El museo de Myrina es una de esas delicias reservadas a unos pocos, el puñado de visitante que cabe en el pequeño edificio de dos plantas camuflado entre las casas antiguas y las villas del paseo de la playa, allí donde acaban los bares. Sus salas esconden tesoros, hallazgos de las principales excavaciones de Lemnos. Pulcramente ordenados y etiquetados en dos idiomas, evocan la historia de una isla que lleva habitada desde el Neolítico.
Museo arqueológico instalado en una bonita mansión neoclásica del siglo XIX que en su día fue la sede del gobernador otomanoEl museo está cerca de la antigua ciudad de Myrina. Caminamos hasta el sitio arqueológico, pero se encuentra permanentemente cerrado al público. Su historia y los hallazgos se recogen en el museo. Ahí descubrimos que hay mucho sin desenterrar. Como bajo el promontorio de la estación meteorológica, donde hoy se halla el club de oficiales. Es el origen del asentamiento de la ciudad, que desde allí fue extendiéndose con los siglos hacia el este y el sur. El ministerio trabaja en las excavaciones desde 1986 y ha expropiado alguna finca, pero ha sacado a la luz tan sólo una pequeña parte de los restos.
Iniciamos nuestra ruta en coche por el templo de los Kabeiroi, esas deidades del mundo prehelénico relacionadas con las fuerzas de la tierra y el inframundo, cargadas de misterio y secretismo, que nos fascinaron en Samothraki el año pasado. El santuario de Lemnos es uno de los más antiguos y mejor conservados del Egeo. Se encuentra frente al mar, sobre el cabo Chloi, en el extremo noreste de la isla. En él se celebraron cultos mistéricos durante más de mil años, aunque nunca llegaron a alcanzar la fama de los samotracios. Aquí fueron más humildes y más locales. Los kabeiroi se asociaron a los secretos de la metalurgia, la fertilidad de la tierra y la protección de los marineros.
La construcción por excelencia para albergar ritos mistéricos es el "telesterion", un edificio donde los iniciados participaban en las ceremonias secretas. Constaba de una sala amplia donde se reunían los admitidos, un graderío o bancada interior y un espacio central donde se desarrollaban las ceremonias.
En el santuario de Lemnos se conservan restos de un telesterion helenístico del siglo II a.C. y de uno romano tardío de III-IV d.C. Sin embargo este último está construidos sobre los restos de un santuario mucho más antiguo, del s. VII a.C.
Un gran terremoto y probablemente los albores del cristianismo acabaron gradualmente con los rituales cabiros y el lugar fue abandonado.
Una curiosidad. En este mismo cabo está la "cueva de Filoctetes", una abertura en la costa rocosa en la que supuestamente se refugió Filoctetes, arquero de renombre y portador de las armas de Heracles, cuando la flota aquea le abandonó a su suerte al no soportar el hedor de sus heridas y sus gritos de dolor, tras ser mordido en el pie por una serpiente venenosa.
Según la Iliada, Filoctetes se había unido a la expedición aquea que partió hacia Troya para traer de vuelta a Helena a Micenas. Logró sobrevivir cuidando su herida con la famosa "tierra de Lemnos", conocida por sus propiedades curativas. Al parecer vivió en la cueva, o al menos en Lemnos, durante diez años, hasta que Neoptólemo y Odiseo (Ulises) le trasladaron a Troya para cumplir la profecía según la cual los aqueos sólo saldrían victoriosos en la guerra de Troya si utilizaban las armas de Heracles.
Desde el sitio arqueológico se puede bajar hasta la cueva. Una señal prohibe bañarse y entrar en la caverna, si bien las reseñas de Google están plagadas de fotografías de gente que no debe saber leer...
Nada más dejar el santuario, nos llama la atención desde la carretera lo que parece un poblado abandonado. Se trata de otro de esos proyectos turísticos fallidos de los que está plagada Grecia. Un hotel de 240 habitaciones y una decena de casas de vacaciones, abiertos en 1992, que estuvieron operativos solamente dos años, al no poder sus propietarios hacer frente a los préstamos y al elevado coste de mantenimiento. Desde entonces ha habido distintos intentos de subastar el complejo, que ha ido acumulando vandalismo y ruina hasta el día de hoy
Siguiente destino arqueológico, Hefestia. En el museo me ha cautivado la figura de la gran diosa, una divinidad prehelénica que parece no tener nombre, asociada a la madre tierra. Sus representaciones, en forma de sirena alada de semiperfil o de figura troncocónica de rasgos infantiles, han sido encontradas en las excavaciones de Hefestia, en el que se ha dado en llamar simplemente "el santuario de la gran diosa".
Hefestia fue con Myrina la ciudad más relevante de Lemnos, así como un importante centro religioso desde el neolítico hasta los inicios del cristianismo. Se encontraba al noreste de la isla, en el golfo de Pournias, ocupando toda la península de Paleopolis, y en visión directa con el santuario de los kabeiroi. No por casualidad: el santuario estaba ligado a Hefestia y compartían deidades y ritos.
La ciudad tomó su nombre del dios del fuego, Hefesto, hijo de Zeus y Hera. Según el mito, su madre lo arrojó del Olimpo y aterrizó en la isla de Lemnos. Cojo y deformado por la caída, sus habitantes lo acogieron y curaron sus heridas. Desde entonces, la isla estuvo protegida por el dios, quien estableció allí su taller.
Para mi decepción, los restos del santuario no se pueden visitar, pues los arqueólogos trabajan en las excavaciones de forma continuada. Se han desenterrado restos de la acrópolis, viviendas, enterramientos, el templo y un gran teatro helenístico, que es lo que se visita con la entrada. Es el más antiguo de Grecia.
El asentamiento de Hefestia fue descubierto por un arqueólogo alemán a mediados del s. XIX. Pero fue la escuela italiana de Atenas la que, desde 1923, llevó a cabo una labor excepcional de excavación y conservación. Sus trabajos se vieron interrumpidos por la Segunda Guerra Mundial, durante la cual muchos vestigios resultaron dañados. Desde los años 2000 se encarga de las excavaciones el ministerio de cultura de Grecia.
El teatro está construido sobre una loma, aprovechando la ladera en la que se excavó el “koilon”, el graderío de asientos y escaleras en forma semicircular. La escuela italiana también desenterró el escenario, la orquesta, las paredes de contención de los laterales y parte del muro perimetral.
La construcción del teatro pasó por diferentes fases. El primer edificio, del s.VI a.C., era rectangular, con asientos de madera. A partir del siglo V a.C. se inició la edificación en piedra, con sucesivas ampliaciones a lo largo de los siglos que llegaron hasta los primeros romanos. En trabajos de mantenimiento recientes se descubrió que las expansiones fueron invadiendo y sepultando otros restos más antiguos, incluido un telesterion y varias dependencias que hoy se pueden distinguir, acordonadas.
Un dato curioso. Las primeras filas del graderío, las más cercanas al escenario, se construyeron con grandes losas rectangulares de piedra caliza. Estaban reservadas a los funcionarios y a los ciudadanos masculinos. En cambio, para los asientos del epiteatro, donde se sentaban las mujeres y los esclavos, se utilizaron materiales más económicos: losas de pizarra y piedra caliza de tamaños variados.
Por razones prácticas, en nuestro recorrido obviamos la visita a Poliochnis, la que se considera la ciudad más antigua de Europa, pues durante la Edad de Bronce llegó a tener 1.500 habitantes.
Nuestra última parada en este paseo por la historia de Lemnos es Koukonisi, un pequeño islote en una zona cenagosa, unido a tierra por un pasaje estrecho. Aquí se estableció otro de los asentamientos importantes de la isla, aunque el sitio arqueológico no es visitable.
Miércoles, 8 de junio de 2026
















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