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miércoles, 11 de mayo de 2022

2022 - 5ª etapa: Malta. Juego de Tronos (2011)




Miércoles, 11 de mayo

Antes de salir hacia La Valeta (Il-Belt Valletta) queremos explorar con la lancha auxiliar la zona de la isla de Comino donde hemos fondeado. La Crystal Lagoon y, sobre todo, la Blue Lagoon, son destinos obligados del turismo de masas, esos sitios donde, sí o sí, hay que ir. 

Parece que las hordas que cada día invaden este paraje no son muy de madrugar. El mar está como un estanque. Solo alguna neumática como la nuestra, o los transbordadores entre Malta y Gozo que pasan a lo lejos, levantan alguna ola ligera, muy de vez en cuando. Este es uno de esos fondeos en los que el barco parece que no flota sino que se suspende en el aire, sujeto al suelo como el globo de un niño.


Y eso nos permite recorrer con calma cada cueva, cada recodo entre las rocas, como jugando al escondite. Un lugar extraordinario.





Estrenamos la semirrígida Hércules que nos ha pasado Manel. Nada que ver con la navegación titubeante de nuestro viejo Arimar. Otra más de las mejoras de este año.




A las nueve de la mañana no hay ningún barco fondeado y solo algunos turistas, que acaban de llegar en una lancha a la zona de atraque de la Blue Lagoon, caminan sobre los acantilados y nos hacen fotografías como si formáramos parte de la atracción del lugar.  

Pero a eso de las 12, como en el cuento de Cenicienta, la magia se acaba. Las primeras unidades de la flota de turistas ya se dejan ver en el horizonte. Como los motoristas en Mad Max, como la invasión presentida del turco, con su música y sus toboganes, con sus selfies y sus gritos, ya llegan. Ya están aquí. Hora de huir. 



Arranchamos lo más rápido que podemos y ponemos proa a La Valeta. En el camino tratamos de gestionar la reserva en una de las muchas marinas del puerto. Entre tanto preparativo y, sobre todo, con tanto cambio de planes y de fechas, lo hemos dejado para el último momento. Bah”, pensamos, “es temporada baja”. Error. Es más complicado de lo previsto conseguir amarre. No éramos conscientes (aunque lo dice claramente en el derrotero) de que en Malta hay que solicitar los permisos de entrada con al menos 24 horas de antelación y enviar toda la documentación, incluidos certificados COVID, para que te dejen atracar. 

Pedimos amarre en la Grand Harbour Marine, que tiene los pantalanes en la ensenada de Birgu, una de las Tres Ciudades, en el mismísimo  centro histórico, rodeada de palacios. Afortunadamente todo es más sencillo (y algo más barato) en temporada baja, y conseguimos que nos den el permission granted  en solo unas horas. De hecho, ya estábamos empezando a hacer tiempo dentro del puerto.

Llegar a Valletta con las velas arriba es toda una experiencia. Ya nos lo había avisado Mitxel. Al doblar la verde descubres el reflejo cegador del sol en el agua de una bahía impresionante, el Gran Puerto. Al él se asoman la capital, La Valeta, y las Tres Ciudades: Cospicua, Senglea y Birgu, la Città Vittoriosa, la que resistió y venció a los otomanos en las batallas del Gran Sitio de 1529.

Llegando a la bocana y del Gran Puerto


Si la costa de Malta está hecha de luz y de piedra caliza, La Valeta y las Tres Ciudades están hechas de historia. En ningún otro puerto del Mediterráneo en el que hayamos estado hemos sentido el peso de la historia tan apabullante al cruzar su bocana. Ni en Corfú, ni en Siracusa, o Alghero.

Fortificación de La Valeta, a la entrada del puerto


Con las grandes paredes de la fortaleza de Valletta por estribor y las amplias ensenadas de las Tres Ciudades por babor, el Gran Puerto parece sacado de una película. Puedes imaginar el fuego cruzado entre la flota turca y las murallas durante el Gran Sitio, pero también la flota de Daenerys, con sus dragones sobrevolando y escupiendo fuego. 

Como dicen los ingleses, breathtaking.

Pasamos solo 24 horas en la Grand Harbour Marine. Con seguridad merece mucho más, varios días, para poder recorrer con calma ciudades y calles, museos, palacios e iglesias, porque Malta es como el jirón de un sueño. 

Grand Harbour Marine, en el casco histórico de Birgu


Aún así, aprovechamos el Tiempo como nadie. Subimos a La Valeta por el ascensor de los jardines de Barrakka, al que nos lleva un tipo rubio y sonriente, de raza indefinida, patrón de uno de los dghajsa, los tradicionales barco-taxis que te cruzan la bahía por dos euros. 

Cruzando a La Valeta en dghajsa



Y desde allí podemos ver la dimensión fantástica del Gran Puerto. Y recorremos  la larga calle de la República y los grandes palacios, y el Parlamento, y la vasta plaza de la Fuente del Tritón, y las catedrales. Y nos perdemos en el dédalo de calles de nombres evocadores, y escuchamos a los locales hablando en maltés, esa especie de árabe, o quizá turco, con acento italiano.

La fuente del tritón, recién restaurada en 2018 para suprimir la polémica columna central que una restauración anterior había añadido y que no gustó a nadie, ni siquiera a su artífice. 


Y visitamos la desierta parroquia de San Lorenzo de Birgu, donde el párroco nos muestra las pinturas, la sillería de coro donada por la Inquisición, el altar original de mármol de Carrara, la cúpula reconstruida tras los bombardeos alemanes en la Segunda Guerra Mundial. 

Y nos cuenta, orgulloso, la gloria de Birgu y sus tesoros “cuando Valletta ni existía”, y la estatua de un San Lorenzo engalanado, con su gran parrilla reluciente, que trajeron los aragoneses. 

Figura de San Lorenzo con la parrilla. En la peana se puede ver el escudo del reino de Aragón. 


Y nos habla del Gran Sitio, y de la Inquisición, y de la guerra, y del Gran Maestre, y de los caballeros de la Orden de Malta. Y mientras habla, con su inglés exquisito y pausado, se me ocurre que, en esta travesía en la que el tiempo se mueve caprichosamente hacia atrás y hacia adelante. esta etapa nos ha llevado hacia atrás. Mucho más atrás si cabe.

El fuerte de San Angel, en Birgu, donde los Caballeros de la Orden de Malta combatieron a los turcos durante el sitio de 1565. Fue después cuando construyeron la ciudad fortificada de Valletta.


Nos encanta Malta y sin duda volveremos, quizá en el viaje de regreso. Pero en este momento nuestra prioridad es llegar a Grecia lo antes posible y aprovechar la ventana de buen tiempo (e incluso buen viento) de los próximos días. 

Es difícil expresar con palabras las sensaciones que te producen algunos lugares. Me ocurrió el año pasado con la pequeña Noto, en Sicilia. Este año me ha sucedido con La Valeta, que, al igual que Noto, es Patrimonio de la Humanidad.

Aunque leas y veas fotos, nada te prepara suficientemente para la experiencia de entrar en barco al Gran Puerto de La Valeta, el mayor del Mediterráneo. Ya desde lejos se distinguen las fortificaciones, con un color como de piedra abrasada por el sol. Se entremezclan en el puerto con los violentos dorados de las edificaciones de piedra. Arcos, fachadas, balcones, ventanas, cúpulas, se aprietan a ambos lados del canal mientras alcanza la vista, antes de desdibujarse al fondo de la bahía, confundidos entre las siluetas del puerto comercial. 

Hemos elegido la Grand Harbour Marine ex profeso para estar en una de las Tres Ciudades. Pertenece a una cadena de marinas inglesa, como tantas cosas en Malta. Está en la ciudad de Birgu. Exquisitamente inglesa, ocupa prácticamente todo el paseo marítimo del casco histórico de la ciudad. Los primeros pantalanes, los más cercanos al canal central del puerto, impresionan por el número de megayates. El contraste con las pequeñas lanchas de Senglea, en la orilla de enfrente, es verdaderamente llamativo. 

Grand Harbour Marine, Birgu. Al fondo, la ciudad de Senglea, otra de las Tres Ciudades


Hay que ir bien al fondo de la ensenada para llegar a los pantalanes de los barcos modestos, con calles tan angostas que la maniobra de atraque se hace complicada incluso sin viento. A cambio, la ubicación es magnífica, justo al lado de la zona de amarre de los taxis municipales y al pie de la plaza principal de la ciudad, a la que se sube por una calle estrecha y empinada. 

El acceso a nuestro pantalán, justo frente al  monumento de la victoria y la colegiata de San Lorenzo 


Estos taxis del Gran Puerto son una atracción en sí mismos. Los dghajsa tal-pass, o simplemente dghajsa, son una especie de góndola colorida, tan típica maltesa como los luzzu, las lanchas de pesca. Los dghajsa llevan transportando pasajeros de una lado a otro del Gran Puerto desde el siglo XVIII. De cuatro en cuatro personas, y con el fueraborda que sustituye a los antiguos remos, hacen el recorrido entre las ciudades en riguroso orden. Un cartel en el embarcadero informa de que son taxis oficiales y tienen la obligación de extender un recibo. 

Zona de atraque de los dghajsa


La llegada en barco-taxi nos hace recorrer Valletta al revés, empezando por sus calles más antiguas para terminar en la grandiosa puerta de acceso a la ciudad vieja. El proyecto data de  2011 y es, sencillamente, fabuloso. Resulta admirable cómo han conseguido integrar estas construcciones brutalistas, modernas, sin perder el estilo de la ciudad. La puerta en la muralla; el puente sobre el antiguo foso; el colosal edificio del parlamento; la reinvención de los restos del Teatro de la Ópera

Edifico del parlamento de Malta, del arquitecto Renzo Piano

Fachada del parlamento


La ópera no es el único vestigio de los sitios y bombardeos que ha sufrido La Valeta. Es imposible estar en esta ciudad sin que la imaginación vuele a los centenares de batallas que se han sucedido aquí. 

Iglesia de Santa Catalina de Italia 

Albergue de Castilla 


Cenamos en uno de los muchos establecimientos que hacen las veces de tabernas y bares de copas, con sencillas terrazas de dos o tres mesas en la acera y comedores interiores estrechos y pintorescos. 

Las calles están animadas y hay música en vivo aquí y allá. Volvemos en la línea 2 del autobús municipal, que nos deja en el centro de Birgu tras 20 minutos de conducción temeraria por las vías principales y de culebreo imposible por las calles estrechas y empinadas.

Es de noche en la Grand Harbour Marine


Y salimos en dirección Grecia. Nos levantamos bien pronto y hacemos compra de productos frescos en los pequeños colmados de Birgu, que abren sus puertas antes de las 8 de la mañana. Aprovechamos para pasear y conocer la ciudad, que resulta ser pequeña, de calles estrechas, empinadas, muy cuidadas, llenas de plantas y limpias, muy limpias. Con pequeñas plazas y casas de piedra con balcones coloridos, bien conservadas, muchas de ellas en restauración. Se respira en cada rincón el orgullo de sus habitantes y el amor por su Citá Vittoriosa.

Calle de Birgu

Calle de Birgu 


Previo a zarpar, y ante la inexplicable ausencia de puntos de repostaje para yates en una ciudad volcada a los barcos, Luis se ha aventurado con un improvisado “taxista” local hasta una gasolinera en Paula y ha vuelto con dos jerry cans llenos para el viaje. 

A las 1300 estamos recorriendo en sentido inverso el inmenso puerto que, menos de 24 horas antes, nos daba la bienvenida desde sus fortalezas y sus palacios de piedra. Nos esperan cuatro días seguidos de travesía, de nuevo hacia destinos no conocidos.


Jueves, 12 de mayo









En NoForeignLand puedes leer sobre Crystal Lagoon y  La Valetta y también seguir a Sargantana

domingo, 8 de mayo de 2022

2022 - 4ª etapa: Trapani - Gozo (Malta). El halcón maltés (1941)



Lunes, 9 de mayo


Parece que por fin amanece un día luminoso y primaveral. El fondeadero de Trapani, uno de nuestros favoritos de siempre, es hoy un estanque, solo perturbado a ratos por la ola de los ferries que van y vuelven, ya de buena mañana, a Favignana, al resto de las islas Égadas y, probablemente, a la costa continental.

Fondeo en Trapani, en Sicilia

A esta hora nos acompañan únicamente dos veleros franceses que viajan juntos. Un pequeño ketch y el trimarán más raro que haya visto nunca, una especie de “velero con ruedines” que debe de venir muy bien para que no se te caiga el niño al suelo cuando le cambias los pañales mientras navegas. 

Trimarán francés

 
Digo esto porque los ocupantes son parejas muy jóvenes, con bebés que lloran y muchos niños que juegan en cubierta. Aunque están muy cerca, la verdad es que no molestan. Mientras desmonto la trinqueta y pongo en orden la cubierta, que dejamos bastante de mala manera ayer cuando echamos el ancla ya de noche, me entretengo en observar sus idas y venidas en neumática, transbordando churumbeles y biberones de acá para allá. 

Hemos visto bastantes de estos veleros, en configuración “hippies con bebés”, a veces con perro como equipamiento opcional y son, inevitablemente, franceses. 

Y no sólo esa. Hay otras configuraciones inequívocamente nacionales, como por ejemplo la versión “flotilla holandesa”, que se compone de grupito de veleros llenos de tíos espigaos, chaquetón Helly Hansen, aunque haga sol, y chaleco bien calado hasta con viento cero. Siempre muy juntitos, veleros y espigaos, como si fueran el Ajax de Amsterdam.

O la versión “velero azul marino”, inevitablemente ingleses. Con nombres siempre compuestos (tipo “Wuthering Heights of the Seven Seas” o “Tangerine Dreams of the Drunken Sailor”). Los que ponen bola de fondeo hasta cuando paran a echar gasoil. Normalmente, pareja de abuelitos en la que él, probablemente, fue oficial en la Navy y va por su segunda vuelta al mundo.

O los alemanes, que siempre verás en el lugar central de la cala, cerveza en mano, vigilando atentamente el fondeo de la flota, independientemente de que hayan llegado los primeros o los últimos. Normalmente en configuración “señor gordito con bigote o barba que no se ha echado suficiente crema solar”.

Y, por supuesto, los polacos. Indefectiblemente españoles o italianos “disfrazaos”. Heterodoxos, ruidosos, frecuentemente insoportables, casi siempre simpáticos. Si son de la subvariante ítala, con equipamiento de serie consistente en bambina en biquini tumbada en la proa (a lo suyo) y bambino lánguido recostado en cubierta (también a lo suyo). Y si son spagnolos, pues eso, nosotros…

Uf, me pierdo en la disgresión. Vuelvo a Trapani

Hoy toca etapa “llana”.  A las 1130 salimos rumbo a Malta, el Sargantana perfectamente ordenado y a son de mar. 

Salida de Trapani


Seguimos teniendo, igual que ayer, visitas de pájaros de distintos tipos. Otra curiosidad, porque nunca habíamos tenido tantos aspirantes a polizones. No soy ornitólogo, así que no me atrevo a aventurar la “marca y modelo”, pero los vimos de todos los colores y tamaños, y en general bastante sociables. Alguno se subió al Sargantana muy lejos, a más de 20 millas de la costa, y no bajó hasta avistar tierra, así que suponemos que tuvieron problemas de orientación por los vientos fuertes.



Yo tampoco soy ornitóloga, pero no hace falta mucha ciencia para saber que ninguno de los que nos visita es un halcón ni, por supuesto, maltés. Son aviones,  mosquiteros y uno de pecho amarillo que podría ser un carbonero. En cualquier caso, son bienvenidos, siempre y cuando no revoloteen cerca de mí:  me pone muy nerviosa y suelto grititos que luego Luis se encarga de reflejar en el blog con muchas vocales seguidas.

y 

El primer día tenemos viento de popa, con los restos de la borrasca generando tremendos cúmulo-nimbos que descargan sobre las montañas de Sicilia. Navegamos muy rápido, sólo con génova, hasta última hora de la tarde, cuando el viento pierde fuelle y nos condena al aburrimiento del motor el resto de la jornada. 


Navegando solo con génova y grandes nubes de tormenta

La noche la ameniza el espectáculo de los cargueros cruzando en dirección NE-SW y viceversa, en rumbos similares al nuestro, lo que hace de Sargantana una lagartija en la senda de los elefantes, tomando precauciones para no ser pisoteada por uno de ellos.


Monitorizando cargueros en OpenPlotter


Martes 10 de mayo


Hoy llegamos a Malta. Son casi las cinco de la tarde cuando la costa de la isla de Gozo empieza a dibujarse de forma distinguible en nuestra proa. Es el primer destino no conocido de este viaje y nos puede la ansiedad anticipatoria. 


Con luz de tarde, avistamos el extremo NE de la isla de Gozo


Por fin de la borrasca solo quedan coletazos, dejando cielos azules y un sol que ya es de verano. La luz se refleja en la roca caliza de una forma especial, casi mágica. La costa de Gozo es espectacular, con acantilados altos y claros frente al sol de tarde. 

La costa sur de la isla de Gozo en dirección SE



Después de muchas horas de motor, disfrutamos por fin de un NE vigoroso que nos desliza por un mar sin olas. Queremos arriar velas en el lugar donde se encontraba la Azure Window, el colosal puente natural, famoso escenario de la boda de Daenerys en Juego de Tronos, que se derrumbó en 2017, pero que no ha dejado de ser lugar sagrado de peregrinación turística. Lo cierto es que no se ve nada: un aviso en Navionics de que el nuevo fondo no está perfilado en las cartas y es peligroso acercarse demasiado es lo único que queda de uno de los iconos mediáticos de los últimos tiempos y uno de los símbolos nacionales Malta.


Entrada a la cala Dwejra


Fondeamos en la conocida Crystal Lagoon, en la pequeña isla de Comino, entre Gozo y la isla de Malta. Llegamos con apenas luz y buscamos una zona de arena sin rocas para tirar el ancla con seguridad, junto a las grandes paredes de piedra. El contraste entre rocas y arena en el agua clara, en un fondeadero desierto, le dan un aire fantasmagórico. 

 

Aguas cristalinas y fondo de arena y rocas en la Crystal Lagoon

 
Estamos solos. Sólo dos veleros más comparten fondeadero, si bien ellos bastante alejados de la línea de costa. En la piscina que forma la erosión de la roca caliza no entra nada de viento. El agua sólo se agita ligeramente, a intervalos, con el rescoldo de la ola lejana que generan los curiosos trasbordadores de dos proas que cubren, cada media hora, la ruta entre Malta y Mgarr, el puerto de Gozo.

Transbordador Malta-Gozo


Nuestra primera noche maltesa es para no olvidar.

Puesta de sol desde el fondeo


Miércoles, 11 de mayo
 




sábado, 7 de mayo de 2022

2022 - 3ª etapa: Villasimius - Trapani. La caza del Octubre Rojo (1990)


Sábado, 7 de mayo

Cuatro días parados en Villasimius. Demasiado. Tenemos ganas de continuar.


El parte meteorológico parece hoy algo más optimista, aunque la borrasca sigue instalada entre Cerdeña y Sicilia. Por la mañana soplará viento fuerte del norte, con chubascos hasta más allá de mediodía, y por la tarde se supone que bajará algo, pero, eso sí, con una ola de casi dos metros.


Y aciertan. La mañana se levanta justo como estaba previsto: intervalos de lluvia y viento racheado, duro y frío. Pero a mediodía las nubes ya no son tan compactas, deja de llover y el viento del norte se hace menos desagradable, por el sol tímido que se empieza a adivinar entre ellas.


Definitivamente nos vamos. Pero hay que esperar hasta las dos, porque nuestra vecina Nicky va a pasar por casa para ayudarnos con los problemas de internet que estamos teniendo. Una vez resuelto ponemos rumbo directo a la costa oeste de Sicilia. 


Zarpando hacia Sicilia

Trinqueta, mayor con dos rizos y todo en el barco bien trincado. El Sargantana salta sobre las olas de casi dos metros a siete nudos, empujado por más de 20 nudos del través. Mejor gobernar a mano que dejarle la tarea al piloto. Vale, Eolo, hoy sí te has portado.


Con trinqueta y dos rizos

Hay que negociar los chubascos que descargan ocasionalmente aquí y allá. En el cielo, de un azul intenso, se ven nubes dispersas de evolución vertical que dejan agua muy visible en la distancia (y  en el radar).

Virgulas del chubasco cercano por la aleta de babor

El chubasco cruza rápido a la aletazo de estribor


Si todo va bien, deberíamos estar en la costa de Sicilia mañana al caer la tarde. Pero esta noche tenemos la primera movida curiosa de la travesía. 


Diez de la noche, en algún punto del canal entre Cerdeña y Sicilia. Oscuro como boca de lobo. El cielo se ha cubierto progresivamente y amenaza lluvia. El viento ha ido bajando hasta los 12 ó 14 nudos y ya no esprintamos como antes. Decidimos quitar un rizo antes de la primera guardia, que es la mía.
Pero, al acabar la maniobra, nos damos cuenta de que quitar un solo rizo no es suficiente. El viento sigue bajando y va rolando hacia la aleta. Nos estamos parando. 


Habría que quitar el otro rizo y, además, desmontar la trinqueta y volver a sacar el génova… Una maniobra compleja, de noche y con esta ola, porque hay que ir a proa a cambiar las escotas y colocar la vela. Y no sabemos si durante la noche las cosas se pueden complicar. Dudamos. Lucía y yo discutimos las opciones en cubierta.


Y, mientras tanto, en la radio se sigue oyendo la farfolla habitual de mensajes de la Circomare italiana (que no se calla ni debajo del agua) y, de vez en cuando,  las mamarrachadas de los operadores de radio filipinos de los cargueros cercanos, que se aburren por la noche y deben de quedar para hacer el cafre. Ya ni la oímos. Pero de repente Lucía se para y dice: “¿Han dicho Sargantana?”


Nos quedamos un momento en silencio. No mola que te llamen por el canal 16, precisamente a ti, en una noche tenebrosa entre Cerdeña y Sicilia, rodeados de borrascas. Mal momento. Al cabo de unos segundos, oigo:

  • “Sargantana, Sargantana, Sargantana. Here is war vessel Foxtrot Tango Lima five nine. Do you read me? Over.”
Joder, la Marina… Bajo a la cabina y cojo la radio:

  • “Here is vessel Sargantana. I can read you. Over."
  • “Sargantana, you are in collision course with one of our vessels. You need to change your course immediately. Switch to channel fifty six. Over.”
Definitivamente no suena italiano, ni filipino. Más bien del Este, digamos… OTAN. Espero que no ruso.


Muevo el dial. Dieciséis, diecisiete, dieciocho,…ventisiete, veintiocho, veintinueve, sesenta, sesenta y uno,… mmmm… ¿cincuenta y seis?… Yo no tengo canal cincuenta y seis. Mierda… ¿ha dicho  cincuenta y seis?


Noto que se me ha pasado el frío. No encuentro el canal 56. ¿Los rusos tendrán canal 56?… Mierda… Decido volver al canal 16 y ver si hay alguien:
  • “War vessel calling Sargantana, do you read me? Over.”
Silencio radio. Imagino a la panda de operadores  filipinos a la escucha, descojonaos de la risa. Mientras espero, aprovecho para llamar a Lucía, que debe seguir con sus rizos.
  • “Lucía, que dicen que nos llevamos por delante un barco de guerra. ¿Puedes mirar si hay luces, o el radar, o el AIS?”
Pero el ruso ya ha vuelto al canal 16. Esto es como el gato y el ratón.
  • “Sargantana, Sargantana, here is war vessel Foxtrot Tango Lima five nine. Go to channel six. Over.”
Estoy a punto de responder “a la orden”, pero no lo sé decir en inglés (bueno, ni en ruso), así que me conformo con un:
  • “Here is Sargantana, going to channel six. Over.”
Cambiemos al canal seis…., de ese sí tengo…


Allí me espera Foxtrot , que va directo al grano:
  • “Sargantana, you are in collision course with one of our vessels. Change you course to clear at least one mile. Over.”
Mierda, tengo que dejarle una milla de espacio pero ¿donde coño está? Me decido a preguntar:
  • “I can not see you. Do you have AIS? Over.”
Cuando lo acabo de decir me doy cuenta de la estupidez. Los barcos de guerra NO EMITEN EN AIS.

A todo esto, Lucía debe de haber encendido el radar y me grita desde cubierta:
  • Luiiiiiis, en el radaaaaar. Nos rodeaaaan. ¡¡¡¡Están por todas parteeeeees!!!!
A Foxtrot Tango Lima se le están hinchando las gónadas:
  • “Sargantana, change your course to 120°, NOW.”
Ni over, ni leches.

Vale, haber empezado por ahí.

Le doy instrucciones a Lucía. Cambiamos el rumbo. A vela y con ola, lo de ir al 120º exactamente no es tan sencillo, pero supongo que Foxtrot no será tan tiquismiquis. Supongo, porque no vuelvo a saber nada de él. 


Al poco vemos las luces. Efectivamente, están por todas partes. Pasa muy cerca, por babor, una luz roja como suspendida en el aire, a unos metros sobre el agua. Está demasiado oscuro para adivinar qué es.


La luz sube y baja. De repente, desaparece, para reaparecer unos metros más allá. Se aleja. Se acerca. Sube. Baja. Se desvanece… No somos capaces de averiguar qué es. Un dron no parece, aunque se oye ruido como de rotores. Un barco no es, al menos según mi temario de PER. Apostamos por periscopio


Nunca lo sabremos con seguridad, pero hemos decidido que esa noche fue la noche en la que casi nos comemos al Octubre Rojo.


Superado el encuentro, me voy a dormir para hacer la segunda guardia. La noche es a motor y a palo seco. Por la mañana se puede sacar génova y, más adelante, mayor.


Chaleco, arnés, gancho de seguridad y radiobaliza personal

El tiempo va mejorando durante el resto del domingo y el viento va subiendo, lo que nos permite una veleada magnífica de varias horas, en portantes y con una ola divertida que invita a coger la rueda y disfrutar.

Llegamos a Trapani a las 2130, tras 170 millas y 32 horas de navegación. Es noche sin luna, pero el fondeo no tiene complicaciones y nos resulta conocido. Con precaución, sorteamos los tres únicos barcos de la bahía y echamos el hierro, esperando no engancharnos en la chatarra que reportan algunos navegantes en Navily, aunque nosotros nunca hemos encontrado otra cosa que un fango que se agarra pesadamente al ancla y cuesta limpiar. 


Cena y vino en la familiar Trapani, celebrando que al día siguiente la travesía nos llevará a mares y costas completamente desconocidos. 

Domingo, 8 de mayo