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martes, 11 de agosto de 2015

Día 18. Carloforte. Preparando el regreso.

Carloforte es totalmente distinto a Alghero. Un pueblo pequeñito en la Isola de San Pietro, al suroeste de Cerdeña. Da la sensación de vivir exclusivamente del turismo. Tiene un puerto grande pero exclusivamente ocupado por yates de recreo y una gran cantidad de ferries que entran y salen continuamente llevando peIr a tu lista de blogsrsonas y vehículos.

Cuando recalas en un puerto tu percepción del lugar se ve muy limitada. Salvo que alquiles un coche, poco puedes ver más allá de unos cientos de metros alrededor del muelle. 


Afortunadamente en esos lugares la vida transcurre sobre todo ahí, como en el caso de Carloforte. Un gran paseo con árboles donde se suceden restaurantes y tiendas. Todo el pueblo está formado por casas bajas de dos alturas que hacia el interior se elevan en calles estrechas, muchas de ellas con largas escaleras.


A diferencia de Alghero, con un ambiente medieval y muy catalán, Carloforte es claramente Italia y del sur, con nonnas sentadas tomando el fresco en las plazas y casas de película neorrealista. Está mucho más colapsada por los turistas de lo que vimos Alghero, con parecido número de gelaterias, menos tiendas de souvenirs y muchas más pizzerias a 7 euros. El conjunto apabulla un poco, sobre todo por el "paseo maritimo", pero se hace agradable en cuanto te pierdes por las callejuelas semi vacías.


Hoy hacemos poca cosa. Primero intendencia, porque necesitamos reponer casi de todo en las despensas. Paseamos por el pueblo. Hacemos alguna pequeña reparación, aunque últimamente el Sargantana ha sufrido pocos rasguños. Nos tumbamos a la sombra a leer y escribir. Hago mi habitual expedición para buscar hielo, en este caso resuelta razonablemente bien porque, aunque no hay ningún sitio que venda cubitos de hielo, sí hay una pescheria que vende botellas de agua congelada. Supongo que es la opción sencilla no teniendo una fábrica de hielo cerca.



Esta noche hemos quedado con Lola y Alberto, del "Capitán Teach", y Jordi, que les acompaña de vuelta en su travesía a Grecia. Han recalado en otra marina de Carloforte, también esperando una ventana de meteo propicia, y van camino de Benalmádena, su puerto base.

Conozco a Alberto, o más bien a su seudónimo "Capitán Teach", desde hace años por el foro de La Taberna del Puerto y sobre todo por su blog (desdelapopa.blogspot.com) que relata sus travesías y en el que claramente se inspira éste. Aunque él no lo sepa, he aprendido mucho de él, y no sólo de navegación. Me gusta su enfoque vital, la manera en que ha buscado y ha conseguido compatibilizar una profesión liberal (la arquitectura) con la pasión de navegar. Y me gusta que haya decidido contarlo, y servirnos de referente a mí y seguro que a muchos otros a los que ni siquiera conoce.

Cenamos en una pizzería cercana con Lola, Alberto y Jordi y hablamos de barcos, y de travesías, y de Ítaca, y Vulcano, y Lípari. Y de la vida. Esa que pasa demasiado rápido y que hay que exprimir a tope, como se caza una escota en ceñida. Esa que pasa sin que nos demos cuenta porque vamos demasiado deprisa, estamos demasiado ocupados y somos demasiado estúpidos

Termina la cena y quedamos en sincronizar la salida, a primera hora de la mañana. No es probable que podamos hacer juntos todo el camino. Su barco tiene más eslora y sobre todo tienen mucha más urgencia en llegar. Quizá podamos vernos en Es Trenc. Por si acaso, hasta otra Lola, Alberto, Jordi.  Buena travesía y que el Cabo de Gata sea benévolo esta vez. Seguro que nos vemos.

lunes, 10 de agosto de 2015

Día 17. Porto Ponte Romano - Carloforte. Cabalgando el mistral

Después de la accidentada travesía de ayer decidimos no madrugar en exceso. Para cuando me asomé a cubierta, a eso de las ocho, la imagen del puerto había dejado de tener el aspecto solitario y siniestro de la noche anterior. Justo enfrente del Sargantana hay coches aparcados y la oficina de "Circomare" tiene ya evidente ajetreo. Es curioso lo temprano que empieza la actividad en Italia (o al menos en Cerdeña) comparado con España. Los otros barcos refugiados junto a nosotros también tienen ya tripulantes en cubierta dedicados a tareas varias, y todo en general parece más luminoso y menos amenazante.






Según el alemán de la noche anterior, lo mejor es quedarse en el refugio un par se días hasta que pase el mestrale, pero nosotros no lo tenemos tan claro. El pueblo está relativamente lejos, al menos a dos kilómetros, y lo único que hay cercano, aparte de la oficina de Capitanía y de unos cuantos almacenes cerrados y en ruinas, es un bar pequeño con unas pocas mesas y sombrillas fuera, que inmediatamente bautizamos como Bagdag Café. Dos días más aquí se nos van a hacer largos.




Pero lo peor es la falta de agua. Llevamos muchos días sin repostar y nos queda apenas un tercio de sólo uno de los depósitos. Hago una aproximación a uno de los tripulantes de la lancha de la Guardia Costiera que tenemos a pocos metros y se niega en redondo a darnos agua. Mala suerte. Sin agua no hay duchas. Y el agua del puerto no es la más cristalina del mundo para darse un chapuzón.

En esas condiciones lo ideal es tratar de llegar a Carloforte y esperar allí la ventana de buena meteo para dar el salto. El problema, por supuesto, es volver a ceñir 20 millas contra el mestrale, aunque según los partes de hoy el viento debería bajar un poco respecto a ayer, a partir del mediodía. Decidimos salir y hacer un intento. Siempre hay tiempo de volverse si la cosa se pone fea.

Salimos a las 1300 y la travesía resulta  extraordinaria. Unos pocos nudos menos de viento convierten en divertida la navegación dura y penosa del día anterior. De hecho, vamos todo el tiempo a vela, haciendo bordos continuos de ceñida. Lucía gobierna casi todo el camino, y se dedica a perfeccionar la técnica de surfeo. Consigue un excelente andar en el que el Sargantana salta suavemente las olas con un siseo continuo, sin pantocazos ni golpes. Llegamos a Carloforte a las 1900, pero no nos hubiese importado tardar un par de horas más.



Antes de la llegada busco en Internet y, de las distintas marinas del puerto de Carloforte, decido llamar a Marina Tour y reservar un amarre. Con este mestrale debe haber mucho barco acochinado en tablas y no las tengo todas conmigo. Pero todo va sin problemas en el primer intento, y con un precio razonable (50€), al menos para lo que hemos visto hasta ahora. La experiencia en Marina Tour, fantástica. El habitual marinero en gommone nos viene a recibir a la bocana y nos ayuda a atracar en una plaza enorme cerca del ferry. Cierto que tienen un único pantalán y sin duchas cerca (que en realidad ya nunca necesitamos), pero la calidad de las instalaciones y el trato son excepcionales.

Como no podía ser de otra manera, salimos a cenar. Nos queda poco en Italia y hemos cenado muy pocas veces fuera. Los precios son bastante razonables en general y encontramos una pizzería muy agradable siguiendo indicaciones de unos amigos. Mañana no hay que madrugar. Al mestrale le queda un día antes de retirarse y mañana nos tomaremos la jornada de relax en Carloforte.

domingo, 9 de agosto de 2015

Día 16. Cala di Pula - Porto Ponte Romano. Y llegó el Mestrale

El mestrale y el levante son los dos vientos predominantes en Cerdeña. Sobre todo el mestrale, que llaman mistral en Francia y que nosotros también llamamos mistral (o maestral o cierzo), sobre todo en las costas del valle del Ebro. Es un viento del noroeste, duro y relativamente frío, que se forma por el encajonamiento del viento producido entre los Pirineos y los Alpes, cuando un anticiclón se instala en el Golfo de Vizcaya. En Cerdeña afecta sobre todo al estrecho de Bonifacio, donde se forman ventarrones brutales del W, y en general a toda la costa oeste, donde el viento sopla duro del NW durante varios días seguidos.

El mestrale es típico de invierno y primavera y es el responsable de que toda el área del Golfo de León tenga fama de zona complicada y peligrosa para navegar. No es corriente en verano, pero de vez en cuando llega a hacer una visita. Hoy, por ejemplo.

Y con el mestrale llega la épica, no todo iban a ser días de fiestas y de navegación "en chancletas ". Bueno sea, después de todo hemos venido a navegar.

El día, sin embargo, vuelve a amanecer plácido en Cala di Pula, donde llegamos ayer ciñendo contra el SW, justo al borde del crepúsculo. El viento desapareció casi por completo durante la noche, en ese momento de calma que se produce antes y después del paso del frente. Al levantarnos ya se han ido muchos de los barcos fondeados, y los pocos que quedan se dedican al baño y otras actividades lúdico-festivas. El plan de hoy es ir hasta Carloforte, el famoso puerto en el extremo SW de la isla, para preparar el salto de vuelta a las Baleares.

Una vez listos para un "día de navegación", nos acercamos a echar in vistazo a la zona de restos arqueológicos, terrestres y submarinos, de la ciudad romana de Nora, en el extremo W de la Cala di Pula. Aunque para ser sinceros se ve entre poco y nada, ni en tierra ni bajo el agua, al menos desde un barco. Salimos hacia mar abierto...




Y el viento sube, y mucho. Un aliciente para navegar a vela. Nos dedicamos alegremente a dar bordos de ceñida, buscar trimados, y a hacer regatitas improvisadas con otros barcos. Pero avanzamos demasiado poco. El zigzag de los bordos nos hace ganar muy poco al viento.

Para cuando llegamos a la altura del cabo Spartivento ya es evidente que no podemos llegar a Carloforte. El viento está ya en 22 nudos y la ola de frente empieza a resultar molesta. Nos queda pasar otro cabo y después, con toda probabilidad, una ceñida muy dura. Observamos cómo las decenas de veleros de esta época en esta parte de la isla se apiñan como moscas en los pocos abrigos disponibles. Hay miedito.

Quizás pecamos un poco de osadía, pero decidimos seguir. Tenemos que poner motor y vela mayor y encarar el viento. Tratamos de ganar barlovento como posesos.

Pero al pasar el cabo Teulada nos damos cuenta de que el esfuerzo es inútil. Nos quedan 22 millas pero no llegaríamos, en el mejor de los casos, hasta muy de madrugada. Buscamos un plan B. Hay uno, el puerto Ponte Romano, que está en el fondo del Golfo di Palmas, a unas 12 millas hacia el norte. En cualquier caso tenemos que seguir ciñendo, pero podríamos llegar de día. Llegar de día a un puerto no conocido es primordial.

Las cosas no van demasiado bien. El viento sube a más de 30 nudos sostenidos y la ola también es cada vez más difícil de saltar sin pantocazos. Los bordos son muy penosos, con rociones continuos que nos obligan a que ponernos trajes de agua. Estamos tan mojados que nuestros dispositivos MOB (unas balizas que llevamos prendidas a los arneses de los chalecos salvavidas y que se activan automáticamente si uno de nosotros cae al agua, Man Over Board, emitiendo de forma continua alertas radio con nuestra posición) se activan automáticamente. Aprendemos que en condiciones de muy mala mar hay que llevarlas en el bolsillo.

En ese momento todo es un poco caótico. El bimini se desencaja por la fuerza del viento, es de noche y no se ve gran cosa porque los continuos rociones me llenan las gafas de agua. Pero el principal problema no es ese. Pronto o tarde acabaremos llegando al puerto. De hecho vemos ya relativamente cerca el faro que hay junto a él.

El principal problema es que Porte Romano no es un puerto habitual. Para empezar, no es un puerto de pago. Es el puerto local que usa la gente de la zona: pesqueros, transporte y algunos barcos de recreo. Además no tiene estructura habitual. No es un recinto cerrado protegido por rompeolas, sino unos simples muros contra los que es posible abarloarse (si hay sitio). Y una explanada relativamente pequeña rodeada por bancos de arena de poco calado. Nuestro libro de derroteros advierte que hay un estrecho canal que dragan de forma regular y por donde es imprescindible pasar para no embarrancar. Se supone que hay unas luces verdes y rojas que lo marcan en la oscuridad, pero aún así el tema da respeto. De hecho, en algún momento se me pasa por la cabeza dejarlo, volver sobre nuestros pasos y arrumbar a Carloforte. Sería una noche completa de navegación en esas condiciones, aunque con seguridad la entrada sería menos problemática.  Pero hay que seguir, al menos hasta ver cómo de complicada es la entrada al puerto. Después ya decidiremos.

No sé a que hora, pero llegamos al puerto. Afortunadamente tenemos una tablet con Navionics, un programa de navegación por GPS, además del sistema del barco. Las luces rojas y verdes se ven, por supuesto, pero es imposible entender nada, todo es un maremágnum de luces y reflejos. Finalmente conseguimos entrar y allí bajan rápidamente el viento y la ola.

Por supuesto el puerto está totalmente desierto. No se ve un alma. Es domingo por la noche y esto es lo más parecido a un polígono industrial un domingo por la noche. Afortunadamente hay espacio de sobra. Vemos tres o cuatro veleros arrejuntados en un rincón, lejos de los pesqueros y de los muelles preparados para grandes mercantes, junto a la Capitanía del puerto cerrada a cal y canto. Nos disponemos a atracar junto a ellos. Tenemos dificultades para lanzar cabos a los norays, colocados de una forma muy curiosa en unos nichos abiertos en los muelles. Debe ser medianoche.

En esto aparece un individuo corriendo por el muelle hacia nosotros, en camiseta y calzoncillos, descalzo. Es un alemán, tripulante de uno de los barcos vecinos, que ha seguido nuestras maniobras y que ha salido de la piltra para ayudar. Una de esas pruebas fantástica de solidaridad marinera que tanto encuentra uno cuando navega. Atracar con alguien que te ayude desde tierra, al que puedas tirar un cabo para que lo sujete a un noray, es infinitamente más sencillo. Nos cuenta que el puerto es público, que él también se ha refugiado aquí huyendo del mestrale, que no hay que pagar pero tampoco hay agua ni electricidad.

No nos importa mucho. Esta noche todo lo que queremos es un sitio seguro para el Sargantana, comer algo y, sobre todo, dormir. El puerto está desierto y parece el escenario del final de Terminator II, pero para nosotros es, simplemente, la gloria.





sábado, 8 de agosto de 2015

Día 15. Porto Corallo - Cala di Pula. El Sur

Igual que Icíar Bollaín fantasea con El Sur en la película de Víctor Erice, seguimos esperando que esta costa casi rectilínea del este de Cerdeña acabe por abrirse al oeste y lleguemos, por fin, después de tantos días, al Sur.

Hoy salimos de Puerto Corallo de buena mañana, con viento que nos acompañará  casi todo el día. Suave y mantenido del este por la mañana, muy ligero al mediodía, duro por la tarde, ya en el Golfo de Cagliari.

Hasta el paso de la Isola dei Cavoli, en la esquina sudeste de la isla, poco que reseñar. Nada distinto de los últimos tres días. Sol, tranquilidad, lectura. 




Faro en la Isola dei Cavoli

Más allá del paso se abre el amplio Golfo de Cagliari, y el viento aumenta hasta caso 20 nudos. De repente vuelve la multitud de barcos de todo tipo, casi como en el norte de la isla, las calas abarrotadas, el estar muy pendiente de no llevarte a alguien (o que se te lleven) por delante.



Decidimos ir a fondear a la Cala di Pula, en la parte oeste de la Bahía de Cagliari. La cala es la mejor opción que tenemos para pasar la noche. La ciudad de Cagliari no parece demasiado atractiva y tratar de ir más lejos no nos garantizaría  un fondeo al que llegar de día. Así que, volando, en una ceñida a 6 nudos, con una hora final a motor y contra el viento, llegamos a la cala con la última luz del crepúsculo, justo a tiempo para una cena en cubierta. No somos los últimos: el Dufour mellizo de Sargantana que conocimos en la cala de Santa Reparata llega dos minutos después de nosotros. Distingo decenas de barcos fondeados, pero no hay problemas de espacio. Ya estamos en El Sur.


Fondeo en Cala di Pula

viernes, 7 de agosto de 2015

Día 14 - Arbatax - Porto Corallo. Un Mayday en Cerdeña.

Salimos tarde de Arbatax. La etapa de hoy es corta, unas 30 millas hasta Porto Corallo. El día es claro, como casi cada día, y con poco viento. Otra jornada más para costear sin esfuerzo y leer tranquilamente. El plan es llegar hasta Porto Corallo y fondear o atracar en el puerto.




Nos entretenemos gran parte del día en seguir la gestión larguísima de una llamada de socorro de un velero francés, el Eclair, que aparentemente ha pasado la noche en el puerto de Arbatax. Sobre el mediodía el Eclair anuncia en inglés, por el canal de socorro, que tiene una vía de agua. Están achicando con las bombas manuales y la situación "is not under control". Muy elegante, tono pausado aunque claramente estresado, inglés muy claro, si bien un poco entrecortado, y un leve acento francés.

Al otro lado, Circomare responde, aunque es evidente que el operador no es precisamente Shakespeare. Se pasa minutos y minutos preguntando una y mil veces los datos de referencia: que cuál es su posición,  que de dónde vienen, que a dónde van, que cuántos son los tripulantes (tres adultos y un "small dog"), el color del barco... Entre las dificultades de comunicación por radio y el inglés macarrónico del operador, todo recuerda al "Encanna" de Martes y Trece. Nosotros, y probablemente toda la flota, estamos a la escucha... 

A todo esto el francés, con voz ya más aburrida que alarmada, dice que han parado el motor y que ya no entra agua, y que la situación está ya "under control". Pueden seguir a vela, pero no hay viento, así  que no se mueven. Que qué hacen...

El operador a estas alturas ya no se entera de nada (porca miseria). Llama a un colega que, este sí, habla inglés. Pero claro, es el nuevo, y tiene que preguntar todo otra vez: posición, tamaño del barco, color, lo del perro, que de dónde vienen, que a dónde van. Claramente son colegas de mis amigos los aduaneros de Alghero, de los que disfrutan rellenando formularios. Los de la flota seguimos a la escucha... ¡¡Por Dios!! ¡¡Que salven ya a ese perro!!

Finalmente, cuando se le acaban las casillas del impreso, el operador les informa de que les envían un barco de remolque (ya podía haberlo hecho antes) y que tardará una dos horas.  Todos tragamos saliva...

El pobre francés dice que tienen velas, pero que no se mueven. Lógico, no hay viento. Notamos ya en el francés una  voz temblorosa, algo como la del "¿pero hay alguien más?" del chiste de Eugenio.

El italiano les pide que reporten posición y estado cada "treinta minuti". El francés a estas alturas debería estar ya llamando a su embajada para pedir apoyo de algún portaaviones, o lo que sea, que esté por el Mediterráneo. Da igual dónde, seguro que llega antes.

Nosotros seguimos hacia el sur y después de comer avistamos por fin Porto Corallo. Hay un buen fondeo cerca de la bocana, así que consideramos quedarnos fuera. En cualquier caso entramos a echar un vistazo y comprobamos que es un puerto pequeño, con yates, motoras y unos pocos pesqueros, todos mezclados. No parece haber ninguna tienda ni restaurante dentro del puerto. Definitivamente, mejor quedarse fuera y disfrutar de un fondeo en solitario.




Bajo en la neumática a buscar provisiones. Nos vendrían bien hielo y pan, después de haber fondeado ya la noche anterior. Explorando más allá del puerto encuentro un camping no demasiado lejos, con una tienda que vende de todo, hielo incluido.

Esta noche volvemos a unos tagliatelle con salsa arrabiata y berberechos, y uno de los pocos riojas que nos quedan. Hay que pensar en volver a casa....


jueves, 6 de agosto de 2015

Día 13. La Caletta - Arbatax. Sol, calor y calma.

Ya estamos plenamente inmersos en la Cerdeña profunda. Que no es muy distinta a otras costas *profundas" que conocemos, como por ejemplo Garrucha o Mazarrón. Costa con una línea de playa más o menos continua, aunque en este caso enmarcada por una cadena de montañas muy verdes, con edificaciones color piedra totalmente integradas en el paisaje, que le dan un punto de belleza que otras costas no tienen. Los puertos bullangueros más que bulliciosos. En ellos te das cuenta de que siglos de cultura de pueblos mediterráneos hacen que todos resulten familiares y casi conocidos. Tienen más que ver Águilas o Garrucha con La Caletta que con Muros o Gijón.




El día es apacible y relajado. Hay pocos barcos en los alrededores, y el piloto automático lleva al Sargantana por su cuenta, paralelo a la costa. Algo de viento por la mañana que nos permite hacer de 4 a 5 nudos. Viento cero por la tarde que nos obliga a ir a motor, ya viendo el promontorio de Arbatax por la proa. Yo me sumerjo de nuevo en mi novela. Lucía en editar fotos y vídeos para este blog, que llevamos un poco atrasado.

Si teníamos alguna duda sobre fondear o entrar en el puerto, se despeja rápidamente al acercarnos. Una estructura metálica enorme sostiene una especie de panel decorativo con forma de ¿paloma? ¿gaviota? ¿aguilucho? Parece el decorado de un escenario en el que sin duda esta noche tendremos actuación. La estética de la paloma nos anuncia el tipo (y el volumen) de la musica por venir, y eso nos hace salir despavoridos hasta el extremo más alejado de la playa donde es posible fondear. Otros barcos han tenido la misma idea.




Una ensalada con vino para cenar en cubierta, amenizada por un ligero chunda-chunda en la distancia y un swing algo incómodo provocado por el suave mar de fondo y la total ausencia de viento. Y a dormir. Definitivamente se duerme mejor fondeado.





miércoles, 5 de agosto de 2015

Día 12. Porto San Paolo - La Caletta. Me so'mbriacato.

Hoy dejamos atrás definitivamente la Costa Esmeralda. Para ser sincero, con bastante alivio. No se me entienda mal, todo ese entorno natural privilegiado alrededor de Porto Cervo y La Maddalena es una maravilla, hay que visitarlo y disfrutarlo, pero tras unos días uno tiene la sensación de que necesita volver a una cierta tranquilidad. Por una parte, el enjambre de gommoni, motoras, yates y megayates acaba por agobiar en un espacio tan pequeño. Por otra, el entorno tiene un punto estresante por la cantidad de islas, escollos y bajos que uno se encuentra a cada momento. Navegar por aquí es fantástico, pero exige atención absoluta y se echa de menos esa navegación relajada de poner el piloto y verificar sólo de vez en cuando que no hay peligro de colisión.




Antes de zarpar volvemos a tierra con la neumática para visitar el súper y en este caso desayunar en la terraza frente al mar de un café-lounge. Terraza en la que descubro esta canción que me gusta y que viene como anillo al dedo a un desayuno en la Costa Esmeralda. Otro descubrimiento maravilloso de este viaje.



Hoy queremos velear todo lo que sea posible, y de hecho lo hacemos. Nos toca hacer bordos cortos en el paso entre la Isola Molara y el Capo di Coda di Cavallo. Como en un pantano, bordo tras bordo ganamos trabajosamente barlovento. Los yates y veleros (sin velas) que pasan en línea recta deben pensar "Sono pazzi, questi olandese".

Una vez pasado el cabo, el viento en portantes nos lleva en línea recta y sin esfuerzo hacia el sur. Et voilà! Los yates y las gommoni se volatilizan casi por completo, como una niebla al mediodía. Salimos de pijolandia y vamos hacia la Sardegna profunda.

Decidimos recalar en puerto esta noche, sobre todo para repostar agua. Elegimos La Caletta, un puerto cómodo para entrar, de precio razonable y con un marinero eficiente y simpático (uno). Pero a cambio sufrimos los inconvenientes de esta parte de la isla: baños cutres, ínfima presión de agua que no nos deja ni baldear el barco, vecinos de pantalán bastante peñazos, pueblo cutrillo, ruidoso y con cucarachas compartiendo aceras con multitud de turistas. Decidimos que, si es posible, mañana volvemos al fondeo.






martes, 4 de agosto de 2015

Día 11. Cala di Volpe - Porto San Paolo. La parada de los monstruos

El fondeo en Cala di Volpe no ha sido todo lo tranquilo que esperábamos, pero al menos al despertarnos se respiraba un cierto sosiego.

Hoy el plan es navegar poco, recorrer con calma las calas y los rincones de la Costa Esmeralda y buscar un buen fondeo o incluso un puerto donde pasar la noche. Nos queda ya sólo un depósito de agua dulce y nos vendría bien un día de compras y de electricidad para volver a tener el frigorífico en condiciones. 

Decidimos bajar a tierra en la neumática antes de salir y comprar suministros. Necesitamos sobre todo hielo y, si es posible, pan del día. Botamos la neumática y nos vuelve a pasar... Nos vuelve a pasar lo mismo que hace dos años en las Cíes. Dejamos la auxiliar sujeta al barco mientras preparamos el desembarco. Cuando nos queremos dar cuenta, se ha soltado y el viento se la lleva lejos por la popa. Han sido unos pocos segundos, pero no hay solución.

La fortuna es que Cala di Volpe es casi totalmente cerrada y, a diferencia de las Cíes, la barca no irá lejos. De hecho acaba varando en una playa privada a un cuarto de milla de distancia. Pero el problema no deja de ser puñetero. No podemos ir con el barco a rescatarla porque allí hay poco calado. No tenemos a nadie con su neumática a mano que nos lleve a por ella y nos ayude a traerla, remolcándola. No queda más remedio que ir a nado.

Yo puedo intentarlo con mis gafas y mis aletas, pero Lucía nada mejor que yo y se anima a ir, con las aletas y un pequeño remo auxiliar en la mano. El problema es que, una vez recuperada la barca, la vuelta es contra el viento. La opción remo no funciona. El plan B, remolcarla a nado, afortunadamente es viable. 

Lección aprendida para la siguiente. Tenemos que asegurar siempre el dinghy, y no sólo con un ballestrinque, que con los meneos se acaba soltando.

Nos acercamos con la auxiliar al final de la cala, allí donde hace a modo de embudo y donde se ubica el hotelazo. Con los líos del dinghy ya no es tan temprano y sin embargo parece desierto, no hay nadie en sus magníficas tumbonas de su magnífica piscina de agua salada, el embarcadero particular está vacío y no hay ni un alma en los jardines y terrazas. Según reza su web, el hotel de lujo en uno de los rincones más bellos de la "Costa Smeralda" recuerda a un pueblo pesquero. Yo no diría tanto. Pero no se le puede negar el estilo exterior y lo impresionante de sus dimensiones, con sus más de 120 habitaciones mirando todas al mar. 



Atracamos en un embarcadero en la zona pública vecina al hotel, para descubrir que no hay pueblo, no hay tiendas, no hay nada. Bueno sí, hay un follón monumental de coches (de lujo) pugnando por hacerse un sitio en la orilla fangosa de la cala, como el Mercedes que está ahí parado taponando el camino, el chófer (de lujo) con la puerta abierta, esperando a su dueña (de lujo) que llega corriendo desde el pantalán en el que ha bajado de su motora (de lujo). Un puesto de actividades acuáticas y un sinfín de turistas tratando de hacercerse un sitio en la cola de la caseta. 



Luis se acerca por la carretera al bar-pizzeria "Baretto" y consigue los consabidos 5 kilos de hielo. Pan no hay. Tampoco hay cubos de basura. Ya se ha convertido en una costumbre en esta isla. Luis se anima a dejar nuestra  bolsa en el contenedor de basuras del hotel (el lujo también tiene su sórdida "parte de detrás").

Resueltos los problemas logísticos salimos a recorrer la parte sur de la Costa Esmeralda. Básicamente una sucesión de megayates y megamegayatesLa mayoría de esos monstruos están quietos en sus fondeos, con grandes portones abiertos en sus cascos, de donde obviamente han botado motoras con las que sus mega-ricos propietarios se divierten después del desayuno. Eso sin contar los enormes toboganes que instalan algunos...

No fondeados, sino navegando indolentes, nos encontramos en la salida de la cala con el "A" de un magnate ruso. Diseñado por Philippe Stark, es un monstruo del tamaño del Bernabeu, con aspecto de submarino albino, que parece sacado de una película de James Bond. Y poco más allá el "Al Miqrab", del antiguo primer ministro Qatarí. Es el sexto yate más grande del mundo, del tamaño de un trasatlántico de pasajeros.


El "A" es un yate controvertido. Su proa invertida y su diseño de líneas limpias le hacen único. Tiene amantes y detractores, como todo lo que sale del estudio de Starck. Aunque, en honor a la verdad, el diseño no es suyo en solitario, sino en combinación con Martin Francis. 

El "A" tiene un interior tan espectacular o más que su parte visible. Lo muestra el reportaje del Wall Street Journal en Youtube. 

El "A" se llama así en honor a la pareja de su dueño, Alexandra. ¿O era en honor a sí mismo, Andrei? En cualquier caso, es de los Melnichenko, multimillonarios rusos que seguro tendrán también "parte de detrás".

Nosotros navegamos a vela con buen viento pero sin demasiadas ganas de hacer muchas millas. A media tarde llegamos a un conjunto de calas que hemos visto recomendadas en algunos derroteros. Nos gusta especialmente Porto de San Paolo, una gran ensenada de tres metros de profundidad, fondo de arena y agua transparente, excelente para un fondeo. La cala está dominada por la impresionante Isola Tavolara.




Estamos a escasos 300 metros de tierra, donde hay un par de pantalanes para gommoni y motoras pequeñas. Veo un restaurante con muy buena pinta justo en la playa, el Il Portolano, desde el que podríamos ver sin problemas el barco, imprescindible si vamos a dejarlo fondeado y solo un buen rato. Un restaurante excelente, algo caro, pero con una calidad e imaginación destacables. Bajar a cenar en neumática tiene siempre un punto de aventura (navegar de noche, amarrar el bote) que hace esas noches memorables.

lunes, 3 de agosto de 2015

Día 10. Porto Liscia - Cala di Volpe. Bailando con lobos

Un día intenso y, hasta cierto punto, inesperado. El plan era recorrer el Parque Nacional de La Maddalena, pero con poco viento según el parte. Y todo fue según lo esperado, excepto el viento. Un imprevisto y soberbio W de unos 20 nudos, ideal para velear.

Antes de nada: el archipiélago de La Maddalena es una maravilla que dudo tenga igual. Un conjunto caótico de islas y escollos graníticos, con espacios y corredores entre ellos muy angostos, sin apenas vegetación, con un aspecto "lunar". 





Está junto al estrecho de Bonifacio y, por tanto, tiene mucho viento. Ideal para navegar a vela. Para los que hemos aprendido en un pantano, es como uno gigantesco, con poca ola, continuos roles y cambios de viento, y también con mucho barco. Es un entorno muy protegido, hay que pagar por navegar entre las islas y ni siquiera es posible fondear para pasar la noche, excepto que seas local.




Nuestro día empezó muy pronto. Tanto Lucía como yo teníamos breves compromisos de trabajo que solventar, pero a las 0930 ya estábamos listos para meternos en el lío. Porque La Maddalena en agosto es un absoluto caos. Cientos de embarcaciones corren como posesas por los pasillos entre islas, todas mezcladas, yates, megayates, veleros, gommoni... Como toros y mozos en San Fermín, adelantándose, cruzándose, empujándose...

El Sargantana participa  en la jauría como uno más. Vuela a más de 7 nudos, a un descuartelar. Se supone que tiene preferencia por ir a vela, aunque muchos yates, lobos en una jauría, le adelantan y cruzan su proa sin respetar el reglamento ni las normas de cortesía y buenas prácticas marineras. Pero él disfruta, cabalga sin frenos y sin medida.




Al llegar el mediodía el viento arrecia. Los yates y las gommoni ya han fondeado para el almuerzo y sestean mientras sus tripulaciones toman el sol y comen ensalada de pasta y Lambrusco. Ya sólo quedan veleros navegando, que afilan las uñas para los diarios duelos one-to-one cuando el honor se juega en pasar primero un cabo, una marca, una enfilación... El Sargantana acepta un duelo tras otro, la mayoría victorioso, y termina jadeante y reclamando agua y algo de comer...

El día transcurre en un infinito pilla-pilla por pasillos entre islas, pasando por el puerto de La Maddalena y entrando a curiosear en el estanque de lujo indescriptible de Porto Cervo.




Finalmente fondeamos en Cala di Volpe, una enorme ensenada a pocas millas al sur de Porto Cervo. Un fondeo muy protegido, con decenas de boyas gigantes y otros tantos super-yates, la mayoria con bandera de Islas Caimán, amarrados a ellas.








Al fondo de la cala, el famoso hotel cinco estrellas que lleva su nombre. Y ese es el problema. El tráfico de barca-taxis que lleva y trae a los millonarios del hotel a los yates. Los conductores rigurosamente uniformados, con camisa blanca y bermudas azules, siempre de dos en dos, muy serios y erguidos. Detrás, en los sofás elegantísimos, ellos y ellas vestidos de fiesta, sin siquiera mirarnos... Tras cada paso se levanta una molesta ola que hace subir y bajar el barco, y a los que estamos dentro. Eso no pasaría si fueran a tres nudos o menos, pero es bien sabido que los ricos siempre tienen prisa.


domingo, 2 de agosto de 2015

Día 9. Capo Testa - Porto Liscia. Llegamos a La Maddalena.

Amanece un día fantástico después de una noche ligeramente movida. El NW siguió soplando gran parte de la noche pero la mañana volvió a ser tranquila y soleada.

Hoy el plan es llegar cerca de la entrada del Parque Nacional de La Maddalena. Pero antes necesitamos suministros. sobre todo gasoil. Desde el repostaje en Sóller prácticamente hemos ido a motor todo el tiempo, incluyendo los dos días seguidos del cruce. Queda un cuarto de depósito, pero no conviene apurar.

Antes de zarpar tenemos la ocasión de nadar con los miles de peces de esta cala. Más bonita debajo del agua que sobre el agua. Hoy es domingo y estos turistas están un poco zumbados. Ya hay bastante gente en la playa antes de las ocho de la mañana.



La mejor opción es el puerto de Santa Teresa Gallura, a pocas millas. El puerto es muy curioso. Un largo y estrechísimo fiordo abierto al Norte desde el que salen los ferries para cruzar a Ajaccio, en Córcega.




Llegamos a la bocana sobre la una. Entramos hasta el final del puerto para echarle un vistazo. Poco interesante. Una urbanización a kilómetro y medio del puerto. Los pantalanes muy angostos. Es difícil incluso darse la vuelta por lo estrecha que es la calle principal.

Después de repostar nos dejan amarrar en un pantalán de cortesía, ya fuera de la bocana, junto al atraque del ferry. 




Atraque complicado porque el viento nos aconcha y hay que maniobrar bien para no dañar el barco.

Yo estoy en proa mientras Lucía va acercando el barco al pantalán. Estoy concentrado en la maniobra, colocando defensas. Cuando ya estamos a pocos centímetros me dispongo a saltar a tierra y empujar el barco para que el impacto sea mínimo. Y en ese momento, la estupidez. Al intentar saltar mi pié se engancha con la escota. Caigo por la borda sin poder poner pie en tierra y el instinto me hace aferrarme al guardamancebos, el cable de acero que hace el papel de barandilla del barco. La situación pudo ser grave, el barco era llevado por el viento hacia el pantalán y pudo aplastarme, pero en este caso hubo suerte, estaba muy a proa y tuve espacio suficiente. No sé muy bien como lo hice pero conseguí poner el pie en cubierta y volver a subir al barco.

Lucía estaba ya allí intentando ayudar. No pasó nada en absoluto excepto un par de rozaduras en los brazos. Pero me queda claro que un accidente grave se puede producir en cualquier momento, por trivial y estúpido que parezca.

Repuesto de la casi caída, me acerco al puerto en busca de algunos víveres. Es domingo y las pocas tiendas del puerto están cerradas. Me indican un supermercado en el pueblo a "cinque o dieci minuti, esagerando". Los minutos en Cerdeña tienen bastante más de 60 segundos. Tardo más de media hora por un camino cuesta arriba bajo el sol del mediodía. La recompensa es un supermercado grande y bien abastecido. Excepto de hielo, como ya es habitual. Lo consigo en el puerto.

Después de eso poco que reseñar. Buscamos una buen sitio en el que fondear justo en la entrada del Parque. Nos decidimos por Porto Liscia, una cala muy amplia con playas de arena.

Nos sorprende el número de barcos grandes fondeados. Dos veleros descomunales, uno sloop, otro ketch. Y un yate con aspecto militar, con un helicóptero de gran tamaño en cubierta. Claramente entramos en el dominio de los megayates. Seguro que no son los últimos...








sábado, 1 de agosto de 2015

Día 8. Stintino-Capo Testa. Transición

Esta etapa prometía poco y no ha dado mucho más de lo previsto. Había que cruzar el Golfo de Asinara desde Stintino hasta Bonifacio, y eso hemos hecho. En rumbo directo, con poco viento, a motor.


El día era gris también en lo meteorológico. Nublado, sin calor, amenazando lluvia. Sólo al final la cosa cambió. De golpe 20 nudos de viento ya en Bonifacio, que incluso nos hicieron cambiar de cala para el fondeo, al otro lado del Capo Testa. 






Fondeamos en la cala de Santa Reparata. Una cala curiosa, con playa y chiringuitos, ya cerrados cuando llegamos nosotros. Varios barcos a prudente distancia. En nuestra proa echó el hierro, algo más tarde que nosotros, un hermano mellizo del Sargantana.



Poco que relatar. Únicamente que mañana el plan es entrar en el archipiélago de La Maddalena.