Volvemos hacia el oeste desde Kos (con una parada en Pserimós) y con destino final Kalymnos.
Kalymnos no es una isla nueva para nosotros. Hemos fondeado ya un par de veces en los últimos años, pero no hemos visitado nunca Pothia, su puerto principal. Este es un momento perfecto.
Kalymnos es una isla de contrastes, de altos y bajos. Una isla de escaladores extremos, pero que tradicionalmente ha vivido de descender a lo más profundo para pescar esponjas. Una isla relativamente grande, pero con sólo dos valles, flanqueados por montañas muy altas.
Junto a su flanco oeste se alza el islote de Telendos, meca de la escalada extrema desde los años ochenta, con paredes extraplomadas de roca caliza de alta calidad. El impacto económico de ese turismo deportivo en la isla es evidente y le da un ambiente distinto, no limitado al usual “playa y barcos”.
En el sur, el puerto de Pothia es desmesuradamente amplio comparado con el resto de islas del Egeo. Lleno de barcos de pesca, ferries que van y vienen, e incluso de barcos deportivos locales. Y, sí, también algunos dinosaurios turísticos como en Kos.
Pothia sorprende por la profusión de estatuas. Toda la ciudad está salpicada de figuras de bronce que rinden homenaje a diestro y siniestro: pescadores de esponjas, prebostes locales, personajes mitológicos… hay de todo. Las calles hierven de actividad y el tráfico, tanto de coches como de peatones, llega por momentos a resultar agobiante, sobre todo porque sus urbanistas —si es que los hubo— no parecían demasiado entusiastas de las aceras.
Elegimos Kalymnos como refugio para nuestro nuevo episodio “Esperando a Godot” de esta temporada.
“Esperando a Godot", de Samuel Beckett, es una obra cumbre del teatro del absurdo, en la que dos personajes, Vladimir y Estragón, esperan infructuosamente junto a un árbol la llegada de un tal Godot. La trama se centra en sus conversaciones triviales, discusiones y juegos repetitivos para pasar el tiempo, mientras lidian con la monotonía, la soledad y la incertidumbre existencial.
Esperar a Godot es la esencia de la navegación por el Egeo. Aprender a gestionar esa espera es todo un arte, que al principio choca, sobre todo cuando eres nuevo en estas aguas. En la obra de teatro en realidad nadie sabe quién o qué es Godot. O sí lo saben, pero no lo explican. En el Egeo lo que esperas es el viento, claro. Lo adivinas, pero no sabes realmente cuándo llega, ni cuánto dura y, sobre todo, si encontrarás dónde refugiarte.
El caso es que llegamos a Kalymnos pronto, para evitar tener problemas de sitio. El puerto tiene un muelle larguísimo en su dársena exterior, que usan sobre todo los yates de paso. Encontramos sólo otros tres barcos cuando atracamos, mucho espacio libre.
Claramente un puerto acostumbrado a lidiar con numerosos barcos. A nuestra llegada aparece el “gorrilla” habitual que nos pide propina por la ayuda para atracar. Ipso facto entra en escena el encargado del puerto que te pregunta los días de estancia y si quieres agua y luz. Con pago en cash, of course, y sin recibo. Eso sí, a precio “griego”. Salen más baratos seis días en Kalymnos “todo incluido” que uno en la Marina de Kos extras aparte. Igual nos toca ser Vladimir y Estragón por una semanita, pero al menos no nos arruinaremos.
Monotonía sí tenemos, para qué nos vamos a engañar. Seis días se hacen largos, echas de menos subir las velas y volver a navegar. El viento es duro, como esperábamos, pero entra por la popa y no resulta demasiado incómodo. Tan duro que el puerto cierra dos días por mal tiempo y toda la flota, ferries incluidos, quedan bloqueados en el puerto.
Soledad, más bien poca. Gradualmente el muelle se va llenando de barcos que también tienen cita con Godot, sobre todo barcos de alquiler que vienen de Kos. Algunos llegan muy justitos, con urgencias, peleando absurdamente contra el viento y la ola, mojados como pollos y cara de “si lo sé, no vengo”. Para el día grande del festejo, en el muelle no cabe un alfiler y el encargado del puerto nos pide a los antiguos que nos juntemos un poco para hacer sitio a los rezagados.
Incertidumbre existencial no tenemos. En el Sargantana siempre hay algo que hacer y en esta isla hay mucho que visitar. Es el fin de semana del uno de mayo y la ciudad bulle con las primeras remesas de turistas.
Visitamos la chora, a tres kilómetros del puerto, y el kastro, que dieron en construir doscientos escalones por encima de ella. Uno se pregunta si los piratas tendrían alguna posibilidad de asaltarlo. Para cuando llegaran a la base de la muralla, de altura más que respetable, los pobres debían estar reventados y a punto de amotinarse. Probablemente contaban más muertos por apoplejía que por las flechas de los sitiados.
También visitamos el museo arqueológico municipal. Nosotros solos. Parece que en el muelle había más interés en visitar los muchos bares de copas de Pothia. Los vigilantes nos miran con cara de sorpresa, de “menos mal que hace tres días pasamos la mopa”.
Un museo pequeñito y con interés relativo. Excepto por una estatua, la joya arqueológica de la isla, la “dama de Kalymnos”. Una escultura en bronce de una mujer, a tamaño natural. Sin ojos, con unas cuencas vacías inquietantes. Una figura que provoca fascinación. A la que te quedas mirando sin saber si, en realidad, es ella la que te mira a ti.
Lucía trata de hacer una foto de nosotros dos con la estatua, pero el vigilante interviene de inmediato:
- Photos ok, but no selfies!!
Da la sensación de que es la estatua la que está hasta el moño de turistas con sus selfies y que cada mañana les recuerda a los vigilantes con voz grave (las estatuas de bronce siempre tienen la voz muy grave):
- Nada de selfies, que seré ciega, pero no tonta. No soporto a estos instagrammers.
En Kalymnos nuestra “semana Godot” llega a su fin. En la obra original de Beckett, tras días de espera en los que el enigmático Godot no aparece, los dos vagabundos deciden irse para buscar refugio o intentar suicidarse, pero se quedan completamente inmóviles en el escenario mientras cae el telón.
Nosotros decidimos cambiar el final. Suicidarnos nos da mucha pereza y lo descartamos. Lo de quedarnos totalmente inmóviles, también: un barco parado no hace más que echar caracolillo. La dama ya la hemos visto, así que mejor levar anclas e irnos hacia Leros.
Cae el telón.
Trajes de buzo en el Sponges Warehouse, un almacén que combina la venta de esponjas con un pequeño museo que narra la historia de la pesca de esponjas en Kalymnos, una actividad que ha marcado su identidad y ha sido la base de su economía hasta la llegada del turismo
“Scandalopetra”, piedra de 8 a 14 kilos que los pescadores de esponjas sumergían para mantenerse unidos al barco: pasaban un cabito por la muñeca y por el cabo que ataba la piedra a la embarcación.
Los pescadores de esponjas salían en barcos tras la Pascua por largas temporadas. La introduccion del traje y la escafandra a finales del s.XIX, unido al desconocimiento del efecto de las burbujas de nitrógeno en la sangre por ascensos rápidos, hizo aún más peligroso el trabajo de los pescadores. Las tripulaciones volvían diezmadas o con tullidos de por vida
Barco actual de pesca de esponjas con el peligroso método del "narguile": una larga manguera que bombea aire al buceador
La ciudad quiso rendir homenaje a sus pescadores de esponjas con una estatua de Antonis Kampourakis, un icónico pescador retirado en 2019 que hasta sus 72 años siguió bajando a profundidades de 30 metros y siempre en apnea, rechazando cualquier sistema de aportación de aire. Se pueden encontrar videos suyos en internet
Vista del castillo desde la chora. Pothia ha crecido tanto por el valle, hacia el interior, que no se distingue dónde termina una y empieza la otra. Todo el trayecto es entre edificios
En la entrada hay restos de una caseta de recepción y carteles indicativos del sitio, claramente abandonados desde hace un tiempo. Las señales se refieren al “Castrorum Circumnavigatio”, una iniciativa arqueológica del Ministerio de Culturma para la documentación, estudio y conservación de fortalezas en el Egeo
Dentro del recinto hay hasta diez iglesias de corte bizantino que se documentaron y restauraron en el ámbito de la inicitiva arqueológica
En edificios reconstruidos instalaron un complejo de recepción de visitantes, con oficinas, aseos, un centro de interpretación del kastro… todo abandonado y echándose a perder
Visita al museo arqueológico. En el piso superior exhiben la reconstrucción, con restos arqueológicos originales, de un santuario inspirado en el de la basílica paleocristiana mas importante de la isla, el Cristo de Jerusalén, del s.V
Dama de Kalymnos, una estatua helenística de bronce de tamaño natural que sacó del fondo del mar un pescador local en 1995. Fue enviada a Atenas para su restauración y devuelta a Kalymnos para ser exhibida en el museo. Es una pieza hueca, fundida en bronce utilizando la antigua técnica griega de cera perdida, que permite obtener el impresionante nivel de detalle de su superficie. A lo largo de los siglos, las antiguas estatuas de bronce se solían fundir para fabricar armas y monedas. Las piezas rescatadas del mar como esta son excepcionalmente raras, lo que la convierte en uno de los tesoros arqueológicos más preciados de Grecia, a pesar de que no se conservan los ojos. Típicamente serían de calcita con una incrustación de piedras semipreciosas para simular el iris, como los del auriga de DelfosMartes, 5 de mayo de 2026




















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