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miércoles, 11 de mayo de 2022

2022 - 5ª etapa: Malta. Juego de Tronos (2011)




Miércoles, 11 de mayo

Antes de salir hacia La Valeta (Il-Belt Valletta) queremos explorar con la lancha auxiliar la zona de la isla de Comino donde hemos fondeado. La Crystal Lagoon y, sobre todo, la Blue Lagoon, son destinos obligados del turismo de masas, esos sitios donde, sí o sí, hay que ir. 

Parece que las hordas que cada día invaden este paraje no son muy de madrugar. El mar está como un estanque. Solo alguna neumática como la nuestra, o los transbordadores entre Malta y Gozo que pasan a lo lejos, levantan alguna ola ligera, muy de vez en cuando. Este es uno de esos fondeos en los que el barco parece que no flota sino que se suspende en el aire, sujeto al suelo como el globo de un niño.


Y eso nos permite recorrer con calma cada cueva, cada recodo entre las rocas, como jugando al escondite. Un lugar extraordinario.





Estrenamos la semirrígida Hércules que nos ha pasado Manel. Nada que ver con la navegación titubeante de nuestro viejo Arimar. Otra más de las mejoras de este año.




A las nueve de la mañana no hay ningún barco fondeado y solo algunos turistas, que acaban de llegar en una lancha a la zona de atraque de la Blue Lagoon, caminan sobre los acantilados y nos hacen fotografías como si formáramos parte de la atracción del lugar.  

Pero a eso de las 12, como en el cuento de Cenicienta, la magia se acaba. Las primeras unidades de la flota de turistas ya se dejan ver en el horizonte. Como los motoristas en Mad Max, como la invasión presentida del turco, con su música y sus toboganes, con sus selfies y sus gritos, ya llegan. Ya están aquí. Hora de huir. 



Arranchamos lo más rápido que podemos y ponemos proa a La Valeta. En el camino tratamos de gestionar la reserva en una de las muchas marinas del puerto. Entre tanto preparativo y, sobre todo, con tanto cambio de planes y de fechas, lo hemos dejado para el último momento. Bah”, pensamos, “es temporada baja”. Error. Es más complicado de lo previsto conseguir amarre. No éramos conscientes (aunque lo dice claramente en el derrotero) de que en Malta hay que solicitar los permisos de entrada con al menos 24 horas de antelación y enviar toda la documentación, incluidos certificados COVID, para que te dejen atracar. 

Pedimos amarre en la Grand Harbour Marine, que tiene los pantalanes en la ensenada de Birgu, una de las Tres Ciudades, en el mismísimo  centro histórico, rodeada de palacios. Afortunadamente todo es más sencillo (y algo más barato) en temporada baja, y conseguimos que nos den el permission granted  en solo unas horas. De hecho, ya estábamos empezando a hacer tiempo dentro del puerto.

Llegar a Valletta con las velas arriba es toda una experiencia. Ya nos lo había avisado Mitxel. Al doblar la verde descubres el reflejo cegador del sol en el agua de una bahía impresionante, el Gran Puerto. Al él se asoman la capital, La Valeta, y las Tres Ciudades: Cospicua, Senglea y Birgu, la Città Vittoriosa, la que resistió y venció a los otomanos en las batallas del Gran Sitio de 1529.

Llegando a la bocana y del Gran Puerto


Si la costa de Malta está hecha de luz y de piedra caliza, La Valeta y las Tres Ciudades están hechas de historia. En ningún otro puerto del Mediterráneo en el que hayamos estado hemos sentido el peso de la historia tan apabullante al cruzar su bocana. Ni en Corfú, ni en Siracusa, o Alghero.

Fortificación de La Valeta, a la entrada del puerto


Con las grandes paredes de la fortaleza de Valletta por estribor y las amplias ensenadas de las Tres Ciudades por babor, el Gran Puerto parece sacado de una película. Puedes imaginar el fuego cruzado entre la flota turca y las murallas durante el Gran Sitio, pero también la flota de Daenerys, con sus dragones sobrevolando y escupiendo fuego. 

Como dicen los ingleses, breathtaking.

Pasamos solo 24 horas en la Grand Harbour Marine. Con seguridad merece mucho más, varios días, para poder recorrer con calma ciudades y calles, museos, palacios e iglesias, porque Malta es como el jirón de un sueño. 

Grand Harbour Marine, en el casco histórico de Birgu


Aún así, aprovechamos el Tiempo como nadie. Subimos a La Valeta por el ascensor de los jardines de Barrakka, al que nos lleva un tipo rubio y sonriente, de raza indefinida, patrón de uno de los dghajsa, los tradicionales barco-taxis que te cruzan la bahía por dos euros. 

Cruzando a La Valeta en dghajsa



Y desde allí podemos ver la dimensión fantástica del Gran Puerto. Y recorremos  la larga calle de la República y los grandes palacios, y el Parlamento, y la vasta plaza de la Fuente del Tritón, y las catedrales. Y nos perdemos en el dédalo de calles de nombres evocadores, y escuchamos a los locales hablando en maltés, esa especie de árabe, o quizá turco, con acento italiano.

La fuente del tritón, recién restaurada en 2018 para suprimir la polémica columna central que una restauración anterior había añadido y que no gustó a nadie, ni siquiera a su artífice. 


Y visitamos la desierta parroquia de San Lorenzo de Birgu, donde el párroco nos muestra las pinturas, la sillería de coro donada por la Inquisición, el altar original de mármol de Carrara, la cúpula reconstruida tras los bombardeos alemanes en la Segunda Guerra Mundial. 

Y nos cuenta, orgulloso, la gloria de Birgu y sus tesoros “cuando Valletta ni existía”, y la estatua de un San Lorenzo engalanado, con su gran parrilla reluciente, que trajeron los aragoneses. 

Figura de San Lorenzo con la parrilla. En la peana se puede ver el escudo del reino de Aragón. 


Y nos habla del Gran Sitio, y de la Inquisición, y de la guerra, y del Gran Maestre, y de los caballeros de la Orden de Malta. Y mientras habla, con su inglés exquisito y pausado, se me ocurre que, en esta travesía en la que el tiempo se mueve caprichosamente hacia atrás y hacia adelante. esta etapa nos ha llevado hacia atrás. Mucho más atrás si cabe.

El fuerte de San Angel, en Birgu, donde los Caballeros de la Orden de Malta combatieron a los turcos durante el sitio de 1565. Fue después cuando construyeron la ciudad fortificada de Valletta.


Nos encanta Malta y sin duda volveremos, quizá en el viaje de regreso. Pero en este momento nuestra prioridad es llegar a Grecia lo antes posible y aprovechar la ventana de buen tiempo (e incluso buen viento) de los próximos días. 

Es difícil expresar con palabras las sensaciones que te producen algunos lugares. Me ocurrió el año pasado con la pequeña Noto, en Sicilia. Este año me ha sucedido con La Valeta, que, al igual que Noto, es Patrimonio de la Humanidad.

Aunque leas y veas fotos, nada te prepara suficientemente para la experiencia de entrar en barco al Gran Puerto de La Valeta, el mayor del Mediterráneo. Ya desde lejos se distinguen las fortificaciones, con un color como de piedra abrasada por el sol. Se entremezclan en el puerto con los violentos dorados de las edificaciones de piedra. Arcos, fachadas, balcones, ventanas, cúpulas, se aprietan a ambos lados del canal mientras alcanza la vista, antes de desdibujarse al fondo de la bahía, confundidos entre las siluetas del puerto comercial. 

Hemos elegido la Grand Harbour Marine ex profeso para estar en una de las Tres Ciudades. Pertenece a una cadena de marinas inglesa, como tantas cosas en Malta. Está en la ciudad de Birgu. Exquisitamente inglesa, ocupa prácticamente todo el paseo marítimo del casco histórico de la ciudad. Los primeros pantalanes, los más cercanos al canal central del puerto, impresionan por el número de megayates. El contraste con las pequeñas lanchas de Senglea, en la orilla de enfrente, es verdaderamente llamativo. 

Grand Harbour Marine, Birgu. Al fondo, la ciudad de Senglea, otra de las Tres Ciudades


Hay que ir bien al fondo de la ensenada para llegar a los pantalanes de los barcos modestos, con calles tan angostas que la maniobra de atraque se hace complicada incluso sin viento. A cambio, la ubicación es magnífica, justo al lado de la zona de amarre de los taxis municipales y al pie de la plaza principal de la ciudad, a la que se sube por una calle estrecha y empinada. 

El acceso a nuestro pantalán, justo frente al  monumento de la victoria y la colegiata de San Lorenzo 


Estos taxis del Gran Puerto son una atracción en sí mismos. Los dghajsa tal-pass, o simplemente dghajsa, son una especie de góndola colorida, tan típica maltesa como los luzzu, las lanchas de pesca. Los dghajsa llevan transportando pasajeros de una lado a otro del Gran Puerto desde el siglo XVIII. De cuatro en cuatro personas, y con el fueraborda que sustituye a los antiguos remos, hacen el recorrido entre las ciudades en riguroso orden. Un cartel en el embarcadero informa de que son taxis oficiales y tienen la obligación de extender un recibo. 

Zona de atraque de los dghajsa


La llegada en barco-taxi nos hace recorrer Valletta al revés, empezando por sus calles más antiguas para terminar en la grandiosa puerta de acceso a la ciudad vieja. El proyecto data de  2011 y es, sencillamente, fabuloso. Resulta admirable cómo han conseguido integrar estas construcciones brutalistas, modernas, sin perder el estilo de la ciudad. La puerta en la muralla; el puente sobre el antiguo foso; el colosal edificio del parlamento; la reinvención de los restos del Teatro de la Ópera

Edifico del parlamento de Malta, del arquitecto Renzo Piano

Fachada del parlamento


La ópera no es el único vestigio de los sitios y bombardeos que ha sufrido La Valeta. Es imposible estar en esta ciudad sin que la imaginación vuele a los centenares de batallas que se han sucedido aquí. 

Iglesia de Santa Catalina de Italia 

Albergue de Castilla 


Cenamos en uno de los muchos establecimientos que hacen las veces de tabernas y bares de copas, con sencillas terrazas de dos o tres mesas en la acera y comedores interiores estrechos y pintorescos. 

Las calles están animadas y hay música en vivo aquí y allá. Volvemos en la línea 2 del autobús municipal, que nos deja en el centro de Birgu tras 20 minutos de conducción temeraria por las vías principales y de culebreo imposible por las calles estrechas y empinadas.

Es de noche en la Grand Harbour Marine


Y salimos en dirección Grecia. Nos levantamos bien pronto y hacemos compra de productos frescos en los pequeños colmados de Birgu, que abren sus puertas antes de las 8 de la mañana. Aprovechamos para pasear y conocer la ciudad, que resulta ser pequeña, de calles estrechas, empinadas, muy cuidadas, llenas de plantas y limpias, muy limpias. Con pequeñas plazas y casas de piedra con balcones coloridos, bien conservadas, muchas de ellas en restauración. Se respira en cada rincón el orgullo de sus habitantes y el amor por su Citá Vittoriosa.

Calle de Birgu

Calle de Birgu 


Previo a zarpar, y ante la inexplicable ausencia de puntos de repostaje para yates en una ciudad volcada a los barcos, Luis se ha aventurado con un improvisado “taxista” local hasta una gasolinera en Paula y ha vuelto con dos jerry cans llenos para el viaje. 

A las 1300 estamos recorriendo en sentido inverso el inmenso puerto que, menos de 24 horas antes, nos daba la bienvenida desde sus fortalezas y sus palacios de piedra. Nos esperan cuatro días seguidos de travesía, de nuevo hacia destinos no conocidos.


Jueves, 12 de mayo









En NoForeignLand puedes leer sobre Crystal Lagoon y  La Valetta y también seguir a Sargantana

domingo, 8 de mayo de 2022

2022 - 4ª etapa: Trapani - Gozo (Malta). El halcón maltés (1941)



Lunes, 9 de mayo


Parece que por fin amanece un día luminoso y primaveral. El fondeadero de Trapani, uno de nuestros favoritos de siempre, es hoy un estanque, solo perturbado a ratos por la ola de los ferries que van y vuelven, ya de buena mañana, a Favignana, al resto de las islas Égadas y, probablemente, a la costa continental.

Fondeo en Trapani, en Sicilia

A esta hora nos acompañan únicamente dos veleros franceses que viajan juntos. Un pequeño ketch y el trimarán más raro que haya visto nunca, una especie de “velero con ruedines” que debe de venir muy bien para que no se te caiga el niño al suelo cuando le cambias los pañales mientras navegas. 

Trimarán francés

 
Digo esto porque los ocupantes son parejas muy jóvenes, con bebés que lloran y muchos niños que juegan en cubierta. Aunque están muy cerca, la verdad es que no molestan. Mientras desmonto la trinqueta y pongo en orden la cubierta, que dejamos bastante de mala manera ayer cuando echamos el ancla ya de noche, me entretengo en observar sus idas y venidas en neumática, transbordando churumbeles y biberones de acá para allá. 

Hemos visto bastantes de estos veleros, en configuración “hippies con bebés”, a veces con perro como equipamiento opcional y son, inevitablemente, franceses. 

Y no sólo esa. Hay otras configuraciones inequívocamente nacionales, como por ejemplo la versión “flotilla holandesa”, que se compone de grupito de veleros llenos de tíos espigaos, chaquetón Helly Hansen, aunque haga sol, y chaleco bien calado hasta con viento cero. Siempre muy juntitos, veleros y espigaos, como si fueran el Ajax de Amsterdam.

O la versión “velero azul marino”, inevitablemente ingleses. Con nombres siempre compuestos (tipo “Wuthering Heights of the Seven Seas” o “Tangerine Dreams of the Drunken Sailor”). Los que ponen bola de fondeo hasta cuando paran a echar gasoil. Normalmente, pareja de abuelitos en la que él, probablemente, fue oficial en la Navy y va por su segunda vuelta al mundo.

O los alemanes, que siempre verás en el lugar central de la cala, cerveza en mano, vigilando atentamente el fondeo de la flota, independientemente de que hayan llegado los primeros o los últimos. Normalmente en configuración “señor gordito con bigote o barba que no se ha echado suficiente crema solar”.

Y, por supuesto, los polacos. Indefectiblemente españoles o italianos “disfrazaos”. Heterodoxos, ruidosos, frecuentemente insoportables, casi siempre simpáticos. Si son de la subvariante ítala, con equipamiento de serie consistente en bambina en biquini tumbada en la proa (a lo suyo) y bambino lánguido recostado en cubierta (también a lo suyo). Y si son spagnolos, pues eso, nosotros…

Uf, me pierdo en la disgresión. Vuelvo a Trapani

Hoy toca etapa “llana”.  A las 1130 salimos rumbo a Malta, el Sargantana perfectamente ordenado y a son de mar. 

Salida de Trapani


Seguimos teniendo, igual que ayer, visitas de pájaros de distintos tipos. Otra curiosidad, porque nunca habíamos tenido tantos aspirantes a polizones. No soy ornitólogo, así que no me atrevo a aventurar la “marca y modelo”, pero los vimos de todos los colores y tamaños, y en general bastante sociables. Alguno se subió al Sargantana muy lejos, a más de 20 millas de la costa, y no bajó hasta avistar tierra, así que suponemos que tuvieron problemas de orientación por los vientos fuertes.



Yo tampoco soy ornitóloga, pero no hace falta mucha ciencia para saber que ninguno de los que nos visita es un halcón ni, por supuesto, maltés. Son aviones,  mosquiteros y uno de pecho amarillo que podría ser un carbonero. En cualquier caso, son bienvenidos, siempre y cuando no revoloteen cerca de mí:  me pone muy nerviosa y suelto grititos que luego Luis se encarga de reflejar en el blog con muchas vocales seguidas.

y 

El primer día tenemos viento de popa, con los restos de la borrasca generando tremendos cúmulo-nimbos que descargan sobre las montañas de Sicilia. Navegamos muy rápido, sólo con génova, hasta última hora de la tarde, cuando el viento pierde fuelle y nos condena al aburrimiento del motor el resto de la jornada. 


Navegando solo con génova y grandes nubes de tormenta

La noche la ameniza el espectáculo de los cargueros cruzando en dirección NE-SW y viceversa, en rumbos similares al nuestro, lo que hace de Sargantana una lagartija en la senda de los elefantes, tomando precauciones para no ser pisoteada por uno de ellos.


Monitorizando cargueros en OpenPlotter


Martes 10 de mayo


Hoy llegamos a Malta. Son casi las cinco de la tarde cuando la costa de la isla de Gozo empieza a dibujarse de forma distinguible en nuestra proa. Es el primer destino no conocido de este viaje y nos puede la ansiedad anticipatoria. 


Con luz de tarde, avistamos el extremo NE de la isla de Gozo


Por fin de la borrasca solo quedan coletazos, dejando cielos azules y un sol que ya es de verano. La luz se refleja en la roca caliza de una forma especial, casi mágica. La costa de Gozo es espectacular, con acantilados altos y claros frente al sol de tarde. 

La costa sur de la isla de Gozo en dirección SE



Después de muchas horas de motor, disfrutamos por fin de un NE vigoroso que nos desliza por un mar sin olas. Queremos arriar velas en el lugar donde se encontraba la Azure Window, el colosal puente natural, famoso escenario de la boda de Daenerys en Juego de Tronos, que se derrumbó en 2017, pero que no ha dejado de ser lugar sagrado de peregrinación turística. Lo cierto es que no se ve nada: un aviso en Navionics de que el nuevo fondo no está perfilado en las cartas y es peligroso acercarse demasiado es lo único que queda de uno de los iconos mediáticos de los últimos tiempos y uno de los símbolos nacionales Malta.


Entrada a la cala Dwejra


Fondeamos en la conocida Crystal Lagoon, en la pequeña isla de Comino, entre Gozo y la isla de Malta. Llegamos con apenas luz y buscamos una zona de arena sin rocas para tirar el ancla con seguridad, junto a las grandes paredes de piedra. El contraste entre rocas y arena en el agua clara, en un fondeadero desierto, le dan un aire fantasmagórico. 

 

Aguas cristalinas y fondo de arena y rocas en la Crystal Lagoon

 
Estamos solos. Sólo dos veleros más comparten fondeadero, si bien ellos bastante alejados de la línea de costa. En la piscina que forma la erosión de la roca caliza no entra nada de viento. El agua sólo se agita ligeramente, a intervalos, con el rescoldo de la ola lejana que generan los curiosos trasbordadores de dos proas que cubren, cada media hora, la ruta entre Malta y Mgarr, el puerto de Gozo.

Transbordador Malta-Gozo


Nuestra primera noche maltesa es para no olvidar.

Puesta de sol desde el fondeo


Miércoles, 11 de mayo
 




sábado, 7 de mayo de 2022

2022 - 3ª etapa: Villasimius - Trapani. La caza del Octubre Rojo (1990)


Sábado, 7 de mayo

Cuatro días parados en Villasimius. Demasiado. Tenemos ganas de continuar.


El parte meteorológico parece hoy algo más optimista, aunque la borrasca sigue instalada entre Cerdeña y Sicilia. Por la mañana soplará viento fuerte del norte, con chubascos hasta más allá de mediodía, y por la tarde se supone que bajará algo, pero, eso sí, con una ola de casi dos metros.


Y aciertan. La mañana se levanta justo como estaba previsto: intervalos de lluvia y viento racheado, duro y frío. Pero a mediodía las nubes ya no son tan compactas, deja de llover y el viento del norte se hace menos desagradable, por el sol tímido que se empieza a adivinar entre ellas.


Definitivamente nos vamos. Pero hay que esperar hasta las dos, porque nuestra vecina Nicky va a pasar por casa para ayudarnos con los problemas de internet que estamos teniendo. Una vez resuelto ponemos rumbo directo a la costa oeste de Sicilia. 


Zarpando hacia Sicilia

Trinqueta, mayor con dos rizos y todo en el barco bien trincado. El Sargantana salta sobre las olas de casi dos metros a siete nudos, empujado por más de 20 nudos del través. Mejor gobernar a mano que dejarle la tarea al piloto. Vale, Eolo, hoy sí te has portado.


Con trinqueta y dos rizos

Hay que negociar los chubascos que descargan ocasionalmente aquí y allá. En el cielo, de un azul intenso, se ven nubes dispersas de evolución vertical que dejan agua muy visible en la distancia (y  en el radar).

Virgulas del chubasco cercano por la aleta de babor

El chubasco cruza rápido a la aletazo de estribor


Si todo va bien, deberíamos estar en la costa de Sicilia mañana al caer la tarde. Pero esta noche tenemos la primera movida curiosa de la travesía. 


Diez de la noche, en algún punto del canal entre Cerdeña y Sicilia. Oscuro como boca de lobo. El cielo se ha cubierto progresivamente y amenaza lluvia. El viento ha ido bajando hasta los 12 ó 14 nudos y ya no esprintamos como antes. Decidimos quitar un rizo antes de la primera guardia, que es la mía.
Pero, al acabar la maniobra, nos damos cuenta de que quitar un solo rizo no es suficiente. El viento sigue bajando y va rolando hacia la aleta. Nos estamos parando. 


Habría que quitar el otro rizo y, además, desmontar la trinqueta y volver a sacar el génova… Una maniobra compleja, de noche y con esta ola, porque hay que ir a proa a cambiar las escotas y colocar la vela. Y no sabemos si durante la noche las cosas se pueden complicar. Dudamos. Lucía y yo discutimos las opciones en cubierta.


Y, mientras tanto, en la radio se sigue oyendo la farfolla habitual de mensajes de la Circomare italiana (que no se calla ni debajo del agua) y, de vez en cuando,  las mamarrachadas de los operadores de radio filipinos de los cargueros cercanos, que se aburren por la noche y deben de quedar para hacer el cafre. Ya ni la oímos. Pero de repente Lucía se para y dice: “¿Han dicho Sargantana?”


Nos quedamos un momento en silencio. No mola que te llamen por el canal 16, precisamente a ti, en una noche tenebrosa entre Cerdeña y Sicilia, rodeados de borrascas. Mal momento. Al cabo de unos segundos, oigo:

  • “Sargantana, Sargantana, Sargantana. Here is war vessel Foxtrot Tango Lima five nine. Do you read me? Over.”
Joder, la Marina… Bajo a la cabina y cojo la radio:

  • “Here is vessel Sargantana. I can read you. Over."
  • “Sargantana, you are in collision course with one of our vessels. You need to change your course immediately. Switch to channel fifty six. Over.”
Definitivamente no suena italiano, ni filipino. Más bien del Este, digamos… OTAN. Espero que no ruso.


Muevo el dial. Dieciséis, diecisiete, dieciocho,…ventisiete, veintiocho, veintinueve, sesenta, sesenta y uno,… mmmm… ¿cincuenta y seis?… Yo no tengo canal cincuenta y seis. Mierda… ¿ha dicho  cincuenta y seis?


Noto que se me ha pasado el frío. No encuentro el canal 56. ¿Los rusos tendrán canal 56?… Mierda… Decido volver al canal 16 y ver si hay alguien:
  • “War vessel calling Sargantana, do you read me? Over.”
Silencio radio. Imagino a la panda de operadores  filipinos a la escucha, descojonaos de la risa. Mientras espero, aprovecho para llamar a Lucía, que debe seguir con sus rizos.
  • “Lucía, que dicen que nos llevamos por delante un barco de guerra. ¿Puedes mirar si hay luces, o el radar, o el AIS?”
Pero el ruso ya ha vuelto al canal 16. Esto es como el gato y el ratón.
  • “Sargantana, Sargantana, here is war vessel Foxtrot Tango Lima five nine. Go to channel six. Over.”
Estoy a punto de responder “a la orden”, pero no lo sé decir en inglés (bueno, ni en ruso), así que me conformo con un:
  • “Here is Sargantana, going to channel six. Over.”
Cambiemos al canal seis…., de ese sí tengo…


Allí me espera Foxtrot , que va directo al grano:
  • “Sargantana, you are in collision course with one of our vessels. Change you course to clear at least one mile. Over.”
Mierda, tengo que dejarle una milla de espacio pero ¿donde coño está? Me decido a preguntar:
  • “I can not see you. Do you have AIS? Over.”
Cuando lo acabo de decir me doy cuenta de la estupidez. Los barcos de guerra NO EMITEN EN AIS.

A todo esto, Lucía debe de haber encendido el radar y me grita desde cubierta:
  • Luiiiiiis, en el radaaaaar. Nos rodeaaaan. ¡¡¡¡Están por todas parteeeeees!!!!
A Foxtrot Tango Lima se le están hinchando las gónadas:
  • “Sargantana, change your course to 120°, NOW.”
Ni over, ni leches.

Vale, haber empezado por ahí.

Le doy instrucciones a Lucía. Cambiamos el rumbo. A vela y con ola, lo de ir al 120º exactamente no es tan sencillo, pero supongo que Foxtrot no será tan tiquismiquis. Supongo, porque no vuelvo a saber nada de él. 


Al poco vemos las luces. Efectivamente, están por todas partes. Pasa muy cerca, por babor, una luz roja como suspendida en el aire, a unos metros sobre el agua. Está demasiado oscuro para adivinar qué es.


La luz sube y baja. De repente, desaparece, para reaparecer unos metros más allá. Se aleja. Se acerca. Sube. Baja. Se desvanece… No somos capaces de averiguar qué es. Un dron no parece, aunque se oye ruido como de rotores. Un barco no es, al menos según mi temario de PER. Apostamos por periscopio


Nunca lo sabremos con seguridad, pero hemos decidido que esa noche fue la noche en la que casi nos comemos al Octubre Rojo.


Superado el encuentro, me voy a dormir para hacer la segunda guardia. La noche es a motor y a palo seco. Por la mañana se puede sacar génova y, más adelante, mayor.


Chaleco, arnés, gancho de seguridad y radiobaliza personal

El tiempo va mejorando durante el resto del domingo y el viento va subiendo, lo que nos permite una veleada magnífica de varias horas, en portantes y con una ola divertida que invita a coger la rueda y disfrutar.

Llegamos a Trapani a las 2130, tras 170 millas y 32 horas de navegación. Es noche sin luna, pero el fondeo no tiene complicaciones y nos resulta conocido. Con precaución, sorteamos los tres únicos barcos de la bahía y echamos el hierro, esperando no engancharnos en la chatarra que reportan algunos navegantes en Navily, aunque nosotros nunca hemos encontrado otra cosa que un fango que se agarra pesadamente al ancla y cuesta limpiar. 


Cena y vino en la familiar Trapani, celebrando que al día siguiente la travesía nos llevará a mares y costas completamente desconocidos. 

Domingo, 8 de mayo




sábado, 30 de abril de 2022

2022 - 2ª Etapa: Andratx - Villasimius. Cadena perpetua (1994)



Sábado, 30 de abril

Tras casi tres edías de trabajos en el barco, visitas a Mercanautic y, sobre todo, de reencuentros con viejos amigos como Manel y Cristina o con Marcel (quien, inesperadamente, apareció en Mallorca por sorpresa), salimos de Andratx el sábado a primera hora de la mañana. 

Con Marcel, al cabo de tanto tiempo


Marcel es otro ejemplo de cómo navegar nos procura amigos para toda la vida, amigos con los que compartes mucho más que una afición: compartes un estilo de vida que te liga de forma especial. A Marcel y Yelena los conocimos en 2016 como vecinos de pantalán en Palermo. Allí vivimos junto con ellos los cinco días que nos llevaron de regreso a Cerdeña y luego hemos hecho por volver a vernos en Almería, en Canarias y hasta en Kenia. Coincidencias de la vida, hijas respectivas pasaban una temporada en Nairobi en 2017 y se nos ocurrió ir a visitarlas en las mismas fechas, sin habernos puesto de acuerdo previamente. En esta ocasión, Marcel ha convencido al grupo de amigos con el que está de marcha por la isla de cambiar sus planes e ir a pasar su última noche a Palma, para poder vernos. Parece que él y Lena se vienen definitivamente a vivir a España. Nos apena saber que hace menos de un mes han vendido el Tomskii.


 

Después de tres días seguidos de vientos del este, no muy aconsejables para ir precisamente hacia Cerdeña, la previsión dice que se abrirá una pequeña ventana de vientos portantes que nos debería permitir velear cómodamente. 


La buena noticia es que sí, se confirma que vamos a tener vientos portantes todo el camino. La mala es que van a ser flojitos y de popa cerrada. Una desesperación. Con ese viento se hace inviable llevar las velas arriba, no hay manera de que se mueva el barco ni siquiera haciendo bordos, y la vela mayor guadralpea todo el tiempo. Es lo que hay, parece que este año Eolo no está muy a buenas con nosotros y nos manda vientos de proa y de popa cerrada alternativamente. Cabroncete...




Qué le vamos a hacer, toca motorada a palo seco. Un aburrimiento que, además, es una ruina, teniendo en cuenta precio actual del gasoil. 


A primera hora de la tarde doblamos el cabo de Ses Salines y ponemos rumbo 095, directos a Carloforte. Serán al menos dos días completos de navegación. Afortunadamente, la mar es relativamente cómoda, una marejadilla casi imperceptible que entra por la aleta. Toca crema solar, piloto automático y  sumergirse en el placer casi olvidado de la lectura tranquila sobre cubierta. Almudena Grandes para mí, Fernando Aramburu para Lucía. Eso sí, con el runrún continuo del motor y las noches frescas de forro polar y calcetines gordos que hacen obligatorias las guardias desde cabina.


Nada reseñable hasta casi llegar a la costa de Cerdeña. Dos días planos y dos noches igual de planas, con guardias tranquilas en las que apenas vemos barcos. Tampoco avistamos delfines o tortugas como otros años. Durante el camino, hacemos varios intentos de sacar velas cuando el viento amaga llegar a los 10 nudos, pero, una y otra vez, desistimos al rato o a las pocas horas. Demasiado lento, demasiado incómodo, demasiado ruidoso con la botavara y la vela mayor dando golpes.


Al caer la tarde del lunes entramos en cobertura, ya a la vista de la costa de la Isola de San Pietro, donde se encuentra  Carloforte. Momento de ponernos al día de lo que ha pasado en el mundo en las últimas 48 horas. Parece que Putin no ha apretado el botón, menos mal, pero lo de Ucrania sigue con mala pinta. El Atlético ha hecho el ridículo en Bilbao, eso también tiene mala pinta. En la costa mediterránea sigue cayendo agua a espuertas (seguramente con barro) como si no hubiese un mañana. En el fondo todo, bastante previsible. Y bastante descorazonador, dicho sea de paso. 


Consultamos las previsiones meteorológicas para Cerdeña y -sorpresa- tampoco pintan nada bien: el temporal del NE parece que nos alcanzará al día siguiente y nos va a bloquear durante muuuuchos días. Hay mañanas que uno duda si volverse a la cama (o darse la vuelta hacia alta mar). Tenemos que replantear nuestra planificación del viaje (casi a las primeras de cambio, como siempre). Quedarnos cinco días atrapados en puerto en Carloforte es caro y aburrido, y no hay buenas alternativas de fondeo en la zona. La única opción razonable es, quizá, Villasimius, otro de nuestros fondeos fetiche en la punta sudeste de Cerdeña. Junto a la marina de Villasimius hay una ensenada muy abrigada con playas como Campulongu, donde ya hemos recalado varias veces los últimos años. 


Decidimos olvidarnos de Carloforte y seguir hacia Villasimius. Pero hay que llegar rápido, antes de que nos pille el temporal que ya se anuncia. Nos preparamos a continuar navegando en esta tercera noche de mar en calma absoluta y viento cero.



Martes, 3 de mayo


Y, por fiin  llegamos a Villasimius poco después del amanecer. Fondeo y a dormir hasta mediodía, que llevamos más de 70 horas seguidas navegando.



Amanecer a la vista de Villasimius


Al día siguiente, cuando el viento es todavía razonable, nos acercamos a repostar. Nos sorprende  que, precisamente este año, el precio del gasoil en esta marina no se ha disparado (el año pasado era un 50% más caro que en el resto del mundo). 


Amarrado Sargantana en la marina, nos vamos la compra 

El marinero, extraordinariamente amable, nos permite dejar el barco unas horas en un muelle de espera vacío para acercarnos al pueblo (cuatro kilómetros de paseo muy agradable), porque la tiendecita de la marina todavía no ha abierto esta temporada. Y lo mejor: el muelle en el que nos atraca tiene los grifos abiertos y podemos llenar los depósitos de agua.


El camino hasta Villasimius está urbanizado y bien cuidado. 
Se nota el nivel de esta zona de veraneo

Pasamos casi todo el resto de la semana encerrados en el barco, fondeados frente a una playa vacía y desangelada, dando tumbos junto a otros tres barcos vecinos en medio del temporal, como presos en una pequeña celdaLos días y las noches se suceden con el ulular del viento, siempre presente; los chaparrones intermitentes; los crujidos del barco; y los estrechonazos de la cadena cuando el barco bornea de un lado para otro, como un péndulo. Hogar, dulce hogar. Para nosotros es algo parecido a cuando el confinamiento COVID nos pilló en Cartagena hace dos años, pero con más meneíto. Desde fuera puede parecer claustrofóbico e incómodo y, no nos engañemos, lo es. Pero te acabas acostumbrando; en un barco uno se acostumbra a casi todo.


Las olas vienen ¡de la playa! Son olas de viento



Los días de enclaustramiento pasan rápidos y sin muchos problemas. En el barco siempre hay algo que hacer, y teniendo agua y gasoil a tope el Sargantana es un refugio relativamente cómodo, incluso en medio de un temporal de viento y agua como el que nos está pasando por encima. 


El plotter conectado muestra el fondeo y la velocidad del viento. 
30 nudos son más de 50 Km/h


Mucho tiempo para leer, actualizar el blog, cocinar con calma, ver series... no nos aburrimos. Pero, por las noches, el sueño es agitado y confuso cuando los rociones y las rachas de 40 nudos hacen que todo cruja en cubierta, y que el Sargantana tire rabiosamente de la cadena del ancla.


Nuestra vista desde dentro de Sargantana, día tras día


Y para colmo el último día el viento cambia antes de amanecer. Vuelve a soplar poniente en la bahía y los pocos  barcos del fondeadero desaparecen como por encanto. La ola del oeste lo hace impracticable. No hay alternativa, acabamos por claudicar y entramos a dormir a puerto por primera vez en todos estos años.


El despertar ha sido a base de tumbos, bien temprano. El cambio de la viento hace que el barco se agite violentamente de lado a lado. Imposible dormir. Imposible estar mínimamente cómodo adentro. Afuera hace frío, aunque, al menos, ya no llueve. Vemos en las predicciones que, a la noche, el viento bajará prácticamente a cero, para luego volver a subir. Nos planteamos mover el fondeo a la playa del extremo NE, pero no se consigue protección de la ola que entra pertinaz en la bahía; y son muchas horas hasta que baje el viento.


Nos acogen en el puerto, esta vez en el pantalán G. En temporada baja, la tarifa es significativamente más barata, un alivio teniendo en cuenta que Villasimius es una marina cara, de alto nivel. 


Marina de Villasimius

El personal es muy profesional y amable. La instalaciones, bonitas, bien cuidadas y limpias. Jardines, paseos y un buen número de restaurantes, bares y tiendas, la mayoría cerrados en este mes de mayo recién comenzado.

Vista de la marina de Villasimius desde la carretera


Aprovechamos para endulzar el barco y hacer limpieza, al igual que nuestro vecino alemán, que lleva los tres dias de borrasca aquí refugiado y mañana sale pronto para visitar Cagliari antes de saltar, él también, a Sicilia. 


Viernes, 6 de mayo 






lunes, 25 de abril de 2022

2022 - 1ª etapa: Cartagena - Andratx. Tenet (2020)

Cartel de Tenet (2020)

Lunes, 25 de abril

La primera guardia nocturna de una travesía es siempre la más mágica. Es el momento en el que finalmente eres consciente de que vuelves a navegar después de tanto tiempo. Aunque notes que el cuerpo todavía no se ha hecho al barco, aunque te duela un poco la cabeza y las articulaciones. Cierto, estás torpe, todavía no estás cómodo cuando te mueves por la cabina (y ya no digamos por cubierta) mientras navegas. Pero es el momento en el que vuelves a revivir la extraña sensación de vagabundear por el mar, como cada año. Y eso te hace sentir que estás más vivo que nunca, y que eres un poco más libre. Y, quizá por eso, es el primer momento en el que tienes la necesidad (y la calma) de volver a escribir.

Este año volvemos a Grecia. Como en Tenet, volvemos a una realidad paralela en la que se puede andar hacia atrás en el tiempo, al menos en las primeras etapas. Volveremos sobre nuestros pasos del año pasado, cuidadosamente, como cuando caminas hacia atrás en la nieve húmeda. De nuevo recorreremos Mallorca, Cerdeña y Sicilia camino de Grecia. Probablemente los mismos lugares, los mismos fondeaderos, incluso la misma gente. Un ejercicio de nostalgia, un dèja-vu.

Pero después iremos hacia adelante, adonde nunca hemos llegado. Malta, Zakinthos, la costa del Peloponeso, Creta, Rodas, las islas del Dodecaneso, al borde de la frontera con Turquía. Tenemos un plan larguísimo de recaladas, fondeos, idas, venidas y revueltas. Un plan que hemos diseñado cuidadosamente durante el invierno, lleno de fechas, de horarios, recaladas, singladuras,... pero que con seguridad será papel mojado y tendremos que ir rehaciendo día a día.

Al final de la travesía volveremos a Cartagena en avión. Y el Sargantana se quedará, al menos un invierno, en Grecia (¿o en Turquía?). Queremos navegar un par de años por el Egeo. Grecia es enorme, nos quedan decenas, quizá centenares de islas por visitar, y las idas y vueltas son demasiado largas para hacerlas todos los años.

Este año vamos a salir antes. Ya sin obligaciones laborales ni de vacunación COVID, podemos zarpar temprano, en la primavera. Queremos llegar a Grecia antes de que lleguen los turistas, el bochorno del verano y, sobre todo, el meltemi. También queremos tener la experiencia de recalar en los puertos y fondeaderos que ya conocemos durante la temporada baja. Sin prisas. Sin agobios. Es muy posible que pasemos algo de frío y que la meteo sea mucho más cambiante, pero la experiencia será nueva con toda seguridad.

Y por fin hoy, a las 16:00 del lunes de la última semana de abril, zarpamos. Nos vienen a despedir Andrés y José, los marineros de turno ese día en el Yacht Port, para nosotros ya viejos amigos. Saben que la ocasión no es para menos. Luce un sol tibio más propio de primeros de marzo que de finales de abril, pero que vemos por primera vez en un día azul, tras semanas interminables de lluvias de barro y de viento sin pausa en Cartagena.

¡Hasta la vista, Cartagena!


Los preparativos para el viaje son interminables. Compartimos una hoja de cálculo en la que hemos ido anotando las tareas; unas, largas y complicadas (“montar placas nuevas”) y, otras, breves y sencillas (“revisar la luz de los chalecos”). Mitxel dice que perdemos el tiempo con tanto escribir, pero a nosotros nos ayuda a organizarnos y a llevar la cuenta de las más de 180 cosas, grandes y pequeñas, que nos obligamos a hacer antes de zarpar. 

Soltamos amarras, felices pero, al menos yo, con hormiguitas en el estómago


La primera noche de travesía podrá ser mágica, pero también es dura. El viento ligero de la salida se ha vuelto descarnado y levanta olas de espuma que rompen en la proa y que el Sargantana trata de negociar lo mejor que puede. Vamos a motor a 2.000 vueltas y mayor arriba, a casi seis nudos. Motor y mayor, como casi siempre. Mal augurio.

Ya pasado Cabo de Palos, cuando la oscuridad y la distancia difuminan la costa, Lucía duerme en el camarote mientras yo oigo podcasts y leo en la cabina, arrebujado en una manta que nos intercambiamos como testigo en el relevo, y siempre con un ojo en las pantallas del plotter y del radar. Nada que ver con las noches de verano en cubierta, pero ya llegarán, hay tiempo.

En el barco todo parece ir bien. El Sargantana volvió el año pasado bastante perjudicado. Problemas con las baterías (provisionales después del fiasco de las AGM), con la electrónica, con la nevera, con el radar, las luces, la veleta, el molinete. Un desastre. Pero el invierno de trabajo casi sin pausa en infinitas reparaciones parece que ha dado sus frutos. 

Mucho trabajo y muchas compras. Nueva batería de litio de fabricación casera. Nuevas placas solares sobre una estructura de tubos acoplada al bimini. Nuevas velas gris marengo, que le dan al Sargantana un aire como de ir de boda. Casi un barco nuevo. No se quejará.

Placas nuevas y pabellón recosido que habrá que cambiar pronto 


Primera noche sin novedad. Rutina. Cumplimos los horarios previstos, aunque quizá con demasiado motor. Dejamos atrás los Freus de Formentera casi al caer la tarde. El parte anuncia una ventana de ventolina hacia Mallorca. Decidimos no parar y continuamos otra noche en rumbo directo hacia Andratx. Allí nos encontraremos con Manel, y esperamos pasar un par de días. Salir a cenar, pasar por Mercanautic a negociar repuestos pendientes. Volver a la vida. Casi como en septiembre del año pasado. Desandando el tiempo.


Miércoles, 27 de abril

Como en septiembre pasado, iremos a  fondear a Cala Egos para hacer tiempo mientras nos permiten atracar en el puerto que Ports IB tiene en Andratx. Como en septiembre pasado, la cala está solitaria y tranquila y el agua verde esmeralda incita al baño, sin bien esta vez hace demasiado frío.

Cala Egos, Mallorca


Después de los ya familiares problemas para hablar con los funcionarios del puerto, conseguimos atracar en el pantalán de transeúntes. Las obras del año pasado no han terminado aún. Al menos son pocas horas al día y no hacen demasiado ruido. 

Pantalán de transeúntes, Port Andratx



 Estrenando pasarela 


Manel está pendiente de nuestra llegada. Tengo ganas de verle. Es un tío fenomenal, que se desvive por sus amigos y con el que siempre te sientes a gusto. Como en la fiesta del verano pasado. Como este invierno, cuando nos dejó su casa el fin de semana largo en el que vinimos con los amigos del Ambroz, Ana y Fernando, para competir en una regata como tripu del Teseo. La regata era una excusa, lógicamente. El objetivo era compartir unos días con este grupito  de amantes de la vela y los barcos Dufour. 

Manel nos presta su coche y nos ayuda con la logística, pues hemos de dejar nuestras velas viejas y nuestro dinghy en el outlet de Palma. También nos quedamos su semirrígida, ya que quiere cambiarla por otra mayor.

Pertrechos listos para ir al outlet 

Seguimos trabajando en Sargantana, cambiando la maniobra de rizos, limpiando la teca, estibando el dinghy. También nos reabastacemos de productos frescos en el fantástico y recién descubierto Agromart de Andratx. Pero no faltan momentos de relajo, de buena comida, de conversación y de camaradería con Manel y con Cristina.


Asiáticos en recuerdo de otro fin de semana juntos en Cartagena


Como en septiembre, es una delicia recalar en Andratx y sentirse tan en casa. Querido Manel, espero que te recuperes rápido, amigo. La mar te está esperando.

Viernes, 29 de abril


Etapa 1: Cartagena- Andratx non-stop