Desde que llegamos a Evia, hace tres años, por una razón u otra siempre hemos obviado Loutra Edipsou. (o sea, los baños de Edipsos).
Es una de las ciudades-balneario más renombradas y antiguas de Grecia, con origen en la mitología griega (cómo no) y ya famosa entre los emperadores en la época romana. Tiene más de 80 manantiales de aguas ricas en minerales con propiedades curativas. Pero lo más llamativo es que el agua termal fluye directamente hacia el mar, cayendo en pequeñas cascadas calientes desde las rocas de la playa.
Hay multitud de hoteles, balnearios y centros de hidroterapia, algunos abiertos desde hace más de cien años. Churchill, Greta Garbo, Onassis o María Callas pasaron por el hotel Thermae Sylla Spa, que sigue abierto.
Fuera de temporada tiene un aspecto decadente. La mitad de los establecimientos está cerrada y los escasos clientes de la otra mitad son mayoritariamente griegos.
Atracamos en el puerto, poco más que un muelle de pescadores pequeño e incómodo, aunque de pago. Sólo nos quedamos una noche, lo suficiente para explorar la ciudad, renunciar a bañarnos en la playa de aguas termales (está desapacible), tomar algo en uno de los bares aún abiertos y verificar que, a la vuelta, camino de Livaditis, podríamos llevar la colada a una de las lavanderías de la ciudad.
Frente al antiguo café-palafito Kyma, famoso por sus puestas de sol y hoy convertido en un centro municipal de exposiciones y eventosJueves, 16 de octubre de 2025










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