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martes, 13 de julio de 2021

Etapa 7: Crotone - Corfú. Mi gran boda griega (2002)


Cartel de la película “Mi gran boda griega”

Corfú, Kerkyra, es la isla de los vencejos y las cigarras. 

Sí, también es la isla esmeralda, verde brillante como de jardín inglés, de mar calmado y sin ola a nuestra llegada, como un estanque. 

Corfú (Kerkyra)

Pero sobre todo, Corfú es el zumbido continuo y omnipresente de las cigarras, que cantan sin pausa desde la mañana a la noche, y el griterío de los vencejos reales, que te despiertan por la mañana e inundan con su canto cualquier calle de la ciudad. Es el aleteo y el ruido de los vencejos que colonizan todos sus árboles.

Vencejos
Y la ciudad, Corfú, es un gran parque temático. Un decorado de ensueño, un laberinto infinito de callejuelas retorcidas en las que jugar al escondite.




Un zoco. Quizá un poco turístico. Bueno, un mucho turístico. Una especie de Disney medieval, como de Juego de Tronos. Que recuerda un poco a Alghero o Cefalú, pero mucho más cuidada, más reluciente, de calles empedradas e inmaculadamente limpias que suben y bajan continuamente en escalinatas fatigosas. Una ciudad perfecta. Sin un papel, sin una colilla. 





Corfú son dos fortalezas venecianas (la Fortaleza Vieja y la Fortaleza Nueva), que fueron inexpugnables para los turcos.




No sorprende. Murallas altas y torres esbeltas que todavía conservan los grandes cañones defensores de la bahía. Playas bajo las murallas. Playas pequeñísimas de agua muy limpia, de hierba y piedras. Porque en Corfú no parece haber arena, ni polvo, ni mugre, como en un castillo de cuento.




En Corfú los ingleses circulan sudorosos en filas o grupos, siguiendo a su guía como patitos que siguen a mamá pata. Están pálidos, la mayoría blancos como el papel y algunos ya con ese tono rosado flamenco que sólo lucen los ingleses cuando se aventuran por los reinos del Sur. Por la noche deambulan en grupos por las calles atestadas, llenas de tavernas y de tiendas de camisetas y de souvenirs. Y comen helados sentados en los pretiles, y escuchan en silencio los grupos callejeros que tocan y cantan jazz. 

Los ingleses de Corfú beben, claro que beben, pero sin estrépito, como disculpándose. Quizá porque son conscientes de que Corfú ha sido un poco Inglaterra, o todavía es un poco Inglaterra. Y por eso tienen un campo de cricket primorosamente cuidado en la Gran Esplanada, al lado de la Fortaleza Vieja. Y por eso aquí escribió Gerald Durrell "My family and other animals".

Paseamos por Corfú como unos turistas más. No ingleses pero casi. Uniformados de turistas, con gorro y con mochila de turistas, mimetizados con el paisaje. 



Buscamos compulsivamente la belleza de una ciudad que nos entra por los ojos con luz cegadora. Hacemos fotos y más fotos. Como pareja en viaje de novios, porque, ciertamente, nosotros estamos de viaje de novios. Porque hoy es mi cumpleaños, y me han hecho un regalo. Porque llegar a Corfú es haber llegado a nuestra Gran Boda Griega.

Regalo de cumpleaños

La travesía a Corfú, desde Crotone, tiene poco que contar. Salimos pronto, como estaba previsto. Ya desde el principio, con viento. Lo previsto (un fuerza 3), a veces ciñendo y otras al descuartelar, pero que nos lleva sin problemas directo hacia Othonoi, la primera isla griega al norte de Kerkyras. Ya desde el principio con la trinqueta arriba y dos rizos de mayor. Y con ola creciente, arreciando a una marejada no muy cómoda al sur de Leuca y en todo el cruce del Adriático.

Muy pocos barcos, y casi ninguno cercano. Esta zona parece estar fuera de las rutas habituales de los mercantes que, según vemos en el AIS, suben y bajan por el Adriático en fila india muy cerca de la costa de Corfú. 


La travesía, muy rápida. Podemos distinguir Los Altos farallones de Othonoi saliendo de la bruma matinal, antes de lo previsto, sobre las 0700. Pero también algo incómoda. Yo duermo cuatro horas sin muchos problemas, pero Lucía acusa los botes continuos del Sargantana sobre las olas que nos llegan por la amura de babor.

Resolvemos no parar en Othonoi, como teníamos previsto. Es demasiado pronto para no aprovechar la jornada y continuar hacia la ciudad de Corfú. Buscamos otros posibles fondeos más cerca de la ciudad y nos decidimos por intentar uno de los cuatro o cinco que sugiere la guía del Imray en la parte NE de la isla, una vez pasado el estrecho canal que la separa de Albania.


La travesía matinal de la isla por la costa norte es tranquila. Bastantes barcos italianos se cruzan con nosotros buscando el Adriático.  Es domingo y probablemente quieren llegar antes de empezar el partido en el que esa noche Italia ganaría la Eurocopa a Inglaterra (¡Forza Italia!).

Finalmente fondeamos en Kalami Beach, al lado del famoso restaurante White House. antigua casa de la familia Durrell cuando vivían en Corfú.

The White House en Kalami
Primera gran impresión de cala maravillosa, verde brillante tanto fuera como debajo del agua. En completa calma. Sin olas. Con bastantes barcos y bañistas atrevidos en colchonetas que deambulan por el centro de la cala. Hasta Lucía se anima a ir nadando hasta la playa de cantos rodados. El sitio perfecto para la primera noche de nuestra Gran Boda Griega.



Echamos el ancla en catorce metros, sobre arena y algas. Parece que agarra bien, nos podemos quedar. El zumbido de las chicharras es atronador a esa hora de la tarde. Finalmente quedamos unos pocos barcos para pasar la noche. Tranquila, sin chicharras. Abrimos una botella de nuestro mejor vino blanco para cenar. Necesitamos descansar.

A la mañana siguiente llegamos a Corfú a primera hora. Pedimos amarre en Port Mandraki, una marina excepcional. Pocas pueden presumir de estar, literalmente, metidas en las murallas de una fortaleza veneciana como la Fortaleza Vieja


Al llegar a la bocana vemos otro barco (el Lady Eva), esperando pacientemente. Nos llama por VHF. Parece que hay que esperar 20 minutos por algún problema en la marina. Nos lo confirma el puerto. No hay problema, no tenemos prisa.

El Lady Eva espera para entrar en Mandraki

A medida que pasan los minutos, van llegando barcos. Algunos con la radio conectada, otros no. Todos tratan de entrar en el puerto. El Lady Eva se erige en "protector de la cola" y reprende enérgicamente a los que tratan de colarse (sin pretenderlo, por supuesto). Es como en la pescadería: "¿Quién da la vez?". Lady Eva está nerviosa, muy nerviosa. Su patrón tiene ferry a la una y quiere llegar a tiempo. Lleva bandera suiza. Lo normal.

Lady Eva llama a puerto y pide novedades. El puerto contesta con cierta pachorra algo así como "a ver si estamos todos tranquilitos, que aquí estamos muy liados". Versión griega y en inglés, por supuesto.

Lady Eva bufa y mira el reloj. Los dos ingleses del Y knot, que acaban de llegar y a los que hemos dado la vez, no tienen muy bien la radio y no se enteran. Son ingleses, claro. Y vienen. Y preguntan como esos niños:  "¿falta muchoooo?”.  Les decimos que tranquilos. Que se esperen. Que Lady Eva está de los nervios. Y que cuidadito, que luego vamos nosotros. Llegan más barcos. La bocana empieza a estar como la cola del súper.

Finalmente desde el puerto nos llaman.  Dicen que "vayamos pasando". Y que "¿Quién es el primero?".  A la pobre Lady Eva, que lleva allí desde que abrieron, le debe sonar a cachondeo, y se lanza como posesa sobre la bocana. Desde el puerto le dicen que le toca amarrar de proa en el dique exterior. No se queja. Allí que se va, sin protestar, que los suizos protestan poco.

Ya con Lady Eva tranquila en su amarre, el puerto nos dice por el VHF "Que pase el siguiene". Y allá que vamos disparaos. Igual, nos quieren hacer amarrar de proa. Yo, que ni de coña, que el Sargantana no es un pringao como Lady Eva. Los polacoespañoles somos más protestones.

El marinero acepta a regañadientes y dice que vale, que al lado del restaurante. Y pregunta "¿Cuántos timones tienes?". Yo alucino un poco, creo que no me han hecho nunca esa pregunta desde un puerto. Le digo que uno, claro. Y pregunta "¿Y cuánto mide tu timón?". Le digo que 1,90 m (la verdad es que no tengo ni idea, pero se supone que es nuestro calado). Me dice que lo tendré que dejar "un poco lejos del pantalán, porque hay piedras". Sigo alucinando, pero le digo que adelante. Que vamos para bingo.

El sitio no está mal, pero hay que meter el barco justito justito entre un pequeño pantalán cruzado y otro velero Dufour 382. Y con cuidado de no acercarse mucho a las piedras, no vaya a ser que nos carguemos la pala del timón. Pero tenemos tanta gana de ducha como el Lady Eva (que a estas alturas debe estar ya en el taxi camino del ferry), así que sacamos nuestro calzador y conseguimos embutir el barco con la mayor precisión que podemos. Ni un rasguño. Ni un agobio. Supongo que será mi regalo de cumpleaños.


Ya amarrados nos dedicamos a observar el espectáculo. El Y knot aparece en nuestra proa, perdido en la dársena, sin saber qué hacer.  Son ingleses, no tienen radio, no se enteran. Nos han visto entrar y han dicho "pringao el último". El marinero se cabrea con ellos y les pregunta el nombre de su barco. Le dicen "Y knot", que suena como "Why not?". Tras unos rifirafes dialécticos a costa del nombre del barco y de que habían entrado sin permiso, acaban por colocarles en la puerta de los baños. Justicia poética. El marinero, un mocetón griego, fornido él, va chorreando y colocando sucesivamente a todos los barcos de la cola, uno detrás de otro, barco por barco. 

Eso sí, nos toca esperar el token para activar las tomas de luz y agua hasta por la tarde. Creo que el marinero está cabreado. No importa, la función ha valido la pena.


Bienvenidos a Grecia. Bienvenidos a Corfú. 



En NoForeignLand puedes leer sobre marina Mandraki y también seguir a Sargantana

viernes, 9 de julio de 2021

Etapa 6: Rocella Ionica - Crotone. Heat (1995)

Cartel de la película “Heat” (1995)
El sur de Italia nos recibe con viento casi nulo y un calor agobiante, húmedo y pegajoso que te empapa desde primera hora de la mañana.

Rocella amanece tranquila. Finalmente perdimos ayer noche la semifinal de fútbol contra Italia. Los marineros nos consuelan: “¡Spagna, testa alta. Forza Italia!”. Una pena, porque merecimos más, pero qué le vamos a hacer. Y mirándolo por el lado bueno, eso lo simplifica todo, porque, ahora, ver o no ver la final (en la que obviamente seremos tifosi de Italia) ya no condiciona nuestros planes de navegación.

En el plan original, el próximo destino es Crotone y de ahí seguir recorriendo toda la costa sur, y el golfo de Taranto, hasta un último salto desde Leuca hacia Othonoi y Corfu. Pero la predicción no encaja. Hasta el sábado tendremos muy poco viento. Y a estas alturas estamos ya hartos de motor.

Así que decidimos seguir hoy hasta Crotone y prescindir de Leuca. Pasaremos un par de días en el “Porto Vecchio” de Crotone y desde allí partiremos para Grecia el sábado, a vela, con el viento Norte que se anuncia.


A las 1000 salimos del puerto, después de repostar gasoil. Nos ha gustado la marina de Rocella. Es una de esas marinas modernas, al estilo de Marina Denia o Juan Montiel, en Aguilas. Personal impecable y super atento. Instalaciones modernas y razonablemente limpias, aunque un poco destartaladas (ese capítulo parece ser la asignatura pendiente de todos los puertos italianos). Los protocolos de llegada y salida de puerto se cumplen más o menos a rajatabla (registro en una oficina de verdad, documentación, información). Lo que uno esperaría encontrar siempre en un puerto pero que aquí, en Italia, es casi la excepción.

Marina Rocella
Con todo, Rocella tiene sus particularidades, que para eso estamos en Italia. Al volver de la oficina nos encontramos con una pareja de recién casados, vestidos de boda, sentados en la proa de una lanchita (¿sería la suya o una elegida al azar?), justo enfrente del Sargantana, y abriendo una botella de champán. Nos tenemos que abrir paso entre una  multitud de fotógrafos y familiares de punta en blanco que les aplaude desde el pantalán. Eso si, hay que decir que no oímos ningún “¡Vivan los novios!”.  No debe ser costumbre.

Fotos de boda en Rocella Ionica

Porto delle Grazie, que es el nombre de esta marina de Rocella, aunque nadie la llame así, es un descanso para los sentidos. Está a las afueras de la ciudad, en una zona de pinares. El aroma peculiar de la resina seca se huele desde el mar, antes incluso de llegar a la bocana. Los pantalanes son amplios y están prácticamente vacíos. Los escasos barcos y lanchas son locales. Tienen instalaciones y puedo lavar y secar las sábanas y toallas mientras España pierde en la tanda de penalties.

Marina Rocella

Seguro, volveremos a Rocella, sea en el viaje de regreso o en futuras expediciones a Grecia. Y a ver si para entonces han dragado un poco la bocana, que ya les vale. Entrar aquí es más complicado que la maniobra de aproximación a Madrid Barajas.

La travesía a Crotone es corta. Unas 65 millas, atravesando el Golfo de Schilache. A priori sencilla, probablemente toda a motor. Rumbo directo hasta el Capo Rizzutto. Parece que se avecina otro día más de vegetar.

Sin embargo, en la bahía se levanta un ligero viento de través. Nada del otro mundo, claramente insuficiente para velear con mayor y génova. Pero que nos da una oportunidad de oro para sacar nuestro casi olvidado gennaker, por fin, después de siglos, y disfrutar varias horas del placer de movernos sin ruido, de trimar velas y ajustar rumbos, de eso a lo que hemos venido a este viaje.

Asimétrico (gennaker)

El Capo Rizzuto es una zona protegida. La carta marca las zonas con diversas prohibiciones, desde simplemente navegar hasta pescar o navegar a motor. Hemos elegido cuidadosamente la ruta para no entrar en las primeras. Sin embargo, no tardamos en recibir una llamada por radio del guardacostas exhortándonos a desviar nuestro rumbo, pues sabe por el AIS que, aunque velero, vamos, como es ya habitual, a motor y nos ve demasiado cerca. Vale, de acuerdo. Mientras rodeamos el cabo dejando dos millas de respeto, aún tenemos la oportunidad de escucharle llamar repetida y desesperadamente a otros dos barcos que, a diferencia de Sargantana, ni contestan ni cambian su  rumbo demasiado cerca de la costa. En un momento dado nos pide que les llamemos nosotros, por si fuera  que a él no le oyen… Este rodeo nos hará llegar de noche a puerto. 
Atardecer con Crotone a la vista

Vamos a pasar tres noches en Crotone. Una capital de provincia pequeña, ciudad de pescadores y de plataformas de extracción de gas que se recortan en el horizonte como una manada de transformers amenazantes.

Plataforma de gas

Nada destacable aquí. Una ciudadela medieval construida sobre la antigua colonia griega Kroton, un laberinto de callejuelas no muy limpias, bastantes turistas en playas urbanas, y mucho tráfico. Una ciudad más entre muchas otras, con un mercado callejero y muy barato de verduras, fruta y pescado, pero una ciudad con un cierto encanto, aún en estos días de luz cegadora y calor aplastante.

Playa de Crotone
Crotone nos da la oportunidad de callejear sin rumbo y de comprar en sus tiendas locales. Nos abastecemos de calamares y mejillones en una de las "pescherias" del puerto y de fruta y verdura en el pintoresco mercado "coperto". Hasta encontramos en el paseo de la playa una tienda de productos artesanales totalmente "gluten free". 

Mercato coperto en Crotone

Crotone es una mezcla de villa antigua, poblachón destartalado y ciudad de vacaciones. Exhibe con esmero su kilométrica playa, donde el ambiente es como de primeros de siglo pasado. Publicita sus palacios, su muralla, su castillo y sus museos en esmerados carteles callejeros. Pero acepta la ropa tendida sin pudor en las fachadas de casitas humildes, que se entremezclan de forma imposible con los restos arqueológicos, en callejones impracticables. Y sucios. La ciudad está sucia y descuidada. Parece que la vegetación crece aquí desbocada, lo que hace especialmente frondosos los árboles de los paseos y los muchos macetones de las terrazas de los restaurantes, pero puebla las aceras de hierbajos que se entremezclan con los excrementos de perro.

Crotone es calor, mucho calor, calor como nunca. 

Crotone

Castillo de Carlos V Crotone

Elegimos el Club Vélico Crotone. Uno de los tres pontiles que ofrecen amarres en el Porto Vecchio. Descartamos el más barato (Lega Navale) por estar demasiado cerca de la bocana y el posible swell del SW.

Entrada al Club Velico Crotone

El Club Velico parece dedicado a enseñar vela ligera, y en efecto, tiene un par de dársenas con pantalanes en los que se amontonan sin mucho orden lanchitas, veleros y barcos pesqueros. Eso sí, nos cabe la duda de si los pesqueros son de atrezzo, porque en los dos dias que estamos no vemos a ninguno moverse del sitio. 

Aula al aire libre del Club Velico Crotone

Nos pareció un sitio muy agradable, lleno de niños en clase de vela ligera con sus Optimist y sus Láser. Caótico, como todo aquí, pero encantador. Rodeado de pescherias que ofrecen su pescado en cajas (parece que, después de todo, los pescadores no son de atrezzo).

Porto Vecchio Crotone

Llegamos al Club Velico tras la puesta de sol, prácticamente de noche. Esperamos al marinero de rigor, pero nos recibe una pequeña multitud de gente agolpada en el pantalán, como un comité de recepción. Ya está oscuro y casi no distingo más que sus sombras. Todos a una nos saludan, nos dirigen, amarran nuestros cabos, nos dan la guía del muerto… 

No salimos de nuestro asombro. Definitivamente, las guías no mienten cuando alaban la “bienvenida acogedora” en este sitio. Se me viene la visión del pueblo de Villar del Río, con Pepe Isbert a la cabeza, recibiendo a los americanos en “Bienvenido Mr Marshall”.

Una vez todo en orden, alguien pregunta

 - ¿Tutto bene?

Asentimos. Estamos firmes. - Tutto bene.

Quiero preguntarles lo habitual en estos casos: si tenemos que hacer los papeles de entrada ahora o mañana, si hay baños (y dónde), la password del wifi. Esas cosas que el capitano de Marina Rochella nos explicó ayer con todo detalle (y con un folleto).

Pero para cuando soy capaz de articular palabra, todo nuestro comité de recepción ya está convenientemente sentado alrededor de varias mesas plegables, hablando entre ellos, pasándose el vino. Cenando en familia. En medio del pantalán. Justo en nuestra popa. A las tantas. Y, por supuesto, sin prestarnos la más mínima atención. 

Desisto. Este país nunca dejará de sorprenderme. Viva l’Italia.

Sargantana en el Club Velico Crotone



En NoForeignLand puedes leer sobre Rocella Iónica y Club Vélico Crotone. Y también seguir a Sargantana

martes, 6 de julio de 2021

Etapa 5: Milazzo - Rocella Ionica. El Padrino (2010)

Cartel de “El padrino”

Messina. El stretto. Uno de los hitos de este viaje. La leyenda milenaria de Scilla y Caribdis, los dos monstruos que hundían los barcos que se aventuraban a cruzarlo, con grandes remolinos a los que atraían con cantos de sirena. Ulises pidiendo a sus marineros que le atasen al palo tras tapar sus oídos y, después, loco de ira, suplicando a su gente que le desatasen al empezar a oír los cantos de sirena. Scilla...

Las corrientes de Messina. Cambian de sentido cuatro veces al día. Los locales las llaman montante (cuando va de Sur a Norte) y scendente (cuando va de Norte a Sur). Las provoca la diferencia de horario de las mareas entre el Tirreno y el Jónico, los dos mares que conecta. En combinación con los vientos (que también suelen arreciar en el estrecho), dan lugar a fenómenos muy curiosos: remolinos, cambios repentinos en la dirección de la corriente, olas rompientes y extrañas zonas de calma. Algo único.

Hoy nos levantamos temprano en Milazzo. El fondeo ha sido tranquilo (en contra de lo esperado) y queremos zarpar lo antes posible para entrar en Messina con corriente favorable.

Las indicaciones en las guías se refieren a las corrientes de Messina por su desfase con la pleamar y la bajamar en Gibraltar. Empezamos ayer a calcular, con el riesgo de volver a equivocarme, como aquel año en el estrecho de Gibraltar. Pero Luis siempre encuentra alternativas: la web correntidellostretto.it ofrece mapas e información detallada por horas y por zonas, que ayuda a planificar con garantías.

Mapa de corrientes en correntidellostretto.it

Madrugar nos permite llegar a la bocana del stretto sobre las 0900, muy poco después del máximo scendente. La entrada por el norte es absolutamente escénica. En un momento dado, la sucesión interminable de playas y villas de vacaciones que desfilan por estribor se detiene para dar paso a una torre de control y una gran antena.

Torre de comunicaciones estrecho de Messina

Hacia el sur se abre Messina en todo su esplendor azulado y brillante. Un pasillo estrecho de agua entre dos vertientes muy verdes. El paisaje es hipnótico y pone un poco los pelos de punta. La sensación es parecida a la de entrar en el Estrecho de Gibraltar por primera vez.


Entrada al Estrecho de Messina desde el norte


Lucía llegaba a Messina con la ansiedad nerviosa del "vaya usted a saber qué nos encontraremos, oiga", pero, en esta mañana luminosa de lunes, Scilla y Caribdis parecen todavía dormidos, o igual están de puente. 

El cruce de Messina es famoso por la dificultad de maniobrar en medio de un tráfico incesante de cargueros y transbordadores que se mueven caóticamente en una especie de autopista gigante. Pero hoy nosotros no encontramos prácticamente ningún barco, ni subiendo ni bajando.

Aquí no hay nadie. Es como la Gran Vía en "Abre los ojos". Y, como Eduardo Noriega, el Sargantana mete 50 grados a estribor y se lanza por el tobogán a más de nueve nudos, empujado por la corriente y por los 15 nudos de viento que entran repentinamente por la aleta. 

Seguimos solos, así que nos entretenemos buscando remolinos mientras bajamos por la margen derecha, la de Scilla. Sí, vemos alguna zona que parece de "agua hirviendo", un bullir de olas confusas que podrían dibujan algo parecido a un remolino. Cruzamos el DST (Dispostivo de Separación de Tráfico) en diagonal, sin obstáculos, solos en esta mañana tranquila de lunes.


El agua “hierve”


Continuamos bajando "a la francesa" (sólo con el génova arriba). A medida que ganamos sur perdemos algo de velocidad y acabamos teniendo que volver a poner motor. Ahora sí, hay que gestionar por fin un par de cruces con transbordadores, pero nada del otro mundo. Ponemos proa a la ciudad de Reggio Calabria, ya en la margen izquierda.


Cruce en el estrecho de Messina

Cruce en Messina


Otros barcos frecuentes en el estrecho son los de pesca de pez espada. Tienen un aspecto muy curioso: un mástil de más de 25 metros de alto, rematado en una cesta en la que se instalan los ojeadores, y un botalón también de un par de decenas de metros, en cuyo extremo viaja el arponero. Sólo nos cruzamos con uno a una milla y no tenemos la suerte de que cobre una pieza, pero verle faenar es una experiencia. 


Nuestro plan para esta etapa es pasar Messina y llegar a la marina de Rocella Ionica, en la costa de Calabria. Son muchas millas, necesitamos dos días, así que hemos planificado una recalada de una noche en la Marina Queen 88, en el puerto de Reggio Calabria. Tras muchos días sin tocar tierra, necesitamos repostar y abastecernos, y este es el primer puerto que encontramos en Italia con precios razonables. 

Entrada al puerto de Reggio Calabria

Pero, claro, todo tiene su precio. Queen 88 no es la Marina más bonita del mundo. Digamos que está bastante arriba en el ranking de puertos cutres y feos en los que hemos atracado. Es una dársena relativamente pequeña en la parte norte del puerto comercial, ocupada en su mayor parte por lanchas pequeñas y tres o cuatro barcas enormes de la "Guardia di Finanza" (los de aduanas). Un barracón de obra con una oficina minúscula, unos baños más que sospechosos, una caseta de carabinieri, una gasolinera (cerrada). Y ya.  

Sin embargo, lo peor de Marina Queen es la ola que se monta en la dársena cuando el viento sopla Norte (como es el caso), y que nos hace dar tumbos todo el día. Y la guinda del pastel: la vía del tren recorre el costado de la dársena por un paso elevado. El ruido periódico de los trenes pasando nos recuerda que hemos vuelto, por un día, al mundo civilizado y urbanita.

Vista del tren en Marina Queen 88

Lo que salva a esta marina de la peor puntuación en Navily es la amabilidad y eficacia de sus marineros, que no dudan en saltar al barco para ayudar con estachas de muertos y cabos de amarre si, como hoy, el fuerte viento dificulta tanto la maniobra. También improvisan una pasarela para Sargantana, pues las condiciones no permiten una proximidad segura al pantalán de hormigón.

Hemos llegado a las 1100, con tiempo suficiente para ir a comprar, preparar algún plato para los próximos días y darle un agua al barco. Localizamos en Google un COOP a 20 minutos andando y decidimos ejercitar las piernas. Así entendemos que la marina está dentro del complejo del puerto y no se puede salir sin recorrer todo el camino, hacia el sur, hasta la entrada de acceso a las instalaciones portuarias. Además, hay que subir una cuesta pronunciada para llegar a las primeras calles de la ciudad, que se me antoja sucia, fea y triste. Aquí no parecen haber descubierto aún los contenedores para las basuras y cada pocos metros se amontonan bolsas y desperdicios. 

El COOP tiene fruta, verdura y frescos a precios realmente buenos. Y, para mi contento, una sección sin gluten más o menos digna que me permite reponer panecillos y crackers. Cargamos cuatro bolsas y una mochila y las señoritas de atención al cliente nos piden un taxi, que nos lleva a velocidad de vértigo, recortando esquinas, sorteando peatones y con alguna dirección prohibida que otra, de vuelta al puerto. 



Claramente no es un puerto para repetir (salvo por necesidad), por mucho que se empeñe la guía Imray. Su autor, un tal Rod Heiskell, relata con todo detalle su entusiasmo por el puerto y la relación con un personaje peculiar: Saverio. 

Heiskell recomienda encarecidamente contactar al llegar al puerto con Saverio, el omeggiatore oficial. Pero es que Saverio (en realidad de profesión taxista) parece ser el factotum absoluto del puerto. El que manda. El que consigue para los navegantes transeúntes todo lo que puedan necesitar, sea transporte de ida y vuelta al supermercado, suministros de estraperlo "di tutta fiduzzia", una reserva en una "trattoria privata", o una bandeja de croissants recién hechos, entregados personalmente en el barco cada mañana. No me atrevo a imaginar qué más cosas puede conseguir Saverio.

Por fin, a media tarde,  Saverio se acerca a nuestro barco para hacer su "presentación oficial". Nos pilla en plena operación de limpiar y endulzar la cubierta y de poner al Sargantana presentable para siguientes etapas..

Saverio es un tipo simpático, bajito y con el rostro acerado del que claramente ha vivido mucho. Heiskell dice de él en su guía que "he probably does not belong to cosa nostra, but surely he knows some of them", y yo le creo

Se me acerca y me entrega pausadamente una tarjeta.

- Buona sera - Es su teléfono y una lista de sus servicios

- Buona sera - Contesto. Nos miramos durante un par de segundos sin hablar. 

Me pasa una fotocopia, casi ilegible, doblada en cuatro pliegues. Es un artículo/entrevista con Rod Heiskell en un diario local, con algunas frases resaltadas con rotulador amarillo.

Recorte de la historia de Saverio

Sono Saverio, e questa è la mia storia. 

Hablamos un rato en una mezcla curiosa de italiano e inglés. Le cuento lo que sé de él por la guía Imray. 

Se ríe.

- Io sono famoso, mister.

Aprovecha para reñirme por no haberle llamado para volver en taxi del supermercado COOP en el que hemos hecho una compra gigantesca (de alguna manera, ya se ha enterado). No sé muy bien qué decir.

- ¿Quante persone stasera in trattoria? - pregunta. 

Me las veo y me las deseo para convencerle de que no, de que mañana salimos pronto. No podemos (ni queremos) ir a cenar a esa trattoria

Me mira con esos mismos ojos entornados de Marlon Brando diciendo "I'm gonna make him an offer he can't refuse".

Fotograma de “El Padrino”

Y me siento un poco como Johnny Fontana ante la mirada imponente de Don Vito Corleone. Por suerte no hace ninguna mención a suministros de contrabando, ni a bandejas de croissants, porque a ver cómo le voy yo a explicar que en el Sargantana es un barco "gluten free" y los croissants tienen la entrada prohibida. Creo que me da por imposible. Alivio. 

Saverio coge del suelo las bolsas de basura que tengo apiladas en el pantalán, se da la vuelta y se marcha camino de la oficina, haciendo caso omiso de mis protestas (y agradecimientos). Me cae bien Saverio

Volvemos a tener el barco lleno hasta los topes de suministros imprescindibles. La bodega llena de vino. La nevera llena de cervezas frías. El Sargantana está listo para el segundo día de travesía de esta etapa.

Segundo día que nos conduce por el Mar Jónico, a lo largo de las costas de Calabria, camino de la marina de Rocella Ionica. Son 70 millas que nos llevarán unas 12 horas. Una vez fuera del estrecho el viento será mínimo, así que una buena parte de ellas serán a motor, como muchas en este viaje.



Desde el mar, en nuestra ruta hacia el sur, descubro que Reggio Calabria es realmente grande. Probablemente el puerto esté en el extrarradio y el centro sea más limpio bonito. No lo comprobaré, al menos en este viaje. 

Poco que reseñar sobre la costa calabresa. Una interminable playa y una sucesión de pequeños pueblos junto al mar. El ferrocarril discurre pegado a la línea de la costa, justo tras la playa, y eso le da un aspecto un tanto feo y desaliñado. Muchas chimeneas de industrias que parecen cerradas y abandonadas. Una costa recta y con pocas referencias.

Fábrica abandonada en la costa de Calabria


Lo más espectacular de este recorrido es el Etna. Nos acompaña durante millas como un inmenso decorado en la popa, rotundo, limpio, sin las nubes que normalmente lo velan. A nuestro regreso, visita obligada.
El Etna en nuestra popa

Nos dedicamos a la lectura y la escritura. Finalmente llegamos a Rocella sobre las 2000.

La maniobra de entrada a la marina es relativamente complicada (según las guías) por la gran cantidad de arena que aterra la bocana. Cierto, hay que seguir con precisión las marcas que publican las cartas y derroteros para no embarrancar. No hay problema. 

Marina Rocella Ionica

España juega hoy con Italia en la Eurocopa de Fútbol y trataremos de sintonizar la RAI para verlo desde el puerto. Los marineros nos reciben simpáticos y nos desean suerte en la partita. Pero eso ya es historia para otro día.

 

domingo, 4 de julio de 2021

Etapa 4: Mondello - Milazzo. Stromboli (1950)

Cartel de la película Stromboli (1950)

Hoy volvemos a la rutina tranquila del costeo. El tiempo acompaña. Sol y poco viento en la salida. El parte promete 10 nudos del Norte que, ojalá, nos permitan velear y quitar el motor.

Esta etapa empieza en Mondello, junto a Palermo, y debería acabar en Milazzo, cerca del estrecho de Messina, uno de los primeros nuevos hitos de este viaje. Son unas 100 millas en línea casi recta, a lo largo de la costa norte de Sicilia. Nos llevará un par de jornadas porque, a partir de ahora, queremos navegar sólo de día y dormir fondeados.

Salimos de Mondello a las 0830. La bahía, que ayer por la tarde y en la noche bullía de lanchas fondeadas a diestro y siniestro, barquitos de vela ligera haciendo regatas, y fuegos artificiales y tifosi tocando el claxon por la victoria de Italia en la eliminatoria de la Eurocopa, se despierta silenciosa, tranquila y sin viento. Hay pocos barcos fondeados, la mayoría catamaranes, y casi todos se han movido durante la noche buscando el resguardo de la playa. El Sargantana se ha quedado solo en el medio de la bahía, un poco en tierra de nadie, como el que pierde en el juego de las sillas y permanece ahí, de pie, cuando para la música, un poco avergonzado y con cara de tonto.

Levo el ancla mientras Lucía organiza el interior para ponernos a navegar cuanto antes. Motor a 2.000 vueltas, rumbo Este y ya veremos hasta dónde llegamos para el fondeo de esta noche. El objetivo es llegar mañana a Milazzo.

Salida de Mondello


Atravesamos la bahía de Palermo. La ciudad se ve inmensa desde el mar. Este año no hacemos escala. Tenemos muy frescas en la memoria las vivencias de 2016 en esta ciudad de contrastes, que eres capaz de adorar y odiar a la vez. 

Durante toda la etapa, Sicilia se desliza suavemente por nuestro estribor como el decorado móvil de una película. Lucía dice que Sicilia le recuerda a un eterno Cabo de Gata replicándose a sí mismo hasta el horizonte. Y es verdad. Farallones enormes que se despeñan sobre el agua muy azul a esta hora de la mañana. Casas bajas y armónicas con el entorno. Nuevamente, es la elegancia de Italia y los italianos, esa que traen de serie cuando nacen y que no les abandona nunca. No se ven bloques chillones de apartamentos ni el guirigay de colores de nuestro levante. Cierto que la elegancia no es tan evidente en el sindiós de gritos nocturnos, ni en las gommoni llenas de parejas de domingueros y de manadas de adolescentes con acné, pero de eso nosotros también tenemos, nadie es perfecto...

 

Hoy no esperamos grandes hazañas marineras, para qué nos vamos a engañar. Así que Lucía va a tratar de recomponer las costuras de la capota, que parece haber llegado a su momento de obsolescencia programada con todas las cremalleras al mismo tiempo. Armada con una lezna y mucha paciencia, recompone puntadas una tras otra.

Reparando la capota antirrrociones


Yo tengo poco que hacer. Ningún bricolaje urgente y poca exigencia de gobierno del barco. Uno de esos días plácidos que decía hace unos días, con una diferencia: estamos relativamente cerca de tierra, hay que tener un ojo siempre pendiente de no pisar una nasa o una gommone aventurera. Y de no ser pisado por un carguero, o una lancha rápida, saliendo de un puerto como un obús.

Día sin viento


Decidimos fondear en la parte Este de Cefalú, junto a la marina. Una ensenada amplia y protegida del viento Norte por un rompeolas. Parece nuestra mejor opción. No es el mejor sitio del mundo, y el agua está algo turbia, pero nos vale como parada intermedia sencilla antes de continuar hacia Milazzo.


Cefalú nos da la bienvenida desde la distancia, con su prominente montículo que recuerda a una gran cabeza (de ahí su nombre). Recuerdo divertida que en nuestra tierra de adopción les llaman cabezos a las elevaciones típicas del campo de Cartagena, de origen volcánico.

Cefalú desde el W


Hace cinco años fondeamos en la bahía oeste, con vistas a la ciudad vieja que se desparrama en las faldas del promontorio. Una vista preciosa, con una puesta de sol extraordinaria. Hoy no va a ser posible, no estaríamos protegidos del viento y del swell. Nos resignamos a rodearlo y fondear en la bulliciosa entrada a la marina. Somos bastantes barcos y estamos cerca, pero todos parece saber lo que se hacen. Tranquilos. 

La noche es pacífica, en cuanto dejan de entrar lanchas al puerto y se acalla el griterío de las gaviotas que pueblan un peñasco elevado en el centro de la bahía. ¡No hay música!


Salimos a las 0730 rumbo a Milazzo.  

Cefalú desde el E


Al día siguiente, más de lo mismo. Motor y viento incómodo en contra que nos impide velear. Calor y tranquilidad en cubierta. La vista de la costa de Sicilia se completa con una perspectiva adicional de las Islas Eólicas: Alicudi, Filicudi, Salinas, Lípari, Vulcano, Panarea y, finalmente, el cono rotundo, perfecto y omnipresente de Strómboli, el volcán activo que ya visitamos (es un decir, realmente “rodeamos”) hace cinco años.

Las Eólicas


La ruta nos lleva hasta la punta del cabo de Milazzo, que remata una larga lengua que se extiende unas tres millas hacia el norte.

Cabo de Milazzo visto desde el N

Tras dar la vuelta al cabo, no hemos recorrido ni una milla en dirección sur cuando decenas de lanchas rápidas y motoras, salidas de la nada, aparecen por nuestra popa. No vienen juntas, pero vienen en manada. Regresan de las islas a las dos marinas que se abren al norte de la ciudad de Milazzo: hoy es domingo y han apurado el fin de semana. Nos adelantan a toda velocidad, en andanadas sucesivas, generando olas cruzadas que nos hacen bailar violentamente. Llegan a ser peligrosas para un pequeño velero a nuestro estribor que se mueve como un tentetieso, aunque a sus tripulantes no parece importarles, pues hacen la misma ruta que las motoras. 

Milazzo es una ciudad relativamente grande, con un puerto comercial y un complejo con chimeneas e instalaciones industriales. La península hacia el norte, larga y estrecha, promete garantizarnos un fondeo tranquilo, protegidos del viento Oeste que se espera esta noche.

¿Tranquilo? Va a ser que no. A la llegada a la bahía vemos que corresponde justo con el centro de la ciudad. Estamos a unos pocos metros de lo que parece ser una plaza céntrica, colapsada de coches y de gente hasta la madrugada. No hay mucho sitio para fondear, sólo un pequeño rincón que ya está ocupado con tres catamaranes. El fondo es profundo e irregular, de 5 a 12 metros, y totalmente oscuro. ¡Qué distinto a los fondeos anteriores! Tras varias vueltas a la zona, nos decidimos por un hueco, pequeño pero razonable, junto a unas boyas, vacías, de lanchas locales. En la minúscula rada hay dos restaurantes con terrazas que asoman sobre la playa de rocas. No es lo ideal, pero nuestra ancla Delta parece haberse clavado bien y el fondeo pinta seguro.

Cómodo no es, en absoluto. El swell del viento Este que ha soplado durante el día y los ferries ultrarrápidos que enlazan Milazzo con las islas nos mueven bastante. Lo previsible es que ambos desaparezcan durante la noche, pero, de momento, habrá que tener cuidado con las copas del vino que vamos a despachar en la cena. 

Fondeo en Milazzo

Fin de la etapa. Mañana empezamos otra: Messina. Hemos batido nuestro récord de distancia a casa con el Sargantana, estamos ya un poquito más al Este de Strómboli. A partir de este momento todo será nuevo e inexplorado (terra ignota) para nosotros :D




viernes, 2 de julio de 2021

Etapa 3: Cerdeña - Sicilia. Memento (2000)

Fotograma de “Memento” (2000)


De nuevo un cambio de planes.

La verdad es que era de esperar. La planificación meticulosa de este viaje, que comenzamos en invierno, es eso, un ejercicio bonito y tentativo. Pero a la hora de la verdad, papel mojado. Era de esperar

Hoy saltamos a Sicilia, el último de los cruces con noche incluida, al menos en la ida. 

La idea inicial era recalar de nuevo en las islas Eólicas, al norte, como en 2016. Una etapa larga, de tres días y dos noches, con una recalada final en una marina en Lipari, un lugar que nos fascinó la última vez. 

Pero los vientos van a ser flojos todo el camino, y la idea de una nueva motorada de tres días seguidos no anima mucho. Además, España juega en la Eurocopa contra Suiza el viernes por la tarde, y quizá podríamos verlo en RAI1 si tratamos de fondear más cerca, en la zona de Palermo. Así que dicho y hecho, planeamos un salto en dos dias y una noche, y así llegar antes de las 1800 al fondeo.

Salimos muy pronto, a las 0500. El fondeo de Villasimius, que había sido una maravilla de calma la noche anterior, se convirtió a media noche en una batidora, porque Eolo decidió unilateralmente cambiar sus planes, él también, y rolar al SW. Sin más, deshacemos el fondeo y a navegar.

Cuando en un fondeo sin viento entra ola de swell (mar de fondo), por muy pequeña que sea, los veleros monocasco oscilan de un lado a otro como un columpio. Este es el caso, salvo porque la ola no tiene nada de pequeña. En el camarote de proa el balanceo es, sencillamente, insoportable. Nos despierta y no podemos sino levantarnos, aunque sean las cinco de la mañana… 

El madrugón merece la pena. Aún no ha amanecido, está rompiendo el alba y la luna brilla intensa como reivindicándose, porque le quedan pocos días para esconderse de nuestra vista. 

Capo Carbonara al alba


El mar está agitado, con eses ola característica del viento del día anterior. El amanecer nos encuentra rodeando el Capo Carbonara, entre el cabo y la Isola  dei Cavoli. La luna sigue ahí en lo alto, a nuestra popa, sobre el faro de la isla. A babor, las playas de la cara Este del cabo, donde los barcos duermen quietos. La previsión, una vez más, nos ha jugado una mala pasada y nos ha hecho escoger la cara del cabo equivocada.

   
Isola dei Cavoli desde el E
Claramente el tiempo ha cambiado. El cielo vuelve a estar limpio y el aire es fresco y seco. Muy poco viento y mar plana que cruzamos a motor hasta las 1900. Catorce horas de motor. Ya nos vale…

Hoy esto es el club de lectura del Sargantana. Cada uno de nosotros en su banco de la bañera, sumergido en su libro, y el piloto automático haciendo su trabajo. A las 1900 entra un Sur ligero a un descuartelar que nos permite, por fin, poner el Sargantana a velear. No son más de diez nudos, pero suficientes para deslizarnos a más de cinco nudos directos hacia la bahía de Mondello, junto a Palermo, que, a priori, parece un buen sitio para fondear

Ruta Cerdeña- Sicilia


Por la noche, ninguna incidencia. Mi guardia de lectura y podcasts en cubierta, casi sin cruces de barcos. Sigo de vez en cuando por el AIS a Ivana y Carlos que, en el Krait, parecen ir a motor a toda leche hacia Trapani, mucho más al sur que nosotros.

Doy el relevo a Luis a las 0330. Me había ido a la cama pronto pero, por alguna razón, tardé mucho en conciliar el sueño. Es posible que las cocacolas de la tarde, que a Luis le vinieron tan bien para su primera guardia, hayan tenido algo que ver :)  En la duermevela que precede al sueño, los movimientos de la proa me provocan ensoñaciones estrambóticas de toboganes, montañas rusas y pendientes sin fin. Siento además cosquillas por las manos y en mis sueños las noto hincharse. Me prometo reducir la sal (y las cocacolas).

Antes de acostarse Luis, recogemos el génova y hago mi guardia a motor. Noche tranquila en la que puedo ver tres o cuatro capítulos de la serie “Relatos con-fin-a-dos”, que no sé por qué no había descubierto antes. Pero la recompensa de esta segunda guardia llega con el alba y con un amanecer como todos, como ninguno. 

Amanacer en el salto de Cerdeña a Sicilia


Por la mañana seguimos nuestro andar suave y continuo hacia Mondello. La imagen de la costa de Sicilia al despertar, con sus colinas recortándose sobre la bruma y el azul, es visualmente impactante; me retrotrae a cinco años antes, y sufro amnesia anterógrada, como Leonard en la película Memento. Busco en este blog las entradas de Palermo y de las Eólicas. Sé dónde estoy. Estoy donde hace cinco años. Pero por un momento olvido lo que ha ocurrido en todo este tiempo, que ha pasado rápido como un suspiro…

Sicilia a la vista
Avistando Sicilia, arrío el pabellón sardo, pero dejo el de Italia. Es costumbre entre los navegantes honrar las aguas por la que navegan con una pequeña bandera, llamada pabellón, ondeando en estribor. Aunque sólo hayan sido unas horas, nos gusta lucir la enseña de Cerdeña, la “bandiera  dei quatro mori”, o “is cuatru morus” en sardo, con la cruz de San Jorge enmarcándolos. Para quien tenga curiosidad, la historia de la bandera de Cerdeña es muy entretenida de leer. Mezclando historia, tradición y fantasía, rememora los tiempos en que la isla formaba parte del reino de Aragón bajo el rey Pedro III, quien había ganado la batalla de Alcoraz con la ayuda milagrosa de San Jorge. 

Arriando el pabellón de Cerdeña



Sicilia nos recibe con sus impresionantes costas verticales de piedra. Es sobrecogedor. Hasta donde se pierde la vista la costa es así, abrupta, rocosa, desnuda. El Capo Gallo nos espera con su aspecto de fortaleza de otra época. 

Capo Gallo


Llegamos a la bahía de Mondello. Memento. Ya hemos estado aquí  A las 1630 bulle de lanchas, windsurfers y regatas de vela ligera. Resulta complicado encontrar un fondeo entre tanto jaleo. Veinte nudos de viento del NW con algo de ola. Según el parte, debería caer por la noche. 

Hemos llegado a Sicilia.

Fondear con 20 nudos. Bien por nosotros. Somos pocos barcos y muchos parches de arena, pero hay que sortear a los chavales, evitar la posidonia y alejarse de las boyas de las innumerables barquitas y gommoni, que dan tumbos violentos subiendo y bajando una ola despiadada. Los chavales de los láser lo encuentran mucho más divertido que nosotros y entrenan tácticas de regatas, sin importarles que, hoy, las boyas seamos móviles.

El viento tarda en amainar, pero acaba bajando al caer la tarde. Con el crepúsculo se encienden las luces, enmarcando la bahía. Destaca, en el centro, el llamativo edificio renacentista que en tiempos pasados fuera un balneario de veraneo para la alta sociedad de Palermo, y que tanto me impresionó en el viaje anterior. Memento. 


Bahía de Mondello desde el fondeo, por la tarde


Hoy no tenemos procesión, como hace cinco años, pero sí un swell espaciado un poco incómodo y, cómo no, ambientación musical al caer la noche. En estéreo: jazz al noroeste, reggaeton al sureste. 

El poco viento es suficientemente NW.

  Bahía de Mondello desde el fondeo, de noche