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jueves, 9 de abril de 2026

2026/5/ Pascua ¿qué Pascua?

Navegar a primeros de abril nos permite asistir cada año a las celebraciones de la pascua ortodoxa (Πάσχα), una fiesta muy importante para los griegos, quizá la más importante del año. Llena de tradiciones familiares y de reencuentros, de ritos religiosos y gastronómicos. Con significados que van mucho más allá de lo que vivimos (al menos nosotros) en España, simplemente una semana de vacaciones, atascos y playas o esquí (según caiga).

Hace tres años fue en Mykonos y Naoussa. Nos impresionaron las procesiones multitudinarias y exhuberantes de Mikonos y los banquetes casi orgiásticos de Naoussa. El año pasado fue en Limni, tomada por locales y visitantes, cálida, casi íntima, llena de familias y procesiones con velitas.

Este año queremos variar: es el año al otro lado del espejo. Tenemos algunas opciones. Podríamos ir a Tinos, la isla de la basílica y la devoción sin límites; o a Ermuópolis, en la isla de Sifnos, la capital del Egeo. O podríamos ir a Serifós y su vecina Kímolos, al sur de donde estamos ahora.

No lo tenemos claro. Recurrimos al oráculo de estos tiempos: preguntamos a la IA.

No diré cual fuel el chatbot con el que hablamos. Da igual. El caso es que nos cuenta maravillas de la Πάσχα tanto en Serifós como en Kímolos. De la solemnidad de las procesiones en las dos choras de Serifós. De la calidez de la gente de Kímolos, que acoge al visitante como si fuera su propia familia.

El chatbot nos convence. La emoción con la que escribe no deja lugar a dudas. El plan de la semana de este año es Serifós y después Kímolos.

Serifós esta cerca. Llegamos antes del mediodía en un trayecto corto y sin viento, rumbo sur. Encontramos el puerto vacío y tranquilo, sólo un velero italiano que parece amarrado de costado permanentemente junto a la bocana.

Pero a los pocos minutos, antes de conseguir atracar, vemos aparecer un grupo de barcos de alquiler que viene a toda marcha hacia el puerto. La primera flotilla de la temporada. Horror. No es posible que este año la invasión empiece tan pronto.

Se las arreglan para llenar el puerto, la mayoría con maniobras poco ortodoxas (pero entretenidas de ver, eso sí). En realidad no nos condicionan demasiado. Para cuando llega el grueso del pelotón ya hemos conseguido amarrarnos en el único hueco al costado que queda libre, tras el barco italiano. Nos echan una mano sus dueños, que tienen una casa en la ciudad y se han acercado al muelle (probablemente espantados por la visión de la flotilla). Se agradece su ayuda porque el espacio es muy justo, el viento nos separa de tierra y la rodilla de Lucia no está este año como para saltos y carreritas por el muelle para afianzar las amarras a los norays (que por cierto tampoco abundan).

Descubrimos que la flotilla es de griegos (lógico, aquí estamos en Semana Santa y es festivo) y que se comportan de una forma bastante más tranquila que las flotillas plurinacionales, gritonas y etílicas, del verano. Pero aun así el puerto pierde mucha de la tranquilidad que esperábamos.

Sin embargo, para nuestra sorpresa, Serifós parece muerto. Subimos a la chora al día siguiente (viernes santo) en autobús. Casi todas las casas están cerradas a cal y canto. Muy poca gente local, sólo algunos turistas (casi todos griegos) que recorren las calles sin rumbo. No encaja. No encontramos nada que anticipe la celebración multitudinaria que nos prometía la IA.

Bajamos andando hacia el puerto y renunciamos a volver por la tarde para las celebraciones y la procesión nocturna. Demasiado lejos, demasiado frío y, sobre todo, pocas garantías de que esta isla nos ofrezca una experiencia como Mikonos o Limni.

El sábado santo navegamos hasta Kímolos. Las cosas no parecen mejorar. Cuando llegamos a puerto a mediodía nos encontramos con una flota de camiones que descarga grava de un carguero, en un estruendo de grúas y nubes de polvo. Huimos a pie hacia la chora confiando en que el maremágnum acabe pronto.

Tampoco encontramos lo que esperábamos. Casi todos los bares y restaurantes están cerrados por el invierno. La chora de Kímolos es agradable y tiene cierto encanto, pero hay muy poca gente, casi nadie.

El experimento de este año no ha salido demasiado bien. La IA no ha ayudado mucho, es evidente que sabe poco o nada de la semana santa griega. Ni Serifós ni Kímolos han sido lo que nos prometía.

A media tarde decidimos abandonar el ruido y el polvo del puerto de Kímolos y ponemos rumbo a Vathy, una bahía que ya conocemos en la isla de Sifnos. Con un restaurante excelente en la misma playa, O Tsilakis, donde estuvimos hace dos años y que no nos defrauda. El domingo de pascua, Nikos y su familia nos hacen disfrutar, por fin, de una comida de Πάσχα como esperábamos, con cordero asado al estilo tradicional, y la mejor revithada del Egeo.

Chatbot, si estás leyendo esto (seguro que sí) revisa tus fuentes. Hay mejores alternativas para celebrar la Πάσχα. En esto, y otras muchas cosas, la IA está muy verde.


Etapa de Kythnos a Serifós el jueves 9 de abril
Llegando a Serifós. En esta isla es donde, según la leyenda, Perseo cortó la cabeza de la gorgona Medusa y la usó para convertir en piedra al rey Polydectes
Nuestro atraque a popa del italiano en el puerto de Livadi, en Serifós
El puerto con la chora al fondo, en lo alto
Cogemos el autobús hasta la chora y nos dedicamos a callejear cuesta arriba. Las casas retrepan por la montaña y los accesos son básicamente escaleras
En la parte más alta, en el "kastro", una gran parte de los edificios está abandonada y en ruinas.
La mayoría de las casas habitables están reacondicionadas como alojamientos vacacionales. De hecho, aquí y allá podemos ver obreros restaurando alguna ruina
Las vistas desde el kastro sobre el puerto son magníficas. No es de extranar que sus habitantes tuvieran tiempo de refugiarse y organizar la defensa a la vista de los invasores
Hay varias iglesias prominentes en las diferentes colinas de la ciudad
Las construcciones aprovechan cimas, repechos y salientes. Los barrios quedan desconectados entre sí por los cortados. Las calles son laberínticas
En la plaza central de la chora, la "piatza" se encuentran el edificio neoclásico del ayuntamiento y la iglesia de San Juan Crisóstomo, la más importante del pueblo. Sólo uno de los cafés está abierto y las mesas de la plaza las ocupan familias griegas, entre las que nos mezclamos para tomar un “sketo" y un capuchino 
En el interior de la iglesia ya ha tenido lugar la ceremonia del descendimiento de la cruz y el epitafio, con la representación de Cristo en su interior, está preparado para la procesión de esta noche, que será hacia las nueve, tras la misa
Bajamos a la chora de abajo (kato chora) separada solo unos cientos de metros de la de arriba (pano chora). Al fondo, la iglesia Evangelistra, donde el epitafio está custodiado por las únicas dos mujeres que vemos en toda la "kato chora". Supuestamente esta noche una procesión saldrá de arriba y otra de abajo, se encontrarán y discurrirán juntas. 
Desde aquí volvemos al puerto caminando
Etapa de Serifós al puerto de Psathí en Kímolos, el sábado 11
Desde el puerto subimos andando por la carretera al chorió de Kímolos, ubicado al pie del monte Xaplovouni
La arquitectura es típica cicládica, de casas blancas con ventanas azules
Una de las iglesias del chorió, Panagía Konomou
Quizá la iglesia más llamativa sea San Juan Crisóstomo
El chorió tiene un "kastro" pequeño, medio ruinoso pero típico, que merece una visita
Vista de la iglesia de Panagía Odigistria, desde una terraza restaurada del "kastro"
Etapa de Kímolos (Psathí) a Serifós (Vathí), el sábado 11 por la tarde
Sargantana fondeado él sólo en la bahía de Vathí
Antes de ir a comer damos un paseo por los alrededores del minúsculo pueblito, que estalla de primavera
Es domingo de resurrección y en todas las casas asan un cordero pascual 
Revithada y cordero en el restaurante de Nikos, sobre la arena de la playa


Domingo, 12 de abril de 2026


Nuestro recorrido de esta temporada hasta hoy




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