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lunes, 22 de septiembre de 2025

Capítulo 19. El sur fallido. Astipalaia

Salimos del fondeo en Pserimós al amanecer, después de una noche húmeda. El día se levanta con neblina en el mar. Nuestro destino es Astipalaia, al sur, otra isla que aún no conocemos.

Llegamos a Astipalaia sobre las cuatro de la tarde, en una navegada de las que se disfrutan. A lo lejos ya se distingue un pueblo de casas blancas destacando sobre una colina parda, desnuda de vegetación.

No han contestado en el teléfono del puerto y en la cámara web cuesta distinguir si hay huecos. Aún así, entramos a verlo. Es un pueblo de postal, con todas las casas iguales y el castillo en lo alto. Pero la media docena de plazas del puerto está ocupada. Una faena, pues tenemos que comprar una batería de arranque nueva, la nuestra está empezando a fallar.

Damos la vuelta al promontorio del oeste para intentar fondear en la bahía que se abre al otro lado del puerto. Como presagiábamos, está bastante llena de barcos de todo tipo y tamaño. Algunos han pasado aquí el último episodio de meltemi y tienen tanta cadena fuera que cuesta no pisarla. Ocupamos el hueco que deja un catamarán, pero estamos bastante encima de otro.

Siguen llegando veleros hasta casi la puesta de sol. Desde el fondeo hay una vista espectacular de la "chora" y el castillo, pero la presión de barcos la hace poco confortable. 

A las 8 de la mañana siguiente bajaré a Luis en el dinghy a uno de los pequeños embarcaderos de los pescadores y se irá al pueblo a comprar la batería y algunas provisiones. 

No voy con él. No iremos a visitar el castillo ni el museo. No callejearemos por el pueblo ni disfrutaremos de su historia y su gastronomía. No nos quedaremos más de lo imprescindible. A las 9:30 estaremos levantando el ancla para huir de la decepcionante masificación de septiembre de estas islas del sur en las que habíamos puesto tanta ilusión. Nos prometemos volver otro año, fuera de temporada.

Etapa entre Leros y Astipaleia el 22 de septiembre


Martes 23 de septiembre de 2025


Nuestro recorrido de esta temporada hasta hoy


domingo, 21 de septiembre de 2025

Capítulo 18. Una pequeña decepción. Pserimós

A estas alturas nos quedan ya pocas islas griegas por visitar, al menos una vez. La verdad es que hace una cierta ilusión descubrirlas, poner una marca más en nuestro registro de singladuras, encontrar nuevos fondeos, o puertos desconocidos en los que preparar las maniobras de aproximación y de atraque.

Pserimós es una de esas islas perdidas. No sólo porque es parte del Dodecaneso, la esquina suroriental del Egeo, sino porque, además, se remete hacia la costa turca en un rincón lejano entre las islas de Kos y Kalymnos. Para nosotros ha sido siempre una isla “escondida” a la que nunca hemos prestado mucha atención, a pesar de que tiene una cierta fama de paraíso natural y de que es muy visitada por los turistas en temporada alta.

Para esta etapa habíamos marcado Pserimós como recalada de un par de días antes de emprender la ruta hacia el oeste. Estamos ya a final de septiembre y la esperamos tranquila y apacible, como la describen en temporada baja. Por eso hemos esperado pacientemente estos cuatro días a que el meltemi nos diera una tregua, amarrados al pantalán exterior de la marina en construcción de Agia Marina, en Leros. Por eso hemos puesto rumbo sur a pesar de la ola residual del través que todavía nos recuerda el temporal.

La primera sorpresa es la cantidad de barcos con los que nos cruzamos. Vienen en manadas, la mayoría son de alquiler. Todos a motor, saltando las olas con pantocazos tremendos. Es como una regata de locos hacia el norte, suponemos que empujados por la desesperación del que alquila un barco para la semana y no puede sacarlo del puerto base en varios días. Mal presagio: a estas alturas de la temporada la gente todavía alquila.

Nuestra travesía es tranquila. El día es apacible y el viento suave de aleta hace que poco a poco la ola desaparezca. Podemos velear, casi un lujo este año.

El parte anuncia oestes ligeros por la noche y decidimos buscar un fondeo al este de la isla. Una cala de aguas turquesas que las guías advierten como muy concurrida durante el día en los meses de verano. Son ya más de las tres de la tarde y hoy es el último día oficial de este verano. El sol está claramente en pendiente de bajada. Seguro que no hay problema. De haber turistas, estarán volviendo a casa

Pero al llegar vemos que SI hay problema. Es tarde, pero los dinosaurios siguen ahí, como en el microcuento de Monterroso.

Hay cuatro o cinco enormes barcos de turistas apelotonados en la cala. Y no exagero cuando digo enormes. Cada uno puede llevar cientos de personas. La mayoría son imitaciones modernas de galeones antiguos, de madera, con regalas altísimas desde la que caen cuerpos al agua con el frenesí desesperado de víctimas de un incendio. Cada uno de los monstruos compite con sus vecinos con un chunda-chunda diferente, en un guirigay atronador e imposible.

Los dinosaurios no dormirán en la cala, por supuesto. Recogerán su carga de turistas suicidas y emprenderán su ruta hacia sus puertos base en Kos o Kalymnos, mientras ellos y ellas evitarán el tedio de su viaje en patera grabando vídeos para sus instagramers y declararán que “hoy ha sido el mejor día de mi vida, por favor, tía, te lo prometo” o “bros, este es un sitio prime, fantasía total, mi imperio romano”.

Uno de los barcos turísticos regresando a Kos

Decidimos no esperar a la huida de los dinosaurios, porque sus víctimas no parecen estar suficientemente perjudicadas. Nos vamos hacia el sur buscando algún refugio pequeñito, protegido del oeste y en el que sea difícil conectarse a Tik Tok.

Rodeando el cabo al sur de Pserimós

Lo encontramos. Una calita con mucha arena, aunque no demasiado resguardada del swell que provocan los barcos (dinosaurios y cargueros) que van y vienen a Kos y a los puertos turcos alrededor de Bodrum. En la cala hay dos veleros de alquiler con grupos de alemanes boomers que no se tiran gritando desde la borda de sus barcos, sino que bajan despacito por la escalerilla de la plataforma de popa, como en un balneario para mayores. Al cabo de un rato se ponen sus chalecos salvavidas (les da igual que el mar esté plano) y se van, con toda seguridad hacia un puerto en el que deben tener ya reservas para cenar souvlaki en una taverna a las seis en punto de la tarde.

La noche al sur de Pserimós es solitaria y oscura. Un catamarán se nos une a última hora. De alquiler también, pero con tripulación alemana o inglesa a decir por el nivel de decibelios que produce, entre cero y negativo. Certificamos que la noche en Pserimós sí es agradable y que la isla, ya sin dinosaurios, huele a romero y a tomillo.


No nos quedaremos mañana, por supuesto. Pserimós defrauda en esta época, no puedo ni imaginarla en julio o agosto. Quizá en alguna primavera en la que estemos por esta zona y los dinosaurios estén todavía hibernando. De momento es un tic sin más en el archivo y una pequeña decepción.

Etapa de hoy entre Leros y Pserimós


Domingo 21 de septiembre de 2025


Nuestro recorrido de esta temporada hasta hoy


sábado, 13 de septiembre de 2025

Capítulo 17. Bailando en el Egeo. Leros

A veces parecería que el Egeo es una gran pista de baile, como aquellas salas vienesas de valses solemnes, de Sissi y su emperador girando y girando en el centro de una multitud de parejas en blanco y negro, con esmóquines y frufrúes de seda.

En el Egeo las parejas se mueven en veleros y son menos glamourosas. Casi todas peinan canas y la mayoría tienen nietos. Y sobrepeso. Y agilidad, la justa, para qué nos vamos a engañar. Ellas emulan (a su pesar) a Kate Winslet en Titanic, mascarones de proa en las maniobras de fondeo. Sin frufrú. Ellos se parapetan detrás de la rueda del timón y ponen la misma cara de susto que Eduard González conduciendo su autobús 47 por las pendientes empinadas y polvorientas de Torrebaró. Sudorosos y panzudos. Sin esmoquin.

Pero si lo miras con suficiente perspectiva y con un poco de imaginación (y sin ponerte las gafas bifocales), Viena y el Egeo vienen a ser lo mismo. Parejas que dan (damos) vueltas y vueltas, y nos entrecruzamos en un frenesí caótico, sobre todo en los días previos a una arremetida del meltemi. Como es el caso en esta semana.

Jueves, viernes y sábado el viento vendrá bravo, cual miura en Estafeta. Rápido, más de 40 nudos. Peligroso. Con ganas de voltear y cornear a la flota internacional de abueletes que baila valses en estas aguas. Entre ellos a nosotros, claro.

Llevamos ya varios días mirando el parte con cara de espanto, buscando sitio en puertos que deniegan sin contemplaciones todas las peticiones de reserva. O, alternativamente, alguna de las boyas que montan los restaurantes para captar clientes. O, a malas, una buena playa resguardada en la que tirar el hierro y encomendarse a Eolo y Poseidón.

De momento estamos en una boya en la bahía de Archangelos, al norte de la isla de Leros, a la que hemos llegado en compañía de nuestros amigos alemanes del Ofelia, reencontrados después del verano. Cuatro días tranquilos en un agua transparente que invita al baño y con una taverna agradable que invita a comer un asado de cabra al estilo griego. Sucumbimos ampliamente a ambas invitaciones, por supuesto

En el interim seguimos buscando refugio para este fin de semana de vértigo. Hablo por teléfono con nuestro amigo Javier, del Enjoy, que tiene tripulantes noveles con billetes de avión que le obligan a cruzar hasta Paros casi a contrarreloj. Está fondeado en Lakki, pocas millas al sur. Me dice que nunca ha visto tanto barco acochinado en tablas como en estos días.

Lakki no parece una buena opción. Rainer, nuestro compañero de baile del Ofelia, ha trazado un plan muy alemán para buscar acomodo, con alternativas A, B, C y D. Nos lo muestra orgulloso en su tablet, en la taverna, antes de atacar el cordero, y es aprobado por aclamación popular.

Nos levantamos al alba y a las pocas millas encontramos dos huecos libres en el pantalán exterior de un puerto deportivo en construcción en Alinda. Es un lugar muy expuesto al sur y al este, con cierto riesgo si el viento y la ola cambian de dirección. Pero es lo mejor que tenemos para enfrentar el vendaval, con supermercados a mano, agua y además gratis. Aplicamos el dicho de “más vale pájaro en mano”.

En el pantalán encontramos a Jean-Yvon, un señor francés, mayor, en un bonito ketch azul, antiguo, que acaba de comprar. Lleva aquí un par de semanas. Tiene el motor estropeado y está esperando que los mecánicos den con el problema.

Jean-Yvon es un viejo lobo de mar que navega solo desde que perdió a su mujer hace varios años. Un bretón fascinante que conoció a Leonard Cohen en Hydra en los años setenta y que fue cantante y skipper profesional de yates de lujo en las islas griegas cuando la ola de turismo masiva estaba por llegar. Cuando los barcos no tenían GPS ni estaban atestados de instrumentos electrónicos. Cuando no se patroneaba con un joystick y las cartas eran de papel.

Una época de hippies y millonarios en la que el mar sólo pertenecía a pescadores y cargueros. Una época de historias de pioneros que Jean-Yvon nos recuerda, con ojos brillantes, mientras nos muestra fotos antiguas de su mujer y él, sonrientes y jóvenes, muy jóvenes, felices, en la juppette de un pequeño Arpege.

Jean-Yvon es la excepción en el Egeo, esta pista de baile para parejas de jubilados como los Ofelia y los Sargantana. Uno de los no tan numerosos navegantes que bailan en solitario en este mar, en un viejo barco que quiere llevar desde aquí hasta Bretaña, un viaje que se me antoja imposible en esta época del año y en soledad. Una travesía que no es un viaje, sino una epopeya sólo al alcance de marinos veteranos y sus más veteranos barcos, la cabalgada de un héroe crepuscular.

Su historia me evoca muchas historias, como El viejo y el mar. Y muchas canciones, como aquella de Sting que, por alguna razón, resuena en mi cabeza delante de una moussaka excelente, en una taverna quizá demasiado turística, pero en la que alguien sabe cocinar como antes.

No recuerdo la letra, pero sí algunos versos sueltos.

They're dancing with the missing
They're dancing with the dead
They dance with the invisible ones
Their anguish is unsaid
They dance alone, they dance alone

Sábado 13. Después de explorar la cala vecina y no convencernos para pasar el viento duro de los próximos días, navegamos hasta la islita de Archángelos, al norte de Leros, y conseguimos coger en la bahía sur una boya de las seis que mantiene la taberna.
Nuestra boya está al lado del pequeño embarcadero desde el que el dueño de la taberna sale todas las mañanas a las 7:30 a comprar a Partheni
La taberna es el único lugar habitado de esta pequeña isla poblada de cabras
El plan era movernos a Lakki el lunes, pero no hay sitio en el puerto y la bahía nos dice Juan que está llena como nunca. Así que nos quedaremos en Archángelos los próximos cuatro días y cenaremos en la taberna un par de noches.
La bahía está bien protegida y, aunque entra viento racheado, no hace daño. Aguas cristalinas llenas de peces, formaciones rocosas espectaculares, playas, agua a 23 grados, sol de verano y cabras, muchas cabras. Qué más se puede pedir para pasar este pequeño encierro.
Miércoles 17. Vista de la bahía de Archangelos al amanecer. Aprovechando la ventana, hemos salido al alba en dirección a Leros para refugiarnos del viento de los próximos cuatro días en un lugar aún por decidir
En el lado norte de la bahía de Agia Marina se encuentra el pueblito de vacaciones de Alinda. Entramos a ver la marina en construcción que localizó ayer Rainer en el mapa. Hay sitio libre para los dos barcos a proa del ketch francés a cuyo dueño, Jean-Yvon, conoceremos más adelante 
Amarramos de costado a proa de Jean-Yvon y Rainer y Elena se colocan a nuestra popa. Entre los tres batcos llenamos el pantalán exterior. Esperamos que el viento sople mayoritariamente de tierra
La marina está casi terminada. Los pantalanes están listos, aunque aún sin electricidad y con solo un grifo funcionando
Una cuadrilla de operarios se dedica a adoquinar la explanada principal. No descansan el fin de semana  Los turcos que llegan después de nosotros y se amarran por dentro del pantalán nos cuentan que es una iniciativa del vicepresidente de Leros y que esperan inaugurar el año que viene.
Una carreterita al borde de la costa recorre la bahía desde Alinda hasta Agia Marina. Innumerables hoteles y restaurantes se alinean sin interrupción al borde de la vía. Las tumbonas se alternan con las terrazas en la estrecha playa de Alinda, que tiene hasta torre de socorrista y juego de banderas. Es una zona más bien nueva, bien montada y cara, como caros son los precios de los supermercados
Recorreremos la carreterita varias veces para ir a comprar y también para coger el bus a Lakki. En el camino llama la atención la Torre Belleni, que alberga un museo. Está cerrada por las autoridades por riesgo de derrumbe
Cenando en la taverna To Steki de Alinda con los alemanes y Jean-Yvon

Etapas de Leipsoi a Archángelos el día 13 y de Archángelos a Leros (Alinda) el 17


Sábado, 20 de septiembre de 2025


Nuestro recorrido de esta temporada hasta hoy



jueves, 11 de septiembre de 2025

Capítulo 16. Hacia el sur. Arkoi y Leipsoi

Jueves 11. Salimos sin prisas de Ikaria y llegamos a Arkoi a media tarde. Pronto descubrimos que, tanto el puerto como los fondeaderos más famosos, están todos llenos. De nuevo septiembre nos sorprende con más barcos de los que podíamos esperar. Fondeamos al sur de la isla, en una zona no marcada en las cartas.
Hemos encontrado una plataforma de 10 metros de arena entre los islotes del sur de Arkoi, en una zona un poco abierta pero que nos permite soltar 50 metros de cadena sin miedo a los borneos
Viernes 12. Dejamos Arkoi camino de Leipsoi. Fondeamos en Xoxlakoura Beach, al sureste de la isla. El Ophelia nos está esperando cuando llegamos
Vamos en el dinghy al Ophelia a reencontrarnos con Elena y Rainer.
Bajamos a tierra a explorar, pues Rainer ha leído que hay una pequeña granja a pocos metros de la playa
La granja es una excepción en esta bahía en la que no hay "tavernas" ni tiendas, sólo unas pocas villas privadas desperdigadas.
Compramos vino y queso en la granja a unas chicas alemanas que trabajan allí como voluntarias (!). Y, al caer la tarde, montamos en Sargantana una pequeña cena de reencuentro con la tripu del Ophelia, con aportaciones culinarias (y alcohólicas) de los dos barcos
Etapa Ikaria a Arkoi el 11 de septiembre y de Arkoi a Leipsoi el 12


Viernes, 12 de septiembre de 2025


Nuestro recorrido de esta temporada hasta hoy



miércoles, 3 de septiembre de 2025

Capítulo 15. Empieza la temporada de otoño. Samos e Ikaria

Miércoles 3 por la noche, en el aeropuerto de Madrid. Nuestro ALSA desde Cartagena ha llegado a las 21:15 y tenemos cuatro horas de espera hasta el vuelo a Atenas. Allí enlazaremos con el de Samos.
Jueves 4. Llegamos al varadero de Roussakis, en el norte de Samos, a las 9 de la mañana. Trabajos para poner el barco a punto, compra en el AB cercano y a dormir, que mañana saldremos pronto al agua. El carro está ya preparado…
Viernes 5. A las 9:30 Sargantana se monta en el tractor.
Con Andreas Roussakis al volante, baja la rampa con cuidadito.
Hoy no hay viento. Una suerte, porque ayer la bahía estuvo tremendamente batida
A bordo y a flote. Ahora sí comienza la temporada
Primer día, primer baño. En Galazio, en el extremo norte de la isla. Más tarde empezará a entrar swell, así que no nos quedaremos a dormir. Nos buscaremos un fondeo a la vuelta del cabo, en Ormos Mourtia.
En Ormos Mourtia pasaremos dos días. En el camino hemos avistado la famosa cala Poseidonio llena de barcos, pero aquí estamos muy solos.
Domingo 7. Seguimos recorriendo la costa sur de Samos camino de Ikaria. Las previsiones dan muchos nortes, así que habrá que esperar a cruzar cuando el viento lo permita. De momento, hoy fondeamos en la playa de Pithagorio, flanqueados por la torre a un lado y la pista del aeropuerto al otro. Está muy batido y racheado, pero sólo somos tres barcos y con bastante distancia entre nosotros, lo que permite manejar bien los borneos. 
Esta noche habrá eclipse de luna.
Dos momentos del eclipse: a las 19:36, recién salida la luna por detrás de la montaña de la costa turca...
... y a las 20:15, un poco más alta en el horizonte. Se llegará a cubrir entera a las 23:30, pero con el móvil hacer foto es imposible.
Lunes 8. Cruzamos la bahía de Pithagorio hasta su extremo oeste donde está el pueblo de veraneo de Iraio, que ya conocemos de la temporada anterior. Ignoramos las boyas y fondeamos cerca de la bocana del puerto. La noche es mejor que la de ayer, con el viento menos racheado.
Martes 9. Navegamos hasta casi el final de la isla, prácticamente todo el camino a vela. Fondeamos en la playa de Psili Ammos, al este del pueblito de Limnionas, con la intención de madrugar al día siguiente para saltar a Ikaria. Noche variada, desde los 20 nudos norte con los que nos vamos a dormir a las diez hasta calma total, pasando por un swell del este que entra inclemente. Seguimos solos. 
Miércoles 10. A las 6:30 de la mañana levantamos el fondeo y partimos rumbo a Ikaria, antes de que salga el sol por detrás de las montañas. A las 7 estaremos pasando frente a  Limnionas. 
Todavía no ha asomado el sol y la luna aún se distingue en el cielo cuando avistamos el final de la isla de Samos.
Al empezar la mañana llegamos a la Marina de Agios Kyrikos, en Ikaria. Atraque de costado con la ayuda del sustituto de Vangelis, quien parece estar de vacaciones, aunque antes de irse nos ha dejado gestionada una batería nueva
Nos damos una ducha y nos ponemos manos a la obra de lo que será una jornada larga de trabajo. Primero, a desmontar los colchones para llevárselos como plantilla a Krystos y María, los zapateros del pueblo, que ya han recibido la espuma para hacer los nuevos. Un poco accidentado: tener los colchones finalmente cortados y listos nos lleva hasta las tres de la tarde. Compra, colada, reponer gasoil con el jerry-can, batería nueva y, después de todo el día sin comer, cena y mastixa. Mañana lavaremos el barco antes de salir, repondremos el gasoil del jerry-can de reserva, haremos una última compra de supermercado y saldremos camino del sur. La marina, prácticamente vacía cuando llegamos, se ha ido llenando. Un anticipo de lo que nos encontraremos de ahora en adelante. La soledad de Samos parece haber sido un espejismo.

Etapas del 5 al 10 de septiembre: Roussakis - Galazio - Mourtia - Pythagorio - Iraío - Psili Ammos - Ikaria


Miércoles, 10 de septiembre de 2025


Perspectiva de la etapa