos. Casi todos los bares y restaurantes están cerrados por el invierno. La chora de Kímolos es agradable y tiene cierto encanto, pero hay muy poca gente, casi nadie.

El experimento de este año no ha salido demasiado bien. La IA no ha ayudado mucho, es evidente que sabe poco o nada de la semana santa griega. Ni Serifós ni Kímolos han sido lo que nos prometía.

A media tarde decidimos abandonar el ruido y el polvo del puerto de Kímolos y ponemos rumbo a Vathy, una bahía que ya conocemos en la isla de Sifnos. Con un restaurante excelente en la misma playa, O Tsilakis, donde estuvimos hace dos años y que no nos defrauda. El domingo de pascua, Nikos y su familia nos hacen disfrutar, por fin, de una comida de Πάσχα como esperábamos, con cordero asado al estilo tradicional, y la mejor revithada del Egeo.

Chatbot, si estás leyendo esto (seguro que sí) revisa tus fuentes. Hay mejores alternativas para celebrar la Πάσχα. En esto, y otras muchas cosas, la IA está muy verde.


Etapa de Kythnos a Serifós el jueves 9 de abril
Llegando a Serifós. En esta isla es donde, según la leyenda, Perseo cortó la cabeza de la gorgona Medusa y la usó para convertir en piedra al rey Polydectes
Nuestro atraque a popa del italiano en el puerto de Livadi, en Serifós
El puerto con la chora al fondo, en lo alto
Cogemos el autobús hasta la chora y nos dedicamos a callejear cuesta arriba. Las casas retrepan por la montaña y los accesos son básicamente escaleras
En la parte más alta, en el "kastro", una gran parte de los edificios está abandonada y en ruinas.
La mayoría de las casas habitables están reacondicionadas como alojamientos vacacionales. De hecho, aquí y allá podemos ver obreros restaurando alguna ruina
Las vistas desde el kastro sobre el puerto son magníficas. No es de extranar que sus habitantes tuvieran tiempo de refugiarse y organizar la defensa a la vista de los invasores
Hay varias iglesias prominentes en las diferentes colinas de la ciudad
Las construcciones aprovechan cimas, repechos y salientes. Los barrios quedan desconectados entre sí por los cortados. Las calles son laberínticas
En la plaza central de la chora, la "piatza" se encuentran el edificio neoclásico del ayuntamiento y la iglesia de San Juan Crisóstomo, la más importante del pueblo. Sólo uno de los cafés está abierto y las mesas de la plaza las ocupan familias griegas, entre las que nos mezclamos para tomar un “sketo" y un capuchino 
En el interior de la iglesia ya ha tenido lugar la ceremonia del descendimiento de la cruz y el epitafio, con la representación de Cristo en su interior, está preparado para la procesión de esta noche, que será hacia las nueve, tras la misa
Bajamos a la chora de abajo (kato chora) separada solo unos cientos de metros de la de arriba (pano chora). Al fondo, la iglesia Evangelistra, donde el epitafio está custodiado por las únicas dos mujeres que vemos en toda la "kato chora". Supuestamente esta noche una procesión saldrá de arriba y otra de abajo, se encontrarán y discurrirán juntas. 
Desde aquí volvemos al puerto caminando
Etapa de Serifós al puerto de Psathí en Kímolos, el sábado 11
Desde el puerto subimos andando por la carretera al chorió de Kímolos, ubicado al pie del monte Xaplovouni
La arquitectura es típica cicládica, de casas blancas con ventanas azules
Una de las iglesias del chorió, Panagía Konomou
Quizá la iglesia más llamativa sea San Juan Crisóstomo
El chorió tiene un "kastro" pequeño, medio ruinoso pero típico, que merece una visita
Vista de la iglesia de Panagía Odigistria, desde una terraza restaurada del "kastro"
Etapa de Kímolos (Psathí) a Serifós (Vathí), el sábado 11 por la tarde
Sargantana fondeado él sólo en la bahía de Vathí
Antes de ir a comer damos un paseo por los alrededores del minúsculo pueblito, que estalla de primavera
Es domingo de resurrección y en todas las casas asan un cordero pascual 
Revithada y cordero en el restaurante de Nikos, sobre la arena de la playa


Domingo, 12 de abril de 2026


Nuestro recorrido de esta temporada hasta hoy




martes, 7 de abril de 2026

2026/4/ Kea, Kythnos. Autopista hacia el sur

Salimos de Karystos rumbo sur. Ponemos proa hacia la parte oriental de Kea, Kythnos y Serifós, tres islas que se alinean verticalmente en el mapa, las Cícladas más cercanas a la Grecia continental. Zona de mucho tráfico, tanto de mercantes que cruzan el Egeo desde el Bósforo hacia Atenas, como de ferries y veleros.

El decorado cambia abruptamente. El día es soleado, magnífico, radiante. Por fin parece haber llegado la primavera.

Tardamos en ponernos en marcha. Tenemos previsto un fondeo al norte de Kea y buscamos aprovechar el viento que se espera a mediodía. Salimos del puerto sin prisa. La mayoría de los pesqueros está faenando hace horas y en el muelle quedan sólo tres veleros perezosos, amarrados muy juntitos en una esquina de la dársena. Como durmiendo los excesos del finde, sin mucha apariencia de salir a navegar a pesar de que el día invita.

El recorrido es sencillo: línea vertical casi recta hasta el puerto en Serifós. Fondeos de una noche rápidos y sin mucha historia en Kea y Kithnos, como rebotes de una piedra plana lanzada con fuerza al agua. Vientos cambiantes del norte que nos empujan y que se convierten en catabáticos nocturnos incómodos y racheados.

Navegar en esta zona exige más atención. El VHF, que ha enmudecido completamente dentro del canal de Evia, vuelve a la vida y se convierte en una letanía de fondo como de lotería de navidad: conversaciones interminables entre Traffic Control y los cargueros pidiendo horas de llegada, o de los cargueros entre ellos pidiéndose explicaciones y organizando sus cruces. Hay que estar pendiente por si, entre tanta cháchara, a alguien se le ocurre llamarnos. Nunca te dan buenas noticias cuando te nombran por el VHF.

La temperatura del agua sube. No la del motor, que permanece en 90 grados, tal como debe, y que, por indicación de Lefteris, controlo con tanta atención como la que se presta a un paciente en la UCI. La que sube es la del mar. Diecisiete grados prometen algún baño prematuro en el mes de abril. De hecho, nuestros vecinos de fondeo en Kithnos se pasan toda la tarde en el agua (eso sí, con neopreno, que serán ingleses pero no del mismo Bilbao). Es lo que tienen el sur y la vida al otro lado del espejo.

Veleando solo con el génova en rumbo sur y con un tiempo espléndido
Fondeo en la playa de Spathi, al noreste de Kea. Ya habíamos estado en esta isla, pero por su cara oeste, la más cercana a la Grecia continental y en la que experimentamos lo invasivo que llega a ser el alquiler de temporada.
Según avanza la tarde se calman el viento y el swell y la noche es de calma absoluta. Pero a las tres de la mañana entran de golpe más de 25 nudos sostenidos del noroeste que me despiertan y me hacen estar pendiente del fondeo hasta después de amanecer. Luis ni se entera (!)
Fondeo en la cala de Agios Stéfanos en la costa este de Kythnos, otra isla de la que solo habíamos recalado en su cara oeste. Hemos probado la cala de Agios Ioannis, justo al lado y, aunque es mucho más virgen, más solitaria y quizás más bonita, también es más estrecha y no nos convence: hoy queremos dormir.
Etapas de Karystos a Kea (día 7) y de Kea a Kythnos (día 8)


Miércoles, 8 de abril de 2026


Nuestro recorrido de esta temporada hasta hoy