Lemnos es el corazón del Egeo, la isla más plana y quizá la más verde. La isla volcánica y sagrada de Hefesto, el dios del fuego y la metalurgia. Y también donde se inventó el “salseo legendario”.
En tiempos de la reina Hipsípila, los argonautas, que buscaban el vellocino de oro (signifique lo que signifique vellocino), desembarcaron en la isla de Lemnos y la encontraron habitada sólo por mujeres. Sorpresa, sorpresa. Resulta que las féminas de Lemnos habían matado a todos sus hombres porque les habían sido infieles con cautivas de Tracia, cosa que a sus legítimas no les pareció ni medio bien. Por cierto, Hipsípila no estaba muy de acuerdo con el plan y salvó la vida de su padre ayudándole a escapar.
¿Y por qué les fueron infieles? Pues porque previamente la diosa Artemisa las había castigado a todas con una halitosis extrema por no cuidar adecuadamente de sus templos (me detengo aquí un momento para que el lector tome aire, y en su caso, un sorbo de agua).
El caso es que a los argonautas, que debían llevar mucho tiempo navegando, no pareció importarles mucho el pequeño problemilla bucodental, porque se apresuraron a aparearse con las lemnianas y engendraron una nueva estirpe para la isla, los minias.
Con estos antecedentes, no sorprenderá que Lemnos sea una isla con muchas playas y muchos turistas, y que las ventas de colutorios bucales sea la más alta de Grecia (eso me lo invento).
Pero dejemos por un momento las leyendas. Damos fe de que Lemnos es una isla extraordinaria que nunca decepciona. Una isla que ya describíamos el año pasado como el cruce de caminos del Egeo. Una isla con una energía especial que nos atrae sin remedio. Y no sólo a nosotros, también a muchos amigos que navegan por el Egeo.
Este año llegamos a Lemnos desde Lesbos, empujados por vientos del sur inusuales a estas alturas de la primavera. A diferencia del año pasado, el meltemi no ha comparecido todavía y los sures soplan duros e incómodos durante muchos, quizá demasiados, días.
La mayoría de los barcos de recreo tiende a la comodidad, ignora otros fondeos y se concentra en la bahía de Myrina, su puerto de entrada. Con esta meteó preferimos evitar Myrina, atestada de barcos, y explorar anclajes en el golfo de Moudros, esperando que el viento cambie en los próximos días y se abran por fin huecos en el puerto. Para nosotros es importante atracar en el muelle para poder repostar agua y combustible.
No es sencillo. Descubrimos que con viento sur no hay tantos fondeaderos cómodos en el golfo de Moudros, en la parte sur de la isla. Y para cuando finalmente encontramos un buen fondeo, una lancha de la policía viene a expulsarnos porque los militares han elegido justamente esta bahía para unas maniobras.
El vierne muy temprano decidimos probar Myrina. El viento está cambiando y se pueden abrir huecos en el muelle. Madrugamos y llegamos a la bocana poco después de las siete de la mañana.
¡Bingo! A quien madruga, Poseidón le ayuda. Un velero italiano se dispone a salir de su atraque. Nosotros hemos fondeado provisionalmente cerca del muro, listos para iniciar la maniobra. Un barco que entra por la bocana en ese momento hace un amago de disputarnos la plaza, pero ya es demasiado tarde.
El yate italiano todavía no ha terminado su maniobra de salida y el Sargantana ya está largando ancla y cadena, triunfante, para ocupar su plaza. Curiosamente hemos acabado bordo con bordo junto al Carpe Diem, el velero de una pareja de jubilados alemanes muy simpáticos que ya fueron nuestros vecinos en Mármaro.
Ni los argonautas se pusieron tan contentos de llegar a este puerto.
Domingo, 5 de junio de 2026



