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martes, 6 de julio de 2021

Etapa 5: Milazzo - Rocella Ionica. El Padrino (2010)

Cartel de “El padrino”

Messina. El stretto. Uno de los hitos de este viaje. La leyenda milenaria de Scilla y Caribdis, los dos monstruos que hundían los barcos que se aventuraban a cruzarlo, con grandes remolinos a los que atraían con cantos de sirena. Ulises pidiendo a sus marineros que le atasen al palo tras tapar sus oídos y, después, loco de ira, suplicando a su gente que le desatasen al empezar a oír los cantos de sirena. Scilla...

Las corrientes de Messina. Cambian de sentido cuatro veces al día. Los locales las llaman montante (cuando va de Sur a Norte) y scendente (cuando va de Norte a Sur). Las provoca la diferencia de horario de las mareas entre el Tirreno y el Jónico, los dos mares que conecta. En combinación con los vientos (que también suelen arreciar en el estrecho), dan lugar a fenómenos muy curiosos: remolinos, cambios repentinos en la dirección de la corriente, olas rompientes y extrañas zonas de calma. Algo único.

Hoy nos levantamos temprano en Milazzo. El fondeo ha sido tranquilo (en contra de lo esperado) y queremos zarpar lo antes posible para entrar en Messina con corriente favorable.

Las indicaciones en las guías se refieren a las corrientes de Messina por su desfase con la pleamar y la bajamar en Gibraltar. Empezamos ayer a calcular, con el riesgo de volver a equivocarme, como aquel año en el estrecho de Gibraltar. Pero Luis siempre encuentra alternativas: la web correntidellostretto.it ofrece mapas e información detallada por horas y por zonas, que ayuda a planificar con garantías.

Mapa de corrientes en correntidellostretto.it

Madrugar nos permite llegar a la bocana del stretto sobre las 0900, muy poco después del máximo scendente. La entrada por el norte es absolutamente escénica. En un momento dado, la sucesión interminable de playas y villas de vacaciones que desfilan por estribor se detiene para dar paso a una torre de control y una gran antena.

Torre de comunicaciones estrecho de Messina

Hacia el sur se abre Messina en todo su esplendor azulado y brillante. Un pasillo estrecho de agua entre dos vertientes muy verdes. El paisaje es hipnótico y pone un poco los pelos de punta. La sensación es parecida a la de entrar en el Estrecho de Gibraltar por primera vez.


Entrada al Estrecho de Messina desde el norte


Lucía llegaba a Messina con la ansiedad nerviosa del "vaya usted a saber qué nos encontraremos, oiga", pero, en esta mañana luminosa de lunes, Scilla y Caribdis parecen todavía dormidos, o igual están de puente. 

El cruce de Messina es famoso por la dificultad de maniobrar en medio de un tráfico incesante de cargueros y transbordadores que se mueven caóticamente en una especie de autopista gigante. Pero hoy nosotros no encontramos prácticamente ningún barco, ni subiendo ni bajando.

Aquí no hay nadie. Es como la Gran Vía en "Abre los ojos". Y, como Eduardo Noriega, el Sargantana mete 50 grados a estribor y se lanza por el tobogán a más de nueve nudos, empujado por la corriente y por los 15 nudos de viento que entran repentinamente por la aleta. 

Seguimos solos, así que nos entretenemos buscando remolinos mientras bajamos por la margen derecha, la de Scilla. Sí, vemos alguna zona que parece de "agua hirviendo", un bullir de olas confusas que podrían dibujan algo parecido a un remolino. Cruzamos el DST (Dispostivo de Separación de Tráfico) en diagonal, sin obstáculos, solos en esta mañana tranquila de lunes.


El agua “hierve”


Continuamos bajando "a la francesa" (sólo con el génova arriba). A medida que ganamos sur perdemos algo de velocidad y acabamos teniendo que volver a poner motor. Ahora sí, hay que gestionar por fin un par de cruces con transbordadores, pero nada del otro mundo. Ponemos proa a la ciudad de Reggio Calabria, ya en la margen izquierda.


Cruce en el estrecho de Messina

Cruce en Messina


Otros barcos frecuentes en el estrecho son los de pesca de pez espada. Tienen un aspecto muy curioso: un mástil de más de 25 metros de alto, rematado en una cesta en la que se instalan los ojeadores, y un botalón también de un par de decenas de metros, en cuyo extremo viaja el arponero. Sólo nos cruzamos con uno a una milla y no tenemos la suerte de que cobre una pieza, pero verle faenar es una experiencia. 


Nuestro plan para esta etapa es pasar Messina y llegar a la marina de Rocella Ionica, en la costa de Calabria. Son muchas millas, necesitamos dos días, así que hemos planificado una recalada de una noche en la Marina Queen 88, en el puerto de Reggio Calabria. Tras muchos días sin tocar tierra, necesitamos repostar y abastecernos, y este es el primer puerto que encontramos en Italia con precios razonables. 

Entrada al puerto de Reggio Calabria

Pero, claro, todo tiene su precio. Queen 88 no es la Marina más bonita del mundo. Digamos que está bastante arriba en el ranking de puertos cutres y feos en los que hemos atracado. Es una dársena relativamente pequeña en la parte norte del puerto comercial, ocupada en su mayor parte por lanchas pequeñas y tres o cuatro barcas enormes de la "Guardia di Finanza" (los de aduanas). Un barracón de obra con una oficina minúscula, unos baños más que sospechosos, una caseta de carabinieri, una gasolinera (cerrada). Y ya.  

Sin embargo, lo peor de Marina Queen es la ola que se monta en la dársena cuando el viento sopla Norte (como es el caso), y que nos hace dar tumbos todo el día. Y la guinda del pastel: la vía del tren recorre el costado de la dársena por un paso elevado. El ruido periódico de los trenes pasando nos recuerda que hemos vuelto, por un día, al mundo civilizado y urbanita.

Vista del tren en Marina Queen 88

Lo que salva a esta marina de la peor puntuación en Navily es la amabilidad y eficacia de sus marineros, que no dudan en saltar al barco para ayudar con estachas de muertos y cabos de amarre si, como hoy, el fuerte viento dificulta tanto la maniobra. También improvisan una pasarela para Sargantana, pues las condiciones no permiten una proximidad segura al pantalán de hormigón.

Hemos llegado a las 1100, con tiempo suficiente para ir a comprar, preparar algún plato para los próximos días y darle un agua al barco. Localizamos en Google un COOP a 20 minutos andando y decidimos ejercitar las piernas. Así entendemos que la marina está dentro del complejo del puerto y no se puede salir sin recorrer todo el camino, hacia el sur, hasta la entrada de acceso a las instalaciones portuarias. Además, hay que subir una cuesta pronunciada para llegar a las primeras calles de la ciudad, que se me antoja sucia, fea y triste. Aquí no parecen haber descubierto aún los contenedores para las basuras y cada pocos metros se amontonan bolsas y desperdicios. 

El COOP tiene fruta, verdura y frescos a precios realmente buenos. Y, para mi contento, una sección sin gluten más o menos digna que me permite reponer panecillos y crackers. Cargamos cuatro bolsas y una mochila y las señoritas de atención al cliente nos piden un taxi, que nos lleva a velocidad de vértigo, recortando esquinas, sorteando peatones y con alguna dirección prohibida que otra, de vuelta al puerto. 



Claramente no es un puerto para repetir (salvo por necesidad), por mucho que se empeñe la guía Imray. Su autor, un tal Rod Heiskell, relata con todo detalle su entusiasmo por el puerto y la relación con un personaje peculiar: Saverio. 

Heiskell recomienda encarecidamente contactar al llegar al puerto con Saverio, el omeggiatore oficial. Pero es que Saverio (en realidad de profesión taxista) parece ser el factotum absoluto del puerto. El que manda. El que consigue para los navegantes transeúntes todo lo que puedan necesitar, sea transporte de ida y vuelta al supermercado, suministros de estraperlo "di tutta fiduzzia", una reserva en una "trattoria privata", o una bandeja de croissants recién hechos, entregados personalmente en el barco cada mañana. No me atrevo a imaginar qué más cosas puede conseguir Saverio.

Por fin, a media tarde,  Saverio se acerca a nuestro barco para hacer su "presentación oficial". Nos pilla en plena operación de limpiar y endulzar la cubierta y de poner al Sargantana presentable para siguientes etapas..

Saverio es un tipo simpático, bajito y con el rostro acerado del que claramente ha vivido mucho. Heiskell dice de él en su guía que "he probably does not belong to cosa nostra, but surely he knows some of them", y yo le creo

Se me acerca y me entrega pausadamente una tarjeta.

- Buona sera - Es su teléfono y una lista de sus servicios

- Buona sera - Contesto. Nos miramos durante un par de segundos sin hablar. 

Me pasa una fotocopia, casi ilegible, doblada en cuatro pliegues. Es un artículo/entrevista con Rod Heiskell en un diario local, con algunas frases resaltadas con rotulador amarillo.

Recorte de la historia de Saverio

Sono Saverio, e questa è la mia storia. 

Hablamos un rato en una mezcla curiosa de italiano e inglés. Le cuento lo que sé de él por la guía Imray. 

Se ríe.

- Io sono famoso, mister.

Aprovecha para reñirme por no haberle llamado para volver en taxi del supermercado COOP en el que hemos hecho una compra gigantesca (de alguna manera, ya se ha enterado). No sé muy bien qué decir.

- ¿Quante persone stasera in trattoria? - pregunta. 

Me las veo y me las deseo para convencerle de que no, de que mañana salimos pronto. No podemos (ni queremos) ir a cenar a esa trattoria

Me mira con esos mismos ojos entornados de Marlon Brando diciendo "I'm gonna make him an offer he can't refuse".

Fotograma de “El Padrino”

Y me siento un poco como Johnny Fontana ante la mirada imponente de Don Vito Corleone. Por suerte no hace ninguna mención a suministros de contrabando, ni a bandejas de croissants, porque a ver cómo le voy yo a explicar que en el Sargantana es un barco "gluten free" y los croissants tienen la entrada prohibida. Creo que me da por imposible. Alivio. 

Saverio coge del suelo las bolsas de basura que tengo apiladas en el pantalán, se da la vuelta y se marcha camino de la oficina, haciendo caso omiso de mis protestas (y agradecimientos). Me cae bien Saverio

Volvemos a tener el barco lleno hasta los topes de suministros imprescindibles. La bodega llena de vino. La nevera llena de cervezas frías. El Sargantana está listo para el segundo día de travesía de esta etapa.

Segundo día que nos conduce por el Mar Jónico, a lo largo de las costas de Calabria, camino de la marina de Rocella Ionica. Son 70 millas que nos llevarán unas 12 horas. Una vez fuera del estrecho el viento será mínimo, así que una buena parte de ellas serán a motor, como muchas en este viaje.



Desde el mar, en nuestra ruta hacia el sur, descubro que Reggio Calabria es realmente grande. Probablemente el puerto esté en el extrarradio y el centro sea más limpio bonito. No lo comprobaré, al menos en este viaje. 

Poco que reseñar sobre la costa calabresa. Una interminable playa y una sucesión de pequeños pueblos junto al mar. El ferrocarril discurre pegado a la línea de la costa, justo tras la playa, y eso le da un aspecto un tanto feo y desaliñado. Muchas chimeneas de industrias que parecen cerradas y abandonadas. Una costa recta y con pocas referencias.

Fábrica abandonada en la costa de Calabria


Lo más espectacular de este recorrido es el Etna. Nos acompaña durante millas como un inmenso decorado en la popa, rotundo, limpio, sin las nubes que normalmente lo velan. A nuestro regreso, visita obligada.
El Etna en nuestra popa

Nos dedicamos a la lectura y la escritura. Finalmente llegamos a Rocella sobre las 2000.

La maniobra de entrada a la marina es relativamente complicada (según las guías) por la gran cantidad de arena que aterra la bocana. Cierto, hay que seguir con precisión las marcas que publican las cartas y derroteros para no embarrancar. No hay problema. 

Marina Rocella Ionica

España juega hoy con Italia en la Eurocopa de Fútbol y trataremos de sintonizar la RAI para verlo desde el puerto. Los marineros nos reciben simpáticos y nos desean suerte en la partita. Pero eso ya es historia para otro día.

 

domingo, 4 de julio de 2021

Etapa 4: Mondello - Milazzo. Stromboli (1950)

Cartel de la película Stromboli (1950)

Hoy volvemos a la rutina tranquila del costeo. El tiempo acompaña. Sol y poco viento en la salida. El parte promete 10 nudos del Norte que, ojalá, nos permitan velear y quitar el motor.

Esta etapa empieza en Mondello, junto a Palermo, y debería acabar en Milazzo, cerca del estrecho de Messina, uno de los primeros nuevos hitos de este viaje. Son unas 100 millas en línea casi recta, a lo largo de la costa norte de Sicilia. Nos llevará un par de jornadas porque, a partir de ahora, queremos navegar sólo de día y dormir fondeados.

Salimos de Mondello a las 0830. La bahía, que ayer por la tarde y en la noche bullía de lanchas fondeadas a diestro y siniestro, barquitos de vela ligera haciendo regatas, y fuegos artificiales y tifosi tocando el claxon por la victoria de Italia en la eliminatoria de la Eurocopa, se despierta silenciosa, tranquila y sin viento. Hay pocos barcos fondeados, la mayoría catamaranes, y casi todos se han movido durante la noche buscando el resguardo de la playa. El Sargantana se ha quedado solo en el medio de la bahía, un poco en tierra de nadie, como el que pierde en el juego de las sillas y permanece ahí, de pie, cuando para la música, un poco avergonzado y con cara de tonto.

Levo el ancla mientras Lucía organiza el interior para ponernos a navegar cuanto antes. Motor a 2.000 vueltas, rumbo Este y ya veremos hasta dónde llegamos para el fondeo de esta noche. El objetivo es llegar mañana a Milazzo.

Salida de Mondello


Atravesamos la bahía de Palermo. La ciudad se ve inmensa desde el mar. Este año no hacemos escala. Tenemos muy frescas en la memoria las vivencias de 2016 en esta ciudad de contrastes, que eres capaz de adorar y odiar a la vez. 

Durante toda la etapa, Sicilia se desliza suavemente por nuestro estribor como el decorado móvil de una película. Lucía dice que Sicilia le recuerda a un eterno Cabo de Gata replicándose a sí mismo hasta el horizonte. Y es verdad. Farallones enormes que se despeñan sobre el agua muy azul a esta hora de la mañana. Casas bajas y armónicas con el entorno. Nuevamente, es la elegancia de Italia y los italianos, esa que traen de serie cuando nacen y que no les abandona nunca. No se ven bloques chillones de apartamentos ni el guirigay de colores de nuestro levante. Cierto que la elegancia no es tan evidente en el sindiós de gritos nocturnos, ni en las gommoni llenas de parejas de domingueros y de manadas de adolescentes con acné, pero de eso nosotros también tenemos, nadie es perfecto...

 

Hoy no esperamos grandes hazañas marineras, para qué nos vamos a engañar. Así que Lucía va a tratar de recomponer las costuras de la capota, que parece haber llegado a su momento de obsolescencia programada con todas las cremalleras al mismo tiempo. Armada con una lezna y mucha paciencia, recompone puntadas una tras otra.

Reparando la capota antirrrociones


Yo tengo poco que hacer. Ningún bricolaje urgente y poca exigencia de gobierno del barco. Uno de esos días plácidos que decía hace unos días, con una diferencia: estamos relativamente cerca de tierra, hay que tener un ojo siempre pendiente de no pisar una nasa o una gommone aventurera. Y de no ser pisado por un carguero, o una lancha rápida, saliendo de un puerto como un obús.

Día sin viento


Decidimos fondear en la parte Este de Cefalú, junto a la marina. Una ensenada amplia y protegida del viento Norte por un rompeolas. Parece nuestra mejor opción. No es el mejor sitio del mundo, y el agua está algo turbia, pero nos vale como parada intermedia sencilla antes de continuar hacia Milazzo.


Cefalú nos da la bienvenida desde la distancia, con su prominente montículo que recuerda a una gran cabeza (de ahí su nombre). Recuerdo divertida que en nuestra tierra de adopción les llaman cabezos a las elevaciones típicas del campo de Cartagena, de origen volcánico.

Cefalú desde el W


Hace cinco años fondeamos en la bahía oeste, con vistas a la ciudad vieja que se desparrama en las faldas del promontorio. Una vista preciosa, con una puesta de sol extraordinaria. Hoy no va a ser posible, no estaríamos protegidos del viento y del swell. Nos resignamos a rodearlo y fondear en la bulliciosa entrada a la marina. Somos bastantes barcos y estamos cerca, pero todos parece saber lo que se hacen. Tranquilos. 

La noche es pacífica, en cuanto dejan de entrar lanchas al puerto y se acalla el griterío de las gaviotas que pueblan un peñasco elevado en el centro de la bahía. ¡No hay música!


Salimos a las 0730 rumbo a Milazzo.  

Cefalú desde el E


Al día siguiente, más de lo mismo. Motor y viento incómodo en contra que nos impide velear. Calor y tranquilidad en cubierta. La vista de la costa de Sicilia se completa con una perspectiva adicional de las Islas Eólicas: Alicudi, Filicudi, Salinas, Lípari, Vulcano, Panarea y, finalmente, el cono rotundo, perfecto y omnipresente de Strómboli, el volcán activo que ya visitamos (es un decir, realmente “rodeamos”) hace cinco años.

Las Eólicas


La ruta nos lleva hasta la punta del cabo de Milazzo, que remata una larga lengua que se extiende unas tres millas hacia el norte.

Cabo de Milazzo visto desde el N

Tras dar la vuelta al cabo, no hemos recorrido ni una milla en dirección sur cuando decenas de lanchas rápidas y motoras, salidas de la nada, aparecen por nuestra popa. No vienen juntas, pero vienen en manada. Regresan de las islas a las dos marinas que se abren al norte de la ciudad de Milazzo: hoy es domingo y han apurado el fin de semana. Nos adelantan a toda velocidad, en andanadas sucesivas, generando olas cruzadas que nos hacen bailar violentamente. Llegan a ser peligrosas para un pequeño velero a nuestro estribor que se mueve como un tentetieso, aunque a sus tripulantes no parece importarles, pues hacen la misma ruta que las motoras. 

Milazzo es una ciudad relativamente grande, con un puerto comercial y un complejo con chimeneas e instalaciones industriales. La península hacia el norte, larga y estrecha, promete garantizarnos un fondeo tranquilo, protegidos del viento Oeste que se espera esta noche.

¿Tranquilo? Va a ser que no. A la llegada a la bahía vemos que corresponde justo con el centro de la ciudad. Estamos a unos pocos metros de lo que parece ser una plaza céntrica, colapsada de coches y de gente hasta la madrugada. No hay mucho sitio para fondear, sólo un pequeño rincón que ya está ocupado con tres catamaranes. El fondo es profundo e irregular, de 5 a 12 metros, y totalmente oscuro. ¡Qué distinto a los fondeos anteriores! Tras varias vueltas a la zona, nos decidimos por un hueco, pequeño pero razonable, junto a unas boyas, vacías, de lanchas locales. En la minúscula rada hay dos restaurantes con terrazas que asoman sobre la playa de rocas. No es lo ideal, pero nuestra ancla Delta parece haberse clavado bien y el fondeo pinta seguro.

Cómodo no es, en absoluto. El swell del viento Este que ha soplado durante el día y los ferries ultrarrápidos que enlazan Milazzo con las islas nos mueven bastante. Lo previsible es que ambos desaparezcan durante la noche, pero, de momento, habrá que tener cuidado con las copas del vino que vamos a despachar en la cena. 

Fondeo en Milazzo

Fin de la etapa. Mañana empezamos otra: Messina. Hemos batido nuestro récord de distancia a casa con el Sargantana, estamos ya un poquito más al Este de Strómboli. A partir de este momento todo será nuevo e inexplorado (terra ignota) para nosotros :D




viernes, 2 de julio de 2021

Etapa 3: Cerdeña - Sicilia. Memento (2000)

Fotograma de “Memento” (2000)


De nuevo un cambio de planes.

La verdad es que era de esperar. La planificación meticulosa de este viaje, que comenzamos en invierno, es eso, un ejercicio bonito y tentativo. Pero a la hora de la verdad, papel mojado. Era de esperar

Hoy saltamos a Sicilia, el último de los cruces con noche incluida, al menos en la ida. 

La idea inicial era recalar de nuevo en las islas Eólicas, al norte, como en 2016. Una etapa larga, de tres días y dos noches, con una recalada final en una marina en Lipari, un lugar que nos fascinó la última vez. 

Pero los vientos van a ser flojos todo el camino, y la idea de una nueva motorada de tres días seguidos no anima mucho. Además, España juega en la Eurocopa contra Suiza el viernes por la tarde, y quizá podríamos verlo en RAI1 si tratamos de fondear más cerca, en la zona de Palermo. Así que dicho y hecho, planeamos un salto en dos dias y una noche, y así llegar antes de las 1800 al fondeo.

Salimos muy pronto, a las 0500. El fondeo de Villasimius, que había sido una maravilla de calma la noche anterior, se convirtió a media noche en una batidora, porque Eolo decidió unilateralmente cambiar sus planes, él también, y rolar al SW. Sin más, deshacemos el fondeo y a navegar.

Cuando en un fondeo sin viento entra ola de swell (mar de fondo), por muy pequeña que sea, los veleros monocasco oscilan de un lado a otro como un columpio. Este es el caso, salvo porque la ola no tiene nada de pequeña. En el camarote de proa el balanceo es, sencillamente, insoportable. Nos despierta y no podemos sino levantarnos, aunque sean las cinco de la mañana… 

El madrugón merece la pena. Aún no ha amanecido, está rompiendo el alba y la luna brilla intensa como reivindicándose, porque le quedan pocos días para esconderse de nuestra vista. 

Capo Carbonara al alba


El mar está agitado, con eses ola característica del viento del día anterior. El amanecer nos encuentra rodeando el Capo Carbonara, entre el cabo y la Isola  dei Cavoli. La luna sigue ahí en lo alto, a nuestra popa, sobre el faro de la isla. A babor, las playas de la cara Este del cabo, donde los barcos duermen quietos. La previsión, una vez más, nos ha jugado una mala pasada y nos ha hecho escoger la cara del cabo equivocada.

   
Isola dei Cavoli desde el E
Claramente el tiempo ha cambiado. El cielo vuelve a estar limpio y el aire es fresco y seco. Muy poco viento y mar plana que cruzamos a motor hasta las 1900. Catorce horas de motor. Ya nos vale…

Hoy esto es el club de lectura del Sargantana. Cada uno de nosotros en su banco de la bañera, sumergido en su libro, y el piloto automático haciendo su trabajo. A las 1900 entra un Sur ligero a un descuartelar que nos permite, por fin, poner el Sargantana a velear. No son más de diez nudos, pero suficientes para deslizarnos a más de cinco nudos directos hacia la bahía de Mondello, junto a Palermo, que, a priori, parece un buen sitio para fondear

Ruta Cerdeña- Sicilia


Por la noche, ninguna incidencia. Mi guardia de lectura y podcasts en cubierta, casi sin cruces de barcos. Sigo de vez en cuando por el AIS a Ivana y Carlos que, en el Krait, parecen ir a motor a toda leche hacia Trapani, mucho más al sur que nosotros.

Doy el relevo a Luis a las 0330. Me había ido a la cama pronto pero, por alguna razón, tardé mucho en conciliar el sueño. Es posible que las cocacolas de la tarde, que a Luis le vinieron tan bien para su primera guardia, hayan tenido algo que ver :)  En la duermevela que precede al sueño, los movimientos de la proa me provocan ensoñaciones estrambóticas de toboganes, montañas rusas y pendientes sin fin. Siento además cosquillas por las manos y en mis sueños las noto hincharse. Me prometo reducir la sal (y las cocacolas).

Antes de acostarse Luis, recogemos el génova y hago mi guardia a motor. Noche tranquila en la que puedo ver tres o cuatro capítulos de la serie “Relatos con-fin-a-dos”, que no sé por qué no había descubierto antes. Pero la recompensa de esta segunda guardia llega con el alba y con un amanecer como todos, como ninguno. 

Amanacer en el salto de Cerdeña a Sicilia


Por la mañana seguimos nuestro andar suave y continuo hacia Mondello. La imagen de la costa de Sicilia al despertar, con sus colinas recortándose sobre la bruma y el azul, es visualmente impactante; me retrotrae a cinco años antes, y sufro amnesia anterógrada, como Leonard en la película Memento. Busco en este blog las entradas de Palermo y de las Eólicas. Sé dónde estoy. Estoy donde hace cinco años. Pero por un momento olvido lo que ha ocurrido en todo este tiempo, que ha pasado rápido como un suspiro…

Sicilia a la vista
Avistando Sicilia, arrío el pabellón sardo, pero dejo el de Italia. Es costumbre entre los navegantes honrar las aguas por la que navegan con una pequeña bandera, llamada pabellón, ondeando en estribor. Aunque sólo hayan sido unas horas, nos gusta lucir la enseña de Cerdeña, la “bandiera  dei quatro mori”, o “is cuatru morus” en sardo, con la cruz de San Jorge enmarcándolos. Para quien tenga curiosidad, la historia de la bandera de Cerdeña es muy entretenida de leer. Mezclando historia, tradición y fantasía, rememora los tiempos en que la isla formaba parte del reino de Aragón bajo el rey Pedro III, quien había ganado la batalla de Alcoraz con la ayuda milagrosa de San Jorge. 

Arriando el pabellón de Cerdeña



Sicilia nos recibe con sus impresionantes costas verticales de piedra. Es sobrecogedor. Hasta donde se pierde la vista la costa es así, abrupta, rocosa, desnuda. El Capo Gallo nos espera con su aspecto de fortaleza de otra época. 

Capo Gallo


Llegamos a la bahía de Mondello. Memento. Ya hemos estado aquí  A las 1630 bulle de lanchas, windsurfers y regatas de vela ligera. Resulta complicado encontrar un fondeo entre tanto jaleo. Veinte nudos de viento del NW con algo de ola. Según el parte, debería caer por la noche. 

Hemos llegado a Sicilia.

Fondear con 20 nudos. Bien por nosotros. Somos pocos barcos y muchos parches de arena, pero hay que sortear a los chavales, evitar la posidonia y alejarse de las boyas de las innumerables barquitas y gommoni, que dan tumbos violentos subiendo y bajando una ola despiadada. Los chavales de los láser lo encuentran mucho más divertido que nosotros y entrenan tácticas de regatas, sin importarles que, hoy, las boyas seamos móviles.

El viento tarda en amainar, pero acaba bajando al caer la tarde. Con el crepúsculo se encienden las luces, enmarcando la bahía. Destaca, en el centro, el llamativo edificio renacentista que en tiempos pasados fuera un balneario de veraneo para la alta sociedad de Palermo, y que tanto me impresionó en el viaje anterior. Memento. 


Bahía de Mondello desde el fondeo, por la tarde


Hoy no tenemos procesión, como hace cinco años, pero sí un swell espaciado un poco incómodo y, cómo no, ambientación musical al caer la noche. En estéreo: jazz al noroeste, reggaeton al sureste. 

El poco viento es suficientemente NW.

  Bahía de Mondello desde el fondeo, de noche


miércoles, 30 de junio de 2021

Etapa 2: Mallorca - Cerdeña. Jo, ¡qué noche! (1985)

Cartel de la película “Jo, ¡qué noche!” (1985)

Es curioso cómo cambia la percepción de los días en travesías largas. Unos amanecen plácidos, como este primero de salto a Cerdeña, tranquilo y con un viento flojo del NE que obliga a poner el motor y permite unos cómodos 6 nudos con la mayor arriba. En estos días plácidos todo es tranquilo, monótono, incluso aburrido (si los conceptos "aburrimiento" y "navegación" no fuesen tan incompatibles). Son días de Kindles, de revisar derroteros para planificar el detalle de las siguientes etapas. Son días de bricolaje y de reparaciones pendientes...

Y luego están... los otros días. 

Salimos por fin de Es Trenc camino de Villasimius en Cerdeña. Hemos tenido que esperar un par de días para que el persistente NE que nos acompaña desde Denia baje un poco. No importa, estamos en modo "slow sailing", ¿no? Son más de 300 millas de salto y no queremos seguir enfrentándolo de cara, como en la etapa anterior.



A las 0700 el sol ya está bastante alto y acabamos de cruzar el cabo de Ses Salines para tomar rumbo Este. Todavía quedan restos de viento NE, pero ya mucho más razonables. Eso sí, todavía imposible velear. Es uno de esos días "plácidos". Nos dedicamos a reparar cosas pendientes: coser la cinta del enrollador del génova, cambiar el interruptor del tambucho de babor, arreglar el cargador de la emisora portátil. Todo eso que nunca se acaba porque, en un barco, inevitablemente, se rompen las cosas a la misma velocidad a la que se arreglan.

El tiempo es bueno, sol ligeramente velado por nubes altas. Poco que reseñar en todo el día. Algunas tortugas (pocas) que sestean en el mar como un plato. Prácticamente ningún barco a la vista.

Mar sin viento rumbo a Cerdeña


Pero el segundo día del salto las cosas cambian. Durante la mañana el cielo se torna neblinoso y blanquecino. Sube la temperatura. Un calor bochornoso de 37 grados en la cabina. No hay viento. Según el parte que Manel y Mitxel nos mandan por el receptor satélite, todo continuará así hasta cerca de Cerdeña, y allí nos entrará otra vez Norte fuerza 2 a 3.

Las previsiones se cumplen sólo en parte. Cierto, por la tarde es claro que algo está cambiando. Al empezar mi guardia, después de la puesta de sol, sacamos mayor y Lucía se va a dormir. Y todo va yendo a peor. Ya en la oscuridad se pueden ver nubarrones formándose al sur de la isla, con relámpagos lejanos. Además, las nubes bajas se convierten en una neblina poco tranquilizadora. En la niebla voy pendiente del  AIS y del radar, y dentro de ella aparecen los pesqueros locales, como siempre con sus maniobras impredecibles 

No es la peor noche que hemos pasado, pero no es una buena noche. Tengo que llamar a Lucía para rizar y subir trinqueta. Gobierno a mano, en esta situación prefiero poder reaccionar lo más rápido posible. 

Casi de la nada aparece una baliza centelleante por babor que no viene reflejada en las cartas. Susto. Pero lo peor son los relámpagos. No tengo cobertura, así que no puedo conectarme a una de esas webs donde muestran las tormentas en tiempo real. Pasan relativamente cerca, pero esta vez no por encima, y caen unas pocas gotas de agua (nota para mañana: probablemente será barro así que habrá que baldear el barco).

Jo, ¡qué noche!

Le pido a Lucía el relevo pronto, antes de las tres. Para entonces la niebla se ha ido disolviendo y los relámpagos están ya al norte, sobre la isla. Siguen el viento y la ola.

Para cuando me levanto se han disipado casi las nubes. Siguen el bochorno y el cielo blanco. Se establece un NE moderado que nos obliga otra vez a motorear.

Parada en Villasimius para repostar. Como siempre en Italia, la gommone con uno o dos chavales, que parecen extras de una película de Fellini, sale rauda por la bocana para acompañarnos triunfalmente a la entrada al puerto. Les decimos que "sólo gasoil", pero no parece decepcionarles demasiado. Luego lo entiendo: el gasoil a 1,92 €/litro. Ya les vale...

Bocana de Villasimius

Y, finalmente, fondeo en la playa junto a la marina. Nos quedaremos un día a descansar; tenemos sueño y cansancio que recuperar, así que, mañana, no hay función :D

El fondeo de Villasimius es tranquilo, con muy pocos barcos a nuestro alrededor. Al caer la noche, que es cuando usualmente se desata el festival de música y aullidos en los fondeos estivales, la bahía sigue igual de tranquila. 

El día de descanso lo aprovechamos para reponer algo del fresco de nuestra despensa. Hínchamos el dinghy y nos vamos, conduciendo yo, hasta el puerto. No tengo mucha práctica y paso un par de apuros, así que me prometo entrenarme por la tarde.

Villasimius es una zona de veraneo muy apreciada en Italia. Tiene varias playas a uno y otro lado del cabo, a cuál más limpia y de arena más blanca. Es una zona cara, de bonitas urbanizaciones blancas ancladas en la costa. La marina no desentona. Una docena de edificios bien cuidados, con restaurantes y lounge bars mirando al puerto, y una farmacia y un pequeño supermercado en la parte alta, mirando a la carretera. El supermercado es un local pequeño pero abastecido, con productos principalmente locales. Y, eso sí, en línea con el precio del gasoil.

Marina de Villasimius

Comemos un arroz caldero, en recuerdo de nuestra tierra de adopción. Por la tarde la bahía sigue tranquila y escasa de barcos. Pasa de ida y vuelta un curioso artefacto turístico que nunca antes habíamos visto y que a mí, inmediatamente, me recuerda al “aeroguatutú” de aquel libro infantil de mi hermana en el Gijon de mi niñez. 

Fiel a mis propósitos, me dedico a practicar con el dinghy alrededor del fondeo, a motor, pero también a remo. No lo dejo hasta sentirme razonablemente confortable.

El aeroguatutú
Al atardecer recibimos la visita de Ivana y Carlos, del Krait. Están fondeados relativamente cerca de nosotros, cuatro días esperando una buena ventana meteo para saltar a Sicilia. No les conocíamos, pero tenemos amigos comunes. Van a hacer nuestro camino, aunque tienen planes que no coinciden con los nuestros, porque esperan juntarse con otros barcos en Taormina y Messina. De todas maneras, seguro que les veremos más adelante

Es curioso el hermanamiento instantáneo que se produce entre navegantes. Nos ha pasado muchas veces, y esta es otra más. No te conoces de nada y, de repente, un día coincides en un puerto, en un fondeo, y de ahí surge un compañerismo eterno que no tiene igual en ningún entorno terrícola que yo conozca. Y qué bueno es encontrarte con amigos cuando navegas...

Arroz caldero en el fondeo de Villasimius



sábado, 26 de junio de 2021

Etapa 1: Denia - Mallorca. La gran evasión (1963)


Fotograma de “La gran evasión” (1963)

Está claro que los humanos no aprendemos.

Son las 2200 del segundo día de una etapa que empezó temprano, a las 0600, en el sur de Ibiza. Nos quedan al menos tres horas para llegar a Es Trenc, en Mallorca. Llevamos todo el día peleando contra un viento incómodo de proa, de unos 15 nudos, al principio a vela con dos rizos y trinqueta, y después, cuando ya era evidente que todos nuestros cálculos de llegada se iban al carajo, a motor y palo seco.

Hemos tenido que improvisar unas guardias para estas últimas horas, porque esto va para largo. Lucía se ha quedado dormida en la cabina y yo hago lo que puedo contra el sueño y el cansancio, vigilo el horizonte y el plotter, y me hago cruces de que este año empecemos ya con las etapas alpinas al segundo día de navegación.

Porque el Sargantana salió de los cajones en Denia como uno de esos purasangres desaforados que buscan, o la meta, o la nada, quizá por el subidón de la segunda vacuna del COVID-19 sin secuelas, o quizá por la espera de cinco años con el bocado puesto y tirante, sin millas que devorar. Y por eso, este año, la primera etapa empieza dura, demostrando, como siempre, que nuestros planes no sirven de nada, que el entusiasmo de empezar al fin esta "travesía soñada" puede con la serenidad y con la lógica.

Pero empecemos por el principio. Por fin salimos ayer de nuestro “kilómetro cero” de este año, Denia. Todo muy raro en este 2021. Hemos pasado diez días de remoloneo por Ibiza y Formentera, esperando por una segunda vacuna que se hizo eterna. Pero, al final, todo llega y salimos sobre las 1000 de la hermosa Marina de Denia, gran sitio que siempre recomendaremos, cuidado y detallista, amables como pocos y nada caro. Llenamos depósitos y el marinero (un chaval extraordinariamente simpatico y uniforme impecable) nos pregunta si vamos a ir a Grecia "todo a motor" o si vamos "a poner vela algún rato". En fin...

Marina de Denia


El cruce del canal de Ibiza es rutinario y rápido. Viento Norte para un rumbo al descuartelar a 6 nudos, directo a los Freus. Por la tarde, el viento rola ligeramente al NE y se va formando algo más de mar. Pasamos todo el día a vela, ciñendo una ola de medio metro, nada incómoda. 


Cinta del enrollador rota

El único incidente reseñable es que ya hemos empezado (cómo no) con nuestros eternos problemas con el génova y su enrollador de cinta. Por tercer año se parte y tenemos que llevar toda la vela fuera, un poco pasados de trapo, porque a la llegada a Ibiza el viento refresca y nos ayuda a hacer 7 nudos hacia Es Vedrá y Es Torrent.

Es Vedrá, llegando a Ibiza


Stop-and-go en la cala de Es Torrent, en el sur de Ibiza. Llegamos ya casi de noche para un fondeo rápido, cena y unas pocas horas de sueño. Es la noche de San Juan y en la cala se oyen músicas de risas y baile, pero no estamos para festejos. 

Tan cansados estamos que, tras ver la puesta de sol (aquí es obligada, una de las mejores de Ibiza), a los dos se nos ha olvidado vigilar la salida de la “luna de fresa”. Cuando volvemos a mirar ya ha salido. Aún así, el espectáculo de la luna llena de junio sobre la cala es magnífico.

Luna llena sobre Es Torrent, Ibiza

 A las 0600 el Sargantana toca generala y salimos escopetados hacia Mallorca y Cabrera. Atravesamos los Freus sobre las 0700 y después de eso, lo dicho, mucho NE, bastante ola, y 17 horas de viento de proa, las últimas 13 a motor. 

Por fin llegamos algo agotados a Es Trenc a las 0200. Sin problemas para fondear porque Es Trenc es un campo de arena de proporciones cósmicas. Otra vez una de esas sensaciones de llegar tarde y cansados a una cala, echar el ancla y de golpe notar la paz después de la tormenta y la incertidumbre.


La llegada a Es Trenc de noche siempre tiene algo de fantasmal. En la oscuridad, el resplandor de la bahía de Palma, las luces de las urbanizaciones y los faros de la Cap Blanc y Ses Salines engañan los sentidos y se dibujan con una cercanía que no es tal. Tienes que hacer un esfuerzo para aceptar como buenas las lecturas de los instrumentos (“¿A quién va a creer? ¿A mí o a sus propios ojos?”). 


Más cerca, te reciben las lucecitas oscilantes de los veleros fondeados, esa especie de fuegos fatuos del mar que me impresionaron tanto la primera vez, regresando de Carloforte. Aunque hoy, siendo junio, las decenas de luces dispersas no pueden competir con los cientos de ellas en pleno mes de agosto. 


Encontrar un sitio en Es Trenc donde echar el fondeo es pan comido. Basta con evitar la cercanía de los grandes yates y de los catamaranes de alquiler, que en las islas son fiesta y bullicio asegurado durante toda la noche. Prácticamente toda la bahía es de arena y las praderas de posidonia se identifican claramente con echar un vistazo a Google. En los fondeos somos extraordinariamente cuidadosos de no echar el ancla sobre la posidonia. No solo porque esté prohibido, que lo está, sino por convicción. 


Etapa Denia - Es Trenc- Cabrera - Es Trenc

Despertar en Es Trenc en un día de verano es una experiencia que "justifica el viaje" (como decían las viejas guías Michelin). Agua color turquesa, barcos separados por cientos de metros, muy poco ruido, tranquilidad absoluta... Es la primera etapa y el Sargantana ya tiene por un momento ganas de pararse y descansar unos días. Pero hoy no es posible, tenemos boya reservada en Cabrera, otra de las tradiciones obligatorias de los viajes del Sargantana y nos encontraremos allí para cenar con Manel y Vane.

Cabrera, como siempre, es una maravilla de paz y tranquilidad. Nos dedicamos a remar en el kayak playero que nos han regalado Olga y Mitxel, a nadar, a hacer un poco de snorkel, y a dar un paseíto por la isla. El que no ha ido una vez al menos a Cabrera, no se a qué espera...

Cabrera

Avistar la silueta de Cabrera, con su castillo en lo alto y la prominente marca roja, es un anticipo de la caricia para los sentidos que supone la isla. 

Castillo y roja de la bocana del puerto de Cabrera

No bien rebasamos la bocana, nos está esperando Manel en su dinghy para ayudarnos a tomar una de las boyas blancas. Son las 1900. Las reservas terminan a las 1800, así que hay mucho sitio donde elegir. Hacemos noche, que es mágica, como siempre en Cabrera. Aunque la silueta abrupta de las elevaciones que nos rodean no permite verla salir, la luna, apenas menguante, acaba abriéndose paso e inunda de luz la pequeña bahía. 

Cenamos en el barco de Manel, Teseo, un Dufour 31 Classic que su propietario tiene más mimado y cuidado que a un hijo.



El día siguiente lo empleamos en disfrutar de la isla. Es la primera vez que bajamos a tierra en la zona del embarcadero, al SE de la ensenada. Antes hemos remado hasta el puertito, pero la taberna se ha llenado de gente ruidosa y salimos de allí lo más rápido que podemos. 

Recorriendo pausadamente los senderos transitables, al borde de la playa, se siente una paz extraordinaria. El paseo nos permite conocer el cementerio bizantino, que se asocia al monasterio de monjes rebeldes allí establecido, y los restos de las construcciones que levantaron los prisioneros de Napoleón para intentar sobrevivir a su destierro (solo lo lograron, al parecer, la mitad).

Restos de construcciones de prisioneros de Napoleón

Como despedida, nos mira desde el camino media docena de lagartijas, primas hermanas de la que da nombre a nuestro barco.



Primera etapa superada. Vista la meteo, decidimos aplicar un poco de sensatez y esperar un día más a que se retire el NE. No saldremos para Cerdeña hasta el domingo y en Cabrera no hay boyas libres, así que nos movemos para volver a pasar la noche otra vez en Es Trenc.

 

lunes, 21 de junio de 2021

Etapa 0 - Por fin a Grecia - El Renacido (2015)

Cartel de la película “El Renacido” (2015)


Cinco años sin navegar de verdad son muchos años. Demasiados. Por fin puedo desempolvar el blog del Sargantana y ponerlo a son de mar porque, sí, este año, volvemos a navegar. 

Por fin zarpamos, después de esos cinco años sin posibilidad de abordar travesías largas; por fín zarpamos, después de un mes esperando nuestras vacunas COVID-19 con la ansiedad del condenado que cuenta los días para salir de prisión y vivir de nuevo.

Queremos ir a Grecia, nuestro viaje anhelado durante tanto tiempo. Por fin Grecia, completando la travesía de hace cinco años inspirada en mi libro infantil "Los viajes de Ulises". Por fin Ítaca, Corfú, Zakhyntos o Cefalonia. Por fín navegar sin fecha de vuelta, sin prisas, sin agobios, sin medir cuidadosamente los días y las horas de las etapas para poder estar de vuelta de vacaciones en la fecha prevista.

El Sargantana está casi listo. Varios años algo abandonado, cierto, varios años con problemas eléctricos y de motor pendientes, quizá con pocos cuidados. Pero desde hace cuatro meses hemos dedicado Lucía y yo infinitas horas a ponerlo en condiciones, a reponer todo lo estropeado y a comprar los mil y un “gadgets” que siempre se echan de menos en un barco, especialmente si va a ser tu casa durante unos meses y sin las comodidades que te da estar un puerto. Este año tenemos más electrónica que nunca, un inversor, dos anclas, más defensas, más cabos, más de todo.

Cinco años en los que han pasado muchas cosas. Tanto Lucía como yo nos hemos prejubilado y hemos cambiado de vida. Hemos cambiado de casa, hemos cambiado de ciudad, hemos preferido la tranquilidad de vivir a ras de suelo, en el campo, en Cartagena, y hemos dejado atrás Madrid, familia, amigos, compañeros de nuestras oficinas, incluso nuestra manera de ver la vida. Hemos pasado el confinamiento por el COVID-19 refugiados en el Sargantana, en puerto, como náufragos en una tormenta. Hemos perdido gente para siempre, familia, algunos amigos, pero a cambio hemos vuelto a ver la vida como hace 20 o 30 año. Un nuevo proyecto de vida que, dure lo que dure, será distinto al anterior. Nos queremos reinventar como marineros haciendo "slow sailing" y echando raíces en una región nueva.  

Ha sido difícil zarpar. Las vacunas COVID-19 nos han hecho retrasarnos más de un mes, y es una pena, porque queríamos tener la experiencia de navegar con la tranquilidad del fuera de temporada, en mayo. No ha podido ser (aunque vista la meteorología de estos dos últimos meses, igual tampoco hubiese tan buena idea), pero aquí estamos. Otra vez listos. Vamos allá.


Vuelvo a aparecer en este blog como artista invitada. El blog es de Luis. Yo me encuentro a gusto en mi papel de correctora, por un lado, y de esa mano amiga, por otro, que añade los detalles olvidados, las fotos que dan color al relato, las reflexiones personales.

Antes de iniciar nuestro viaje, entre vacuna y vacuna, hemos aprovechado para hacerle unas millas a Sargantana y desentumecerlo. Desentumecerlo a él y desentumecer nuestros músculos, nuestros reflejos y nuestras sensaciones, esas que solo el mar es capaz de despertar.  

El día 8 de junio pusimos proa a Ibiza y allí nos encontramos con nuestros queridos amigos del Mekatxis, Olga y Mitxel, que se colaron en nuestras vidas hace unos años y ya ocupan un lugar importante en nuestros corazones (y en nuestro Whatsapp ;). También con Manel y Vanesa, que viven en Mallorca, pero se escapan en su Teseocomo siempre que pueden, a pasar en Formentera el puente de San Juan. Varios días deambulando por las calas de Ibiza y los fondeos de Formentera, solos en ocasiones, con la tripu del Mekatxis y del Teseo en otras. Diez días de viento, sol, atardeceres, buenas conversaciones, lectura, vela y fondeos, sin pisar tierra más que para una cena en La Savina. El día 21 volvemos a la península. Dejamos el barco en Denia y conducimos en coche alquilado a recibir nuestra segunda y definitiva dosis en Cartagena. 

Ahora sí estamos listos para la gran aventura griega...

Sargantana en la bahía de Sant Antoni