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lunes, 1 de agosto de 2016
Día 10: Cefalú - Lípari. Circe, la hechicera.
domingo, 31 de julio de 2016
Día 9: Mondello - Cefalú. Un domingo en Sicilia
Son las 10 de la mañana y hay que salir del fondeo lo antes posible, antes de que la marabunta de gommoni, que sale de sus guaridas de la bahía de Mondello, avance, ruja y nos rodee.
Muchas vienen del sur, probablemente de los puertos de Palermo, y otras son claramente autóctonas. Pero son subspecies difíciles de diferenciar. Todas llevan un cargamento parecido.
Está la versión F, la de familias numerosas, con la nonna cara al viento como un mascarón de proa, y con un señor fondón que conduce (patronear es otra cosa) con cara de velocidad.
O la versión P, de pandillas numerosas. Conformadas por un número indeterminado de post-adolescentes de ambos sexos, que exhiben una inverosímil concentración de longilineas lolitas aburruñadas en cubierta aplicándose unas a otras cremas protectoras, y al mismo tiempo una cantidad equivalente de maromos musculados, bañadores huevoprieto, con exactamente el mismo corte de pelo, y que ignoran olímpicamente el espectáculo erótico-lascivo para centrarse en lo que de verdad importa: el último fichaje de la Juve y/o el último modelo de gafa de Armani.
Pero ambas versiones, la P y la F, tienen algo en común: les gusta levantar ola. Mucha ola. Y les gusta levantar ola cerca de alguien, si es posible. Porca miseria. Nos vamos de aquí.
El plan hoy es costear hasta Cefalú, un pueblo del que tenemos muy buenas referencias. La navegación transcurre bastante plácida. Gran parte del camino ciñendo sobre un mar plano y haciendo 4-5 nudos. Al final de la tarde, a motor. Sobre todo porque, si no apuramos un poco, no llegamos de día. Aquí se pone el sol a las 8, al menos una hora antes que en España.
Dicen que Mondello es la playa de Palermo, el arrabal ganado a la malaria a finales del siglo XIX y principios del XX para el disfrute y lucimiento de la burguesía palermitana. Su impresionante edificio de baños o Kursaal (literalmente, "sala de curas") Charleston, sus villas Art Decó y sus casetas azules alineadas en la playa son testigos de aquella época. Mondello aún se esmera en mantener ese aire decadente que lo hace tan chic. Incluso a los pies de la torre vigía que abre la bahía al norte se amontonan algunas casetas de baño en anacrónico contraste.
Destrabo el ancla, comprobando que el esfuerzo de anoche por encontrar una zona de arena entre las algas no ha sido en vano. Estas algas del fondo, ¿serán posidonias, como en nuestras islas? Si es así, a Sicilia aún no ha llegado la estupidez balear de penalizar al navegante con boyas de pago e indiscriminadas prohibiciones de fondeo, atribuyéndole una maldad sin fin que ignora los desmanes costeros de fábricas, urbanizaciones, hoteles, chiringos y construcciones de todo tipo que plagan de miseria y bochorno nuestras cada vez más deterioradas costas.
Me entretengo en otear con los prismáticos y comprobar, una vez más, cómo Sicilia aprovecha cualquier rinconcito entre dos rocas para montar una terraza, un solárium o unos peldañitos al mar, en un intento de conquistar la costa y el agua. De Mondello a Palermo no hay playas. La roca cae a pincho al mar, dejando apenas espacio para algunas casas y ningún cultivo. Pasamos frente al inmenso cementerio de Palermo y nos acercamos a su puerto industrial, con las características grúas silueteando el paisaje. El tráfico de buques entrando y saliendo de éste y del puerto comercial es hoy más escaso que el que se atisbaba ayer en la distancia, si bien nos cruzamos con varios cruceros que siguen navegando en domingo.
Cierran el golfo de Palermo el Capo Mongerbino y el impresionante Capo Zafferano. Los superamos,en rumbo directo hacia nuestro destino de hoy.
Y sin grandes novedades llegamos a Cefalú sobre las 1930. A tiempo de fondear y de ver la puesta de sol. Decidimos quedarnos en la playa que está enfrente de la población, con una vista excepcional de la ciudad, la catedral y la mole rocosa con forma de cabeza a la que parecen pegarse las casas y a la que Cefalú debe su nombre.
Hay seis o siete barcos que nos harán compañía. El más cercano, un velero bandera española de 28 metros, con tripulantes de uniforme.
El mar está plano a estas horas y podríamos bajar a cenar, pero se ha hecho demasiado tarde y preferimos prepararnos un arroz al caldero, con una botellita de la ya menguada bodega. Por supuesto, seguido de unas rondas de gin-tonic que ayuden a combatir la indigestión anunciada (y consiguiente insomnio). Tengo que decir que a mí me funcionó de acuerdo al plan.
Mañana toca visita al pueblo y luego travesía a las islas. A dormir.
sábado, 30 de julio de 2016
Día 8: Castellammare - Mondello. El día de la patrona
En Castellammare toca reaprovisionar el barco. Así que me levanto pronto y marcho de expedición a la búsqueda de un supermercado.
Mientras Luis se va, me pongo a ordenar y limpiar el interior del barco y a hacer algo de colada. No soy la única. El pantalán bulle de tripulaciones ajetreadas en labores similares. Queda muy colorido y pintoresco, con el pueblecito al fondo.
Literalmente trepo por las calles empinadas. Aún no son las nueve, hace calor y todo el pueblo está en plena actividad. Una vez pasada la primera línea de mar con los habituales restaurantes, el pueblo se reconcentra en una maraña de calles muy estrechas, donde los coches tienen todas las dificultades del mundo para pasar. Hay mucha gente por la calle. Casas bajas y no muy bonitas. Tiendas de pueblo con señora sentada a la puerta.
Tardo mucho en encontrar un minisupermercado en el que comprar sin agobios. No me veo pidiendo lo que necesitamos a una señora hablando el siciliano de los marineros. Vuelvo triunfal a la marina, de donde salen ya las primeras gommoni.
Después, limpieza y baldeo completo del barco. No terminamos hasta casi la una y podemos ponernos a navegar.
Dejamos del bullicioso muelle. Más de la mitad del pantalán está ocupado por lanchas y neumáticas de alquiler. Aquí las neumáticas con toldilla (gommoni) son típicas. Y, por lo que se ve, también es típico alquilarlas un sábado de verano, como hoy, para salir con la familia o los amigos a hacer el cafre a toda pastilla, surfeando entre los veleros y disfrutando con el vaivén violento que les produce la ola. O, simplemente, para acercarse a alguna bahía a tomar el sol y bañarse. En cualquier caso, van a toda velocidad y atestadas, y hacen de la salida del puerto un auténtico incordio.
Nos planteamos llegar a Palermo y, si es posible, a vela. Estamos ya pasados de horas de motor para la revisión y no sabemos cuándo podremos encontrar mecánico. No antes del lunes, por supuesto. Así que veleamos en busca del Capo Gallo, con viento de cara, como suele pasar. Bordos y bordos. No hay manera de acercarse al cabo. Al final, no queda más remedio que hacer un par de horas de motor para llegar a un fondeo de día.
Al llegar a la bahía de Mondello tenemos claro que nos quedamos. Es una ensenada imponente y muy bonita, con un balneario-palafito en el centro que parece sacado de la película "Muerte en Venecia".
Quizá demasiado expuesta, pero el viento es térmico y ha bajado casi a cero. Muy buen tenedero. Hay seis o siete barcos ya fondeados, entre otros un espectacular trimarán Adastra, valorado en 11 millones de euros.
https://vadebarcos.wordpress.com/2014/02/03/super-yate-adastra-anuncio-mazda-john-shuttleworth/
Y antes de la cena, el último espectáculo del día. La procesión marinera de la patrona de Mondello. Una flotilla de barcos y barquitas se concentra a unos cientos de metros del Sargantana. De repente, suenan las bocinas y se lanzan en estampida todas juntas hacia nosotros, como una carga de la brigada ligera. No damos crédito. El barco cabecero lleva una Madonna iluminada en la proa, rodeada de flores. Justo en nuestra popa se detienen, se reagrupan, y el cappellano reza a voz en grito a los devotos de la flotilla que, seamos sinceros, hacen más ruido que los niños de Castellammare. Debe ser tradición local.
La noche es ahora plácida y además bendecida. Hacemos una ensalada de pasta y nos tomamos una botella de vino para no desentonar.
viernes, 29 de julio de 2016
Días 6 y 7: Cerdeña - Sicilia. Bienvenidos al sur.
miércoles, 27 de julio de 2016
Dia 5: Cerdeña - Parada y fonda
martes, 26 de julio de 2016
Día 4: Mallorca - Cerdeña (II). Llegando al país de los Lestrígonos
lunes, 25 de julio de 2016
Día 3: Mallorca - Cerdeña (I). Por un instante el viento

domingo, 24 de julio de 2016
Dia 2: Cartagena - Mallorca (II): Stop-and-go en Es Trenc
Y al anochecer el viento cae a cero. El mar está completamente en calma y el Sargantana se desliza suavemente y sin apenas esfuerzo. Hoy me toca la primera guardia y aprovecho para leer "Cuando los diablos bailan sobre las olas", que me ha prestado Satur. Un libro excelente. Cierto, la prosa no es de un escritor profesional, pero el relato tiene toda la fuerza de lo auténtico. Una historia dramática de supervivencia en un temporal en la costa brasileña. Satur me presentó a la autora hace años cuando invernaban en el puerto de Los Nietos. Voy a tratar de comprar un ejemplar y conseguir que me lo firme. Hay libros que uno debe llevar en el barco y releer de vez en cuando en una guardia tranquila.Así que hay que estar muy atento a las luces y al radar y a todo. A las 3 de la mañana ya empiezo a estar demasiado cansado y, afortunadamente, Lucía se despierta y me releva.
Mañana (bueno, dentro de un rato) será otro día. Según el parte, el viento se va retirando hacia el Este en el canal de Cerdeña. No podemos quedarnos en Mallorca si queremos evitar ir a motor todo el viaje. Ya echamos de menos un poco de navegación silenciosa, que para algo hemos traido un gennaker
Cambio.
sábado, 23 de julio de 2016
Día 1: Cartagena - Mallorca (I): Los viajes de Ulises



























