Lemnos no tiene bosques pero a cambio tiene un desierto.
La isla es seca y árida. Su vegetación ha tenido que adaptarse a pasar sed. En sus pedregales, la pimpinela espinosa forma una manta de bolas compactas que llegan hasta casi tocar el mar. De lejos, una alfombra mullida; de cerca, tiesas púas y espinas despiadadas, diseñadas para retener la humedad, y unas raíces profundas, aferradas a las piedras del terreno para soportar los vientos crueles de esta isla. Los vientos del nordeste, que, azotando duro casi todo el año, han erosionado y pulverizado la piedra arenisca hasta formar las "dunas de Gomati, un paisaje desértico de colinas de arena en constante movimiento, salpicadas de lirios de mar, adelfas, tomillos y acebuches.
No muy lejos de las dunas aparece la playa. Una playa larga, sencilla, casi virgen, presidida por el viejo carro de combate que lleva 80 años oteando el horizonte desde su atalaya de arena y espinos.
Manto de pimpinela espinosa (Sarcopoterium Spinosum) ocupando las zonas áridas y pedregosas cerca del mar
Desde lo alto de la loma donde se deja el coche se atisba el mar y se intuye la playa de Gomati, al final de una carretera sin asfaltarGomati es la última parada del día. Antes hemos recorrido una buena parte de la isla y los sitios arqueológicos que la visita al museo nos hicieron anotar cuidadosamente en nuestro plan de ruta: el santuario de los Kabeiroi, Hefestia, Koukonisi, la misma Myrina.
Los sitios arqueológicos van en primer lugar, pues su horario de apertura es sólo de mañana. Tras nuestra última expedición arqueológica nos acercamos hasta Moudros, el puerto al fondo del golfo de su nombre al que intentamos entrar con el barco hace unos días. La bocana tiene poco calado. Hay que ir exactamente por el centro y los 25 nudos de través nos dificultaron la maniobra hasta el punto de hacernos desistir y llevarnos a un fondeo cómodo más al sur. Una vez visto, casi mejor así. El puerto tiene solo un puñado de sitios de atraque para veleros, la mayoría ocupados por barcos que pasan allí el invierno. Las dársenas son estrechas e incómodas para maniobrar con tanto viento. Además, es feote, destartalado, sin ningún encanto.
Lo más interesante del pueblo es el papel que jugó en la I Guerra Mundial.
A primeros de 1915 los aliados tomaron el puerto natural de Moudros como centro logístico para la campaña de la península de Galípoli. Tropas de Australia y Nueva Zelanda se instalaron en Moudros, mezclados con la población local, y entrenaron durante meses la invasión, que intentarían en abril de 1915. La campaña fue sangrienta. Las bajas y heridos se contaban por miles. Moudros se transformó en una enorme base médica, con hospitales de campaña repletos de enfermeras australianas que no daban abasto. Los que no fallecían por las heridas morían de disentería. Se habilitaron grandes cementerios que aún hoy se pueden visitar.
El episodio hermanó a Moudros con Australia para siempre.
El otro suceso que puso a Moudros en el mapa fue la firma del armisticio que dio por finalizadas las batallas en el frente de Oriente Medio y selló la capitulación otomana, el 30 de octubre de 1918. La reunión se produjo a bordo del buque de guerra británico HMS Agamemnon, anclado en el puerto.
Una placa de bronce en el parque frente al puerto conmemora el vínculo creado entre Lemnos y Australia. “Lest we forget” (para que no olvidemos)Visitamos también Kotsinas, una población costera al fondo del golfo de Pournias, exquisitamente cuidada, conocida por su fortaleza y por la Maroula.
La Maroula era una joven de 18 años, hija del comandante de la fortaleza, que en la guerra de la independencia griega recogió la espada ensangrentada de su padre caído, se puso al frente de sus hombres y con su fiereza ahuyentó a los turcos. Hoy es un símbolo de fuerza y valentía para las mujeres lemnias.
En el promontorio donde se ubicaba la fortaleza hay una iglesia. Pegado a ella, un pasadizo de 57 escalones conduce a una fuente subterránea supuestamente sagrada. Me produce angustia, no pasamos del tercer escalón.
Nuestra última caminata antes de adentrarnos en Gomati es en el parque geológico de Faraklo, un paisaje de rocas de formas caprichosas de gran valor geomorfológico. De origen volcánico, son el resultado del enfriamiento rápido de la lava al entrar en contacto con el agua del mar. El viento ha erosionado la piedra arenisca a su alrededor y hoy las enormes bolas parecen semienterradas (o a medio desenterrar). Los lugareños las llaman "fragokefala" (cabezas calvas).
De regreso a Myrina, aprovechamos el coche para hacer compra pesada. Luis recoge a nuestro vecino alemán del Carpe Diem y juntos se acercan a la gasolinera llenos de bidones. Ya tenemos gasoil para unas cuantas horas más.
Miércoles, 8 de junio de 2026













No hay comentarios:
Publicar un comentario